¡TODOS SOMOS PIURA!

Arzobispo celebra Santa Misa en el 488° Aniversario de Piura

15 de agosto de 2020 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, día en que la Iglesia celebra la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa y Te Deum desde la Capilla Arzobispal «Nuestra Señora de las Mercedes», con ocasión de celebrarse el 488° Aniversario de la Fundación de San Miguel de Piura.

Estuvieron conectados virtualmente a la celebración eucarística el pleno del Concejo Municipal de Piura encabezado por su alcalde, el Dr. Juan José Díaz Dios, así como las principales autoridades políticas, civiles y militares de la ciudad.

A continuación les ofrecemos el texto completo de la homilía que pronunció nuestro Arzobispo para esta importante ocasión:

HOMILÍA
488° ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE SAN MIGUEL DE PIURA

Al celebrarse hoy el 488° aniversario de nuestra muy noble e ilustre Ciudad, lo hacemos con esta Santa Misa, recordando con satisfacción que San Miguel de Piura fue la primera ciudad fundada por los españoles en el Perú y en el Pacífico Sur. Ella fue puesta bajo la custodia y defensa de Nuestra Señora de la Asunción, cuya fiesta celebramos hoy 15 de agosto, y de San Miguel Arcángel, príncipe de la milicia celestial, patrono y protector de la Iglesia Universal.

No escapa a nuestra atención que este nuevo aniversario de nuestra Ciudad acontece en circunstancias difíciles y dolorosas para todos nosotros por causa de la pandemia que sufrimos, y de la pobreza que ésta ha generado en la vida de muchísimas personas y familias. Oramos de manera especial por los que han fallecido durante la epidemia y por sus afligidas familias. Han muerto sin la compañía de sus seres queridos y un entierro digno. También pedimos esta mañana en nuestra oración, por nuestros enfermos, especialmente de coronavirus, pidiendo para ellos el don de la salud y de su pleno restablecimiento. En la dramática situación actual, llena de sufrimiento y angustia que oprimen al Perú y a Piura, acudimos hoy a la Madre de Dios y Madre nuestra para buscar su refugio y protección. Le pedimos a Ella, hoy Asunta a los Cielos, que implore al Padre de misericordia para que esta dura prueba termine, y que pronto volvamos a encontrar un horizonte de esperanza, vida y paz.  

A pesar de todo por lo que hemos atravesado y seguimos viviendo, los piuranos debemos sentir honda satisfacción por este nuevo aniversario y por vivir en esta Ciudad porque ¡Piura es la cuna del Perú! En ella se dio origen a lo que hoy es nuestra Patria: Un país mestizo, tanto en lo biológico como en lo cultural y social. Fue en Piura donde comenzaron a interactuar los Tallanes y los Españoles, quienes llegaron guiados por don Francisco Pizarro González en 1532. Fue en Piura donde la Providencia Divina quiso que se diera inicio a la síntesis viviente entre lo español, lo indígena y lo africano, para así dar origen a una cultura totalmente nueva: La Peruana.  

Del mismo modo, ¡Piura es la puerta de la fe para nuestra Patria! Fue aquí donde comenzó el anuncio del Evangelio en el Perú, ya que de estas tierras, y bajo la protección del Arcángel San Miguel, partieron los pioneros del anuncio de Jesucristo, de su Buena Nueva y de su Iglesia, hacia el vasto territorio del antiguo Imperio Inca. El cristianismo fue el crisol que permitió este rico encuentro y cruce, y por tanto es importante reconocer y nunca olvidar que la Iglesia Católica ha sido y es un instrumento esencial en la formación histórica, cultural y moral de Piura y del Perú.  

Si miramos a nuestra Ciudad, y al hacerlo es imposible no mirar desde ella a toda nuestra Región, son ciertamente grandes los desafíos que tenemos por delante. Desafíos que podemos enumerar en casi todas las áreas pero hoy en día el más urgente de todos, sin lugar a dudas, la salud. Después de ella están también los preocupantes temas de la crisis económica y de la educación de nuestros niños y jóvenes. Veamos.

