Iglesia del Carmen

Iglesia del CarmenEl Carmen, templo de los religiosos ignacianos y por tanto de la Compañía, es por excelencia la Iglesia Barroca de Piura. Sin embargo, su origen es desconocido tal como lo señala el historiador piurano Rodolfo Ramos.

Su antigüedad se remonta al siglo XVII, fue fundada por monseñor Baltasar Jaime Martínez de Compagnon, que en esa época gobernaba la Diócesis de Piura.

Cuenta la tradición popular que tomó el apelativo de El Carmen, nombre que ha perdurado hasta hoy, allá por 1967, cuando se le entregó a las religiosas carmelitas.

Arquitectura:

La Primera mirada hacia el interior de su única nave, es desconcertante, quizás por lo pequeña y porque el edificio en sí, no ofrece grandes impresiones arquitectónicas. Pero, ya con más detenimiento se puede vislumbrar algunas joyas del arte barroco.

El altar principal; estupenda conjunción de columnas retorcidas, esculturas labradas en madera, ornamentaciones polimorfas, que trasuntan vitalidad artística y tienen prosapia de aproximadamente doscientos años. Aunque en la mayoría de las hornacinas (son seis en diferentes tamaños) existen imágenes de yeso, sólo con valor de recuerdo y reverencia, hay dos que son auténticas y valiosas. Me refiero a una pequeña estatuita de San Juan de la Cruz y al grupo de la Santísima Trinidad, esta última situada encima del Expositorio, es digna del conjunto.

En el presbiterio y lateralmente se pueden ver dos puertas de madera tallada, en alto relieve, que muestran los bustos de los cuatro Evangelistas. Lástima nomás, que una pintura inconveniente cubra la autenticidad de estas verdaderas obras de arte. Cerca del altar mayor encontramos una perfilada Virgen del Carmen, inspiradora de dulzura y sublimidad: de las esculturas es la que más resalta por la perfección del rostro y la pureza de las líneas.

A la izquierda de la nave central, hay un altar barroco, caracterizado por la simplicidad y la medida en su ejecución.

Al centro de este altarcito está un Cristo Crucificado, valiosa por su antigüedad y por el buen gusto que emana de su vivísima confección. A ambos lados del Señor agónico están la Virgen María y San Juan Evangelista, trabajados en leño, que son auténticos jalones, en el itinerario de admiración de las singulares obras que guarda la Iglesia.

Al frente del citado altar hay otro, que tiene inigualable valor. La intención es la misma, también más sobrio, más plástico, con deslumbrantes cabecitas de ángeles que sobresalen del dorado mate de la madera, y con dibujos que se repiten, dando una sensación de dinamismo. Una estatua de la Virgen de Fátima, no desentona ni desagrada.

El Púlpito, si bien de dimensiones pequeñas, tiene el sabor de las grandes hechuras artísticas. En el más depurado estilo barroco, desbordantes de formas y adornos, tiene en sus frentes los bustos de los Evangelistas. La Iglesia parece que guarda en su vetusto interior, las imágenes de estos cuatro depositarios de la palabra divina, como si sus constructores quisieron que la voz de Dios no se alejara del sacro recinto. Tanto en las puertas laterales del presbiterio y en el púlpito, así como en los óleos de cuatro Doctores de la Iglesia, apreciamos que la idea bíblica y doctoral se complementa en esta casa del arte y de la divinidad. En la parte superior del púlpito, bajo la mirada inspiradora del Espíritu Santo, está la coronación finamente elaborada.

El resto de las blancas paredes de la iglesia están cubiertas con cuatro grandes óleos, probablemente de la escuela cuzqueña, aunque otros opinan que pertenecen a artífices quiteños. Por el colorido, por la forma de estructuración, por esa gracia tan sutil y descriptiva de los óleos cuzqueños, me parecen que corresponden a la tan apreciada pintura del Cuzco. Allí están estilizados cuatro grandes Doctores de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana: San Agustín, San Jerónimo, San Gregorio Magno y San Ambrosio. Ellos reflejan la santidad de su vida y de su idealística obra a través de sus más saltantes cualidades. Ni el color ni las formas han perdido su fuerza, que el artista anónimo les imprimió probablemente hace dos centurias

También se aprecia en las paredes una Vía Sacra, traída de España por las monjas que tienen a su cargo la iglesia. Y un retablo colonial de legítima estirpe artística. Es el retablo de la Virgen, magnífico lleno de sugerencias, que entusiasma en su pequeña barroca, y que nos transporta a aquellas casonas de añoranza donde ocupaban lugar preeminente.

Ya fuera del recinto sagrado en uno de los abandonados cuartos laterales, existe un crucifijo bellísimo que está solitario, pidiendo un lugar mejor para ser contemplado.

El retablo del Altar Mayor es dorado en pan de oro y presenta columnas retorcidas y esculturas labradas en madera. En el centro se encuentra la imagen de la Virgen del Carmen; talla autentica de madera del siglo XVIII. En esta iglesia se guarda una monumental custodia de oro y plata que se expone diariamente al Santísimo. A ambos lados se encuentran dos retablos del siglo XVII y el pulpito uno de los mas bellos de nuestras iglesias, de estilo barroco, es una talla policromada en cuyos frentes apreciamos el busto de los cuatro evangelistas. Los tesoros mas admirados de la Iglesia del carmen lo constituyen cuatro grandes lienzos que representan a los cuatro doctores latinos: San Ambrosio, San Gregorio, San Jerónimo y San Agustín; todos ellos pertenecientes a la escuela cuzqueña del siglo XVIII.

miércoles 11 julio, 2007