ORACIÓN PATRIÓTICA EN EL DÍA DE LA BANDERA 2017

07 de junio de 2017 (Oficina de Prensa).- A continuación publicamos la Oración Patriótica que el Señor Arzobispo Metropolitano de Piura pronunciara el día de hoy en la Ceremonia por el Día de la Bandera:

ORACIÓN PATRIÓTICA
EN EL DÍA DE LA BANDERA

Quisiera que el día de hoy, todos hagamos un ejercicio de imaginación. Que con ella volemos a la eternidad para ser testigos de una singular reunión y diálogo entre los héroes de Arica.

En la Casa de la Respuesta ubicada en la Gloria del Cielo, el Coronel Francisco Bolognesi Cervantes, héroe nacional y patrono ínclito de nuestro glorioso Ejército del Perú, se pasea por su sala principal, tocándose pensativo su frondosa barba. Después se dirige a su edecán de turno y le ordena: “Teniente, hoy es 7 de junio, se cumple un aniversario más de nuestra inmolación en la infausta Guerra del Pacífico, ordene al corneta que llame a reunión a todos los jefes y oficiales de la guarnición de Arica”. El joven oficial responde presto: “A la orden mi Coronel”. Inmediatamente el clarín hace sonar sus nítidas y fuertes notas llamando a reunión, y uno a uno comienzan a llegar con rapidez y resolución los bravos de Arica.

El primero en entrar a la sala es el Capitán de Navío Juan Guillermo More, al que le siguen los coroneles José Joaquín Inclán, Justo Arias y Aragüez, Marcelino Varela, Alfonso Ugarte y Mariano Emilio Bustamante; los tenientes coroneles Manuel Camilo de la Torre, Ricardo O’Donovan, Francisco Cornejo, el argentino con corazón peruano Roque Sáenz Peña, Ramón Zavala, Juan Ayllón,  Medardo Cornejo Vargas, Benigno Cornejo, Francisco Chocano y el capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino, comandante del monitor Manco Cápac, que más que un buque de guerra era a la sazón una batería flotante en Arica. Al estar todos juntos en la sala en torno a su Jefe, resonó al unísono una sola voz que hizo retemblar las paredes y llamó la atención de los ángeles: “Presente, mi Coronel”.

Bolognesi después de mirar detenidamente con afecto, admiración y amistad a cada uno de sus oficiales y compañeros de armas, toma entonces la palabra y con la firmeza propia de un curtido militar de carrera les dice: “Caballeros, os he convocado esta mañana en que se celebra un nuevo aniversario de la Batalla de Arica, para en primer lugar expresarles una vez más mi eterna gratitud por haberme dado hace 137 años atrás vuestro respaldo unánime frente al parlamentario chileno que exigía nuestra rendición. Gracias a vuestro decidido apoyo pudimos cumplir cabalmente con los sagrados deberes que la Patria nos había confiado y pelear sin rendirnos hasta quemar el último cartucho. La victoria pudo haber sido chilena pero el heroísmo sin lugar a dudas fue peruano. Algunos de ustedes, muy pocos, sobrevivieron al desigual combate para contar después la verdad de los hechos. ¡Gracias mis valientes! ¡Gracias por vuestra bravura y coraje! Pero sobretodo los he convocado esta mañana para que podamos comprobar si la lección de sacrificio, de unidad, y del deber cumplido que dimos al Perú, ha calado hondo en los miembros de nuestro glorioso Ejército y en nuestras Fuerzas Armadas y Policía. Como ustedes bien lo recuerdan, Tacna ya había caído y estábamos rodeados por un enemigo superior en número y equipamiento. Aquel 7 de junio de 1880, -prosiguió Bolognesi- nos enfrentamos a 6,500 hombres perfectamente adiestrados y equipados. Nosotros éramos apenas 1,600 peruanos muchos de ellos sin instrucción militar, mal pertrechados, con escasas municiones, sin caballería, con artillería insuficiente, sin posibilidad de recibir ayuda y con rudimentarias barricadas de defensa. Como bien sabéis aquel aciago día murieron junto conmigo y muchos de ustedes, la mayoría de nuestros soldados, sea peleando o fusilados después de la Batalla. Con nuestra sangre teñimos de rojo el Morro de Arica, pero al Perú lo cubrimos para siempre con una lección imperecedera de honor y de amor”. Continuando con su alocución, Bolognesi agregó: “La lógica hacía inútil nuestra resistencia y aconsejaba la rendición. Si no nos rendimos fue para dar una lección de amor al país hasta el sacrificio total, lección que contribuyera en el futuro a la formación del carácter nacional, para enseñarles a nuestros compatriotas a jamás claudicar, a nunca rendirse frente a la adversidad por grande que sea el desafío o el problema a enfrentar, y sobre todo para que los peruanos dejemos para siempre de lado la improvisación que tanto daño nos hace”. Ante estas palabras todos los presentes manifestaron su aprobación golpeando con sus botas el piso. Entonces el coronel Alfonso Ugarte, el joven tarapaqueño quien con su propio patrimonio formó el Batallón Iquique N° 1 de la Guardia Nacional, y se lanzara de las alturas del Morro para impedir que el Pabellón Nacional cayera en manos enemigas, dice: “Si me lo permite mi Coronel, Jorge Basadre, el gran historiador de nuestra vida republicana, comprendió muy bien lo que usted acaba de decir, y por ello en su Historia de la República escribió con gran acierto de nosotros: “Con su sacrificio los defensores del Morro nos han dado ese aliento misterioso que debe acerar nuestra alma colectiva para enfrentar las dificultades”.

