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ARZOBISPO DE PIURA Y TUMBES PRONUNCIA PRIMERA CATEQUESIS EN JMJ – MADRID 2011

Ante “eclipse de Dios” exhorta a vivir la fe de manera integral y con coraje

 17 de agosto (Oficina de prensa).- Hoy comenzaron las catequesis que más de 800 obispos de todo el mundo pronunciarán durante estos días en la JMJ- Madrid 2011. Nuestro Arzobispo, Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., se dirigió a los jóvenes de habla hispana que llegaron a las 10 de la mañana hasta la Parroquia Beato Manuel Domingo y Sol, en la localidad Majadahonda de la capital española, quienes escucharon atentamente la Catequesis “Firmes en la Fe”.

Mons. José Antonio Eguren Anselmi, alentó a los jóvenes a vivir la fe de manera integral y con coraje, ante el "eclipse Dios" en la sociedad, es decir, ante el intento de construir la vida de espaldas al Señor que es fuente de todo lo bueno.

El Arzobispo de Piura y Tumbes exhortó a vivir “cada una de estas jornadas con una fe integral: fe en la mente, que acoge la verdad revelada; fe en el corazón que se adhiere a ella afectiva y existencialmente; y fe en la acción que se despliega en un esfuerzo cotidiano constante por la propia santidad y por el cumplimiento de la misión apostólica, siempre en activa cooperación con la gracia de Dios".

La segunda Catequesis será el jueves 18 a las 10 de la mañana (hora local). Monseñor Eguren lo hará en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen (Aravaca) San Antonio, 2 28224.

A continuación presentamos el texto completo de la primera Catequesis pronunciada por Monseñor Eguren en la JMJ – Madrid 2011:

JMJ Madrid 2011

Primera Catequesis

“Firmes en la Fe”

Miércoles 17 de agosto de 2011

Queridos Jóvenes:

En primer lugar quiero expresar mi profunda gratitud a Dios, nuestro Padre, por estar participando con ustedes de este tiempo de gracia y bendición que es la XXVI Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011, que tiene por lema: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (ver Col 2, 7). Nuestros corazones no pueden menos que elevar a Dios, de quien procede todo bien, una profunda acción de gracias por habernos llamado a estar aquí estos días para encontrarnos con Él por medio de su Hijo Jesucristo, Dios y hombre verdadero, en el Espíritu Santo; y en Él a encontrarnos entre nosotros en una experiencia profundamente eclesial.

Ante esta amorosa iniciativa de Dios que nos llama, respondamos abriéndonos al don de la fe con todo nuestro ser de personas. Así vivamos cada una de estas jornadas con una fe integral: fe en la mente, que acoge la verdad revelada; fe en el corazón que se adhiere a ella afectiva y existencialmente; y fe en la acción que se despliega en un esfuerzo cotidiano constante por la propia santidad y por el cumplimiento de la misión apostólica, siempre en activa cooperación con la gracia de Dios.

Recordando al Beato Juan Pablo II

Asimismo elevamos nuestra acción de gracia al Señor, por la reciente beatificación de nuestro amado y siempre recordado Juan Pablo II, el “Papa Amigo de los Jóvenes” y patrono de esta Jornada Mundial de la Juventud quien desde su ventana del Cielo nos bendice y acompaña. Gracias a su iniciativa comenzaron estas Jornadas en 1986 las cuales ya suman veintiséis. Juan Pablo II tuvo el coraje de ir en busca de ustedes los jóvenes y de hablarles francamente, como amigo auténtico y sincero que no rebaja la propuesta del Evangelio para conseguir una popularidad fácil y momentánea. Juan Pablo II sabía que los jóvenes, sin Cristo, jamás serían capaces de encontrar el sentido de la vida. Por ello los buscó a ustedes y ustedes descubrieron en él a un amigo y maestro y le abrieron sus corazones porque se dieron cuenta que él, incluso de anciano, conocía el secreto de la vida juvenil.

