Homilías

HOMILÍA DURANTE LA SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED 2007

1. María nuestra Madre es muy querida en el Perú bajo la advocación de “Nuestra Señora de las Mercedes”. Bástenos tan sólo resaltar la importancia y la trascendencia que tiene su devoción para nuestra Región. Según las antiguas crónicas, desde 1563, “Mamita Meche”, como cariñosamente la llamamos, es venerada en su santuario de Paita y desde esa época hasta la fecha, no cesa de derramar sus bendiciones y amor maternal sobre todos nosotros. Concluida esta celebración, tendré la alegría de ir a Paita para celebrar la Santa Misa de Fiesta en honor a Ella, y consagrarle nuestra Arquidiócesis de Piura y Tumbes.

“Nuestra Señora de las Mercedes”, fue proclamada como “Patrona de los Campos del Perú” por el Cabildo el 20 de septiembre 1730, y “Patrona de las Armas de la República” por el Congreso Nacional en 1823. El 24 de septiembre de 1921, fue coronada canónicamente con ocasión del primer centenario de la Independencia, como “Gran Mariscala del Perú”, oficializándose este título el 23 de septiembre de 1969, junto con el de “Patrona de las Fuerzas Armadas”. Por ello su imagen ostenta en su mano derecha junto con el santo escapulario, el bastón de Mariscala.

Por todas estas razones y con justicia, los peruanos de uniforme la tienen como su Señora y Madre, y le rindan el día de hoy el homenaje de su devoción y amor filial.

Queremos hoy poner una vez más bajo su protección a todos nuestros soldados, aviadores y marinos, rogándole que los libre de todo peligro y los ayude en todo momento a estar a la altura de su misión, cual es la defensa de la soberanía e integridad de nuestro territorio y la contribución al desarrollo del Perú. Y es justo decirlo, muchas veces nuestras Fuerzas Armadas desarrollan esta misión en condiciones de suma dificultad y en medio de grandes limitaciones.

Nuestro reconocimiento por ello a ustedes, quienes vistiendo el uniforme de la Patria y siguiendo el magno ejemplo de Grau, Bolognesi y Quiñones, con su entrega generosa, muchas veces hasta el sacrificio de sus vidas, contribuyen al engrandecimiento del Perú.

Ruego a la Virgen Santísima, “Nuestra Señora de la Mercedes”, que el trabajo y el sacrificio de todos ustedes, contribuya a garantizar la paz y la seguridad de los peruanos. Le pido a Ella, que los proteja siempre en el cumplimiento de sus deberes y que los dones divinos de sabiduría y fortaleza los acompañen en todo momento.

Que Santa María, que tuvo el valor de aceptar el designio divino en su vida que le pedía ser la Madre de Dios, les ayude a tener el coraje de ir a donde otros no irán. Que Ella, que tuvo la fuerza para proteger al Niño Jesús amenazado por Herodes, les obtenga la firmeza para proteger siempre a los peruanos, especialmente a los más débiles, pobres y necesitados. Que Ella, que fue fiel y obediente hasta la Cruz de su Hijo, les ayude a esforzarse siempre, según el máximo de sus posibilidades y capacidades, en el cumplimiento de sus deberes. Deberes que están al servicio de la persona humana, como guardianes de su dignidad y de sus derechos. Deberes que están al servicio de la Patria para librarla de cualquier amenaza externa o interna que pretenda agraviarla.

. Cuando uno observa la imagen de “Nuestra Señora de las Mercedes”, uno se admira de lo bien ataviada y embellecida que está. Pero sobre todo llama nuestra atención la posición de los brazos: los tiene abiertos en gesto de convocatoria, de llamado, como si repitiéndonos las palabras de su Hijo, nos dijera: “Vengan a mí los cansados y agobiados con trabajos, penas y fatigas, que en mí encontrarán alivio y consuelo”.

Sí, ciertamente esas manos abiertas, son las manos maternales de María que nos invita a recurrir con confianza a Ella, como un hijo cuando corre presuroso donde su madre para ser abrazado y protegido por ella, y así sentir el calor de su regazo y la seguridad de sus brazos firmes.

Pero creo además que esas manos abiertas de par en par, a semejanza de las de Cristo en la Cruz, quieren expresar que en nuestras luchas y batallas de cada día Ella se coloca delante de nosotros, poniendo su pecho valiente para cubrirnos y defendernos de todo mal; y al mismo tiempo expresan que Ella camina delante de nosotros guiándonos cual guía luminosa por el camino que conduce a la gloria. No por algo las banderas del Perú se encuentran detrás de su imagen expresando simbólicamente esta bella realidad de defensa y de guía.

A “Nuestra Señora de las Mercedes”, que avanza delante de nosotros defendiéndonos del mal y guiándonos por la senda del amor y de la verdad, de la libertad y del bien común, humildemente le pido hoy que nos defienda y ayude a derrotar a dos poderosos enemigos de los peruanos, o mejor dicho a dos poderosas armas en manos del demonio con las cuales siempre ha atentado contra los peruanos: el pesimismo y la desunión.

