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«SEÑOR DE LOS MILAGROS AUMENTA NUESTRA FE, NO PERMITAS EL ABORTO EN EL PERÚ»

El Cristo Moreno realiza su primer recorrido en Piura y Castilla

 18 de octubre (Oficina de prensa).- Antes de la primera procesión de la venerada imagen del Señor de los Milagros por las principales calles de nuestra Ciudad, centenares de devotos asistieron a la Santa Misa que se celebró a las 7 de la mañana en el atrio de la Basílica Catedral, la que fue presidida por Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura y concelebrada por numerosos sacerdotes de la Arquidiócesis.

En su homilía Monseñor Eguren se mostró preocupado por la reciente despenalización del aborto en Uruguay. Nuestro Pastor pidió a los fieles piuranos rezar porque esto no suceda en nuestro país y que este Año de la Fe nos lleve a un compromiso con la causa “Por la vida”. A continuación la homilía completa que nuestro Arzobispo pronunció el día de hoy:

Octubre morado y el Año de la Fe

Qué bendición que al inicio del Año de la Fe, convocado por el Papa Benedicto XVI, sea el Señor de los Milagros quien nos reúna esta mañana, porque Octubre morado es sobre todo el mes de la Fe; mes de la expresión de la fe cristiana y católica de Piura y de todo el Perú que le dice al Señor: “Somos tuyos y Tú eres nuestro”. “Somos tu pueblo y tu eres nuestro Amo y Señor”.

  

 Al comenzar este Año de la Fe le pedimos al Señor de los Milagros que desde su trono de gloria que es la Cruz, nos toque con la fuerza de su Amor. ¿No es acaso esto lo que más necesitamos hoy día en el Perú y en Piura?

Sí hermanos, lo que más necesitamos es dejarnos tocar, es dejarnos traspasar por la fuerza de su amor, para que ese amor nos transforme y así dejando nuestro pecado, cesen las injusticias, los enfrentamientos, la violencia social, las venganzas, los egoísmos, la mentira y el odio entre nosotros. Cuando uno se deja tocar por el amor del Señor crucificado, el corazón se llena de paz y de alegría y nuestra vida social se vuelve justa y reconciliada.

Creo Señor, pero aumenta mi fe

Hoy queremos decirle al Señor de los Milagros desde lo más profundo de nuestro corazón, como lo hicieron los Apóstoles: “Creo, Señor, pero aumenta mi fe”.

Sí, Señor de los Milagros, auméntanos la fe, es decir, ábrenos los oídos para que podamos escuchar y acoger tu Palabra que es Vida. Ábrenos los labios para que te recemos siempre a Ti que eres el único Dios vivo y verdadero, el único Salvador del Mundo, ayer, hoy y lo serás siempre.

Al comenzar este Año de Gracia le pedimos con humildad al Señor de los Milagros que nos aumente la fe. Que al pasar sus veneradas andas por nuestras calles y plazas suscite en cada uno de los piuranos y piuranas, es decir en cada uno de nosotros, el deseo a profesar nuestra fe cristiana y católica en plenitud, con renovada convicción, con coherencia y autenticidad. Al comenzar este Año de la Fe le pedimos al Señor de los Milagros, que el paso de sus andas suscite en nosotros el compromiso por ser testigos más creíbles de su amor en el mundo.

Llamados a dar testimonio y mostrar a todos la belleza de la fe

Queridos hermanos, profesar la fe con la boca y con nuestra presencia esta mañana en esta Santa Misa en torno al Cristo Morado, implica un testimonio y un compromiso público. El creer no es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con Él y para dar testimonio público de Él con nuestras palabras y vida.

Hoy más que nunca debemos comprender que creer en el Señor tiene una dimensión pública y social que consiste en anunciar a todos, sin temor, sin miedos, sin cobardías, la propia fe, ya sea en el hogar, en el trabajo, en el estudio, en el deporte, en el barrio, en la función pública o privada.

 Que el Año de la Fe sea una buena oportunidad para intensificar nuestro testimonio de creyentes. Mostremos a todos la belleza de la Fe, que no es otra cosa sino mostrar a todos la belleza que significa ser cristiano. Pienso esta mañana en cuántos hermanos y hermanas nuestras hay que habiendo recibido el don del bautismo se han alejado de la Iglesia y viven como si no fueran cristianos. Pienso también esta mañana en cuántos hermanos y hermanas nuestras hay cuya falta de formación cristiana les impide recibir en sus vidas el influjo vital del Evangelio.

Tú y yo, que hoy tenemos este encuentro maravilloso con el Señor de los Milagros, quien es el Único que llena de significado profundo y de paz verdadera la vida, debemos de sentirnos enviados por Él a ir en busca de estos hermanos nuestros para llevarlos a un nuevo encuentro con Él en Su Iglesia.

Y lo más hermoso es que el mismo Señor de los Milagros, nos da el ejemplo, saliendo en procesión estos días en busca de la oveja perdida para cargarla nuevamente sobre sus hombros y traerla al rebaño de su Iglesia. El Señor de los Milagros con su ejemplo nos anima a todos a hacer lo mismo, a ser apóstoles. Él, es el primer y más grande evangelizador. Él, es el misionero por excelencia cuyo ejemplo debemos seguir.

Los invito hermanos a tener el valor y el coraje de anunciar a Cristo al hombre de hoy: a tu esposo, a tu esposa, a tus hijos, a tus padres, a tus amigos, a tus compañeros de trabajo, de estudio o de barrio. Llevémosles a ellos lo más importante, lo que es esencial: el Evangelio y la Fe de la Iglesia.

