SEAMOS PORTADORES DE LA LUZ DE CRISTO

IV Domingo de Cuaresma: ¡Estemos siempre alegres en el Señor!

31 de marzo de 2019 (Oficina de Prensa).- Hoy en la Basílica Catedral de Piura, nuestro Arzobispo Mons. José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., celebró la Santa Misa correspondiente al Domingo IV de Cuaresma o “Laetare”, que nos invita a la alegría ante la proximidad de la gran fiesta de la Pascua. Asimismo, un grupo de catecúmenos realizó sus segundos escrutinios como preparación para recibir los sacramentos de la Iniciación Cristiana. 

La alegría cristiana es la respiración del cristiano 

Al iniciar su homilía Monseñor Eguren dijo a los presentes: “Seguimos recorriendo juntos este camino a la luz pascual que es la Cuaresma y lo hacemos acompañando a nuestros queridos catecúmenos que hoy hacen su segundo escrutinio. Este cuarto domingo de Cuaresma es el domingo de la alegría en medio de la penitencia. ¡Alegrémonos porque la Pascua está cada vez más cerca! Como bien afirma el Papa Francisco, la alegría es la respiración del cristiano, es el modo de expresarse y de vivir de un cristiano. Un cristiano que no es alegre en el corazón y en su acción, no es un buen cristiano. La alegría no es algo que se pueda comprar o que se pueda lograr con esfuerzo. De otro lado, ella es todo lo opuesto a la «cultura de la diversión» que el mundo de hoy nos ofrece. La alegría es más bien un don del Espíritu Santo. La alegría cristiana brota de la certeza de saberse amado por el Señor y de la memoria agradecida de todo lo que Él ha hecho y hace por nosotros. Por eso la alegría no falla ni desaparece en las pruebas y dolores de la vida. Gracias a ella el cristiano, hasta en las horas más oscuras, tiene paz en su corazón. Me atrevería a decir que la alegría cristiana es el corazón de la esperanza. Hoy preguntémonos: ¿Soy un cristiano alegre?”.

Acojamos la luz de Cristo y seamos portadores de ella 

“Hoy -continuó diciendo nuestro Pastor- meditamos en el impresionante milagro realizado por Jesús de la curación de un ciego de nacimiento (ver Jn 9, 1-41). Impresionante porque nunca antes se había visto y oído que alguien realizara un milagro semejante. El milagro es narrado por San Juan en apenas dos versículos, porque la intención del evangelista es mostrarnos que la verdadera ceguera es la soberbia, la vanidad y el orgullo, aquella que tienen los fariseos y los padres del ciego, que no les permite descubrir el misterio de quién es Jesús. En cambio, el ciego de nacimiento pasa de las tinieblas a la luz, no sólo de la oscuridad a la luz física, sino a la luz espiritual, a la luz interior, aquella que da la fe en el Señor: «¿Crees tú en el Hijo de Dios? Él le respondió: Señor, ¿y quién es, para que crea en él? Jesús le dijo: «Pues ya lo has visto, y es el que habla contigo. Y él dijo: Creo, Señor. Y lo adoró». Este pasaje evangélico nos debe animar a desear la luz de la fe en Cristo, porque en nuestra vida cotidiana no debemos decidir sólo a partir de las apariencias humanas, de los factores económicos, de las ideologías, de los elementos externos y superficiales. Más bien debemos dejar que los criterios de la fe iluminen en profundidad nuestra vida y decisiones, como lo hacía Santa María. La fe nos permite vernos a nosotros mismos y a la realidad con los ojos de Dios, es decir con la Verdad. ¡Jesús es la Verdad! Acoger la luz de Cristo supone abandonar las luces falsas como la luz fría y presuntuosa de los prejuicios o la luz egoísta y ambiciosa del interés personal o de grupo. Acoger la luz de Cristo supone abrazar la verdad del Evangelio y dejar que ella transforme nuestras actitudes y acciones, para ser a partir de nuestra pequeñez, portadores de un rayo de la luz de Jesús en el mundo de hoy, oscurecido por tanta mentira y egoísmo”.  

“Quisiera concluir con una consideración final. El milagro acontece cuando después de untar barro en los ojos del ciego de nacimiento, éste obediente va a lavarse a la piscina de Siloé, que significa «Enviado». El barro alude a nuestra creación y el lavarse a la necesidad del Bautismo, porque el ser humano pecó, y al pecar cayó en muerte y en tinieblas. El pecado es oscuridad de muerte. El Bautismo que hemos recibido, y que ustedes hermanos catecúmenos recibirán en la Vigilia Pascual, es lavarse en el misterio pascual de Jesús y así pasar de las tinieblas a la luz, del pecado a la gracia y de la muerte a la vida. Vuelvo a insistirles a los padres de familia a que bauticen a sus hijos cuanto antes y a que no dilaten este sacramento por mucho tiempo en sus vidas. Confiemos a la Virgen María nuestro camino cuaresmal para que nosotros, como el ciego de nacimiento curado, podamos con la gracia de Cristo, venir a la luz y renacer a una vida más santa”, expresó Monseñor Eguren.

domingo 31 marzo, 2019