Santa María

Catequesis Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae

INTRODUCCIÓN

1. El Rosario de la Virgen María es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio de la Iglesia y de gran significado, destinada a producir frutos de santidad.

Aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología, porque con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor.

Los romanos Pontífices y el Rosario

2. Muchos Pontífices le han atribuido gran importancia a esta oración, como por ejemplo: León XIII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II.

En el rezo del Rosario, pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo y nos ponen en comunión vital con Él a través del Corazón de su Madre. Asimismo, nuestro corazón puede incluir en las decenas del Rosario todos los hechos que entraman la vida cotidiana.

Octubre 2002 – Octubre 2003: Año del Rosario

3. El Rosario, comprendido en su pleno significado, conduce al corazón mismo de la vida cristiana y ofrece una oportunidad ordinaria y fecunda para la contemplación personal. Recitar el Rosario es en realidad contemplar el rostro de Cristo.

Por ello el Santo Padre proclamó de Octubre del 2002 a Octubre de 2003 el año del Santo Rosario.

Objeciones al Rosario

4. Esta iniciativa se basa en diversas consideraciones:

  • Urgencia de afrontar una cierta crisis de esta oración.
  • Aclarar que esta oración no se opone a la Liturgia de la Iglesia, sino más bien le da soporte, ya que la introduce y la recuerda, ayudando a vivirla interiormente, recogiendo así sus frutos.
  • Aclarar también que no es obstáculo para el ecumenismo porque es un culto orientado al centro cristológico de la fe cristiana ya que mientras se honra a la Madre, el Hijo es debidamente conocido, amado y también glorificado.

Vía de contemplación

5. El Rosario es un medio sumamente válido para favorecer en los fieles la contemplación del misterio cristiano.

Es urgente que nuestras comunidades cristianas se conviertan en “auténticas comunidades de oración”. El Rosario forma parte de la mejor y más reconocida tradición de la contemplación cristiana.

Oración por la paz y por la familia.

6. Algunas circunstancias históricas ayudan a dar un nuevo impulso a la propagación del Rosario. Hoy más que nunca es necesario ofrecerlo por la paz y por la familia.

“¡Ahí tienes a tu madre!” (Jn 19, 27)

7. Numerosos signos muestran cómo la Santísima Virgen ejerce hoy aquella solicitud materna para con todos los hijos de la Iglesia.

Son conocidas las distintas circunstancias en las que la Madre de Cristo ha hecho de algún modo, notar su presencia y su voz para exhortar al Pueblo de Dios a recurrir a esta oración contemplativa.

Tras las huellas de los testigos

8. Son innumerables los santos que han encontrado en el Rosario un auténtico camino de santificación: San Luis María Grignion de Monfort, el Padre Pío de Pietralcina, el Beato Bartolomé Longo, el Papa León XIII, entre otros.

CAPÍTULO I (nn. 9-17)
CONTEMPLAR A CRISTO CON MARÍA

Un rostro brillante como el sol

9. Es deber de todo cristiano el fijar los ojos en el rostro de Cristo y descubrir su misterio en el camino de la vida cotidiana, para así disponerse a acoger el misterio de la vida trinitaria y experimentar el amor del Padre y la alegría del Espíritu Santo.

María modelo de contemplación

10. La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial.

Ya desde la Anunciación los ojos de María se han concentrado en el Señor con una mirada siempre llena de adoración y asombro, mirada que no se aparatará jamás de Él, sino que lo acompañará durante su vida.

Los recuerdos de María

11. María vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras. Los recuerdos de Jesús la han acompañado en todo momento, llevándola a recorrer con el pensamiento los distintos episodios de su vida junto a su Hijo.

María propone continuamente a los creyentes los “misterios” de su Hijo, para que sean contemplados y derramen toda su fuerza salvadora. Con el rezo del Rosario se entra en sintonía con el recuerdo y la mirada de María.

El Rosario, oración contemplativa

12. El Rosario, precisamente a partir de la experiencia de María, es una oración contemplativa, sin esta dimensión, se desnaturalizaría.