Ante lo dicho todos los presentes como lo hicieran hace 137 años atrás repitieron unánimemente a una sola voz con el corazón henchido de amor por el Perú: “¡Sí mi Coronel, porque cuando menos sea nuestra fuerza, más animoso debe ser nuestro corazón!”. “En fin, camaradas, -prosiguió Bolognesi- hay tantos recuerdos e historias que compartir. Gracias a Dios tenemos toda la eternidad para ello. Pero les reitero la razón de mi llamado: ver si nuestro ejemplo ha calado hondamente en los que hoy visten el uniforme de nuestra Patria”. Ante la inquietud de su Jefe, el Coronel José Joaquín Inclán, quien condujera en la batalla valerosamente a sus tropas en fiero combate cuerpo a cuerpo resistiendo hasta el  último hombre el asalto de dos regimientos chilenos en el punto fortificado de Cerro Gordo en el Morro de Arica, toma la palabra y dice: “Mi Coronel Bolognesi, debe usted estar enterado de la desgracia que recientemente sufrió el norte del Perú y en particular Piura, la tierra muy querida de nuestro Gran Almirante, don Miguel Grau Seminario. Cómo las lluvias e inundaciones han afectado la vida de miles de compatriotas nuestros dejando destrucción y numerosísimos damnificados a su paso”. “Sí -replicó Bolognesi- he tenido conocimiento de ello, una pena y un gran dolor, pero sabrán levantarse de esta prueba más fortalecidos y unidos que nunca porque al fin y al cabo son peruanos y herederos de Grau”. A lo que Inclán añadió: “He recibido informes fehacientes que los miembros de nuestras Fuerzas Armadas presentes ahí, compuestas por la I División de Ejército, la I Zona Naval y el Ala Aérea N° 1, junto con la Policía Nacional, éstos últimos siguiendo el gran ejemplo de Mariano Santos Mateo, el valiente de Tarapacá, han cumplido con sus deberes con notable altruismo, nobleza y profesionalidad”. “Qué bien Inclán, -sentencia Bolognesi- pero por favor cuéntenos más detalles”. “Pues bien -añade el patrono del Arma de Artillería de nuestro Ejército-, en el momento en que la desgracia más se ensañó con la cálida y acogedora Piura, nuestros soldados, marinos, aviadores y policías, no tuvieron reparo en arriesgar sus vidas como nosotros lo hicimos, con un alto grado de generosidad y nobleza, sólo explicable por su gran amor al Perú. Todos ellos, oficiales, personal subalterno y de tropa, e incluso en algunas ocasiones sus mismas esposas, como nuevas y valerosas mujeres tacneñas o tarapaqueñas, se multiplicaron en las más diversas y riesgosas misiones que pudiéramos imaginar, rescatando, evacuando, alimentando, sanando, transportando, y dando seguridad a miles de compatriotas damnificados. Llegando hasta el extremo de su resistencia, han dado una lección de patriotismo al Perú y a Piura”.

