Homilías

ORACIÓN PATRIÓTICA DEL ARZOBISPO METROPOLITANO DE PIURA CON OCASIÓN DEL 144° ANIVERSARIO DEL GLORIOSO COMBATE NAVAL DE ANGAMOS

ORACIÓN PATRIÓTICA
CON OCASIÓN DEL 144° ANIVERSARIO
DEL GLORIOSO COMBATE NAVAL DE ANGAMOS

Cuando el “Huáscar” quedó sitiado por seis buques de guerra chilenos en Punta Angamos, el histórico Monitor presentó combate. Más aún, fue al ataque intentando emplear su espolón contra las naves enemigas, inmensamente superiores en blindaje y en poder de fuego.   

El “Huáscar”, su Gran Comandante, y su tripulación de heroicos marinos peruanos, mueren peleando, mueren defendiendo al Perú. Saben que no hay posibilidades de triunfo, pero no obstante pelean para dejarnos una lección inmortal. No optan por lo más fácil que hubiera sido rendirse, sino por lo más difícil, que es enfrentar a un enemigo superior en medios materiales, pero no en calidad moral y profesional, y de esta manera legarnos un ejemplo de lo significa el honor, y el amor por la Patria. El mensaje de Angamos podríamos resumirlo en una frase: “Yo no me rindo por el honor de mi Patria. Yo no me rindo y sigo peleando porque amo al Perú”.

Siguiendo el ejemplo de don Miguel Grau Seminario, de Elías Aguirre, de Diego Ferré, de José Melitón Rodríguez, de Enrique Palacios, y de los 33 fallecidos del Monitor “Huáscar”, hoy se hace necesario derrotar el pesimismo, y recordar que el Perú es mucho más que la noticia negativa que nos abruma cotidianamente, y comprender que, a pesar de sus problemas, el Perú, mantiene intactas sus posibilidades de un futuro de gloria.

Con su inmolación en Angamos, Grau no cambió el curso de la Guerra del Pacífico, pero nos legó un ejemplo de patriotismo, y una lección imperecedera para nuestra vida nacional: ¡El Perú no se rinde por más grande que sea la adversidad! Grau y los valientes del “Huáscar”, nos dejaron el ejemplo de morir peleando, y la voluntad férrea de no quebrarse ante la adversidad. Con Monseñor José Antonio Roca y Boloña, amigo personal del Caballero de los Mares, podemos decirle hoy al Héroe de Angamos, y a la tripulación del legendario Monitor “Huáscar”: “Vuestra inmolación heroica es una lección elocuente que el Perú no olvidará jamás… Habéis caído para levantar al Perú a inconmensurable altura; sobre vuestros restos inanimados se asientan los cimientos del nuevo edificio de su grandeza; los brazos de los que os sobreviven levantarán sus muros y el cielo le pondrá digno remate”.[1]  

Hoy, en que también celebramos el 202° Aniversario de la Creación de la Marina de Guerra del Perú, mi deseo para todos nosotros, pero especialmente para los marinos peruanos, herederos de la tradición y de la gloria de Grau, es que se haga realidad en nuestras vidas el lema que se encuentra en el acceso a la cripta del Gran Almirante, en la Escuela Naval del Callao: “Cadetes Navales, seguid su ejemplo”.   

Sí, sigamos su ejemplo de amor al Perú, de entrega y sacrificio hasta dar la vida por Ella si es necesario. Sí, sigamos su ejemplo de honor, honradez, y dignidad; de valentía, caballerosidad, y alto sentido del deber; de inteligencia, modestia, y sobriedad; de cordialidad, y amistad sincera y leal; de amor tierno, fiel y entrañable a su esposa Dolores y a sus hijos, es decir a su familia. Sí, sigamos su ejemplo, y así haremos que el Perú y Piura sean mejores, no sólo en lo material y económico, sino sobre todo en lo moral, que es lo que hace realmente noble y digna la vida de una persona y de una sociedad.

Hace 144 años, don Miguel Grau Seminario, sabía que el Perú entero lo estaba mirando, y que lo miraría por siempre, como nosotros lo hacemos hoy desde esta Piura que él amó entrañablemente. Ahora, ya en la Gloria, es él quien nos mira, y nos demanda más amor por el Perú y por nuestra Región; más servicio a la verdad; más unidad y solidaridad entre nosotros; más entrega desinteresada por el bien común, más honestidad y amor fraterno.