Para nadie es un secreto la precaria red hospitalaria que tenemos en nuestra Ciudad y Región, con hospitales sin personal médico y oxígeno suficientes, mal equipados, siempre trabajando al límite de su capacidad, y lo que es más penoso, dependiendo de donaciones y campañas de ayuda de instituciones privadas y de la Iglesia. Es conocido que en los picos más altos de la pandemia nuestra red hospitalaria simplemente colapsó y vimos con dolor personas agonizando en las puertas de nuestros hospitales. A todo ello se suma ahora la falta de incubadoras y respiradores mecánicos para los recién nacidos con complicaciones severas, cuya mortandad está creciendo alarmantemente entre nosotros.  

En Piura queremos soluciones permanentes y estables. Necesitamos hospitales nuevos, con personal sanitario suficiente, bien equipados, con camas hospitalarias para todos los que las necesiten, y sobre todo bien abastecidos de oxígeno y medicamentos. Asimismo, no entiendo por qué hasta la fecha no se gestiona para Piura una planta de oxígeno para pacientes graves de Covid-19. ¿No hay acaso los recursos públicos necesarios para esto? ¿Se tendrá irresponsablemente que esperar un rebrote no deseado de la pandemia para ello, o que una institución privada organice una campaña de recolección de fondos para una tarea que es responsabilidad primaria del Estado y del Gobierno Regional?  

Asimismo, en las actuales circunstancias necesitamos que se sinceren las cifras de contagios y muertos en Piura, se incrementen entre nosotros el número de pruebas moleculares, y se fortalezca el control comunitario y domiciliario, así como los centros de salud y la atención primaria, para que los hospitales no colapsen de nuevo y podamos combatir eficazmente al coronavirus desde su inicio y no cuando ya es demasiado tarde. En una palabra, demandamos que el Estado, en sus múltiples niveles de gobierno, sea capaz de garantizar la salud de los piuranos.   

De otro lado, no deja de preocuparnos la profunda crisis económica fruto de la pandemia, la cual afecta hoy en día a los diversos sectores productivos piuranos, crisis que ha hecho crecer el desempleo y la informalidad laboral. Todo ello viene afectando a un gran número de familias piuranas y a nuestra juventud. Hoy la pobreza ha crecido a niveles preocupantes, y ello nos llama a la solidaridad. La solidaridad no es un sentimiento de vaga compasión o de superficial misericordia por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Es más bien la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Como nos recuerda el Papa Francisco: “La medida de la grandeza de una sociedad está determinada por la forma en que trata a quien está más necesitado, a quien no tiene más que su pobreza”.[1]

Permítanme en este momento solidarizarme con nuestra Municipalidad Provincial de Piura y con sus trabajadores, por la carencia de recursos para el pago puntual de los haberes del personal municipal.

Que la Municipalidad se quede sin recursos para cubrir este importante rubro, no es sólo poner en riesgo servicios esenciales para la comunidad como son la seguridad ciudadana, la limpieza pública y el servicio de parques y jardines entre otros, sino poner en riesgo la vida misma de los servidores públicos municipales y de sus familias. Es de destacar la loable decisión y compromiso de los trabajadores municipales de no abandonar sus labores a pesar de estar impagos. Desde aquí exhortamos al Gobierno a que atienda el pedido de ayuda económica que le ha formulado la comuna piurana y le transfiera a ésta los recursos necesarios para tener al día a nuestros trabajadores municipales.        

Finalmente, otra preocupación urgente a atender es la educación. No es posible que por la incompetencia y la indolencia de los responsables del sector educación se esté poniendo en riesgo el año escolar para miles de nuestros niños y jóvenes. Así como no es una opción aprobar automáticamente el año escolar sin haber estudiado, tampoco lo es darlo por perdido y someter a nuestra juventud a repetir el año. Un país sin educación es un país sin futuro, sin posibilidades de lograr un desarrollo sostenido en el tiempo y por ende sin posibilidades de vencer los problemas que tiene, como la pobreza y la marginación. Perder el año escolar significaría para muchos de nuestros jóvenes ver frustrados sus proyectos de vida por el retraso técnico y profesional que sufrirían. Desde aquí hago una invocación a que se hagan todos los esfuerzos posibles para salvar el presente año escolar, sobre todo en el sector de la educación pública, procurándole a nuestros educandos, junto con una educación de calidad en sus contenidos, los medios tecnológicos necesarios como la radio, internet y televisión, para que el programa “Aprendo en Casa” del Ministerio de Educación pueda formar adecuadamente a nuestros niños y jóvenes.