Benedicto XVI: Tu est Petrus

De igual manera queremos expresar nuestra gratitud al Santo Padre Benedicto XVI, quien nos ha convocado a participar en esta Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011 con el deseo que echemos raíces en Cristo y demos un impulso decisivo a la evangelización de las nuevas generaciones (1), para construir una vida auténtica frente a un mundo que excluye a Dios y propone caminos fáciles de esclavitud y muerte. En la espera ansiosa a nuestro encuentro con él le expresamos nuestro cariño y filial adhesión, a él que es el Pedro de hoy, el Vicario de Cristo en la tierra, o según la hermosa expresión de Santa Catalina de Siena, “el dulce Jesús en la tierra”.

A través de las catequesis de estos días queremos prepararnos para acoger con reverencia y atención sus enseñanzas como Pastor Universal del Pueblo de Dios, porque ahí “donde está Pedro, allí está la Iglesia, y donde está la Iglesia, no hay muerte, sino vida eterna” (2).

¡Gracias Madrid!

También quiero expresar mi gratitud a la Archidiócesis de Madrid, a su Arzobispo, el Eminentísimo Señor Cardenal Antonio María Rouco Varela, por acogernos estos días. Agradecer de corazón al Pontificio Consejo para los Laicos, al Comité Organizador, a los miles de voluntarios y voluntarias que con su entrega y cariño no de ahora, sino de varios años, hacen posible hoy este acontecimiento de gracia y bendición. ¡Gracias Madrid por ser estos días la capital mundial de la juventud! Tu acogida se traducirá sin lugar a dudas en caminos de esperanza y renovación para la Iglesia en España y en el mundo entero.

El eclipse de Dios

A lo largo de las catequesis de estos días profundizaremos en el lema de esta Jornada Mundial de la Juventud: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (ver Col 2, 7). Hoy somos llamados a reflexionar en el tema: “Firmes en la Fe”. En primer lugar debemos hacer una constatación: hoy en día el cristiano vive su fe en Dios y en Jesús en un contexto particular del “olvido de Dios”, en medio de un laicismo difundido que elimina a Dios de la vida pública.

Puesto que Dios es la fuente de la vida, el ser humano sin una referencia consciente a su Creador, pierde su dignidad e identidad. Hay que ser claros: el olvido de Dios es el origen de todos los males y problemas de la sociedad.

Sí queridos amigos, el drama que vive el hombre contemporáneo no es otro sino el eclipse del sentido de Dios y por tanto el eclipse del sentido del hombre, ya que perdiendo el sentido de Dios, se pierde el sentido del hombre, de su dignidad y del valor de su vida (3).

Como dice el Concilio Vaticano II: “La criatura sin el Creador desaparece. Más aún, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida (4). Este olvido o eclipse de Dios es el doloroso producto del secularismo que poco a poco pero con tentáculos penetrantes se va apoderando de nuestra realidad social y cultural en esa trágica modalidad que es el “agnosticismo funcional” descrito como el hecho de vivir, de pensar y de actuar como si Dios no existiera o como si su presencia fuera irrelevante. Y así, el ser humano sin referencia alguna a Aquel que es su principio y fundamento, su origen y su fin, languidece en el oscurecimiento de su verdad y hundido en el pecado vive su vida como “acto suicida” (5), atentando contra su dignidad y grandeza, aquella que le viene de ser imagen y semejanza de Dios y de ser hijo del Padre, en Cristo, el Hijo. El eclipse del sentido de Dios y del hombre conduce inevitablemente al materialismo práctico, en el que proliferan el individualismo, el utilitarismo y el hedonismo.

Del eclipse u olvido de Dios surge la “libertad perversa”, que es aquella falsa concepción de la libertad que exalta al individuo aislado de forma absoluta y no da cabida a la solidaridad, a la apertura y al servicio hacia el prójimo y que confiere poder absoluto sobre los demás y en contra de los demás. De la “libertad perversa” surge la “cultura de muerte” (6). Por ejemplo de esta “libertad perversa” brotan los más terribles crímenes contra la vida como son el aborto, la eutanasia, la experimentación con embriones, el infanticidio, y la fertilización in vitro, entre otros.

