URGE CONSTRUIR UNA PIURA RENOVADA

15 de agosto de 2018 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, día en que la Iglesia celebra la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura presidió la Santa Misa y Te Deum en la Basílica Catedral de nuestra ciudad, con ocasión de celebrarse el 486° Aniversario de la Fundación de San Miguel de Piura. Participaron las más altas autoridades políticas, civiles, militares, diplomáticas y universitarias de la Región, así como un gran número de fieles piuranos que se reunieron para ofrecer sus ruegos y oraciones por nuestra querida ciudad.

Al finalizar la Santa Misa con alegría y expresando un profundo agradecimiento al Señor, el coro polifónico de la Basílica Catedral de Piura junto a todos los presentes entonaron el Himno Te Deum.

A continuación les ofrecemos el texto completo de la homilía que pronunció nuestro Arzobispo para esta importante ocasión:

HOMILÍA

POR EL 486º ANIVERSARIO

DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SAN MIGUEL DE PIURA

Una vez más nos reunimos en asamblea eucarística para elevar nuestra acción de gracias al Altísimo por los 486 años de fundación española de nuestra muy noble e hidalga ciudad de San Miguel. Puesta bajo la protección de Nuestra Señora de la Asunción y del Príncipe de la Milicia Celestial, nuestra ciudad fue la primera ciudad occidental que se fundó en la costa del Pacífico Sur.

Satisfacción de ser piuranos y compromiso con nuestra Ciudad

Los piuranos debemos sentir honda satisfacción de vivir en Piura porque Ella representa el inicio de lo que es hoy el Perú: un país mestizo, no sólo en lo biológico sino sobre todo en lo cultural, social y espiritual. El Perú nació gracias a que la Providencia Divina dispuso con amor el encuentro en nuestra tierra del español, del indígena y del negro, y todo ello se inició en Piura donde comenzaron a interactuar la cultura autóctona de los Tallanes y la cultura Occidental que vino con don Francisco Pizarro y los primeros vecinos de la ciudad. Ahora bien, ese mestizaje feraz entre lo europeo y lo autóctono, se realizó al calor de la evangelización. Efectivamente, el cristianismo estuvo en la base de dicha síntesis, fue el crisol que permitió este rico encuentro y cruce, y por tanto es importante reconocer y no olvidar que la Iglesia Católica ha sido y es un instrumento esencial en la formación histórica, cultural y moral del Perú y de Piura.

Pero así como hay que sentir honda satisfacción de ser piuranos, también debemos sentirnos comprometidos con nuestra ciudad, identificarnos con sus desafíos y problemas de hoy, de tal manera que cada uno de nosotros, por pequeña o grande que sea nuestra responsabilidad, haga todo lo que pueda y deba hacer para que nuestra querida San Miguel de Piura sea una ciudad donde todos vivamos en justicia, fraternidad y desarrollo integral.

Haciendo un poco de historia

La ocasión que nos reúne es propicia para señalar que la única ciudad de San Miguel, tuvo desde 1532 hasta 1588, cuatro diferentes asentamientos: San Miguel, fundada en 1532 por don Francisco Pizarro en los predios del Curaca de Tangarará; San Miguel de Piura traslada en 1534 por Diego de Almagro, cuyos restos aún se encuentran en Morropón y se le conoce como “Piura la Vieja”; San Francisco de la Buena Esperanza de Paita, reubicada por el Virrey Francisco de Toledo hacia mediados de la década de 1570; y finalmente San Miguel del Villar, su actual emplazamiento, trasladada y reedificada por el Capitán Juan de Cadalzo y Salazar con autorización del Virrey Fernando de Torres y Portugal, Conde del Villar Dompardo, el 15 de agosto de 1588. Si bien inicialmente nuestra ciudad tomó el nombre del Virrey, pronto recuperó el hermoso y señorial título con que se le conoce hasta nuestros días: “San Miguel de Piura”.  Se trata sin lugar a dudas de la misma ciudad que tuvo cuatro traslados o ubicaciones diferentes a lo largo de su historia.

De esta manera la Divina Providencia ha querido imprimirle a nuestra ciudad de San Miguel de Piura un dinamismo e identidad tales que a través de su historia ha unido en ella los más variados paisajes de nuestra Región, como son la costa, la sierra y los valles, de tal manera que todos los piuranos, sin distinción alguna, nos sintamos sus habitantes, y por tanto hermanos entre todos, corresponsables de su presente y futuro.  