Sólo lo lograremos si, como el Gran Almirante del Perú, vivimos con coherencia nuestra fe cristiana y católica, ya que fue en ella donde se asentó y se forjó el edificio de su extraordinaria personalidad. Grau, es el marino que antes de partir de campaña, se confiesa con el Padre Pedro Gual y Pujadas en el Convento de los Descalzos, recibe la santa comunión, y arrodillado filialmente a los pies de la Santísima Virgen, Madre de Dios y Madre Nuestra, en su advocación de “Nuestra Señora de los Ángeles”, se encomienda a Ella, consagrándole su familia y toda su tripulación.

Como símbolo de su profunda fe cristiana, el Padre Gual le regalaría una pequeña medalla de oro. Por otro lado, conocedor de su espíritu cristiano, Monseñor José Antonio Roca y Boloña, tuvo a bien regalarle una imagen de Santa Rosa de Lima, la cual estuvo entronizada en el heroico Monitor, y que le dedicó con las siguientes proféticas palabras: “Miguel: que esta Santita nuestra te acompañe, y si no te regresa con vida que te traiga lleno de gloria”. Concluido el Glorioso Combate de Angamos, la imagen mostraría en los impactos de metralla y sangre recibidos, el grado de la heroicidad de nuestro Gran Almirante y de su indomable tripulación.

A su amigo Francisco Paz Soldán, Grau le dirá antes embarcarse en su viaje a la eternidad: “Me voy para no volver. Esta mañana he comulgado en los Descalzos, y estoy preparado para entregar mi alma a Dios, porque me he confesado con el Padre Gual”. Por ello, en su Oración Fúnebre pronunciada en la Basílica Catedral de Lima, con ocasión de las Exequias en honor a los mártires del “Huáscar”, Monseñor José Antonio Roca y Boloña afirmará rotundamente, “que Miguel Grau era, señores, un guerrero cristiano. Hombre de fe, toda su confianza se cifraba en Dios”.[2]   

Sí, fue en su vida cristiana, en el cultivo responsable de su vida espiritual, donde encontramos la clave para comprender la rica personalidad del Gran Almirante, don Miguel Grau Seminario, y su capacidad de donarse por la Patria, hasta vivir la máxima evangélica: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13).

Quisiera aprovechar esta oportunidad, para destacar esta mañana, dos acontecimientos relacionados con nuestra gloriosa Marina de Guerra, los cuales manifiestan de manera incontrastable, que son los dignos herederos de la Gloria de Grau, y que siguen un solo norte, el deber, y un solo rumbo, el honor.  

El primero, ha sido y es, la defensa absoluta del orden constitucional. Siguiendo el ejemplo del Gran Almirante quien en vida afirmó: “No reconozco otro caudillo sino la Constitución”, la Marina de Guerra del Perú, hizo respetar la Constitución y las Leyes de la Nación, en los difíciles trances que vivió la Patria el año pasado, impidiendo que se consumara un intento del quebrantamiento del orden constitucional, y que, con ello, el Perú cayera en manos del totalitarismo comunista.  

Al respecto, es oportuno recordar las valientes palabras que pronunciara en una ceremonia castrense el año pasado, el que fuera Comandante General de la Marina de Guerra del Perú, el Almirante Roberto Alcalá Luna, a escasos meses del frustrado golpe de estado:

“Los marinos de guerra, conscientes de la historia de nuestra Patria, de sus tropiezos y de sus éxitos, tenemos la clara convicción de que no nos apartaremos ni por un instante de los mandatos constitucionales, ni de la ley, asegurando a nuestros compatriotas que la Marina de Guerra del Perú, es imperturbable centinela del estado de derecho, de la constitución, de las leyes, del respeto a los derechos humanos… y jamás permitiremos que el estado de derecho sea quebrado y que nuestros niños y jóvenes vuelvan a vivir el terrorismo, doctrina de muerte que aún continua fomentándose por algunos insensatos, pretendiendo generar odio en un país que ya ha aprendido mucho de que aquello no conduce a nada”.[3] La decidida acción de nuestra Gloriosa Marina de Guerra, salvó al Perú de un régimen nefasto, y de que nos fuera conculcado nuestro sistema democrático de vida.    

El segundo acontecimiento que destacar es la circunnavegación que viene realizando desde el 17 de junio pasado, nuestro Buque Escuela a Vela, la fragata “Unión”. Durante casi once meses, el buque, junto a su tripulación compuesta por 255 marinos peruanos, visitará 20 puertos de 15 países, con una permanencia de 2 a 4 días en cada uno de ellos. Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, China, Singapur, India, Egipto, Francia, Italia, Grecia, España, Marruecos, Jamaica, Países Bajos y Panamá, son los destinos previstos para la navegación que se extenderá por 309 días.

