SUBSIDIO PASTORAL PARA VIVIR ESTE TIEMPO DE “CUARESMA – CUARENTENA” CON EL PAPA FRANCISCO

23 de marzo de 2020 (Oficina de Prensa).- El Arzobispado de Piura ha publicado un Subsidio Pastoral, para que los sacerdotes, consagrados, consagradas y fieles cristianos podamos vivir este tiempo de “Cuaresma – Cuarentena”, inspirados en las enseñanzas y gestos de nuestro querido Papa Francisco.

“Sigamos el ejemplo del Papa Francisco”

Siempre, pero sobre todo en los momentos de crisis y emergencia como el que estamos viviendo, hay que mirar a Roma, hay que escuchar con atención lo que viene de Roma, es decir hay que estar atentos a la palabra y enseñanza del Vicario de Cristo en la tierra, que es el Santo Padre. 

A lo largo de este tiempo en que nos vemos asolados por la pandemia del “Coronavirus” (Covid-19), el Papa Francisco, tanto en sus Audiencias de los Miércoles, en el Rezo dominical del Angelus, como en su celebración diaria de la Santa Misa en su capilla de la Casa Santa Marta, viene proponiéndonos, con sus palabras y sus gestos, una serie de medios pastorales y apostólicos para vivir estos momentos de aislamiento e inmovilización social obligatoria, según nuestra propia vocación y estado de vida.

A continuación les presentamos a manera de subsidio un resumen de los mismos con el deseo que muchos de ustedes puedan hacer suyas algunas de las enseñanzas del Papa Francisco. 

I. Ofrecer nuestra Misa privada y oraciones personales y familiares: 

  1. Por el fin de la pandemia y para que el Señor Jesús, Santa María y San José, patrono del Perú, protejan a Piura y Tumbes, así como a nuestra Patria y al Mundo. 
  1. Por aquellos que han fallecido debido al virus, para que el Señor los tenga en su Reino donde, “Él mismo enjugará toda lágrima de sus ojos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Ap 21, 4). 
  1. Por nuestras autoridades nacionales y regionales quienes están dirigiendo esta crisis, para que el Señor los ilumine y fortalezca: “Rezar por las autoridades, ellos deben decidir, y muchas veces decidir sobre medidas que no les gustan al pueblo, pero es por nuestro bien. Muchas veces las autoridades se sienten solas, no entendidas. Recemos por nuestros gobernantes que deben tomar las decisiones de estas medidas para que se sientan acompañados por la oración del pueblo” (Papa Francisco). 
  1. Por todos los que en estos días de aislamiento social obligatorio trabajan: los médicos, el personal hospitalario, los voluntarios de salud, y los científicos, quienes están dando hasta la propia vida para hacer frente al mal del “Coronavirus” (Covid-19), atendiendo a nuestros enfermos y buscando una cura para este mal. También por nuestros Policías, los miembros de nuestras Fuerzas Armadas, y por todos aquellos que nos brindan servicios y bienes esenciales, dándonos seguridad y ayudándonos a mantenernos sanos.   
  1. Por las familias de nuestra parroquia, distrito, vecindario, caserío o centro poblado, que no pueden salir de casa, para que sepan vencer las angustias de este tiempo, y el Señor los ayude a descubrir nuevos modos de comunicarse bien y de construir relaciones de amor. Orar también por los niños que no van a la escuela, por los jóvenes que no van a la universidad o a sus institutos de estudios superiores. 
  1. Por los encarcelados, quienes afrontan con grandes penurias y en condiciones inhumanas de hacinamiento la incertidumbre frente a esta enfermedad. Recemos también por sus familiares que deben experimentar no poca angustia por ellos.
  1. Por los ancianos que sufren en este momento una soledad interna muy grande y en algunos casos la viven con mucho miedo. El Papa nos ha exhortado a que: “Recemos al Señor para que sea cercano a nuestro abuelos, a nuestras abuelas, que a todos los ancianos les dé fuerza. Ellos nos han dado la sabiduría, la vida, la historia, también nosotros seamos cercanos a ellos con la oración”.
  1. Por los pobres, los abandonados, los más vulnerables, los migrantes, los que no pueden volver a sus países, a sus familias, los que no tienen para el diario vivir. 
  1. Por lo cristianos que sufren persecución por su fe en Cristo, en Medio Oriente, África y Asia. Que esta emergencia sanitaria no nos haga olvidar el drama que viven. Muchos se ven obligados a huir de la guerra, la enfermedad y el hambre. Algunos incluso llegan al martirio. 