Cuando el pesimismo se apodera de nuestros de corazones nos conduce al hastío de vivir y convierte los desafíos en derrotas. Fruto amargo del pesimismo es el convencimiento erróneo de que “esto o aquello no lo remedia nadie”. No me cansaré de decirlo, los peruanos somos capaces de forjar una Patria justa, fraterna y reconciliada; fundada en los valores y en las virtudes morales que hacen grande a una nación. Valores y virtudes que brotan de la fe cristiana que es el sustrato del alma peruana, y que son vivificados por ella.

La fiesta de hoy, nos invita a no olvidar que la virtud de la esperanza, que sostuvo en todo momento el peregrinar de fe de María, que estuvo marcado por el binomio dolor-alegría, debe estar siempre presente en el ejercicio diario de nuestras responsabilidades y tareas, por grandes o pequeñas que éstas sean. Hay que mantener siempre la alegría y el optimismo, sobre todo en los momentos de mayor tropiezo y dificultad. Con nuestro gran historiador Jorge Basadre, hoy hay que decir con convicción: “el Perú es más grande que sus problemas”. Con la ayuda de Dios, los peruanos somos capaces de alcanzar grandes objetivos y vencer los desafíos de la vida.

El otro gran mal espiritual que a lo largo de nuestra historia no ha dejado de afligirnos es la desunión. Ahí está la historia para recordárnoslo. Frente a ella, opongamos el trabajo diario y cotidiano de la unidad.

Pero para ello será necesario cultivar la sabiduría del diálogo, que nos ayude a descubrir que es mucho más lo que nos une, que lo que nos separa. Don Raúl Ferrero Rebagliati, notable jurista y político peruano (1911-1977), sostenía que la democracia es fundamentalmente diálogo: diálogo entre el gobernante y los gobernados; diálogo de la mayoría y la minoría; diálogo del Parlamento y del Ejecutivo; diálogo del gobierno (nacional o regional) con la opinión pública; diálogo entre empresarios y trabajadores.

Diálogo vivo, continuo, de todos los días, que exige respeto de las personas y de su honra, y que al mismo tiempo es un sano ejercicio de las diferencias en las opiniones.

Diálogo que es fundamentalmente servicio a la verdad. Porque se dialoga para buscar y encontrar la verdad, que nos hace libres y nos encamina al bien común.

Por eso el diálogo exige humildad, la conciencia de que mi verdad puede no ser la verdad; y requiere además no dejarse guiar por intereses creados de antemano y por prejuicios. Diálogo, quiere decir ver en cada ser humano al prójimo y compartir con él la responsabilidad de cara a la verdad y a la justicia.

Veo en nuestro amado Perú, y de manera particular en nuestra querida Piura, una gran necesidad de unidad, que considero se alcanzará con un gran esfuerzo de diálogo, que supone desterrar mentiras, vanidades, orgullos, soberbias, egoísmos, envidias, odios y rencillas.

Queridos hermanos: ¡Los pobres no pueden esperar más! ¡Nuestros niños, jóvenes y ancianos, no pueden esperar más! Por ello hago un llamado a la unidad de todos los piuranos donde hagamos de la defensa de la dignidad de la persona humana, de la verdad, de la justicia, de la solidaridad, del bien común, del dicálogo, el sustento real de la paz social y del desarrollo de nuestra Región y del Perú.

3. Miremos a María, “Nuestra Señora de las Mercedes”, que nos alienta como “esperanza nuestra”. Y pidámosle en nuestra oración con confianza filial:

A ti recurrimos, oh Virgen Mariscala de nuestras Fuerzas Armadas, para implorar tu protección sobre nuestra Patria, el Perú, edificado sobre los designios de Dios.

No nos dejes solos durante nuestro peregrinar en esta vida. No nos dejes entregados a nuestras débiles fuerzas, ya que sin tu maternal intercesión desfalleceríamos en el camino.

Madre del Señor y Madre nuestra, obtennos de tu Hijo la fuerza del Espíritu para que anime y fortalezca nuestros pasos.

María de las Mercedes, has crecer en nosotros la virtud de la esperanza, ayúdanos a ser artesanos de unidad y reconciliación.

Tú que dialogaste con el enviado divino y buscaste luz para comprender más y mejor lo que el Señor quería de ti, y después de saberlo le abriste todo tu ser para acoger en tu seno inmaculado y virginal al mismo Dios, enséñanos a dialogar como hermanos, buscando en todo momento la verdad y el bien común.

María, has que no dividamos, sino que unamos. Así como en Caná, de Galilea adelantaste la “hora” de tu Hijo, has que hoy sea para nosotros la hora de entendernos y de mirarnos como hermanos, hijos de un mismo Padre Dios y de una misma Madre, Santa María; reconciliados por un mismo y único Salvador, Jesucristo, el Señor.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, lunes 24 de septiembre de 2007

Solemnidad de Nuestra Señora de la Merced
+ JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, S.C.V.
Arzobispo Metropolitano de Piura

Compartir: