«SEAMOS VALIENTES A LA HORA DE ANUNCIAR A JESÚS»

03 de febrero de 2019 (Oficina de Prensa).- En este domingo IV del Tiempo Ordinario, el Evangelio nos presenta a Jesús como Mesías en la sinagoga de Nazaret. Acaba de leer un texto mesiánico de Isaías y revela que en Él se cumple esa profecía. A continuación compartimos la reflexión dominical de Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura.

Reflexión Dominical de nuestro Arzobispo

En el Evangelio de hoy Domingo (ver Lc 4, 21-30) sorprende ver el cambio de actitud en la muchedumbre que escuchaba a Jesús. Del asombro y la admiración, pasan al escepticismo y al rechazo, al punto que echaron a Jesús fuera de la ciudad de Nazaret con el deseo inconfesable de despeñarlo, es decir de matarlo. ¿Qué pasó? ¿Por qué se produjo este cambio entre las personas que, en un inicio, le expresaban al Señor su aprobación y admiración? Una explicación la podemos encontrar en la envidia, esta pasión humana tan antigua como Caín y Abel, que ciega a las personas, impidiéndoles creer en Jesús y aceptarlo como el Salvador. Otra explicación la podemos encontrar en el hecho que la palabra de Jesús primero fascina pero cuando se la examina más profundamente uno cae en cuenta que ella nos va a exigir morir a nuestro pecado, a nuestra vida hecha a la medida de nuestro egoísmo y comodidades, y como no estamos dispuestos a morir a nosotros mismos preferimos descalificar al Señor, relativizar su enseñanza diciendo: «Es el hijo del carpintero», o incluso rechazarlo y acabar con Él, porque la Verdad nos incomoda. ¿Es Jesús para nosotros una amenaza al punto que también queremos acabar con Él como pretendieron hacerlo los nazarenos sus paisanos? ¿Preferimos permanecer en la esclavitud de nuestra mentira a acogerlo a Él y dejarnos liberar por la Verdad que es Él mismo?

Como sucedió con Jesús, la predicación de la Iglesia muchas veces no resulta popular ni aceptada sino más bien rechazada y perseguida por un mundo que prefiere las tinieblas a la Luz. Como sucedió con Jesús, se pretende acabar con Su Iglesia, sus pastores y misioneros que predican en su nombre y con su autoridad, porque el Evangelio es visto como una amenaza para los intereses de los poderosos de este mundo.

El final del Evangelio de hoy nos impresiona. Después que Jesús les echa en cara su incredulidad y dureza de corazón, con los ejemplos de la viuda de Sarepta y de Naamán el sirio, nadie se atrevió a tocarlo. Ello nos revela que a pesar de la expulsión de la ciudad, los empujones y el intento de matarlo, Jesús mantiene su majestad y queda dueño de la situación: «Él pasando por en medio de ellos, seguía su camino». Así Jesús nos da el valor a nosotros sus pastores y discípulos-misioneros a no tener miedo en nuestra misión de anunciarlo. Como Él, nosotros también muchas veces seremos profetas no bien recibidos en nuestra propia casa, barrio, trabajo, o centro de estudios. Como Él, sufriremos incomprensión y hasta desprecio, burla y persecución. Pero que ello no nos desanime ni nos dé miedo, porque somos portadores de una Palabra de Vida que es eterna y eficaz, capaz de abrirse paso en medio de las más tremendas y difíciles situaciones. Sólo se necesita que creamos y que con convicción digamos como Jesús: ¡Basta! Por ello a la hora del testimonio y del anuncio del Señor Jesús, seamos valientes.  

                     

domingo 3 febrero, 2019