Recordar a Cristo con María

13. La contemplación de María es un recordar (zakar) que actualiza las obras realizadas por Dios en la historia de la Salvación, estos acontecimientos nos son sólo un ayer, sino también el “hoy” de la salvación.

Esta actualización se realiza de modo particular en la liturgia, que es acción de Cristo y de la Iglesia y a su vez acción salvífica por excelencia. El Rosario en cuanto meditación sobre Cristo con María es contemplación saludable.

Comprender a Cristo desde María

14. Se trata de comprenderle a Cristo que es el Maestro por excelencia, revelador y revelación.

María es la maestra que nos introduce en el misterio de su Hijo; recorrer con Ella las escenas del Rosario es como ir a la “escuela” de María para leer a Cristo, para ahondar y entender su mensaje.

Configurarse con Cristo

15. En el recorrido del Rosario, el ideal de configurarse con Cristo, se consigue a través de la incesante contemplación de su rostro, ya esta contemplación nos introduce naturalmente en la vida de Cristo.

María como Madre de la Iglesia engendra continuamente hijos para el Cuerpo místico del Hijo. Ella nos educa y nos modela con la misma diligencia, hasta que Cristo “sea formado” en nosotros.

Rogar a Cristo con María

16. Cristo mismo nos ha invitado a dirigirnos a Dios con insistencia y confianza. El Rosario es a la vez meditación y súplica. La plegaria insistente a la Madre de Dios se apoya en la confianza de que su materna intercesión lo puede todo ante el corazón del Hijo.

Anunciar a Cristo con María

17. El Rosario es también un itinerario de anuncio, en el que el misterio de Cristo es presentado continuamente.

CAPÍTULO II
MISTERIOS DE CRISTO, MISTERIOS DE LA MADRE

El Rosario “compendio del Evangelio”

18. A la contemplación del rostro de Cristo se llega escuchando la voz del Padre, pues “nadie conoce bien al Hijo sino el Padre” (Mt 11, 27).

El Rosario es una oración de orientación profundamente cristológica, su elemento más característico que es la repetición litánica “Dios te salve, María”, se convierte también en una alabanza a Cristo.

Una incorporación oportuna

19. Para resaltar el carácter cristológico del Rosario, el Santo Padre ha considerado oportuno incorporar los misterios de la vida pública de Cristo, desde el Bautismo a la Pasión, ya que es durante la vida pública de Jesús cuando su misterio se manifiesta como misterio de luz “mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo” (Jn 9, 5).

Misterios de gozo

20. El primero se caracteriza por el gozo que produce el misterio de la encarnación, esto es evidente desde la anunciación; a este anuncio apunta toda la historia de la salvación.

El regocijo se percibe también en la escena del encuentro con Isabel, dónde de la voz de María hace saltar a Juan en el vientre de su madre. Igualmente llena de gozo es la escena del nacimiento de Jesús en Belén.

Los dos últimos misterios, que también están llenos de gozo, anticipan algunos indicios del drama; en la presentación en el Templo, junto a la dicha de la consagración del niño Jesús está la profecía de Simeón. Gozoso y dramático es también el episodio del hallazgo de Jesús en el Templo a los doce años.

Meditar en estos misterios significa adentrarse en los motivos de la alegría cristiana.

Misterios de luz

21. Cada uno de estos misterios revela el Reino de Dios ya presente en la persona de Cristo y que se manifiesta en su vida pública. Se llaman misterios de luz porque todo el misterio de Cristo es luz, Él es la luz del mundo. Juan Pablo II señala los siguientes momentos de la vida de Jesús como misterios de luz:

1. Su Bautismo en el Jordán

2. Su autorrevelación en las bodas de Caná

3. Su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión

4. Su Transfiguración

5. La Institución de la Eucaristía

Excepto en el misterio de Caná, en los demás misterios la presencia de María queda en el trasfondo.

Misterios de dolor

22. Los misterios de dolor llevan al creyente a revivir la muerte de Jesús poniéndose al pie de la cruz junto a María para interiorizar el inmenso amor de Dios al hombre y sentir su fuerza reconciliadora.

