SÍMBOLOS DE LA CUARESMA

Las vestiduras moradas

Durante el tiempo de Jesús el color morado o púrpura era el color usado por los reyes. Cuando los soldados romanos se burlaron de Jesús le pusieron un manto color morado y se burlaban de él diciéndole “rey de los judíos” (Mc 15,18).

Con el paso del tiempo la Iglesia empezó a relacionar el color morado con la penitencia. Las personas necesitamos objetos que nos recuerden nuestras actitudes espirituales. Por lo que durante la Cuaresma los sacerdotes usan vestiduras color morado para recordarnos que es un tiempo de penitencia. 

El Óleo Santo

Ya que la bondad de Dios se manifiesta en toda la creación, la Iglesia utiliza elementos de la creación en los sacramentos y así demostrar la obra de Dios en medio de nosotros. Por ejemplo, el óleo o aceite simboliza fortaleza y sanación. Se utilizan tres diferentes óleos. El óleo de los catecúmenos se usa en los bautismos para dar a la nueva persona cristiana fortaleza para vencer el pecado y el mal. Otro óleo se le conoce como crisma y es una mezcla de aceite y perfume que simbolizan fortaleza como un don del Espíritu Santo. Se usa en los bautismos, confirmaciones, en la ordenación de sacerdotes y obispos y, en las consagraciones de iglesias y altares. El óleo de los enfermos es un símbolo de sanación y es usado para la unción de los enfermos.

Estos óleos los bendice el obispo durante la Misa de la mañana del Jueves Santo y se llama Misa Crismal.

Las Palmas

Cuando Jesús entró en Jerusalén antes de su muerte, las multitudes lo recibieron poniendo sobre el camino ramos de palmas. Hoy día sería algo como caminar sobre la alfombra roja por la que pasan algunos artistas u otras celebridades famosas.

Ese recibimiento que le hicieron a Jesús, la Iglesia lo celebra el último Domingo de Cuaresma bendiciendo ramas que reparten a los participantes de la procesión hacia la iglesia. Ese domingo la Iglesia lo llama: “Domingo de Ramos de la Pasión del Señor”, porque durante la Misa se lee la pasión y muerte de Jesús tomada de uno de los Evangelios. También es el inicio de la Semana Santa, para la Iglesia el tiempo más importante del año litúrgico o año de la Iglesia.

Los Escrutinios

Para quienes van a ser bautizados en la Pascua, la Cuaresma es un periodo de preparación llamado la purificación e iluminación. El tercer, cuarto y quinto domingo de Cuaresma durante la Misa se realizan ritos que se llaman los escrutinios. Estas son oraciones que la comunidad ofrece por los catecúmenos para que sean liberados del mal y del pecado y, para fortalecerlos en su fidelidad al Evangelio de Jesús.

La Ceniza

Durante los primeros siglos de la Iglesia, los cristianos mostraban estar arrepentidos de sus pecados y hacía penitencia usando ropas que parecían costales y ponían cenizas sobre sus cabezas. Llegó un momento en que esta práctica terminó y la costumbre que empezó al inicio de la Cuaresma, fue la de recibir sobre la frente una cruz de cenizas. La Cuaresma es un tiempo penitencial para prepararse para la gran celebración de la Pascua.

Las cenizas que se utilizan son las que se obtienen de quemar las palmas del año anterior. Cuando el ministro pone las cenizas sobre la frente por lo general dice: “arrepiéntete de tus pecados y cree en el Evangelio” u otra frase que invita a la conversión.

La Penitencia: El Ayuno, la Oración y la Caridad

Cada uno de nosotros debe confesar que algunas veces fallamos en vivir la invitación de Dios a la santidad. Por medio de la penitencia admitimos delante de Dios que somos criaturas imperfectas que se esfuerzan en ser santos.

Al negarnos algunas veces aquello que disfrutamos o nos gusta (como algún dulce o golosina antes de los alimentos) de alguna manera compartimos el sufrimiento de Jesús. También al hacerlo buscamos una conversión interna al pensar “en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col 3,2).

Pero la penitencia y el ayuno nunca pueden ser sólo para nosotros mismos. Como cristianos podemos estar seguros que crecemos en el amor de Dios únicamente si compartimos de nuestra generosidad con otras personas. Así que desde los primeros años de la Iglesia esta empezó a asociar la penitencia personal con la oración y con el servicio a los pobres.

En otras palabras, no ayunamos simplemente para poder apretarnos el cinturón un agujero más, sino que debemos ayudar a quienes se encuentran necesitados.

40 Días

El número “40” se menciona en diferentes pasajes de la Biblia. Los israelíes anduvieron por el desierto por cuarenta años. Después que Jesús fue bautizado ayunó en el desierto por cuarenta días. Jesús ascendió al cielo cuarenta días después de su Resurrección.

No sabemos exactamente si estos eventos duraron exactamente cuarenta años o cuarenta días, pero lo que sí se sabe es que bíblicamente el número cuarenta indica un periodo de tiempo que es un “largo plazo” para que suceda lo que tenga que pasar. Un largo plazo para que el pueblo elegido de Dios pase de la esclavitud a la libertad, un largo plazo para que Jesús venza las tentaciones en el desierto, un largo plazo para que Jesús resucitado se manifieste a sus seguidores.

Nuestra celebración de la Cuaresma refleja el tiempo de Jesús en el desierto. Es el tiempo para luchar con los demonios en nuestras vidas. Es la oportunidad que cada año tenemos para cambiar y transformar nuestra vida. Cuarenta días parecen un “largo plazo” para poner otra vez en orden nuestra vida espiritual.

El Vía Crucis

Esta es una devoción popular durante la Cuaresma y quienes la realizan meditan en cada estación la pasión y muerte de Jesús. Muchas iglesias tienen sobre sus paredes imágenes que representan escenas de la pasión. Esto le permite a quien lo realiza hacer un recorrido que le recuerde los pasos que anduvo Jesús al mismo tiempo que ofrece sus oraciones.

Al paso de los siglos el número de estaciones ha cambiado. Actualmente la Iglesia reconoce catorce estaciones, aunque a muchas personas les gusta añadir como quinceava estación la Resurrección. No todas las estaciones están basadas en las Escrituras, algunas de ellas surgieron al paso de los siglos y meditan los sufrimientos de Jesús.

lunes 24 febrero, 2020