II. Entre las prácticas espirituales y devociones que el Papa Francisco nos ha propuesto practicar en estos tiempos de pandemia están:

  1. La Visita al Sagrario y la Exposición del Santísimo Sacramento, ahí donde sea posible.
  1. La Comunión Espiritual, mientras nos vemos imposibilitados de recibir la comunión sacramental y veamos la Misa por televisión, las redes sociales, o la oímos por radio. 
  1. Ganando la Indulgencia Plenaria que el Santo Padre a través de la Penitenciaría Apostólica ha concedido a los fieles que sufren la enfermedad del “Coronavirus”, a los trabajadores de la salud, a los familiares de los contagiados, y a todos aquellos que en cualquier condición los cuidan, así como a todos los fieles que deseen ganarla rezando para que esta pandemia se detenga, por los que más sufren y por aquellos que han fallecido. 
  1. La oración de súplica frecuente frente a la Cruz por el fin de la pandemia, a semejanza de lo que hizo el Santo Padre el pasado 15 de marzo, frente al Cristo Milagroso que salvó a Roma de la peste del S. XVI. Para nosotros los peruanos la Cruz tiene una imagen muy específica y de profunda significación: La Venerada Imagen del Señor de los Milagros. Que frente a ella, le pidamos al Señor que nos conceda el milagro de ver el fin de esta pandemia en el Perú y el mundo. 
  1. El rezo del Via Crucis, especialmente los días viernes, “porque la Cruz es la respuesta de Dios al mal” (Papa Francisco). 
  1. El rezo del Santo Rosario en familia. El Papa nos recuerda: “La oración del Rosario es la oración de los humildes y de los santos que, en sus misterios, con María, contemplan la vida de Jesús, rostro misericordioso del Padre. Y cuánta necesidad tenemos de ser verdaderamente consolados, de sentirnos envueltos por su presencia de amor”.
  1. El rezo de la Coronilla de la Divina Misericordia a las tres de la tarde de cada día. Al respecto el Santo Padre afirma: “Si nuestros corazones se abren a la misericordia, si sellamos el perdón con un abrazo fraterno, proclamamos ante el mundo que es posible vencer el mal con el bien”.
  1. La oración confiada a la Virgen María y a San José. No hay que olvidar que el Santo Padre ha compuesto dos oraciones para este fin. En Piura y Tumbes tenemos como Madre a “Nuestra Señora de las Mercedes”, nuestra amada Mechita, quien nos acompaña desde los albores de la Evangelización constituyente. Peregrinemos estos días espiritualmente a su Santuario de Paita para ponernos a sus pies, para consagrarle nuestras vidas, nuestras familias, nuestra Iglesia Arquidiocesana y el Perú entero. En esta hora imploremos su poderosa intercesión:

Virgen María,
Nuestra Señora de las Mercedes,
querida “Mechita”.
Misericordiosa Madre de Dios y nuestra,
estrella resplandeciente del mar,
luna purísima que recoges los rayos del Sol de Justicia,
y te nutres de ellos para reflejarlos de la mejor manera
en nuestras vidas. 

Tú, que con amor maternal nos acompañas hace siglos
desde tu santuario de Paita
escucha Madre, nuestros ruegos en esta hora de dolor.

Tú que atendiste desde el cielo
los tristes lamentos de los pobres cautivos
que gemían sin consuelo en la dura opresión
y rompiste las cadenas que los aprisionaban,
por tu ardiente caridad,
por tu Inmaculado y Doloroso Corazón,
y para nuestro remedio,
te pedimos, Madre querida,
que junto con las cadenas de nuestro pecado,
rompas las de esta pandemia,
para que libres de ellas,
podamos configurarnos con tu Hijo, el Señor Jesús.
¡Oh clementísima, oh piadosísima, oh dulce siempre Virgen María!
Amén.

  1. Y cualquier otra devoción personal que tengamos a Jesús, a María, a los Santos y a los Ángeles, que hayamos aprendido de niños sea de nuestros padres, abuelos, sacerdotes, religiosas, maestros y catequistas. 