Dios es el fundamento de todo lo que existe, por eso cuando se olvida a Dios, cuando el ser humano lo saca del horizonte de su vida se sigue inevitablemente una falsificación del concepto de realidad que lleva al ser humano a caminos equivocados y a recetas destructivas. Sin Dios, el ser humano se vuelve en el peor enemigo de sí mismo, en un lobo feroz contra sus demás hermanos humanos, según la célebre expresión del filósofo inglés Thomas Hobbes (1558-1679), “lobo es el hombre para el hombre”; y en el dominador déspota de la creación, la cual maneja no como señor de la creación según el Plan de Dios, sino en base a su egoísmo y afán de dominio.

Asimismo del olvido o eclipse de Dios se sigue el “eclipse del pecado”. Recientemente el Santo Padre Benedicto XVI lo decía: “hoy en día la misma palabra "pecado" no es aceptada por muchos, porque presupone una visión religiosa del mundo y del hombre. En efecto es verdad: si se elimina a Dios del horizonte del mundo, no se puede hablar de pecado. Como cuando se esconde el sol, desaparecen las sombras; la sombra surge solo cuando existe el sol; de este modo, el eclipse de Dios implica necesariamente el eclipse del pecado” (7). Hay que recordar que en arameo la palabra pecado tenía el significado de ‘olvido’: Olvido de algo o de alguien que estaba presente y que se dejaba de lado.

Para entender cómo el olvido o eclipse de Dios puede traer terribles consecuencias e injusticias a la vida del hombre mencionemos solamente que desde 1973, año en que se legalizó el aborto en los Estados Unidos de América, han sido asesinados más de 48 millones de niños por nacer a través de este crimen abominable. Aquí en España desde que fuera aprobado el aborto en 1985 se han asesinado cerca de dos millones de niños inocentes convirtiéndose el aborto en la principal causa de mortalidad, con efectos sociales y demográficos desoladores. En los últimos diez años el aborto se ha incrementado en España en 189%. Cada 4,7 minutos se mata una criatura haciendo un total de 305 niños muertos cada día. Esto equivale a que cada tres días desaparece un Colegio en España por falta de niños. Los abortos que se producen en España en diez días superan la mortalidad por accidentes de tráfico o suicidios de todo un año. Sólo en el año 2010, la píldora abortiva del día después se utilizó más de 600,000 veces.

Del olvido o eclipse de Dios se sigue también el actual “rechazo al cristianismo”, la negación al tesoro de la fe recibida, con el peligro de perder aquello que nos da identidad.

Esta es una tragedia que actualmente Europa está viviendo: “hoy se ha puesto de moda negar la memoria y las evidencias históricas. Decir que Europa no tiene raíces cristianas, equivale a afirmar que un hombre puede vivir sin oxígeno y sin alimento” (8).

Queridos Jóvenes: Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esa fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría. Sólo Él da sustento y plenitud a los valores hoy tan invocados como “la dignidad de la persona humana”, “la solidaridad”, “la justicia”, “la sinceridad”, “la alegría”, entre otros.

Cristo nos ha traído a Dios

Como fruto de nuestra anterior reflexión surge inmediatamente otra pregunta: Si Dios es la realidad fundante y por eso decisiva, ¿quién conoce a Dios? ¿Cómo podemos conocerlo y así tener la garantía de una vida estable y feliz? Nuevamente el Santo Padre nos da la respuesta: “Para el cristiano el núcleo de la respuesta es simple: sólo Dios conoce a Dios, sólo su Hijo que es Dios de Dios, Dios verdadero, lo conoce. Y Él, "que esta en el seno del Padre lo ha contado" (Jn 1, 18). De aquí la importancia única e insustituible de Cristo para nosotros, para la humanidad. Si no conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la realidad se convierte en un enigma indescifrable, no hay camino, y al no haber camino, no hay vida ni verdad. Dios es la realidad fundante no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano; el Dios-con-nosotros, el Dios del amor hasta la cruz. Cuando el discípulo llega a la comprensión de este amor de Cristo "hasta el extremo" no puede dejar de responder a este amor si no es con un amor semejante: "te seguiré adondequiera que vayas" (Lc 9, 57)” (9).

