“LA PACIENTE ESPERA DE DIOS”

Arzobispo celebra Santa Misa en el XVI Domingo del Tiempo Ordinario

19 de julio de 2020 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa de forma privada desde la Capilla Arzobispal «Nuestra Señora de las Mercedes», en el XVI Domingo del Tiempo Ordinario.  

La Eucaristía fue especialmente ofrecida por la salud de todos los hombres y mujeres de prensa, especialmente de los integrantes del Consejo Regional Piura del Colegio de Periodistas del Perú, por el eterno descanso de los periodistas de Piura y Tumbes que han partido al encuentro del Padre, a causa de la Pandemia del Coronavirus (Covid-19). Asimismo, por el 63° Aniversario de Vida Institucional del Colegio Parroquial San Pedro Chanel de Sullana, para que el Señor bendiga a sus directivos, personal docente, administrativo y de servicios, a los exalumnos y alumnos, así como a sus familias.

A continuación compartimos la Homilía completa pronunciada hoy por nuestro Arzobispo:

“La paciente espera de Dios”

Muy queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de este Domingo (ver Mt 13, 24-43) nos trae tres parábolas: la parábola del trigo y la cizaña, y las parábolas del grano de mostaza y de la levadura en la masa.

Comencemos nuestra reflexión por estas dos últimas. La parábola del grano de mostaza tiene la finalidad de enseñarnos que, en contraste con sus humildes y modestos inicios, el Evangelio del Señor Jesús estaba destinado a crecer y difundirse por toda la tierra, a semejanza de la semilla de mostaza, “la más pequeña de todas pero que cuando crece, es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas”. (Mt 13, 32). Nosotros podemos entender de mejor manera esta parábola que los oyentes de los tiempos de Jesús porque hoy contemplamos a la Iglesia extendida por toda la tierra, como un gran árbol que cobija a millones de creyentes. Ello no debe llevarnos a ufanarnos o a una falsa seguridad porque también son muchísimas las personas bautizadas que hoy en día no viven las exigencias de su Bautismo, los tristemente denominados “bautizados alejados”, y son también muchísimos los que no conocen a Jesucristo o lo han rechazado.  

La parábola del grano de mostaza, debe ser para nosotros motivo de humildad. Nos recuerda el origen sencillo, pequeño, y casi inadvertido de la Iglesia, como el de una semilla de mostaza, la más pequeña de todas, y a su vez debe recordarnos el compromiso por la Nueva Evangelización, una Nueva Evangelización que debe ser hecha con alegría, en clave de conversión pastoral y misionera, con una Iglesia en salida que saliendo de su propia comodidad se atreva a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio, como constantemente nos lo pide el Papa Francisco:   

“Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37)”.[1]  

Pero con todo, no hay que olvidar lo que enseña el Catecismo al respecto: “La propagación y la santidad de la Iglesia, su fecundidad y su estabilidad «son signos certísimos de la Revelación divina, adaptados a la inteligencia de todos», motivos de credibilidad que muestran que «el asentimiento de la fe no es en modo alguno un movimiento ciego del espíritu» (Concilio Vaticano I: DS 3008-3010)”.[2]

De otro lado, la parábola de la levadura que fermenta toda la masa, indica la misión de los cristianos, los cuales desde nuestra propia vocación y estado de vida estamos llamados a dar testimonio del Evangelio. La parábola nos recuerda que los discípulos del Señor Jesús no debemos pasar inadvertidos en la vida de la sociedad, sino que debemos fermentarla llevando los valores del Evangelio a todas las dimensiones de la vida pública, conscientes que la doctrina de Cristo, tal como la enseña la Iglesia, es la verdad sobre el hombre y por tanto la única capaz de construir una sociedad justa y reconciliada y de conducir a la persona humana a su salvación eterna. Así como la levadura fermenta la masa dándole cuerpo, así los cristianos deben llevar la verdad del Evangelio a todas las personas y ambientes sociales para así informar con ella las realidades temporales. Se trata entonces de vivificar e iluminar con la fe, la cultura, las estructuras sociales y políticas, económicas, artísticas, profesionales, etc. De esta manera se reordenará desde dentro el mundo hacia Dios. Para ser levadura en la masa es muy importante mantener en todo momento nuestra identidad cristiana, es decir la consciencia de nuestra pertenencia a Jesús y a la Iglesia. Ser levadura en la masa nos exige llevar una vida cristiana coherente y evitar caer en la mundanidad espiritual.  

No nos confundamos: El cristiano hace una opción por el mundo, sí, pero por el mundo que el Señor quiere dentro de su Plan de Amor. Ser levadura en la masa supone tener el coraje de llevar adelante la identidad y el testimonio cristiano a pesar de las oposiciones, contrariedades y persecuciones que encontremos en el camino.