Una vez más aprovecho para agradecer a la Municipalidad Provincial de Piura, a los historiadores e investigadores, así como a la Academia Peruana de la Historia, por haber reestablecido la fecha fundacional de nuestra amada ciudad el día 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María. Estoy seguro que Dios querrá que el Congreso de la República apruebe finalmente el Proyecto de Ley que en ese sentido se ha elaborado y presentado, el cual nos permitirá a todos los piuranos prepararnos con entusiasmo y júbilo para celebrar el 500° aniversario de la fundación de San Miguel de Piura el año 2032. A pesar de los problemas que nos aquejan, los piuranos debemos sentir honda complacencia de habitar en esta noble e hidalga ciudad.

Urge construir una Piura renovada

Ciertamente grandes son los desafíos que tenemos hoy en día en nuestra ciudad, desafíos y problemas que no son de ahora sino que se vienen arrastrando de muchos años atrás, en las áreas de la salud pública, la seguridad ciudadana, la educación cívica, la defensa y protección de los niños, las mujeres, los jóvenes, los ancianos y la familia.  

También hay desafíos y problemas en infraestructura, saneamiento, electrificación, transporte, seguridad vial, etc. A todo ello se han sumado las necesarias obras de reconstrucción por los estragos padecidos por el Fenómeno del Niño Costero 2017 y la presencia entre nosotros de muchos hermanos venezolanos necesitados de nuestra fraternal acogida y ayuda.

A pocos meses de concluir el mandato para el cual fueron elegidos, hago un llamado a nuestras actuales autoridades ediles provinciales para que conjuntamente con los Municipios Distritales y la Región, se apliquen con mayor generosidad a trabajar por hacer de Piura esa casa común, donde todos sus moradores nos sintamos felices, y veamos defendida y promovida nuestra dignidad humana, con acceso para todos a los bienes espirituales, culturales y materiales. De esta manera dejarán a las siguientes autoridades que serán elegidas el próximo domingo 7 de octubre, una ciudad en mejores condiciones y con un futuro esperanzador.   

Pero el trabajo a realizar hoy y mañana requiere de una Piura unida, y debo decirlo con dolor, hay veces estamos más divididos que unidos. “Sabemos que son pocos los recursos de los que se dispone, pero si a la carencia de recursos materiales sumamos peleas, enfrentamientos y divisiones entre nosotros, los resultados serán peores en perjuicio de nuestra ciudad y de sus habitantes. Aun contando con todo el oro de mundo, sin unidad nada se puede hacer. A los que habitamos esta noble e histórica ciudad de San Miguel de Piura, también dirijo mi llamado para que comprendamos que todos formamos Piura. No nos limitemos simplemente a reclamar y a quejarnos, lo cual siempre es muy fácil, sino que cada uno, según sus posibilidades y capacidades, ponga todo de sí por nuestra ciudad. Todos podemos hacer algo por Piura, desde la manera cómo manejamos el vehículo, la mototaxi o la moto, o si cuidamos el ornato, o si practicamos las buenas costumbres en los lugares públicos, o si colaboramos con la seguridad ciudadana no apañando el delito o el crimen, hasta el respeto por las demás personas y su dignidad. Nunca debemos olvidar que si bien tenemos derechos también tenemos deberes”.[1]

Con la Doctrina Social de la Iglesia, quiero recordarles a todos los que habitamos en San Miguel de Piura, que no sólo tenemos derechos sino sobre todo deberes, y si somos cristianos estamos obligados a cumplirlos con la mayor perfección posible. El principal deber es cumplir con todas nuestras obligaciones personales, familiares, sociales, laborales, etc., dando en ellas ejemplo de correcto comportamiento ético y moral.

El Señor Jesús invita a todos sus discípulos a trabajar para que los valores del Reino de los Cielos iluminen e inspiren la vida social de la ciudad terrena, pues la vida social es el resultado de la actividad de los individuos que forman su tejido cotidiano. Todos estamos llamados a la edificación de una sociedad nueva, más justa y humana, donde vivamos con dignidad, y para ello contribuyen sin duda alguna los valores del Evangelio.[2] 

Animo a todos a participar con sentido creativo, de manera solidaria con los demás, y en armonía con la función subsidiaria del Estado, en la búsqueda del bien común. Abrigo la esperanza que todos nos convenzamos que no se puede servir al bien común si no se presta una atención apropiada a la dimensión ética y moral de las cuestiones económicas, sociales y políticas.           