Se abren con el episodio de Getsemaní, donde el Señor a pesar de la agonía y angustia, se adhiere a la voluntad del Padre; el costo de este “si” suyo le costará la flagelación, la coronación de espinas, la subida al calvario hasta la muerte en la Cruz.

Misterios de gloria

23. La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado porque Él es el Resucitado. Contemplando la resurrección el cristiano descubre las razones de su fe y revive la alegría.

A la gloria de la Ascensión de Cristo a la derecha del Padre, sería elevada María con la Asunción, anticipando así el destino reservado para todos los hombres. Coronada de gloria María resplandece como Reina de los Ángeles y Santos.

En el medio de estos misterios se encuentra el episodio de Pentecostés, que muestra a la Iglesia reunida como familia en espera del Espíritu Santo y dispuesta para la misión evangelizadora.

Estos misterios alimentan en el creyente la esperanza en la meta escatológica.

De los “misterios” al “Misterio”: el camino de María

24. Los misterios del Rosario nos preparan y ayudan para conocer los misterios de la vida de Cristo y a Cristo mismo.

Nos conducen por el camino de María pues los misterios de Cristo son también los misterios de María.

Misterio de Cristo, “misterio” del hombre

25. Quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, descubre también en Él la verdad sobre el hombre.

El Rosario ayuda a abrirse a esta luz, siguiendo el camino de Cristo, el cual “recapitula” el camino del hombre.

CAPÍTULO III
“PARA MÍ LA VIDA ES CRISTO”

El Rosario, camino de asimilación del misterio

26. El Rosario se basa en el método de la repetición que a simple vista podría pensarse que es poco práctico, pero ha de tomarse como expresión del amor que no se cansa de dirigirse a la persona amada.

Para comprender el Rosario hay que entrar en la dinámica del amor, la repetición del Ave María se dirige directamente a María y el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jesús. La repetición favorece al deseo de configuración que tenemos.

Un método válido…

27. Dios se comunica con el hombre respetando su naturaleza y ritmos vitales, por ello la espiritualidad cristiana se caracteriza por implicar a toda la persona, en su realidad psicofísica y relacional. Por ello no debe extrañarnos que la relación con Cristo se sirva de la ayuda de un método.

… que no obstante se puede mejorar

28. El Rosario forma parte de la fenomenología religiosa universal, pero tiene características propias que responden a las exigencias de la vida cristiana.

El Rosario como método de contemplación puede ser mejorado, a esto se debe la incorporación de los misterios de luz. El Rosario, como método, debe ser utilizado con respecto al fin y no como un fin en sí mismo.

El anuncio del misterio

29. Enunciar el misterio y contemplar una imagen que lo represente es como abrir un escenario en el cual centrar nuestra atención.

Dentro de la espiritualidad que se ha desarrollado en la Iglesia, siempre se ha recurrido al elemento visual e imaginativo, considerándolo de gran ayuda. El mismo Señor Jesús asume rasgos humanos, y es por esa realidad corpórea que entramos en contacto con su misterio divino.

La escucha de la Palabra de Dios

30. Para darle fundamento bíblico al enunciado es útil que le siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente, así se dejará “hablar a Dios”.

El silencio

31. Es conveniente que después de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, se haga un momento de silencio para concentrar el espíritu en el contenido de un determinado misterio.

El “Padrenuestro”

32. Después de haber escuchado la Palabra y haber centrado la atención en el misterio, el ánimo se eleva al Padre. El Padrenuestro que Jesús nos enseñó, nos introduce en la intimidad del Padre y en ella nos hacemos hermanos de Cristo y entre nosotros.

Las diez “Ave María”

33. Es el elemento más extenso y el que lo hace una oración mariana por excelencia. Es a la luz del Ave María donde se nota que esta oración no se opone a lo cristológico, sino más bien lo subraya y exalta.

