ORACIÓN PATRIÓTICA CON OCASIÓN DEL 196° ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

26 de julio de 2017 (Oficina de Prensa).- Con ocasión de celebrarse el 196° Aniversario de la Independencia del Perú, los fieles piuranos participaron de la Santa Misa y Te Deum en la Basílica Catedral de nuestra ciudad, donde ofrecieron sus plegarias y súplicas por el país. La celebración eucarística estuvo presidida por Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura y concelebrada por varios sacerdotes de la Arquidiócesis. También se contó con la asistencia de las más altas autoridades políticas, civiles y militares de la Región.

Al finalizar la Santa Misa con gran júbilo y expresando gran amor por el Perú, todos los presentes entonaron a viva voz el Himno Te Deum y las sagradas notas de nuestro Himno Nacional, acompañados por la Banda de Músicos de las Fuerzas Armadas del Perú.

A continuación les ofrecemos el texto completo de las palabras que pronunció nuestro Arzobispo en esta importante ocasión:

ORACIÓN PATRIÓTICA 

CON OCASIÓN DEL 196º ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ

En vísperas de celebrar el 196° aniversario de nuestra Independencia Nacional, a escasos cuatro años del bicentenario, nos reunimos esta mañana para rezar eucarísticamente por nuestra amada Patria el Perú, con el deseo que esta celebración nos haga más fuertes en el camino de libertad y unidad emprendido por nuestros mayores. Igualmente les expreso a todos ustedes mi cordial saludo y mis mejores deseos de unas felices Fiestas Patrias, así como mi cercanía, oraciones y apoyo constante.   

Los damnificados no pueden esperar más

La celebración de este aniversario patrio, nos encuentra a los piuranos, padeciendo aún los estragos del reciente Fenómeno del Niño Costero. Por eso deseo que esta Eucaristía nos una en primer lugar a los que aún están hambrientos y sedientos, a los que han perdido sus viviendas, cosechas y ganados, a las víctimas del dengue y otras enfermedades, a las familias que perdieron algún ser querido durante las lluvias e inundaciones, así como a los miles de piuranos damnificados que a pesar de la dura prueba vivida no han perdido la esperanza ni la alegría de vivir gracias a su profunda fe cristiana. Todos ellos llevan aún el duro peso de situaciones límites. Son como Cristo crucificado, los hijos más “llagados” de Piura, y por tanto el motivo principal en estos momentos de nuestro servicio como autoridades, para que trabajando sin desmayo hagamos todo lo posible por aliviarlos en sus necesidades y evitemos que una nueva calamidad climática en nuestra Región, los condene nuevamente a sufrir la inseguridad, el hambre, la insalubridad, y la tragedia de la pérdida de sus seres queridos y de sus bienes materiales.

Desde aquí hago un llamado a todos para que unidos trabajemos con inteligencia, honestidad, rapidez y vigor en las tareas de prevención y reconstrucción que necesita y merece Piura. Si bien recientemente se han dado algunos alentadores anuncios, el Gobierno Central debe comprender que no podemos aguantar más y que debe transferir a la brevedad los recursos suficientes, y no a cuenta gotas, para que se puedan ejecutar las obras que Piura necesita, porque cuando hay una tragedia como la que hemos sufrido, ella no se limita simplemente a pérdidas materiales o de infraestructura, sino que tiene rostros y nombres, historias de sufrimientos de familias y de personas, de compatriotas y conciudadanos. Los damnificados de nuestra Región no pueden esperar más.

Los peligros de la desunión, la corrupción y la ideología de género

En mi Carta por Semana Santa, escrita en plena emergencia, hacía mención que de toda el agua y el barro que recibimos, algo bueno había surgido entre los peruanos y los piuranos: la unidad, expresada en el amor, el servicio, y la solidaridad de miles que salieron a socorrer, acoger, atender y auxiliar a sus hermanos en necesidad, porque la caridad de Cristo nos urgía (ver 2 Cor 5, 14). Era confortador y esperanzador ver esta conducta en miles de hermanos y hermanas nuestros a todo lo largo y ancho del territorio nacional. Pero de un tiempo a esta parte pareciera que hemos vuelto al viejo vicio de siempre: la desunión entre los peruanos y los piuranos.