Para la Iglesia la educación siempre ha sido un tema muy importante. Ella siempre ha defendido el derecho natural de los padres a educar a sus hijos, y les recuerda permanentemente no descuidar este deber y preocuparse por él como una prioridad dentro de sus responsabilidades. Para la Iglesia educar no es simplemente instruir. Educar es participar y hacer participar en la Verdad y en el Amor, es hacer crecer en el orden del ser. Es descubrirle a los jóvenes los altos ideales humanos y espirituales, como el compromiso altruista, el respeto a la verdad, la honestidad, el trabajo, el servicio, la solidaridad, y la caridad entre otros. La educación católica,  es ante todo, cuestión de comunicar a Cristo, de ayudar a que Cristo tome forma en las vidas de los alumnos, ya que sólo el Señor Jesús revela el hombre al propio hombre. Sólo en Él conocemos a plenitud a qué hemos sido llamados, y sólo permaneciendo junto a Él podemos realizarnos. Nunca hay que olvidar que lo cristiano lleva a plenitud la realidad humana y por ello la educación en la fe coloca las bases morales de una mejor vida en sociedad, verdaderamente renovada.   

En las actuales circunstancias requerimos de una Piura unida, y debo decirlo con dolor una vez más, estamos más divididos que unidos, especialmente a nivel de nuestras autoridades. Sin unidad no podremos hacer nada.

La dramática hora que vivimos los piuranos exige dejar de lado diferencias y desconfianzas, disputas y enfrentamientos, coordinar y trabajar en equipo, ser humildes y pedir consejo cuando sea necesario, dejarse asesorar por los profesionales y técnicos piuranos que con el favor de Dios los hay en buen número y muy calificados.  

Urge para Piura que nuestras autoridades promuevan una cultura del diálogo y del entendimiento entre sí para elaborar y llevar adelante una agenda común de trabajo en beneficio de todos. Los actuales tiempos requieren corregir los rumbos del pasado, hacer gestión y ponernos a trabajar unidos en la crisis que atravesamos. Lo primero hoy en día es salvar vidas y además afianzar la economía y la educación. La ideología, los enfrentamientos, el obstruccionismo, los intereses personales y de grupo deben quedar de lado. Hoy más que nunca hay que sumar esfuerzos buscando el bienestar espiritual y material de las personas. Es decir su desarrollo integral.

Queridos hermanos: Ante estos desafíos salgamos de nuestro conformismo, división y desidias de siempre. Unidos tenemos que afrontar los retos que tenemos por delante, teniendo como objetivo la defensa y promoción de la persona humana y de su dignidad, aquella que le viene por ser imagen y semejanza de Dios desde la concepción. Pongamos especial énfasis en los enfermos, los niños, las mujeres, los jóvenes, los ancianos, y los pobres. Apremia construir una Ciudad y Región renovadas donde las familias y las personas cuenten más, y sean la razón que impulsen e inspiren todas las obras a realizar.  

La Iglesia desde los inicios de Piura hasta nuestros días, presta su colaboración en ello proponiendo a los cristianos y al conjunto de la sociedad, el mensaje de salvación del Señor Jesús, con sus valores y virtudes humanas y sobrenaturales, y con su trabajo en favor de la promoción humana y el servicio a los más pobres y vulnerables de nuestra sociedad.   

