VEN ESPÍRITU SANTO, SE NUESTRO DEFENSOR E ILUMÍNANOS

Arzobispo preside Misa Dominical en la Catedral

26 de mayo de 2019 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, en el VI Domingo de Pascua, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa en la Basílica Catedral de Piura ante una gran cantidad de fieles reunidos. Durante la Eucaristía, todos juntos elevaron sus oraciones al cielo por los fallecidos, los heridos y damnificados producto del fuerte terremoto que sacudió nuestro país la madrugada de hoy, y que ha afectado fuertemente a miles de hermanos de nuestra Amazonía. Monseñor Eguren exhortó a todos los presentes a que con nuestra oración podamos ser un bálsamo y llevar consuelo y esperanza para todos quienes ahora están pasando esta dura prueba.

Durante su homilía, nuestro Pastor dijo: “Estamos viviendo la fase final del presente tiempo pascual. Pronto Jesús ascenderá a los cielos, y desde allí cumplirá con su promesa de no dejarnos solos y nos enviará su Espíritu. Las palabras que nos transmite el Evangelio de hoy (ver Jn 14, 23-29) fueron pronunciadas por el Señor Jesús después de la Última Cena con sus apóstoles y forman parte de su despedida. Por tanto, nos transmiten lo más importante que Jesús quiso decirnos antes de su Pascua para que nosotros las guardemos, como María, cuidadosamente en nuestros corazones”. 

“En este discurso de despedida -continuó Monseñor Eguren- Jesús nos anuncia el envío del Espíritu Santo hasta por cinco veces, con lo cual el Señor nos quiere subrayar la importancia del don que recibiremos de lo Alto. Jesús se refiere al Espíritu Santo con un apelativo, «Paráclito», y nos revela su misión: «Él les enseñará todo y les recordará todo». Veamos en detalle cada cosa. En primer lugar, ¿qué significa Paráclito? Significa «llamar junto a». Es un término del mundo jurídico que significa el que asiste, el que defiende, el que aboga en favor de uno. De aquí surge ya una pregunta para nuestra reflexión: ¿Le rezamos al Espíritu Santo? ¿Invocamos su ayuda y asistencia de manera permanente, pero sobre todo en los momentos de duda y confusión? En nuestro combate espiritual contra el demonio, el mundo y nuestro hombre viejo, ¿le pedimos que nos defienda e ilumine? El Espíritu Santo, que es la tercera persona de la Santísima Trinidad, actúa en nuestro corazón y nos ayuda en la contienda que nosotros, los discípulos de Jesús, tenemos con un mundo que, para San Juan en su Evangelio, se cierra a la verdad y al amor del Señor”.

“Pero además el Paráclito tendrá una misión de gran importancia en la vida de la Iglesia y de los cristianos: ser la memoria, y el que nos ayude a comprender, todo lo enseñado por Jesús. No traerá una nueva revelación, sino que nos ayudará a interiorizar, a vivir y a testimoniar lo enseñado por el Señor, «porque las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida» (Jn 6, 63). El Paráclito además de ser nuestra fortaleza y defensa en la lucha con el mal, es el que nos hace «caer en la cuenta», el que nos ayuda a comprender el sentido y las exigencias de vida de todo lo enseñado por Jesús. Por tanto, es el que nos ilumina, ayudando a la Iglesia y a cada cristiano a descubrir la profundidad sobrenatural y divina de las palabras y enseñanzas de Jesús, que son fuente de vida eterna. Por eso es tan importante no descuidar la recepción oportuna del Sacramento de la Confirmación, donde recibimos en plenitud al Espíritu que en el Bautismo nos dio nueva vida”.     

Finalmente, nuestro Arzobispo destacó que: “Necesitamos del Espíritu Santo, quien para muchos lamentablemente todavía es un gran desconocido. Sin Él no podemos entender las palabras de Jesús y vivir de manera integral y coherente nuestra fe. Sin Él no podemos adquirir la forma de pensar, sentir y actuar de Cristo, y por tanto ser santos, ser otros cristos. Gran aliada del Espíritu Santo es María Santísima. Ella mejor que nadie sabe que Él nos defiende de toda maldad y que nos ayuda a cumplir con el pedido de Jesús: «El que me ama guardará mi palabra» (Jn 14, 23), es decir, el Espíritu Santo es el que nos ayuda a interiorizar, vivir y testimoniar a Jesús, el Verbo de Dios hecho carne. Por ello la devoción mariana va siempre unida a la adoración y gloria que le debemos al amor personal que procede del Padre y el Hijo, y que es el Espíritu Santo”.     

domingo 26 mayo, 2019