En su libro Jesús de Nazaret volumen I, nuestro querido Santo Padre nos recalca con bellas palabras esta misma enseñanza cuando nos dice: “¿Qué ha traído Jesús realmente si no ha traído la paz al mundo, el bienestar para todos, un mundo mejor? ¿Qué ha traído?…La respuesta es muy sencilla: a Dios. Ha traído a Dios: ahora conocemos su rostro, ahora podemos invocarlo. Ahora conocemos el camino que debemos seguir como hombres en este mundo. Jesús ha traído a Dios y, con él, la verdad sobre nuestro origen y nuestro destino; la fe, la esperanza y el amor. Sólo nuestra dureza de corazón nos hace pensar que esto es poco” (10).

Si queridos Jóvenes: por la fe en Cristo se supera el olvido y el eclipse de Dios, entramos en comunión con Dios, realidad fundante, y así mi vida y nuestro mundo tienen futuro, tienen esperanza. Es bueno señalar que la fe es un don de Dios, es una gracia, una virtud sobrenatural infundida por el Señor pero que además es un acto auténticamente humano. “No es contrario ni a la libertad, ni a la inteligencia del hombre confiar en Dios, y adherirse a las verdades reveladas por Él” (11). Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, en el acto de fe hay respeto a la libertad de la persona, pero de otro lado hay necesidad de la fe para obtener la salvación y se necesita perseverar en ella para no perderla (12).

Creen en Jesús y creerle a Jesús

Gracias a la fe, sabemos bien que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo Encarnado” (13); sólo Jesús nos permite responder realmente a la pregunta fundamental: ¿quién soy? Y junto con ella a esta segunda: ¿cómo construir un mundo más justo y reconciliado?

En esta Jornada Mundial de la Juventud confesemos que el Señor Jesús es el camino a seguir para llegar a la plena realización personal; el secreto de la verdadera libertad y de la alegría profunda del corazón; el Amigo supremo y a la vez el educador de toda amistad auténtica (14). Sólo Cristo libera al hombre de las cadenas del pecado para reconciliarlo con el Padre, consigo mismo, con sus demás hermanos humanos y con la creación entera, saciando la nostalgia de Dios que tienen nuestros corazones. Él con su resurrección, se ha constituido en el criterio y la medida definitiva de la cual podemos fiarnos para una vida nueva. Él nos ha traído un mundo nuevo.

Cristo te invita querido Joven a construir tu vida en Él. Él es el fundamento sólido que buscas. Jesús te invita a una vida de comunión y amistad con Él donde vayas creciendo cada vez más y más en la dinámica transformante del “creer en Él y de creerle a Él” para llegar a ser en todo semejante a Él, el hombre nuevo y perfecto.

Parece un juego de palabras pero no lo es: “creer en Él”, supone la adhesión total de tu corazón a la persona viva de Cristo (“El que cree en mí, tiene vida eterna” Jn 6, 47); y ello implica como consecuencia “creerle a Él”, es decir creer que todo lo que dice es verdad, y por tanto conformar tu vida a su Palabra (“Os aseguro que quien hace caso a mi palabra no morirá” Jn 8, 51).

Para alcanzar la firmeza en la fe

Algunos de ustedes se podrán estar preguntando: ¿Cómo conocer realmente al Señor Jesús para poder seguirlo y vivir con Él, para encontrar la vida en Él y para comunicar esta vida a los demás, a la sociedad y al mundo? ¿Cómo alcanzar la firmeza en la fe?

Por la brevedad del tiempo disponible quisiera referirme sólo a cuatro medios:

1. Cristo se da a conocer en su persona, en su vida y en su doctrina por medio de la Palabra de Dios. Por tanto un primer medio fundamental es el conocimiento profundo de la Palabra de Dios. “Ignorar las Escrituras, es ignorar a Cristo mismo” (15). Ahora bien para percibir su belleza y su riqueza su lectura debe hacerse siempre en la Iglesia y desde su Tradición ya que la depositaria de la Palabra de Dios es la Iglesia y no uno. Construir la vida sobre Cristo, acogiendo con alegría su Palabra y poniéndola con alegría en práctica, he aquí queridos jóvenes del tercer milenio, cuál ha de ser el programa de sus vidas. Lean todos los días la Sagrada Escritura.