III. También el Santo Padre nos ha pedido tener algunas actitudes espirituales especiales: 

  1. Teniendo la certeza interior que nos da la fe, que Dios nunca nos abandona y que unidos a Cristo jamás estamos solos. 
  1. Estrechando los lazos familiares para evitar que el confinamiento de estos días hunda la moral de las personas: “Hagámonos cercanos los unos de los otros, ejercitando entre nosotros, la caridad, la comprensión, la paciencia, el perdón…Por necesidad, nuestros espacios pueden haberse reducido a las paredes de casa, pero tenéis un corazón más grande donde el otro siempre puede encontrar disponibilidad y acogida (Papa Francisco)”. 
  1. Siendo capaces como Santa María y San José de entrar en el misterio; especialmente el obispo, los sacerdotes, los consagrados y consagradas: “Cuando la Iglesia pierde la posibilidad de entrar en el misterio, pierde la capacidad de adorar. La oración de adoración únicamente puede darse cuando se entra en el misterio de Dios” (Papa Francisco).   
  1. Reconciliándonos con Dios: Si todo el mundo debe estar encerrado en casa, ¿cómo encontrar un sacerdote para confesarse? El Papa señaló que la respuesta se encuentra en el Catecismo. “Es muy claro. Si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, Él es tu Padre. Dile la verdad: «Señor, he hecho esto, esto, esto. Perdón». Y pídele perdón, con todo el corazón, con el acto de dolor. No obstante, esa confesión espiritual, para que sea efectiva, debe tener una promesa: confesarse con un sacerdote en cuanto sea posible. Es decir, primero pedirle perdón a Dios, y a continuación prometerle: «Luego me confesaré, pero perdóname ahora»”.
  1. Perdonando al prójimo, especialmente a aquel que me ha ofendido, no guardando odios, rencores, ni deseos de venganza: “La misericordia de Dios es nuestra liberación y nuestra felicidad. Nosotros vivimos de misericordia y no podemos permitir estar sin misericordia: es el aire a respirar…Del Señor, aprendemos a ser misericordiosos, pues Él nos precede y nos perdona antes; y al experimentar su perdón en nosotros, somos capaces de perdonar…La misericordia está al centro del cristianismo…es uno de los frutos más bellos de la caridad, que nos hace libres y felices” (Papa Francisco).
  1. Teniendo cercanía creativa con el prójimo practicando la caridad. Con inteligencia veamos las formas de asegurar ayuda a las necesidades de los pobres, de los migrantes, de los ancianos y de los que viven en soledad y abandono, de los que no tienen de qué vivir. El Papa Francisco nos ha pedido tener una actitud de cercanía al prójimo en esta pandemia, “porque nuestro Dios no es un Dios lejano sino cercano”. 
  1. Agradeciendo con nuestra oración y cariño a nuestros sacerdotes, consagrados y consagradas, por su dedicación y celo apostólico en estos tiempos de “cuarentena”, al traernos el consuelo de la Palabra de Dios, y de los Sacramentos, especialmente a nuestros enfermos y ancianos. Pidiendo para que sean libres de todo mal y peligro.

Este sencillo recuento tiene la pretensión de que sea el Papa Francisco quien nos enseñe a vivir estas difíciles horas de esta “Cuaresma – Cuarentena”, como un tiempo de apertura al Señor y a los hermanos.  

Que estas edificantes enseñanzas y gestos del Santo Padre nos renueven ahora y siempre en nuestra vida cristiana porque:

“También a nosotros Jesús nos dice: «levántense y no teman». En este mundo, marcado por el egoísmo y la codicia, la luz de Dios está nublada por las preocupaciones cotidianas. Decimos a menudo: no tengo tiempo para rezar, no soy capaz de realizar un servicio en la parroquia, de responder a las solicitudes de los demás… Pero no debemos olvidar que el Bautismo que recibimos nos hizo testigos, no por nuestra capacidad, sino por El don del Espíritu”.[1]

En este mes de marzo dedicado a San José, oremos también con el Papa al Custodio del Redentor, patrono y protector de la Iglesia y de nuestra Patria:

San José,
custodio de la Sagrada Familia
y de cada una de nuestras familias.
Patrono del Perú.
Nos confiamos a tu poderosa intercesión.
Tú, el humilde carpintero de Nazaret,
conociste lo que es la precariedad,
y la preocupación por el mañana.

A pesar de todas las pruebas por las que pasaste
mantuviste siempre la calma y nos perdiste la esperanza
porque siempre te confiaste sin reservas a la voluntad de Dios.

Protege, Santo Guardián, nuestro país.
Ilumina a los responsables del bien común, para que sepan, como tú, cómo cuidar de las personas que se les ha confiado.

Regala la inteligencia de la ciencia a aquellos que buscan medios adecuados para la salud y el bienestar físico de sus hermanos y hermanas.

Apoya a quienes dan la vida por los necesitados: voluntarios, enfermeras, médicos, que están en primera línea en el tratamiento de los enfermos, incluso a costa de su propia seguridad.

Bendice, San José, a la Iglesia: empezando por sus ministros, hazla signo e instrumento de tu luz y bondad.

Acompaña, San José, a las familias: con tu silencio orante, construye la armonía entre padres e hijos, especialmente los más pequeños.

Preserva a los ancianos de la soledad: que nadie se quede en la desesperación del abandono y el desánimo.

Conforta a los más frágiles, anima a los que flaquean, intercede por los pobres.

Con la Virgen Madre, ruega al Señor que libere al mundo de toda forma de pandemia. Amén.

 San Miguel de Piura, 23 de marzo de 2020

ARZOBISPADO DE PIURA

[1] S.S. Francisco, Angelus, 08-III-2020.

Puede descargar el íntegro de este documento desde AQUÍ

lunes 23 marzo, 2020