Urge para Piura, construir una sociedad renovada, en que las personas cuenten más, y que en vez de las disputas y enfrentamientos exista una cultura del encuentro y de la comunión entre todos. Apremia alcanzar una armonía entre libertad y responsabilidad, así como una alianza entre mercado y solidaridad, a fin de promover un tipo de desarrollo que defienda a la persona humana en su dignidad de hijo de Dios, en especial al pobre, al descartado, y al inmigrante.

Sobre esto último de defender de manera especial al pobre y al descartado quiero decirles con el Papa Francisco, que, “se necesita una gran y diaria actitud de libertad cristiana para tener la valentía de proclamar, en nuestra ciudad, que hay que defender a los pobres, y no defenderse de los pobres, que hay que servir a los débiles y no servirse de los débiles […]. Cuando en una ciudad los pobres y los débiles son cuidados, atendidos y ayudados a promoverse en la sociedad, ellos se muestran como el tesoro de la Iglesia y de la sociedad”.[3]

Queridos Amigos: el difícil pero apasionante camino de la renovación de la ciudad de Piura se basa en una gran renovación de la propia responsabilidad personal ante Dios, ante los demás y ante nuestra misma conciencia. Aniversarios como el de nuestra ciudad de San Miguel de Piura, son ocasiones preciosas para superar el mal del individualismo que exalta la autorrealización como finalidad primaria de la vida para buscar sólo los propios intereses olvidándose y contradiciendo la llamada a vivir “para los otros” que Dios ha inscrito en nuestros corazones, porque el ser humano ha sido creado no para el encierro, para el egoísmo, sino para el encuentro, para la entrega, para el servicio, en una palabra para el amor.     

Bajo la protección de la Asunta y de San Miguel, Arcángel

Los fundadores de nuestra ciudad no sólo quisieron poner a San Miguel de Piura bajo la protección del glorioso príncipe Arcángel San Miguel, sino también bajo la protección de la Bienaventurada Virgen María en el misterio de su Asunción o Tránsito al Cielo. La Asunción de Santa María, es el triunfo definitivo de la Madre del Señor Jesús que no hace más que resaltar la grandeza del triunfo de su Hijo en el misterio de la Resurrección.

María Santísima, Asunta a los Cielos, y San Miguel Arcángel, reflejan la victoria del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado, en definitiva el triunfo de Dios-Amor sobre el demonio. Por ello ¡No tengamos miedo! a enfrentar los retos, desafíos y problemas que tenemos por delante. Nos asisten nuestros santos patronos que atraen sobre nosotros el poder del amor del Señor.

Nos asiste y defiende San Miguel, cuyo nombre significa “¿Quién como Dios?”. Nos cubre desde el Cielo con su manto maternal nuestra Madre Santísima quien nos tiene en el hueco de su manto y en el cruce de sus brazos, y es nuestra sombra y resguardo. Por ello tengamos la certeza que esta tierra bendita que ha dado entre sus mejores hijos al Héroe de Angamos y Peruano del Milenio, el gran Almirante del Perú y Caballero de los Mares, don Miguel Grau Seminario, saldrá adelante más renovada y fortalecida que nunca.

Que con el auxilio de Nuestra Señora de la Asunción y San Miguel Arcángel, trabajemos confiados para que nuestra ciudad sea un lugar donde se haga visible la Civilización del Amor, es decir una ciudad edificada en la caridad donde todos nos sintamos movidos por el amor de Cristo a entregarnos a los demás y a encontrar nuestro verdadero gozo en ello. Sólo así, nuestra querida Piura tendrá un alma que le permitirá ver más allá de sus problemas y encarar con ánimo los desafíos siempre constantes.

Que la vivencia de la fe cristiana y católica de los piuranos nos impulse a iluminar las estructuras sociales, las leyes y las costumbres, para que éstas no vuelvan la espalda a Dios y al sentido trascendente del hombre, ni a los aspectos morales de la vida. No olvidemos jamás que sólo corazones convertidos y renovados interiormente mejorarán el tono moral y humano de la sociedad y permitirán a propios y visitantes encontrar siempre a Dios en el corazón de nuestra ciudad. 

Bendigo a todos los que habitamos en Piura, especialmente a nuestros niños, ancianos, enfermos y pobres.

San Miguel de Piura, 15 de agosto del 2018.
Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María

[1] Mons. José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Homilía con ocasión del 484° aniversario de la Fundación de San Miguel de Piura.

[2] Ver San Juan Pablo II, Discurso al III Congreso de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino, 28-IX-1991.

[3] S.S. Francisco, Discurso a la XXVII Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para los Laicos, 07-II-2015.

miércoles 15 agosto, 2018