Finalmente, está la principal de las tres parábolas de hoy Domingo: La del trigo y la cizaña. Esta es la que tiene un mayor desarrollo de las tres e incluso Jesús hace una explicación de ella. En los tiempos del Señor si alguien quería hacerle daño a una persona iba por la noche a su campo y sembraba cizaña en medio del trigo. La cizaña es una maleza que tiene la particularidad de que cuando recién crece se parece mucho al trigo confundiéndose con éste. En cambio, se distingue claramente del trigo cuando ambos llegan a su pleno crecimiento. Por tanto, hay que tener paciencia y esperar hasta el momento de la siega para deshacerse de ella, porque si uno quiere arrancarla antes, puede arrancar el trigo junto con ella. Jesús explica con lujo de detalles la parábola. El trigo son los hijos del Reino; la cizaña son los partidarios del maligno, de satanás; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles: “El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga” (Mt 13, 37-43).

La enseñanza del Señor es muy clara: Frente al mal que vemos en el mundo no hay que impacientarnos y menos desesperanzarnos.  Ciertamente hay que combatirlo y la mejor forma de hacerlo es ahogándolo con abundancia de bien (ver Rom 12, 21), y a través de nuestra propia conversión de vida y buscando la conversión de los demás. Ahora bien, el Señor Jesús nos asegura que los agentes de iniquidad no quedarán impunes, que habrá un juicio. El juicio pertenece a Dios pues “la mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón” (1 Sam 16, 7).  O como afirma el libro del Apocalipsis: “Se encolerizaron las gentes, llegó tu cólera, y el tiempo de que sean juzgados los muertos y de dar el galardón a tus siervos, los profetas, y a los santos y a los que temen tu nombre, y a los pequeños y a los grandes, y de arruinar a los que arruinaron la tierra (Ap 11, 18).

Para concluir escuchemos la bella explicación sobre la parábola del trigo y la cizaña que nos da el Papa Francisco, y en especial su reflexión sobre la paciente espera de Dios, preguntándonos cuánto de trigo y cuánto de cizaña hay en nuestro corazón, y tomando conciencia que el Señor espera pacientemente nuestra conversión de vida, dándonos muchas oportunidades para ello, pero que tarde o temprano llegará el momento de la siega o del juicio, y en ese momento supremo de nuestra vida cuando estemos delante de Él no podremos decirle que nos dé una oportunidad más, cuando Él ha sido más que paciente con nosotros dándonos un sinnúmero de oportunidades que no supimos aprovechar. Nos dice el Papa: 

“La enseñanza de la parábola es doble. En primer lugar, dice que el mal que hay en el mundo no proviene de Dios, sino de su enemigo, el maligno. Es curioso, el maligno va de noche a sembrar la cizaña, en la oscuridad, en la confusión; él va donde no hay luz para sembrar la cizaña. Este enemigo es astuto: ha sembrado el mal en medio del bien, de tal modo que es imposible a nosotros hombres separarlos claramente; pero Dios, al final, podrá hacerlo…Y aquí llegamos al segundo tema: La contraposición entre la impaciencia de los siervos y la paciente espera del propietario del campo, que representa a Dios. Nosotros a veces tenemos mucha prisa en juzgar, clasificar, poner aquí a los buenos, allí a los malos…Dios sin embargo sabe esperar. Él mira en el campo de la vida de cada persona con paciencia y misericordia: ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero ve también las semillas del bien y espera con confianza que maduren. Dios es paciente, sabe esperar. Qué bonito es esto. Nuestro Dios es un Padre paciente que siempre nos espera y nos espera con el corazón en la mano para acogernos, para perdonarnos, siempre nos perdona si vamos donde Él…Frente a la cizaña presente en el mundo, el discípulo del Señor está llamado a imitar la paciencia de Dios, alimentar la esperanza con el apoyo de una inquebrantable confianza en la victoria final del bien, es decir, de Dios…Al final, de hecho, el mal será quitado y eliminado: En el momento de la siega, es decir del juicio, los sembradores seguirán la orden del amo separando la cizaña para quemarla. El día de la siega final el juez será Jesús, el que ha sembrado el grano bueno en el mundo y que se ha convertido Él mismo en «grano de trigo», ha muerto y ha resucitado”.[3]

San Miguel de Piura, 19 de julio de 2020
XVI Domingo del Tiempo Ordinario

[1]  S.S. Francisco, Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, n. 49.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 156.

[3] S.S. Francisco, Angelus, 20-VII-2014.

Puede descargar el archivo PDF conteniendo la Homilía completa pronunciada hoy por nuestro Arzobispo AQUÍ

Puede ver el video grabado de esta Santa Misa de nuestro Arzobispo Metropolitano de Piura desde AQUÍ

domingo 19 julio, 2020