“SEÑOR, HAZ MI CORAZÓN SEMEJANTE AL TUYO”

Arzobispo confirma grupo de jóvenes de la Parroquia San Martín de Porres

23 de febrero de 2020 (Oficina de Prensa).– Nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., visitó la mañana de hoy la Parroquia “San Martín de Porres” ubicada en el Distrito de Castilla, donde se encontró con los miembros de la comunidad parroquial y presidió la Santa Misa correspondiente al VII Domingo del Tiempo Ordinario. Durante la Eucaristía, Monseñor Eguren administró el sacramento de la confirmación a un grupo de 60 jóvenes de la zona, quienes estuvieron acompañados en este día especial por sus padrinos, familiares, amigos y catequistas. La Santa Misa fue concelebrada por el R.P. Franz Alfaro, Párroco del lugar y el R.P. Cristhiam Calderón, Vicario Parroquial.

Durante su homilía y reflexionando en el mensaje del Evangelio, nuestro Pastor destacó que: “El Evangelio de hoy domingo (ver Mt 5, 38-48) es corto en su extensión pero amplio y hondo en su perspectiva, porque a semejanza de Jesús, los cristianos estamos llamados a amar a nuestros enemigos y a rezar por los que nos persiguen, para así ser semejantes a nuestro Padre del Cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos. Sólo así seremos perfectos, como perfecto y santo es nuestro Padre celestial. La sabiduría evangélica, que el mundo considera una necedad y derrota, es amar incluso al que nos odia, al que nos hace el mal, al que nos injuria y persigue. El amor siempre triunfa, como Jesús en la cruz”.    

“Ya el Antiguo Testamento -continuó Monseñor Eguren- ponía un límite a la reparación: ojo por ojo, diente por diente. Sin embargo la justicia predicada por el Señor Jesús en el Evangelio es mucho más exigente: quiere que incluso aceptemos ser objeto de injusticia sin vengarnos. De otro lado, por lo general limitamos nuestro amor a los que por obligación debemos amar, o buscamos amar sólo a los que nos han hecho un bien. Pero Jesús quiere que no pongamos restricciones al amor: es preciso amar a nuestros enemigos, es preciso amar incluso al que nada nos ha dado. ¡Esta es la victoria del amor! Ser cristiano es buscar la victoria del amor, ponerse al servicio del amor en todas las circunstancias”.

En otro momento, nuestro Arzobispo resaltó que: “Ciertamente, amar como nos pide Jesús, es imposible a la naturaleza humana abandonada a sus solas fuerzas, pero con la gracia de Jesús, es posible amar hasta el extremo. Por eso es tan importante la oración y recibir la gracia de los sacramentos, pidiendo en todo momento: «Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo». La belleza de la enseñanza de Cristo, radica no sólo en su formulación, sino en que el Señor la vivió en el misterio de su Cruz: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). Por tanto con Él, en Él y por Él, es posible para cada uno de nosotros dar vida a este mundo, muchas veces lleno de odio y de rencor, con el bálsamo de la misericordia y del perdón”.     

“Si creemos que amar a nuestros enemigos es imposible, veamos siempre la vida y el testimonio de los santos como la de Maximiliano Kolbe, quien se ofreció a morir de hambre en sustitución de otra persona; o la de una niña como Santa María Goretti, quien muere perdonando a su asesino; o la de San Juan Pablo II, que dialogó y perdonó a quien quiso matarlo; y la de nuestros hermanos perseguidos hoy en día en Medio Oriente, en el África y en Asia, algunos de los cuales han llegado incluso al martirio. En estos y muchos otros santos, que han sabido perdonar y amar a sus enemigos, es Dios mismo quien actúa con su gracia demostrando que el amor es más fuerte”, acotó Monseñor Eguren.     

Finalmente y dirigiéndose a los confirmandos, nuestro Arzobispo les dijo: “Queridos jóvenes de la confirmación: hoy reciben la plenitud del Espíritu Santo. San Pablo nos dice, «que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que hemos recibido» (Rom 5, 5). Por tanto vuestra misión de confirmados será amar como Jesús, y así dar vida a los demás y a este mundo. Que María Santísima, Madre de misericordia, quien perdonó de corazón a todos aquellos que crucificaron a su Divino Hijo, nos ayude a alcanzar la perfección del amor”.

domingo 23 febrero, 2020