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PIURA Y TUMBES SE UNEN A LA HORA SANTA UNIVERSAL CONVOCADA POR EL PAPA FRANCISCO

 29 de marzo (Oficina de Prensa).- Bajo el lema “Un solo Señor, una sola fe” el Papa Francisco ha convocado a una Solemne Adoración Eucarística en todo el mundo, la que será un hecho histórico y uno de los eventos más importantes del Año de la Fe. El domingo 02 de junio, a las 5.00 p.m. hora de Roma, el Santo Padre presidirá una hora de adoración eucarística en la Basílica de San Pedro, y ha pedido a todos los Obispos del mundo que en sus respectivas diócesis y en simultáneo con Roma, realicen una Hora Santa de adoración ante Jesús Eucaristía, vivo en el Santísimo Sacramento del Altar.

En comunión con el Santo Padre Francisco y los demás Obispos del mundo, en nuestra Arquidiócesis nos uniremos en oración a través de la Adoración a Jesús Eucaristía en todas las parroquias de Piura y Tumbes, a las 10.00 a.m. En la Basílica Catedral de Piura será presidida por nuestro Arzobispo Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., quien ha exhortado a todos los sacerdotes, consagrados y consagradas, a los miembros de los movimientos eclesiales, hermandades y cofradías, y a los fieles en general a que participen con fervor en esta Hora Santa, teniendo presente las intenciones propuestas por el Papa Francisco:

1.- “Por la Iglesia, extendida en todo el mundo y hoy en señal de unidad recogida en la adoración de la Santísima Eucaristía. Que el Señor la haga cada vez más obediente a la escucha de su Palabra para presentarse ante el mundo siempre “más hermosa, sin mancha, ni arruga, sino santa e inmaculada”. Que a través de su fiel anuncio, la Palabra que salva resuene aún como portadora de misericordia y haga que el amor se redoble para dar un sentido pleno al dolor y al sufrimiento, devolviendo alegría y serenidad”.

2.- “Por aquellos que en los diversos lugares del mundo viven el sufrimiento de nuevas esclavitudes y son víctimas de la guerra, de la trata de personas, del narcotráfico y del trabajo “esclavo”; por los niños y las mujeres que padecen todas las formas de la violencia. ¡Que su grito silencioso de ayuda encuentre a la Iglesia vigilante para que, teniendo la mirada puesta en Cristo crucificado no se olvide de tantos hermanos y hermanas dejados a merced de la violencia!. Por todos aquellos que, además, se encuentran en la precariedad económica, sobre todo los desempleados, los ancianos, los inmigrantes, los que carecen de hogar, los presos y cuantos experimentan la marginación. ¡Que la oración de la Iglesia y su cercanía activa les de consuelo y ayuda en la esperanza y fuerza y audacia en la defensa de la dignidad de la persona!”.

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