El “Gloria”

34. Cuando recorremos el Rosario nos encontramos constantemente ante el misterio de la Santísima Trinidad, por ello es importante que el Gloria, culmen de la contemplación, sea bien resaltado en el Rosario. La glorificación trinitaria en cada decena adquiere su justo tono contemplativo.

La jaculatoria final

35. Habitualmente después del Gloria, sigue una jaculatoria que varía según las costumbres, pero es oportuno señalar que la contemplación de los misterios puede expresar mejor toda su fecundidad si se procura que cada misterio concluya con una oración dirigida a alcanzar los frutos específicos de la meditación del misterio.

El “rosario”

36. Es el instrumento tradicional para rezar el Santo Rosario, debe tenerse en cuenta que el rosario está centrado en el Crucifijo que abre y cierra la oración. En cuanto que sirve para llevar la cuenta en la oración, el rosario evoca el camino de la contemplación y de la perfección cristiana.

Asimismo, es como una cadena filial que nos pone en sintonía con María y con el propio Cristo.

Inicio y conclusión

37. En la práctica corriente, hay varias formas de iniciar el Rosario (con el Salmo 69, rezando el Credo, etc.), éstos y otros modos, en la medida que ayudan a la disposición, son legítimos.

Para fomentar la proyección eclesial de esta oración, la Iglesia ha querido enriquecerlo con santas indulgencias para quien lo recita con las debidas disposiciones.

La distribución en el tiempo

38. El Rosario puede recitarse entero cada día y eso es muy laudable. Esta oración impregna los días de muchos contemplativos y acompaña a enfermos y ancianos que tienen tiempo disponible para rezarlo completo.

La distribución semanal de los misterios, da a los días de la semana un cierto “color” espiritual, análogamente a lo que hace la Sagrada Liturgia en el año litúrgico.

Pero ¿Dónde introducir lo misterios de la luz? Los días jueves.

CONCLUSIÓN

“Rosario bendito de María, cadena dulce que nos unes con Dios”

39. Lo dicho hasta ahora demuestra la riqueza de esta oración tradicional, en la cual la Iglesia ha visto siempre una particular eficacia, confiando las causas más difíciles a su recitación comunitaria y a su práctica constante.

La paz

40. El Rosario es una oración orientada hacia la paz, pues en él se contempla a Cristo, príncipe de la paz y nuestra paz, y porque promueve la caridad mostrándonos el rostro de Cristo en los hermanos que más sufren.

El Rosario nos hace constructores de paz, de este modo en vez de ser una “huida del mundo”, nos impulsa a examinar y afrontar los problemas que en él encontramos.

La familia: los padres…

41. El Rosario es desde siempre una oración de la familia y por la familia, es una preciosa herencia que no debe ser descuidada, pues ella se presta particularmente para reunir a la familia y mantenerla unida.

Rezar el Rosario en familia significa introducir en ella la imagen del Redentor y de su Madre santísima, reproduciendo el clima de la casa de Nazaret, teniendo a Jesús en el centro para compartir con Él las alegrías y dolores, necesidades y proyectos y obteniendo de Él, la esperanza y fuerza para el camino.

…y los hijos

42. Es fructuoso confiar a esta oración el crecimiento de los hijos, hoy más que nunca que es más difícil para los padres seguir a los hijos en las etapas de sus vidas.

Los mensajes de todo tipo y las experiencias más imprevisibles hacen mella en la vida de los chicos y adolescentes y esto es motivo de angustia para los padres de familia.

Rezar el Rosario por los hijos y con los hijos no es ciertamente la solución, pero si una gran ayuda espiritual que no se debe minimizar. Se podría objetar que el Rosario no responde a la atracción de los jóvenes, pero si se presenta bien, ellos podrían hacer propia esta oración con el entusiasmo que los caracteriza.

El Rosario, un tesoro que recuperar

43. Una oración tan fácil y tan rica merece ser recuperada por la comunidad cristiana. Los Obispos, sacerdotes y diáconos, agentes pastorales, teólogos, consagrados y consagradas y todos los laicos, somos los llamados a ser sus diligentes promotores.

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