“SIN VIDA INTERIOR NO HAY VIRTUD Y SIN VIRTUD NO HAY APOSTOLADO QUE VALGA”

Canonesas de la Cruz celebran inicio del Jubileo por el Centenario de su fundación

20 de agosto de 2018 (Oficina de Prensa).- Nuestro Arzobispo Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., presidió la Santa Misa en el XX Domingo del Tiempo Ordinario, ante una gran cantidad de fieles congregados en la Basílica Catedral de nuestra ciudad. La Eucaristía fue especialmente ofrecida por el inicio del Jubileo por los 100 años de Fundación de la Congregación Canonesas de la Cruz y en acción de gracias por el natalicio de su fundadora, la Sierva de Dios Teresa de la Cruz Candamo Álvarez Calderón, cuyo proceso de beatificación se encuentra muy avanzado. Participaron de la celebración la Madre Maritza Salas Achahuanco, Superiora de la Comunidad de Canonesas de la Cruz en Piura, la Madre Clara Berru Arraiza, Vicaria de la Comunidad y el Señor Arnaldo Valle, Presidente de la Asociación de la Cruz en Piura.

Durante su homilía sobre el mensaje del evangelio, nuestro Pastor manifestó: “Jesús nos dice que el que no come su cuerpo y no bebe su sangre no tiene vida. Así el Señor resalta la absoluta necesidad que tenemos del don de la Eucaristía, memorial de su sacrificio en la Cruz, quedándose realmente presente bajo la apariencia de pan y vino, y regalándose a nosotros como alimento de vida eterna. Madre Teresa de la Cruz sabía muy bien que ahí en el Sagrario está el Señor. Con ella les recuerdo que debemos amar siempre a Jesús Eucaristía, que los sagrarios nunca deben verse abandonados, que Jesús debe estar siempre acompañado. Asistan con frecuencia a la Misa, además de la dominical, y asistan con un corazón limpio para así recibir al Señor. Tengan la certeza de que Él los ama y los llama, les pide un amor total, les pide ser santos y irreprochables ante Él por el amor”.

Dirigiéndose a las religiosas Canonesas de la Cruz, Monseñor Eguren les dijo: “Ustedes perciben su vocación desde el crucifijo, en el misterio de la cruz; y es que la gran verdad de nuestra vida cristiana es que no hay cristianismo sin cruz. Cada vez que se celebra la Eucaristía recordamos de manera incruenta el sacrificio de Cristo en la cruz. Sí, la cruz es parte de la vida de los cristianos, de tu vida y de la mía, pero no como expresión de desgracia, no porque busquemos el dolor o el sufrimiento como si fueran un fin en sí mismo, sino como un misterioso y paradójico camino de vida, ya que para vivir es necesario primero morir; para existir en Cristo, el Hombre nuevo y perfecto, primero es necesario despojarse del hombre viejo. La Cruz es parte esencial de nuestra vida porque sin ella no podemos vivir el amor de Jesús que es lo que da sentido a nuestra existencia; sin ella es imposible comprender que hay mayor alegría en dar que en recibir; que el dolor es vía de salvación; que el perdón de las ofensas e injurias recibidas vence al odio y trae la paz; que el amor a los enemigos es el camino para una sociedad más justa y reconciliada; que al mal se le vence con el bien”.

“Toda la vida de Madre Teresa de la Cruz fue una ofrenda a su amado Jesús. Ella nos enseña con su vida que debemos tener una profunda intimidad con el Señor. Cómo no recordar esas hermosas palabras que pronunció antes de morir: «Por las almas, por mi Congregación, por los párrocos del Perú y de todo el mundo». Queridas hijas, como se los recuerda su Madre fundadora: «Vuestro título de nobleza es la Cruz, eso lo habéis de realizar todas en conjunto como ideal de vuestra comunidad, es decir: sacrificio, inmolación hasta el martirio, humillación, desamparo y muerte que encierran y prometen amor triunfante, resurrección y gloria». Procuren siempre «salvar cuantas almas se pueda con vuestros esfuerzos, sobre todo con los sacrificios que no faltan; pero hay que ofrecerlos bien hechos y bien completos». Pero tengan siempre presente que «primero la vida interior, sin vida interior no hay virtud y sin virtud no hay apostolado que valga». Y no olviden preguntarse: «¿Dónde me quieres ver, Señor? ¡Empújame, jálame, arrástrame…! Si no es a las buenas, a las malas, pero llévame donde Tú me quieres ver», concluyó nuestro Arzobispo.

“Todo en Cristo”

La Congregación Canonesas de la Cruz fue fundada en Lima por la Sierva de Dios Madre Teresa de la Cruz Candamo. El carisma de las Religiosas Canonesas es seguir a Cristo por el camino de la Cruz y dar a conocer el valor de la Cruz, ayudando en las parroquias con la liturgia y la catequesis. Actualmente se encuentran en diversas ciudades del Perú, así como en Argentina, Chile, Venezuela e Italia. En nuestra ciudad tienen ya 55 años de presencia e ininterrumpida labor.

Teresa de la Cruz Candamo Álvarez Calderón nació en Lima el 19 de agosto de 1875. En 1903 su padre fue elegido Presidente de la República, pero falleció en pleno ejercicio de la presidencia del Perú. A raíz de esto tuvo que viajar a Europa con su familia donde descubrió que su vocación era la de abrazar la vida religiosa. En 1906 conoció al Papa Pío X en Roma y en 1919 fundó la congregación de las Canonesas de la Cruz en Lima, convirtiéndose en la segunda congregación de religiosas fundada en el Perú. Falleció en 1953. En abril de 2009 la Sierva de Dios Teresa de la Cruz recibió el estatus de Venerable por el Santo Padre Benedicto XVI, primer paso en el proceso hacia la beatificación de la religiosa peruana. 

lunes 20 agosto, 2018