El B.A.P. “Unión”, es el buque escuela a vela de mayor tamaño en el continente latinoamericano, construido en los astilleros del Servicio Industrial de la Marina (SIMA PERU) por manos peruanas. El Buque Escuela, conserva una parte del mástil de la Corbeta “Unión”, cuyo primer comandante fue don Miguel Grau. Han transcurrido 165 años, desde que un navío peruano, el B.A.P. “Amazonas”, recorriera los mares alrededor del mundo entre 1856 y 1858. Por eso, este viaje del B.A.P. “Unión”, marca un hito histórico para el Perú, porque nuevamente nuestro sagrado bicolor, flamea altivo por todos los mares del mundo.  

Estoy seguro de que nuestro Gran Almirante está contemplando desde la eternidad, con honda satisfacción, este viaje por los cinco continentes de los herederos de su gloriosa tradición, él que, en diversos viajes náuticos, recorrió todos los mares y los puertos más importantes del mundo, viajando por el Extremo Oriente, Europa, y Norteamérica, así como por las costas de Sudamérica en varias oportunidades.

No puedo concluir estas palabras sin rendir esta mañana, sentido homenaje, al Vicealmirante AP, Luis Alejandro Giampietri Rojas, quien falleciera el pasado miércoles 04 de octubre, en pleno “Mes de Grau”. Ex primer vicepresidente, y ex congresista de la República, fue sobre todo un marino ejemplar, que modeló su dedicado y dilatado servicio al Perú, en el ejemplo de vida del Gran Almirante, don Miguel Grau Seminario. Lo recordaremos especialmente, por su valiente y sagaz desempeño durante la crisis de la Embajada del Japón en Lima, que condujo a la liberación de los 72 rehenes, que la terrorista y criminal organización, “Movimiento Revolucionario Tupac Amaru” (MRTA), tenía injustamente retenidos contra su voluntad, desde el 17 de diciembre de 1996, al 22 de abril de 1997, es decir por 126 angustiantes días. Giampietri era un rehén más, pero ello no le impidió trabajar incansablemente para alcanzar la liberación de sus compañeros cautivos. Fue un brillante oficial de marina, experto sobre todo en operaciones de inteligencia y de comando. Luchó decididamente contra el terrorismo y las fuerzas enemigas de la libertad y la democracia. Católico practicante, nos dejó una lección viva de amor por el Perú. El Vicealmirante Giampietri, nos ha dejado un país más libre y digno. Estamos seguros de que su alma descansa en paz, junto a la de los demás Héroes del Perú. Su memoria no será olvidada.

Compatriotas: Con don Jorge Basadre Grohmann, podemos decir hoy llenos de satisfacción: “Miguel Grau Seminario fue un hombre comprometido con su tiempo, con su país y sus valores. Fue honesto y leal con sus principios, defendió el orden constitucional y fue enemigo de las dictaduras. El héroe de Angamos siempre estuvo en la línea de afirmación de las normas morales y las tradiciones de la república. Honrado en el camarote y en la torre de mando, lo es también en el salón y en el hogar… Como del carbón sale el diamante, así de la negrura de esta guerra sale Grau. La posteridad ha indultado a su generación infausta porque a ella perteneció el comandante del Huáscar… Al estudiar lo que hizo, preciso es recordar con qué elementos trabajó y cabe preguntar qué hubiera sido del Perú con Grau en un barco como el Cochrane o el Blanco Encalada”.[4]

Por todo ello, esta mañana podemos decir con profundo sentimiento patriótico: 

¡Gloria a Grau!
¡Gloria a nuestra Marina de Guerra!
¡Gloria al Perú!

San Miguel de Piura, 08 de octubre de 2023
144° Aniversario del Glorioso Combate de Angamos
202° Aniversario de la Creación de la Marina de Guerra del Perú

[1] Mons. José Antonio Roca y Boloña, Oración Fúnebre pronunciada en la Santa Iglesia Catedral de Lima al oficiarse las exequias fúnebres en honor de los mártires del “Huáscar”.

[2] Mons. José Antonio Roca y Boloña, Oración Fúnebre pronunciada en la Santa Iglesia Catedral de Lima al oficiarse las exequias fúnebres en honor de los mártires del “Huáscar”.

[3] Almirante AP Roberto Alcalá Luna, Palabras en la ceremonia en homenaje al personal naval que entregó su vida durante la lucha por la pacificación nacional, 30-IX-2022.

[4] Jorge Basadre Grohmann, “Efigie de Grau”, inserta en Historia de la República del Perú.

Puede descargar esta Oración Patriótica  de nuestro Arzobispo AQUÍ

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