2. Otro medio fundamental es la Catequesis. Pienso en que muchos de ustedes son catequistas en sus parroquias, movimientos eclesiales y nuevas comunidades y que las viven como verdaderos itinerarios de fe. En la Catequesis se transmite de forma sencilla y substancial el mensaje de Cristo. La reflexión madura de la fe es luz para el camino de la vida cristiana y fuerza para ser testigo. Para ello disponemos de instrumentos muy valiosos como son el Catecismo de la Iglesia Católica y su versión más breve su Compendio y una aplicación especial para ustedes jóvenes que es “YouCat” (el Youth Catechism o Catecismo de los Jóvenes), de cual Benedicto XVI dice en el prólogo de presentación: “Algunas personas me dicen que a los jóvenes de hoy no les interesa esto. Yo me opongo y estoy seguro de tener razón. Los jóvenes de hoy no son tan superficiales como se dice de ellos. Quieren saber qué es lo verdaderamente importante en la vida. Por eso os invito: ¡estudiad el Catecismo! Es mi deseo más ardiente… ¡Dedicadle tiempo! Estudiadlo en el silencio de vuestro cuarto, leedlo en pareja, si tenéis novio, formad grupos de trabajo y redes, intercambiad opiniones en Internet…Tenéis que saber qué es lo que creéis. Tenéis que conocer vuestra fe de forma tan precisa como un especialista en informática conoce el sistema operativo de su ordenador, como un buen músico conoce su pieza musical… Necesitáis la ayuda divina para que vuestra fe no se seque como una gota de rocío bajo el sol, si no queréis sucumbir a las seducciones del consumismo, si vuestro amor no quiere ahogarse en la pornografía, si no queréis traicionar a los débiles ni dejar tiradas a las víctimas” (16).

3. En tercer lugar la Misa Dominical, centro de la vida cristiana. Queridos Jóvenes: hay que valorizar la Misa del Domingo. Hay que participar en ella activamente y si es en familia (padre con sus hijos) mejor aún. La celebración eucarística del domingo es una escuela eficaz para comunicar la fe y crecer en ella. Es el momento semanal privilegiado del encuentro con el Señor Resucitado. En la Santa Misa del Domingo los cristianos experimentamos que no seguimos a un personaje del pasado, “sino a Cristo vivo, presente en el hoy y el ahora de nuestras vidas. Él es el viviente que camina a nuestro lado…alimentándonos con el Pan de la vida. Por eso la celebración dominical de la Eucaristía ha de ser el centro de la vida cristiana. El encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita el compromiso de la evangelización y el impulso a la solidaridad (17)”. Y junto con la Misa dominical, la adoración eucarística, sea en la Visita diaria a Jesús Hostia presente en los sagrarios de nuestros templos o en la Exposición Solemne del Santísimo Sacramento, porque “sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera (del Señor Jesús)” (18).

4. Por último: la Piedad Filial a Santa María. Verdadera Madre de Dios, María es también la perfecta Discípula y Madre de todos los discípulos de su Hijo. Ella nos enseña con el ejemplo de su vida a acoger el don de la fe y a vivirlo en el horizonte de la esperanza inflamada por la caridad. Su vida es una lección única e incomparable de adhesión total y sin reservas al Plan del Padre, de vital acogida al Señor Jesús y de docilidad al Espíritu Santo.

María, es la Virgen Oyente, Orante y Actuante que acoge la Palabra, la conserva y medita en el corazón, y la pone por obra, glorificando así a Dios. Ésa es su dicha más profunda.

