¡SIGAMOS A CRISTO NUESTRA LUZ!

20 de abril de 2019 (Oficina de prensa).- La Catedral de Piura se vio abarrotada por una multitud de fieles que con profundo gozo se reunieron para celebrar la Solemne Vigilia Pascual, en la que conmemoramos la Resurrección de Cristo y su victoria sobre el pecado y la muerte. Nuestro Arzobispo Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., exhortó a los presentes, durante la solemne celebración eucarística, a que “Tengamos el coraje de seguir a Jesús, como lo hizo María, como lo hacen los santos, quienes son la manifestación y la prueba más palpable de que Cristo ha resucitado.”.

Monseñor Eguren bendijo el fuego nuevo en el atrio de la Catedral y tras el ingreso procesional con el cirio pascual y el canto del pregón pascual, presidió la Liturgia de la Palabra en la que se recuerdan las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la Historia de la salvación, al llegar la plenitud de los tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombres.

Durante esta celebración un grupo de quince catecúmenos recibieron de manos de nuestro Pastor el Santo Bautismo y los demás sacramentos de Iniciación Cristiana (Confirmación y Eucaristía). Nuestro Arzobispo les alentó a atesorar este acontecimiento como el más importante de sus vidas, pues han recibido por el Bautismo la vida de Cristo, el hombre nuevo y perfecto y la vida eterna.

Cabe resaltar que Monseñor Eguren celebró la Misa de Pascua de Resurrección en Catacaos a las 4:00 am, y en la Parroquia de Nuestra Señora del Tránsito de Castilla a las 7:00 am. A continuación, les ofrecemos el texto completo de la homilía que pronunció nuestro Pastor:

HOMILÍA

VIGILIA Y DÍA DE PASCUA

La celebración de la solemne Vigilia Pascual ha comenzado siguiendo a esa columna de fuego que es Cristo, simbolizado por el cirio pascual encendido. Cristo es la Luz. Cristo es el camino, la verdad y la vida. Siguiendo a Cristo, teniendo firme la mirada de nuestro corazón en Él, encontramos el camino que nos hace libres, que da sentido a nuestra vida y que nos da la victoria sobre el pecado y su fruto más amargo que es la muerte.

Pero, ¿qué implica seguir a Cristo nuestra Luz?

Seguir a Cristo nuestra Luz, exige vivir su Palabra, hacer de ella nuestro alimento cotidiano, como el pan de cada día, porque esa Palabra nos enseña a ser personas de verdad, es camino de despliegue y realización personal, es fuente de felicidad y eternidad.

Seguir a Cristo nuestra Luz, supone vivir sus mandamientos, resumidos en el mandamiento del amor a Dios y al prójimo que son como las dos caras de una misma moneda, son inseparables. Los mandamientos son fuente de auténtica libertad y no de sometimiento. Ellos no ahogan nuestra libertad todo lo contrario la hacen más plena, porque Jesús no quita nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa.  

Seguir a Cristo nuestra Luz, nos demanda tener compasión de los pobres y de los padecen, supone hacer el bien a los demás, porque a lo largo de toda su vida, el Señor “pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él” (Hch 10, 38). No es suficiente no hacer el mal para ser un buen cristiano. Es necesario adherirse a lo bueno y hacer el bien. No basta con decir “yo no le hago mal a nadie”. Seguir a Cristo nuestra Luz, nos exige ser protagonistas en el bien. Amar y hacer el bien a los demás, nos hace semejantes a Jesús.

Seguir a Cristo nuestra Luz, supone también tener el valor de defender la fe, mi fe, esa que hoy profesaremos solemnemente en la renovación de nuestras promesas bautismales. Defenderla de las ideologías de hoy que oscurecen y desfiguran la verdad de la persona humana creada a imagen y semejanza de Dios, que pretenden una colonización de las conciencias, así como disolver a la familia, destruir el matrimonio y atentar contra la vida humana.[1] Defender la fe es también tener el valor de anunciarla y testimoniarla venciendo los respetos humanos y el miedo al qué dirán.

Seguir a Cristo nuestra Luz, nos exige amar a su Iglesia, su Cuerpo Místico. Pero no sólo amarla sino hacerla amar, porque la Iglesia, a pesar de sus sombras, a pesar del pecado de sus hijos, es Santa por la santidad de Dios. Ella posee la Luz de Cristo, y por eso tienen en sí una fuerza de comunión que eleva a la humanidad liberándola del individualismo, del egoísmo, del odio y de la ignorancia por la iluminación del Evangelio y del Bautismo (San Oscar Arnulfo Romero).  

Seguir a Cristo nuestra Luz, nos exige ser santos. La santidad es para todos. Es exigencia de nuestro bautismo. Como nos dice el Papa Francisco: “¿Consagrados y consagradas? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa… ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales. En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad…La santidad no es sino la caridad plenamente vivida. Cada estado de vida conduce a la santidad. ¡Siempre!  Dios te da la gracia para llegar a ser santo”. [2]

Siguiendo así a Cristo nuestra Luz, encenderemos pequeñas luces en nuestra sociedad, en nuestra Piura, en nuestro Perú, y romperemos las tinieblas de la historia, como bellamente lo hemos visto esta noche cuando poco a poco se iban encendiendo del Cirio Pascual las velas que llevamos en nuestras manos, y con alegría veíamos como la oscuridad y las tinieblas cedían y la Luz de Cristo lo iluminaba todo.  

Hermanos: en esta noche y día de Pascua, con Cristo resucitado hemos pasado de la muerte a la vida. Gracias al don de nuestra fe y de nuestro bautismo tenemos ya la vida eterna, que no es sólo una realidad que viene después de la muerte, sino que comienza hoy con nuestro seguimiento de Cristo, con nuestra comunión de vida con el Señor. Tengamos el coraje de seguir a Jesús, como lo hizo María, como lo hacen los santos, quienes son la manifestación y la prueba más palpable de que Cristo ha resucitado. 

¡Feliz Pascua!

¡Qué la alegría de este día disipe toda tristeza y todo mal de nuestras vidas hoy y siempre!

¡Verdaderamente ha resucitado el Señor!

“¿Dónde está, oh muerte tu victoria? ¿Dónde está, oh infierno, tu aguijón?” (1 Cor 15, 55).

¡Reina del Cielo, alégrate! ¡Aleluya!

San Miguel de Piura, 21 de abril de 2019
Vigilia y Día de Pascua

[1] Ver S.S. Francisco, Exhortación Apostólica Post Sinodal Amoris Laetitia, n. 53.56.

[2] Ver S.S. Francisco, Audiencia General, 19-XI-2014.

sábado 20 abril, 2019