“QUE CADA CONFESIÓN NOS MOTIVE A SER MÁS SANTOS Y MÁS FIELES”

Arzobispo preside Santa Misa en la Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

07 de julio de 2019 (Oficina de Prensa).- Nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., presidió la Santa Misa en el séptimo día de la novena en honor a la Virgen del Perpetuo Socorro en su Santuario en nuestra ciudad. El tema desarrollado durante la novena de este año es “Con María en el corazón para una buena confesión”. La eucaristía fue concelebrada por Monseñor José Ignacio Alemany Grau, C.SS.R., Obispo emérito de Chachapoyas y por el R.P. Roque Machado, C.SS.R., Rector del Santuario y superior de la comunidad de los Padres Redentoristas en Piura. Participaron también gran número de fieles devotos y los miembros de la archicofradía de la Virgen del Perpetuo Socorro.

Durante su homilía, nuestro Pastor manifestó: “Quiero expresar mi gratitud a los Padres Redentoristas porque desde su llegada a Piura, este Santuario se ha convertido en un centro importantísimo para administrar el sacramento de la confesión a todo aquel que lo necesita. Este sacramento nos permite restablecer la comunión con Dios en nuestras vidas y recuperar la gracia perdida a causa de nuestros pecados. El evangelio de hoy (ver Lc 19, 1-10) que nos relata la conversión de Zaqueo enlaza hermosamente con el tema que se viene meditando en esta novena. Queridos hermanos, todo pecado por más íntimo que parezca siempre tiene consecuencias sociales. Por ello, tras confesarnos hagamos el firme propósito de no pecar más, de llevar una vida más santa y más fiel a Jesús. Ahí está la importancia de la penitencia para reparar ese daño que hemos provocado al ofender a Dios, a nosotros mismos y a los hermanos. La penitencia que el confesor nos da en nombre del Señor es siempre un acto de justicia, por ello hay que cumplirla con devoción y amor a Dios, y si algún daño hemos hecho a los demás debemos repararlo, así como lo hizo Zaqueo”.

“Pero además seamos generosos y vayamos más allá. Hagamos alguna obra de caridad o misericordia, alguna mortificación que nos lleve a purificar nuestros pecados para poder así llegar al cielo. Ese acto de renuncia ofrezcámoslo con amor por el perdón de nuestras faltas. Y cada vez que terminemos una confesión digamos: «me arrepiento de estos pecados, de los que pudiera haber confesado mal, de los que pudiera haberme olvidado y de todos los de mi vida pasada». En los peores momentos de nuestra vida, sobre todo cuando pecamos gravemente, recurramos a María para que Ella interceda por nosotros ante su Hijo Jesús y nos alcance su favor. La Virgen del Perpetuo Socorro está siempre ahí para escuchar nuestras súplicas y oraciones. Ella se alegra muchísimo cuando con humildad nos acercamos al confesionario a recibir la absolución que nos da el mismo Cristo en la persona de su sacerdote. Cada vez que haya necesidad acudamos confiados al sacramento de la reconciliación porque la misericordia de Dios es infinita, Él nunca se cansa de perdonarnos, no nos cansemos de pedir perdón y seamos también misericordiosos como el Señor lo es con nosotros», concluyó Monseñor Eguren.

domingo 7 julio, 2019