SIN LA RESURRECCION NUESTRA VIDA CRISTIANA SERÍA ABSURDA

Arzobispo celebra la Pascua

31 de marzo de 2018 (Oficina de prensa).- Una gran cantidad de fieles abarrotaron la Catedral de Piura y con profundo gozo se dispusieron a celebrar la Solemne Vigilia Pascual, en la que conmemoramos la Resurrección de Cristo y su victoria sobre el pecado y la muerte. La solemne celebración eucarística fue presidida por nuestro Arzobispo Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., quien exhortó a los presentes a “vivir hoy la alegría de la gran noticia que ilumina a la humanidad de todos los tiempos: ¡Cristo ha resucitado!”.

Monseñor Eguren bendijo el fuego nuevo en el atrio de la Catedral y tras el ingreso procesional con el cirio pascual y el canto del pregón pascual, presidió la Liturgia de la Palabra en la que se recuerdan las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la Historia de la salvación, al llegar la plenitud de los tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombres.

Durante esta celebración un grupo de quince catecúmenos recibieron de manos de nuestro Pastor el Santo Bautismo y los demás sacramentos de Iniciación Cristiana (Confirmación y Eucaristía). Nuestro Arzobispo les alentó a atesorar este acontecimiento como el más importante de sus vidas, pues han recibido por el Bautismo la vida de Cristo, el hombre nuevo y perfecto y la vida eterna.

Cabe resaltar que Monseñor Eguren celebró la Misa de Pascua de Resurrección en Catacaos a las 4:00 am, y en la Parroquia de Nuestra Señora del Tránsito de Castilla a las 7:00 am. A continuación les ofrecemos el texto completo de la homilía que pronunció nuestro Pastor:

VIGILIA PASCUAL 

Homilía 

“Sin la Resurrección, nuestra vida cristiana sería absurda”

¿Es la Pascua una palabra sin esperanza? 

La liturgia pascual nos hace vivir hoy la alegría de la gran noticia que ilumina a la humanidad de todos los tiempos: ¡Cristo ha resucitado! Pero esta gran noticia, ¿tiene sentido hoy? ¿O no será más bien la Pascua una palabra sin esperanza, una alegría vacía? Lo digo porque vemos en nuestro mundo guerras, pobreza, injusticias, violencias, y muertes de inocentes.

Hay muchos interesados en hacer desaparecer de la historia el Domingo de Pascua. Hay muchos interesados en que la vida de Jesús termine el Viernes Santo, porque así Jesús no sería el Señor de la Historia, el amor sería inútil y vano, y lo más terrible no habría una justicia divina que al final de los tiempos ponga todo en su lugar. Sin Domingo de Resurrección el mundo le pertenecería a los sinvergüenzas, a los corruptos, y a los más fuertes, y la vida no sería más que una pasión inútil. No nos quedaría otra cosa más que vivir el momento y pasarla lo mejor posible. 

Pero demos gracias a Dios que no es así. Demos gracias que las Santas Mujeres fueron al sepulcro impulsadas por su amor y por ello merecieron recibir el anuncio del Ángel de la Pascua: « ¿Buscan a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí ¡Ha resucitado!» (Mc 16, 6). Demos gracias a Dios por Santa María Magdalena, la mujer afligida e inquieta, que comprobó que la tumba estaba vacía, no saqueada, y que reconoce a Jesús resucitado recién cuando el Señor la llama por su nombre. Demos gracias a Dios por los dos discípulos de Emaús que reconocieron al Señor en la fracción del pan y después pregonaban: « ¡Es cierto! El Señor ha resucitado y se le ha aparecido a Simón» (Lc 24, 34). Demos gracias a Dios que Pedro y Juan corrieron al sepulcro el día del Domingo de Pascua, y al encontrarlo vacío, las vendas en el suelo y el sudario enrollado, vieron y creyeron, «porque hasta entonces no habían entendido la Escritura, que Él había de resucitar de entre los muertos» (Jn 20, 9). Demos gracias a Dios por el testimonio de Pedro y de los Apóstoles que con valentía desde el inicio anunciaron: «Nosotros somos testigos de cuanto Él hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de la cruz, pero Dios lo resucitó al tercer día y concedió verlo, no a todo el pueblo, sino únicamente a los testigos que Él, de antemano, había escogido: a nosotros, que hemos comido y bebido con Él después de que resucitó de entre los muertos» (Hch 10, 37-41). 

