“AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO SON INSEPARABLES”

Arzobispo visita la Parroquia San Martín de Porres de Castilla

02 de noviembre de 2019 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, día en que la Iglesia celebra la Fiesta de nuestro querido Santo Peruano “Martín de Porres”, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, visitó la Parroquia “San Martín de Porres” ubicada en Talarita (Distrito de Castilla), donde presidió la Santa Misa con ocasión de la fiesta de su Santo Patrono, y dio posesión de la parroquia a su nuevo párroco el R.P. Franz Alfaro Lokuán, quien estuvo acompañado del R.P. Cristhiam Calderón Querevalú, nuevo Vicario Parroquial. Participaron también de la Eucaristía en medio de un ambiente de profunda alegría, los miembros del Consejo Pastoral y de Asuntos Económicos, grupos parroquiales, y un gran número de fieles y devotos de San Martín de Porres quien murió en Lima el 3 de noviembre de 1639 y a quien el Papa Gregorio XVI declaró beato en 1837, y fue canonizado por San Juan XXIII, el 6 de mayo de 1962.

Al iniciar su homilía, nuestro Pastor dijo: “Con inmensa alegría celebramos hoy al patrono de esta parroquia castellana de Piura, a nuestro compatriota San Martín de Porres. Martín, con el ejemplo de su vida, nos demuestra que es posible conseguir la salvación y la santidad por el camino que Cristo nos enseña: Si ante todo amamos a Dios de todo corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y si amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Cf. Mt 22, 36-38). El amor a Dios y al prójimo son inseparables”.

En otro momento, Monseñor Eguren destacó algunos rasgos de la vida y santidad de Martín de Porres: “San Martín estaba encendido en el don de la piedad, que es esa disposición habitual que el Espíritu Santo imprime en nuestros corazones y que nos lleva a amar al Señor con todo nuestro ser. El «Santo de la escoba», expresaba su vida de piedad sobre todo por su profunda devoción al sacramento de la Eucaristía. Martín adoraba la presencia real del Señor Jesús en el Sagrario por muchas horas cada día, y buscaba nutrirse con la mayor frecuencia posible de Jesús Eucaristía en la Sagrada Comunión. Asimismo, vivía encendido en el amor a Cristo crucificado. Cuentan sus biógrafos, que al meditar en la Pasión de Cristo, se conmovía intensamente al tomar conciencia de todo lo que el dulce Jesús había padecido por amor a nosotros y por nuestra salvación. Su escoba, es símbolo elocuente de la necesidad que tenemos de limpiar el propio corazón del pecado, así como barrer de nuestra vida social los males que la afligen, como son el egoísmo, el individualismo, la desunión, la injusticia, la corrupción, la violencia, entre otros. Igualmente, amó de una manera extraordinaria a la Virgen María, Nuestra Señora del Rosario, y la tuvo siempre como una Madre querida”.

“Este amor a Dios -continuó nuestro Arzobispo- lo llevó a amar a su prójimo de manera heroica. Dada su profunda humildad, amaba a los demás más que a sí mismo, y los juzgaba a todos más justos y mejores que él. Procuraba traer al buen camino a los pecadores. Asistía servicialmente a los más pobres y enfermos, a quienes proporcionaba comida, vestidos y medicinas. Favorecía con todas sus fuerzas a los campesinos, a los negros y a los mestizos, que en aquel tiempo desempeñaban los más bajos oficios, de tal manera que fue llamado por la voz popular «Martín de la Caridad». Por esto San Martín de Porres es el patrono de la justicia social del Perú, y de todas las instituciones que se dedican a la promoción y a la asistencia humana, conforme a la doctrina social de la Iglesia. La dulzura y la delicadeza de su santidad de vida llegó a tanto, que durante su vida y después de su muerte, ganó el corazón de todas las clases sociales, pues para Martín, el pobre no es sólo el que carece de los medios materiales para vivir dignamente, sino todo aquel que está en necesidad. Su caridad fue tan universal que llegaba incluso a la máxima delicadeza con los animales, enseñándonos a vivir en reconciliación con la creación”.   

“Abrazó la vida religiosa en la Orden de Santo Domingo con tal perfección en la pobreza, la castidad y la obediencia, que sus hermanos de comunidad y sus superiores lo tenían como una perfecta imagen de la vida religiosa. Por su humildad, el Señor le concedió, y le sigue concediendo incluso en nuestros días, realizar grandes milagros que asombran a propios y extraños. Como todo Santo, vivió la amistad cristiana, en su caso con San Juan Macías y Santa Rosa de Lima. Esta última acudía a él con frecuencia en busca de consejo espiritual. Consciente que el gran problema que aqueja a los peruanos desde siempre es la desunión, solía pedirle a Jesús en su oración: «Señor, cuándo se darán cuenta que son hermanos y que deben amarse los unos a los otros». Estos son los rasgos de una extraordinaria santidad, vivida nada menos que por un peruano como nosotros. Procuremos imitar la santidad de San Martín y así construiremos un Perú más justo y fraterno. Esta santidad es la que el nuevo párroco con su vicario deberán promover entre todos ustedes. Anhelo que está parroquia se distinga por su intenso amor a Dios y al prójimo. Que al nuevo párroco no le falte la solicitud y el apoyo de su rebaño. Y al rebaño no le falte la solicitud y caridad pastoral de su Pastor y sacerdotes”, concluyó Monseñor Eguren.   

domingo 3 noviembre, 2019