A la luz de la actual pandemia es imperativo que comprendamos que todos somos Piura. No nos limitemos simplemente a reclamar y quejarnos, lo cual siempre es muy fácil, sino que cada uno, según sus posibilidades y capacidades, responsabilidades y funciones, debe poner todo de sí por nuestra Ciudad y Región. Comprendamos que todos somos responsables los unos de los otros, y que estamos llamados a no sólo buscar nuestra realización personal sino también la de los demás.      

Todos podemos y debemos hacer algo por Piura, y en las actuales circunstancias debemos demostrar nuestro compromiso con nuestra Ciudad observando las medidas de higiene, orden, bioseguridad y distanciamiento social para juntos ponerle un freno al coronavirus (Covid-19). Debemos evitar las aglomeraciones en los mercados; trabajar por el ordenamiento del comercio ambulatorio que ha crecido por culpa del desempleo; esforzarnos por vencer la informalidad; colaborar con la seguridad ciudadana no encubriendo el delito o el crimen; no ensuciar la ciudad y cuidar el ornato y la limpieza; realizar negocios y comercios honestos y justos evitando el acaparamiento, la especulación y la usura; respetar a los demás y a la autoridad, y vivir en el seno del hogar la concordia y unidad, desterrando cualquier forma de violencia para con cualquiera de sus miembros, viviendo más bien el amor, el respeto y el fiel cumplimiento de nuestras obligaciones familiares, cada cual según su particular vocación, sea como padre, madre, hijo o hermano. Cada piurano, está llamado a construir con sus demás hermanos la ciudad de San Miguel de Piura, y nuestra Región, en una experiencia de vida en común, en torno a nuestra fe cristiana, valores y principios, historia y costumbres, ideales y sueños compartidos, consciente de la trascendental misión que la Providencia Divina le ha encomendado desempeñar en la Historia del Perú. ¡Hagamos juntos una Piura grande!

Frente a los retos y desafíos que tenemos por delante, ¡No tengamos miedo! Nos asisten nuestros santos patronos: La Virgen de la Asunción y San Miguel Arcángel, bajo cuyo cuidado y protección nos pusieron los fundadores de Piura hace 488 años. Ellos atraen sobre nosotros el poder del Amor del Señor.

Nos cubre desde el Cielo con su manto maternal nuestra Madre Santísima. Nos asiste y defiende San Miguel, cuyo nombre significa, “¿Quién como Dios?”. María Santísima, Asunta a los Cielos, y San Miguel Arcángel, reflejan la victoria del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, de la salud sobre la enfermedad, de la gracia sobre el pecado, en definitiva el triunfo de Dios-Amor sobre el demonio, y nos dan la esperanza y fortaleza necesarias para construir una “tierra nueva” donde brille la vida y la ansiada “Civilización del Amor”, es decir una cultura impregnada de los valores de las Bienaventuranzas del Reino (ver Mt 5, 3-12), que le permita a la persona humana desarrollarse integralmente.

Tengamos la certeza que esta tierra bendita que ha dado entre sus mejores hijos a ilustres pintores como Ignacio Merino Muñoz y Luis Montero Cáceres, al poeta Carlos Augusto Salaverry, al padre de la medicina peruana José Cayetano Heredia, al prócer Miguel Jerónimo Seminario y Jaime, al distinguido marino y político Lizardo Montero Flores, y sobre todo al Héroe de Angamos y Peruano del Milenio, el Gran Almirante del Perú y Caballero de los Mares, don Miguel Grau Seminario, saldrá adelante más renovada y fortalecida que nunca.

A todos los que habitamos en Piura, les hago llegar mi afectuosa bendición, especialmente a nuestros enfermos, niños, jóvenes, ancianos y pobres. Amén.

San Miguel de Piura, 15 de agosto del 2020.
Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María

[1] S.S. Francisco, Discurso en la Visita a la Comunidad de Varghina – Río de Janeiro, 25-VII-2013.

Puede descargar el archivo PDF conteniendo la Homilía pronunciada hoy por nuestro Arzobispo Metropolitano AQUÍ

Puede ver el video de la Santa Misa que presidió nuestro Arzobispo Metropolitano la mañana de hoy AQUÍ

sábado 15 agosto, 2020