Demos gracias a Dios por nuestra Madre la Iglesia, que ha mantenido viva la verdad de la Resurrección de Jesús y gracias a ello hoy tú y yo creemos en la mejor noticia que ha recibido la humanidad: ¡Verdaderamente ha resucitado el Señor!

Gracias a la Resurrección el Amor existe y es real

Queridos hermanos y hermanas: gracias a la Resurrección del Señor, podemos decir con esperanza, y a pesar de todos los males que nos afligen, que el Amor existe, que es real, y que tiene un nombre y rostro: Jesús de Nazaret, el Resucitado. Y que ese Amor es capaz de transformar vidas, sociedades, naciones y al mundo entero. Para que ello suceda sólo se necesita una cosa: Dejar que la Luz de Cristo entre a nuestras vidas.

En las tinieblas más terribles de nuestra existencia el Señor ha encendido hoy una pequeña luz, la luz de su Amor, la luz de su Vida Nueva y Eterna. Eso es lo que simboliza el Cirio Pascual que hoy preside nuestra celebración. Si dejamos que esa luz nos ilumine y arda en nuestros corazones seremos cirios vivos, como los que llevamos en nuestras manos, y no habrá tiniebla que no podamos vencer, oscuridad que no podamos iluminar, realidad humana a la que no podamos llevarle calor, esperanza y vida.

Brille la Luz del Resucitado por nuestras buenas obras

En el día de Pascua hacemos memoria de nuestro Bautismo. ¿Sabes cuándo y dónde fuiste bautizado? El día que fuimos bautizados la vida del Resucitado entró a nuestro corazón. Desde ese día estamos llamados a ser luz para el mundo. Como nos dijo el Señor Jesús: «Brille vuestra luz delante de los hombres para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5, 16). Y brillaremos si no nos cansamos de hacer el bien. Y brillaremos, si nos amamos los unos a los otros dando así testimonio de unidad y de comunión. Y brillaremos, si nos esforzamos por vivir el perdón y si amamos a nuestros enemigos. Y brillaremos, si diariamente nos esforzamos por hacer todo y sólo aquello que Jesús haría si estuviera en nuestro lugar. Y brillaremos, si hacemos de nuestras familias cenáculos de amor y santuarios de la vida. Y brillaremos, si hacemos de nuestros centros de trabajo lugares de solidaridad y servicio al prójimo. Y brillaremos, si trabajamos responsablemente con la gracia de Dios por ser santos, es decir por ser otros Cristos. Como nos ha dicho el Papa Francisco en el Perú: No tengamos miedo a ser los santos del siglo XXI, porque los santos son la prueba irrefutable de la Resurrección de Jesús.  

Queridos hermanos y hermanas: la fe de los cristianos es la Resurrección del Señor, porque Ella es la prueba de que todo lo que el Señor nos ha dicho es verdad. Los miembros de la Iglesia primitiva, iluminados por el Espíritu Santo, comenzaron a proclamar el anuncio pascual abiertamente y sin miedo. Y este anuncio, transmitiéndose de generación en generación, ha llegado hasta nosotros y resuena cada año en Pascua con una fuerza y belleza siempre nueva.

Seamos nosotros, los discípulos-misioneros de la Iglesia del tercer milenio, los que ahora demos valiente testimonio con nuestra palabra y vida cristiana de la alegre noticia que Jesús está vivo, y que resucitado no muere más, y que vive en su Iglesia y en cada uno de nosotros.

¡Cristo Señor verdaderamente ha resucitado! Dejémonos conquistar por la fascinación de la Resurrección de Cristo. Que María Santísima, la primera a quien Jesús Resucitado se le apareció el Domingo de Pascua, nos sostenga con su protección y nos ayude a gustar plenamente la alegría pascual, para que sepamos llevarla a nuestra vez a todos nuestros hermanos.

¡Feliz y gozosa Pascua para todos!

San Miguel de Piura, 01 de abril de 2018
Domingo de Pascua de Resurrección 

domingo 1 abril, 2018