MENSAJE DEL ARZOBISPO DE PIURA POR EL DÍA DE LA MADRE

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El próximo domingo 10 de Mayo, celebraremos el “Día de la Madre”. Será una  ocasión propicia para que manifestemos nuestra profunda gratitud a la mujer que está íntimamente unida a nosotros y nos acoge desde el momento de la concepción (comienzo de la vida de todo ser humano), y a lo largo de todas las etapas de nuestra existencia. La vida de la madre es un continuo acto de amor, de entrega y de sacrificio por nosotros.

El “Día de la Madre” es también ocasión apropiada para que reconozcamos en la Maternidad, la vocación sublime de la mujer, sin que ello signifique para ella la renuncia a su legítima promoción social. La mujer ha recibido de Dios la vocación de recibir la vida, abrazarla (o protegerla), darla a luz, alimentarla, sostenerla, acompañarla, y de esta manera realizar en gran parte su ser de mujer.

En un mundo que en nombre de una supuesta modernidad cuestiona hoy en día la Maternidad en su verdad natural y sobrenatural, que induce a muchas mujeres a que renuncien a ella en aras a una falsa libertad y promoción, y que incluso bajo un falsificado feminismo reivindica de manera inhumana un supuesto derecho a matar la vida de un hijo mediante el crimen abominable del aborto, queremos recordar que el don maravilloso de la Maternidad sigue siendo esencial en la vocación de la mujer y prioritario para el desarrollo armónico e integral de la sociedad. Urge hoy en día revalorizar la Maternidad como vocación de la mujer, tanto en el mundo como en la Iglesia.

Con cuánta razón afirmaba recientemente el Papa Francisco: “Una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana, porque las madres saben testimoniar siempre, incluso en los peores momentos, la ternura, la entrega, la fuerza moral” (Catequesis del 7 de enero de 2015). Igualmente la madre es insustituible en la transmisión de la fe en las primeras oraciones, en los primeros gestos de devoción, en las primeras sencillas catequesis que su hijo aprende de ella. Sin la madre cristiana no sólo no habrían nuevos cristianos sino que la fe perdería su calor y su ternura. Es oportuno reafirmar que la tarea y misión de la madre debe complementarse con la presencia activa y la responsabilidad del padre, ya que el hijo necesita de ambos en el hogar para su crecimiento integral. No hay nada mejor para un hijo que una mamá y un papá.

2 madre-hijoPor ello, como sociedad debemos estar al lado de cada mujer que espera un hijo; debemos rodear de atención particular la Maternidad y el gran acontecimiento de la concepción y el nacimiento del ser humano, con todos los servicios y cuidados que sean necesarios, y además hay que proteger laboralmente a la mujer embarazada mediante programas, leyes y políticas públicas que permitan armonizar la vida laboral de la mujer con sus deberes de madre de familia. De manera muy clara la Declaración Universal de los Derechos Humanos estipula en su artículo 25, número 2: “La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales”.

El valor de la Maternidad fue elevado a su grado más alto en Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive. Que María, Madre de Dios y nuestra bendiga a todas nuestras madres, las que están aquí con nosotros y las que nos cuidan desde el Cielo. Y, a Ella le damos las gracias por habernos dado a Jesús y por llevarnos siempre a Jesús, fruto bendito de su vientre.

San Miguel de Piura, 07 de mayo de 2015

 

Comisión Episcopal de Familia, Vida, Infancia, y Bioética

Presidente

Jueves 7 Mayo, 2015