Justo Arias y Aragüez, quien combatiera en la defensa del fuerte Ciudadela, el cual recibió la primera acometida de las fuerzas chilenas y quien muriera heroicamente por una descarga de fusilería, terció en el diálogo, diciendo: “Lo que Inclán dice es cierto mi Coronel. Pero debo de añadir que hoy en día nuestras Fuerzas Armadas cuentan con una nueva Arma que ya hubiéramos querido tener nosotros en 1880. La llaman Fuerza Aérea, la Fuerza de todos los Peruanos. Siguen el ejemplo e inspiración de su Patrono, un joven Capitán de nombre José Abelardo Quiñones Gonzáles, quien en un conflicto con el Ecuador entregó heroicamente su vida en Quebrada Seca. Si hubiéramos tenido uno solo de sus aviones o helicópteros otro hubiera sido el resultado de nuestra batalla en el Morro”. A lo informado por Arias y Aragüez, el Capitán de Fragata José Sánchez Lagomarsino, comandante del Monitor Manco Cápac, quien el día previo a la Batalla de Arica respondiera a los fuegos de los buques chilenos impactando con los cañones de su viejo monitor al blindado Cochrane, provocándole severos daños y algunas bajas, así como a la goleta Covadonga, produciéndole averías en su línea de flotación dejándola fuera de combate añadió: “Si me permite mi Coronel, la Marina de Guerra del Perú, no se ha quedado atrás, y con gran destreza ha cumplido con su deber siguiendo el ejemplo del Gran Almirante don Miguel Grau Seminario, llevando ayuda y asistencia a muchos piuranos con un nuevo buque de aprovisionamiento de combate llamado Tacna, que si la armada chilena lo hubiese visto en Arica hubiera huido despavorida”.

“Compañeros, me alegra escuchar todo lo que cuentan -replicó Bolognesi- ello es señal que nuestro sacrificio no fue en vano, y que hemos logrado encender en el corazón de los que hoy visten el uniforme de nuestra Patria el mismo espíritu de amor y sacrificio que nos llevó a dar la vida por el Perú. Qué satisfacción da saber que son nuestros dignos herederos, y que hoy honran con sus vidas los ideales que nosotros profesamos hasta la muerte, y que lo hacen con pundonor y coraje. Qué consuelo y alegría da saber que cuando cada 7 de junio, inspirados por nuestra entrega se reúnen en torno a la Plaza que lleva mi nombre pero que en realidad nos representa a todos nosotros, el juramento de fidelidad que elevan al Pabellón Nacional, no son meras palabras que se las lleva el viento, sino palabras que salen de lo hondo de un corazón comprometido con el Perú, que está dispuesto a entregarse para que nuestra Bandera, Roja por la sangre de nuestros héroes, y Blanca por la santidad de nuestros santos, flamee siempre digna, soberana y hermosa en nuestro suelo”, concluyó Bolognesi.

Visiblemente emocionado el venerado Jefe de Arica dijo: “Ugarte”, -a lo que el joven tarapaqueño respondió-, “Sí, mi Coronel”. ¿Esta noche nos ofrecerá una cena como lo hizo en el Morro en lo que la historia hoy conoce como el Juramento de los Héroes?”. “Sin duda mi Coronel”. Sí, Ugarte, hágalo, porque tenemos mucho que celebrar en especial el haber constatado con satisfacción que 137 años después de nuestra inmolación, los que hoy visten el uniforme de la Patria no sólo no nos han olvidado sino que viven nuestras mismas tradiciones e ideales.  

Bolognesi indicó a su edecán que se repartiese a cada uno de sus Jefes y Oficiales una copa de vino y cuando cada uno tuvo la suya en su mano dijo alzando la suya: “Caballeros propongo un brindis: por nuestra I División de Ejército, por nuestra I Zona Naval, por nuestra Ala Aérea N° 1, por nuestra Policía Nacional de la Macro Región Policial Piura y Tumbes, por los hombres y mujeres que las componen. Por la total dedicación que han mostrado durante los meses del Fenómeno del Niño Costero. Por el amor al Perú y al prójimo que han manifestado inspirados en nuestra común fe cristiana. Por su entrega, hecha con sacrificio, honor y nobleza. Salud, Señores”. “Salud mi Coronel”, -replicaron al unísono todos los presentes, llamando nuevamente la atención y suscitando la admiración de los ángeles.  

Y ahí en la Casa de la Respuesta ubicada en la Gloria, se quedaron conversando y compartiendo, unidos en franca amistad los Héroes de Arica, aquellos valientes que un día como hoy hace 137 años entraron en la gloria para toda la eternidad, para desde ahí inspirarnos por siempre con su ejemplo de que al Perú se le ama, se le sirve, y se le entrega gustoso la vida.  

San Miguel de Piura, 7 de junio de 2017.
Día de la bandera

Miércoles 7 Junio, 2017