Nuevamente la sombra de este mal parece habernos envuelto y vuelven a surgir los ataques y recriminaciones, el partidismo y los intereses particulares y de grupo, el oportunismo y el afán de lucro. En vez de continuar dándonos la mano, como hicimos en aquellos dolorosos meses, ahora hemos vuelto a darnos la espalda. En vez de continuar haciendo realidad el ideal de la Independencia, “Firme y Feliz por la Unión”, hemos cedido el paso, en el Perú y en Piura, al enfrentamiento, y no hay nada más doloroso que ello.    

A la desunión hay que añadir que se ha fortalecido el mal de la corrupción, un mal que ha alcanzado hasta las esferas más altas del poder político nacional. Sobre la corrupción, el Papa Francisco nos dice esta dura pero clara verdad que lamentablemente describe perfectamente los actuales y dramáticos momentos por los que atraviesa el Perú: “Esta llaga putrefacta de la sociedad es un grave pecado que grita hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social…destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres. Es un mal que se anida en gestos cotidianos para expandirse luego en escándalos públicos…La corrupción es una obstinación en el pecado, que pretende sustituir a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder. Para erradicarla de la vida personal y social son necesarias prudencia, vigilancia, lealtad, transparencia, unidas al coraje de la denuncia. Si no se la combate abiertamente, tarde o temprano busca cómplices y destruye la existencia”.[1]

Para desterrar la corrupción, nos hace falta redescubrir que nos necesitamos los unos a otros; que cada uno de nosotros tiene una responsabilidad por el hermano, especialmente por el más pobre y necesitado, porque cuando se pierde esa perspectiva de destino común que nos hermana, los intereses particulares, unidos al interés económico, llegan a prevalecer sobre el bien común y sobre el poder entendido como servicio.    

Cuando estudiábamos en el colegio el curso de cívica, que cuánto bien haría que volviese a restablecerse plenamente en la currícula educativa, se nos enseñaba a hablar de la “Madre Patria”, a amar a la “Madre Patria”. Aquí precisamente se enraíza el sentido patriótico de pertenencia que se despierta en nosotros cada año en el mes de julio: el amor a la “Madre Patria”. En el Perú cuando queremos describir a una persona inescrupulosa y corrupta solemos usar una frase atrevida y dura: “Éste es capaz de vender a su propia madre”. Esto es lo que hacemos cuando se cae en un acto de corrupción: vendemos a la “Madre Patria”. Que la celebración de un nuevo aniversario patrio nos haga sentir en el corazón que así como a nuestra madre no se la pueda vender, tampoco a la “Madre Patria”.

Otro mal que veo fortalecerse peligrosamente en nuestro país, es la imposición de la ideología de género y con ello el debilitamiento de la verdad de la persona humana y de la familia. A nivel educativo sigue presente la amenaza de la ideología de género en la nueva currícula de educación básica autorizada por el Ministerio de Educación.

Los Obispos del Perú hicimos pública nuestra preocupación sobre ello a través de un comunicado el pasado 23 de enero, donde pedimos retirar la ideología de género del currículo escolar, que dicho sea de paso es rechazado por la inmensa mayoría de los padres de familia, primeros responsables de la educación de sus hijos, y quienes nunca fueron consultados al respecto. 

Como bien alerta el Papa Francisco, la ideología de género, “niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Ésta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo. Es inquietante que algunas ideologías de este tipo, que pretenden responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles, procuren imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños. No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos creaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”.[2]

Queridos hermanos y hermanas: la ideología de género es la pretensión arrogante del hombre moderno de querer ser pura autonomía, de querer “crearse” a sí mismo y ser “dios”, y esto es metafísicamente imposible, ya que el hombre, al pretender emanciparse de su cuerpo, de su esfera biológica, acaba por destruirse a sí mismo. La persona humana no puede inventarse a sí misma.