Su firmeza en la fe la llevó a acoger con corazón generoso el anuncio salvífico de Gabriel y a pronunciar su “hágase” incondicional (ver Lc 1, 26-38); a tener la autoridad para exhortarnos a la obediencia de la fe en las Bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5); a permanecer firme al pie de la Cruz ahí donde otros huyeron abandonando a su Hijo (ver Jn 19, 25-27); a recibir alborozada la visita de Cristo Resucitado la mañana de Pascua; y a reunir en torno a sí, como Madre y Modelo de la Iglesia, a los Apóstoles el día de Pentecostés (ver Hch 2, 1ss.). Nadie como Ella entonces para enseñarnos a vivir firmes en la fe, para enseñarnos a confiar, a esperar, a amar. Por ello la piedad filial mariana, de la cual el rezo diario del Santo Rosario es bella expresión, es camino seguro para alcanzar la firmeza en la fe. Digamos entonces: “Firmes en la fe con María”.

Firmemente fundados en la Fe de la Iglesia

Para concluir nuestras catequesis, tenemos que hacernos queridos amigos una última pregunta: ¿Y la fe en Jesucristo que nos da? En primer lugar debemos decir que nos da la vida eterna, porque “esta es la vida eterna, que conozca al Dios verdadero y a su enviado Jesucristo” (Jn 17, 3).

Cristo, resucitado de entre los muertos, ha sido constituido por Dios dueño de la vida y Señor de todo el universo, visible e invisible (19). Pero la fe en Cristo nos da también una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia Católica. “La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión: el encuentro con Dios (en Cristo) es, en sí mismo y como tal encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás” (20).

Queridos Jóvenes: para mantener una fe firme, que no se vea sacudida por las ideologías, modas de pensamiento o estilos de vida de hoy; para no tener una fe vaga, para no terminar a la deriva o en la confusión, es fundamental ser sostenidos por la fe de la Iglesia. El Papa precisamente les escribió de ello en su Mensaje para esta Jornada: “Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: "Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros" (Catecismo de la Iglesia Católica, 166).

Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31)” (21).

Que Dios los bendiga a todos y confío que estas pobres reflexiones los ayuden a vivir cada vez más “firmes en la fe”, a construir sus vidas en el único cimiento estable que no pasa y que perdura para siempre: ¡Cristo Jesús!, único Salvador del mundo, ayer, hoy y lo será siempre (ver Hb 13, 8). Muchas gracias y hasta mañana, Dios mediante.

 

 

 Citas:

(1) Ver S.S. Benedicto XVI, Carta a la JMJ Madrid 2011, 15-V-2011.
(2) San Ambrosio de Milán, Explicación sobre el salmo 40, n. 30.
(3) Ver Ibid. nn. 21-24.
(4) Constitución Pastoral Gaudium et spes, n. 36.
(5) S.S. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Reconciliatio et paenitentia, n.15.
(6) S.S. Juan Pablo II, Carta Encíclica, Evangelium vitae, n. 18-19.
(7) S.S. Benedicto XVI, Angelus, 13-III.2011.
(8) S.S. Benedicto XVI, Discurso ante el nuevo Embajador de Croacia en la Santa Sede, 11-IV-2011.
(9) S.S. Benedicto XVI, Discurso inaugural V Conferencia del Episcopado Latinoamericano Aparecida 2007, n. 3.
(10) Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, pp. 69-70.
(11) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 154.
(12) Ver Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 160-162.
(13) Gaudium et spes, n. 22.
(14) Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo millennio ineunte, n. 9.
(15) San Jerónimo, Comentario al libro del Profeta Isaías, 2.1. Ver también Gaudium et spes, n.25.
(16) S.S. Benedicto XVI, Prólogo al YouCat.
(17) S.S. Benedicto XVI, Discurso inaugural V Conferencia del Episcopado Latinoamericano Aparecida 2007, n. 4.
(18) S.S. Benedicto XVI, Exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis, n. 66.
(19) Ver Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, Forma Simplificada de la Iniciación de un Adulto p. 121.
(20) S.S. Benedicto XVI, Discurso inaugural V Conferencia del Episcopado Latinoamericano Aparecida 2007, n. 3.
(21) S.S. Benedicto XVI, Mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, n. 5.

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