Estudiar el Catecismo

Para cumplir a cabalidad con esta misión se hace necesario que en nuestros hogares, parroquias, comunidades y escuelas, meditemos más la Palabra del Señor y estudiemos más nuestra Fe a través del Catecismo.

Hoy en día el relativismo impera, el “todo vale” se impone. La gente tiene dudas, tiene preguntas y busca la verdad. A ellos debemos darles la única respuesta que sacia y da paz: Cristo. Pero para poder hacerlo debemos todos redescubrir, estudiar y profundizar los contenidos fundamentales de la fe que están en el Catecismo. En Piura tenemos ahora un catecismo propio que cariñosamente hemos llamado PIUCAT. Los aliento a su estudio. Ello nos permitirá conocer mejor nuestra Fe, no sólo para vivirla mejor, sino además para poder compartirla con nuestros hermanos.

El testimonio del Amor

 Este Año de la Fe es también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. Nos dice el Santo Padre Benedicto XVI: “La Fe sin la Caridad no da fruto y la Caridad sin la Fe sería un sentimiento a merced de la duda. La Fe y el Amor se necesitan mutuamente”.

Que este Año de la Fe nos lleve a apostar más por la caridad, a descubrir el rostro sufriente de Cristo en los hermanos más pobres y necesitados. No olvidemos que en los más pobres hay una presencia especial del Señor que exige a la Iglesia, es decir a ti y a mí, una opción preferencial por ellos: “He tenido hambre y me diste de comer; he tenido sed y me has dado de beber; fui forastero y me hospedaste; estuve desnudo y me has vestido; enfermo o encarcelado y me has visitado”.

En nuestro tiempo, son muchas las necesidades que nos interpelan como cristianos. Y lo más doloroso, a las antiguas formas de pobrezas se añaden hoy en día nuevas formas de miseria, como los que viven en la desesperación del sin sentido con la tentación permanente del suicidio; los que están expuestos a la insidia de la droga y el alcohol; los que viven el abandono en la edad avanzada o en la enfermedad; los concebidos no nacidos amenazados de ser salvajemente asesinados a través del crimen execrable del aborto. A todos ellos debemos darles la esperanza y el amor cristiano que no defrauda ni falla.

¡No al aborto! ¡Sí a la Vida por nacer!

 Tengo que decirlo con dolor, el día de ayer ha sido un día negro, funesto, para la causa de la Vida y de la Familia. En el hermano país del Uruguay se ha aprobado el aborto. Es el segundo país sudamericano en hacerlo y el tercero en Latinoamérica. Uno de los congresistas que votó a favor del aborto tuvo el descaro de decir, que, “con esta ley, entramos dentro de los países desarrollados que en su mayoría han adoptado criterios de liberalización”.

Me pregunto: ¿Se puede llamar “desarrollo” al asesinato de un inocente? ¿Legislar a favor de la muerte de un inocente, que tiene tanto derecho como tú y como yo a vivir, puede ser llamado “desarrollo”? ¿Qué sigue después? ¿Llamar “desarrollo” a la muerte de nuestros enfermos y ancianos con la eutanasia o de los niños con el infanticidio?

Estemos en guardia queridos hermanos. Hay poderosos intereses internacionales por cambiar nuestra fe y nuestros valores relacionados con la familia y con la vida. ¡No permitamos que el aborto sea aprobado en el Perú! No permitamos que el miembro más pequeño e indefenso de la familia peruana, que cuenta en primer lugar con sus padres y también con nosotros para ver garantizado y salvaguardado su derecho a la vida desde su concepción, sea asesinado en el sagrario del vientre de su madre.

El aborto es el mayor destructor de la paz. Y si alguna madre aquí presente o que me escucha no quiere a su hijo, con la Beata Madre Teresa de Calcuta le digo: "¡No aborten! Si no quieren a sus hijos dénmelos a mi, yo sí los quiero". La Iglesia, sí los quiere.

El Año de la Fe nos debe llevar a un compromiso con la causa “Por la Vida”; a un Sí por la Vida naciente, porque la vida humana es siempre un bien; porque la vida humana, en cualquier fase o condición, es imagen y reflejo de Dios, de ahí su carácter sagrado e inviolable, desde su concepción hasta su fin natural.

¡Señor de los Milagros, no permitas el aborto en el Perú! Da sabiduría a nuestros gobernantes y legisladores, y a nosotros el valor y el coraje de un auténtico creyente para defender toda vida humana desde la concepción hasta su fin natural.

María la Mujer Fuerte de la Fe

Además de nosotros hay alguien que acompaña silenciosa pero eficazmente a su Divino Hijo, el Señor de los Milagros durante todo Octubre y en la procesión, ayudándolo a que los frutos de la Salvación que Él nos ganó en la Cruz lleguen a todos. Es la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de la Nube. Ella es la Mujer fuerte de la Fe, proclamada “bienaventurada porque ha creído” (Lc 1, 45).

A Ella le pedimos en este Año de la Fe, que crezca nuestra adhesión a Jesús, nuestra conciencia de pertenencia a la Iglesia, nuestra coherencia y autenticidad como cristianos.

Madre de los creyentes: ayúdanos a confesar la belleza que significa seguir a Jesús allí donde Él nos llame: en la familia, en la vida pública, y en los carismas y ministerios que Él nos ha confiado. Que así sea. Amén.

 

San Miguel de Piura, 18 de octubre de 2012

Primer Recorrido Procesional de la Venerada

Imagen del Señor de los Milagros  

 

 

 

 

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