Sin una reconstrucción moral la material será imposible

Por adelante nos espera la ardua tarea de la reconstrucción de Piura. Pero así como hay que reconstruir carreteras, viviendas, puentes, centros de salud, colegios, limpiar cauces de ríos y canales, recuperar el agro, construir represas, hacer realidad el Alto Piura, etc., urge antes que nada reconstruir la conciencia moral en las personas y sobre todo en la política peruana donde los escándalos se suceden día a día sin parar. Apremia reconstruir en nosotros y entre nosotros, la unidad, la honestidad, la laboriosidad, la justicia, la predilección por los pobres, el poder entendido como servicio al prójimo, y la pasión de trabajar por el bien común que abarca el conjunto de aquellas condiciones de la vida social, con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección. Sin esta reconstrucción moral, la material será imposible o en el mejor de los casos sus frutos serán escasos.

En su camino al Bicentenario de su Independencia, el Perú tiene como nación, no sólo la meta de un desarrollo económico o tecnológico, o la reconstrucción material, o el resolver el problema de la seguridad ciudadana, etc., sino sobre todo fortalecer la moral del hombre y de la mujer peruanos, pues sin riqueza moral y humana de poco o nada sirve la riqueza económica. Nunca hay que olvidar que la nación está formada por personas y que éstas son su mayor patrimonio.

En orden a fortalecer la moral del hombre y la mujer peruanos, hay que defender y afirmar la dignidad de cada persona humana creada a imagen y semejanza de Dios; su derecho inalienable a la vida desde la concepción hasta su fin natural, así como el reconocimiento de su dignidad trascendente y por ende su derecho humano a la libertad religiosa. Hoy en día se hace necesario liberar a la persona humana de visiones reduccionistas, inmanentistas, positivistas, o ideológicas que buscan instrumentalizarla por intereses políticos y económicos. Sólo de esta verdad surge una auténtica educación porque educar no es simplemente instruir, es participar en la verdad y en el amor, es crecer en el orden del ser. Sólo de esta verdad surge un trato humano para nuestros enfermos en el sistema de salud, que hay que decirlo con claridad, es un desastre y no da para más. El Ministerio de Salud no puede demorar más la atención que requiere el sector salud de Piura y debe asignar los recursos y medios que necesitan nuestros médicos, enfermeras, hospitales y centros de salud para una digna atención de nuestros enfermos.        

Asimismo en orden a fortalecer la moral del hombre y la mujer peruanos, no me cansaré en insistir que hay que dar una atención prioritaria a la familia, célula primera y base de la sociedad, institución natural basada en el matrimonio, que es la unión íntima y complementaria de un hombre y una mujer. Hay que defender a la familia porque ella lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad. Es en ella donde se forman los ciudadanos así como los creyentes. Sin familia no hay desarrollo social. El papel especialísimo de la familia es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz y de desarrollo integral. Por ello toda amenaza a la familia es una amenaza para la propia sociedad.[3] La familia debe ser defendida y protegida por el Estado, como lo establece nuestra Constitución en su Art. 4, y no desamparada o lo que es peor, atacada y desestructurada con falso modelos familiares ideológicos alternativos que nada tienen que ver con su verdad natural.

Queridos hermanos y hermanas: en esta celebración de nuestra Independencia, cercano el Bicentenario, pido a Dios, nuestro Padre y Señor, que bendiga a nuestra Patria, que nos bendiga a todos nosotros aquí en Piura. A Nuestra Señora de las Mercedes, nuestra querida Mechita, como Madre nuestra que es, le pido que nos cuide y guíe en nuestro camino, porque, “donde está la Madre, los hermanos se podrán pelear pero siempre triunfará el sentido de unidad. Donde está la Madre, no faltará la lucha a favor de la fraternidad”.[4]

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 26 de julio de 2017
Memoria de San Joaquín y Santa Ana

Padres de la Santísima Virgen María

 

 

[1] S.S. Francisco, Bula Misericordiae Vultus, 11-IV-2015.

[2] S.S. Francisco, Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia, n. 56.  

[3] San Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1994; 01-I-1994.

[4] S.S. Francisco, Homilía en la Misa de Nuestra Señora de Guadalupe en el Vaticano, 12-XII-2016.

 

Miércoles 26 Julio, 2017