ORACIÓN PATRIÓTICA CON OCASIÓN DEL LXXVIII ANIVERSARIO DE LA INMOLACIÓN DEL CAPITÁN FAP. JOSÉ ABELARDO QUIÑONES GONZALES

21 de julio de 2019 (Oficina de Prensa).- Nuestro Arzobispo Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., pronunció la mañana de hoy una oración patriótica durante la Santa Misa con ocasión del 78° Aniversario de la inmolación del Capitán FAP don José Abelardo Quiñones Gonzales y Día de la Fuerza Aérea del Perú. La Eucaristía se celebró en la Basílica Catedral de nuestra ciudad y fue concelebrada por el R.P. Felizardo Arrascue, Capellán de la Fuerza Aérea en Piura.

Estuvieron presentes en la celebración el Gobernador Regional de Piura, Dr. Servando García Correa, el Comandante General del Ala Aérea N° 1, General FAP José Antonio Martinelli Echegaray, el Jefe de Estado Mayor del Ala Aérea N° 1, Coronel FAP Leoncio Martín Cangahuala Allain y el Comandante del Grupo Aéreo N° 7, Coronel FAP Edar Echegaray Pacheco, acompañados de los comandantes generales de la Marina de Guerra y Policía Nacional en nuestra Región, así como los integrantes de la Legión de Honor Quiñones y las principales autoridades políticas, civiles, diplomáticas y universitarias de la Región Piura. Participaron también los oficiales, técnicos, suboficiales, personal de tropa y personal civil que forman parte de la Fuerza Aérea del Perú en Piura, así como las esposas de los oficiales FAP que integran la Asociación de Damas de la Virgen de Loreto.

A continuación publicamos la Oración Patriótica completa de nuestro Arzobispo:

LXXVIII ANIVERSARIO

DE LA INMOLACIÓN DEL

CAPITÁN FAP. JOSÉ ABELARDO QUIÑONES GONZÁLES

Según el célebre escritor e historiador de las ideas, Marcelino Menéndez y Pelayo, “un pueblo que no sabe su historia es un pueblo condenado a irrevocable muerte”. Lamentablemente hoy en día constatamos en el Perú que las nuevas generaciones de peruanos cada vez conocen menos nuestra historia y con ello viene una inexorable pérdida de civismo y patriotismo, de amor por la Patria y de capacidad de sacrificarse por ella. Para contrarrestar esta lastimosa situación es que nos hemos congregado esta mañana para hacer memoria patriótica de la heroicidad del Capitán FAP José Abelardo Quiñones Gonzales, el Héroe de Quebrada Seca y Gran General del Aire del Perú.

De Quiñones podemos afirmar lo que dice el libro del Eclesiastés: “Mejor es el día de la muerte que el día en que uno nace” (Qo 7, 1). Y es verdad. Su inmolación un día como hoy hace 78 años, fue su ingreso a la gloria y a la historia del Perú para siempre. Con sólo 27 años de edad supo reconocer el pedestal de héroe que el destino le ofrecía y sin dudarlo un instante tuvo el coraje y el mérito para subirse en él. De esta manera Quiñones le otorgaba a su querida Fuerza Aérea, el Héroe que hasta ese momento su institución no tenía, y cumplía con su palabra empeñada antes sus profesores y compañeros de la Escuela de Aviación, cuando un día en clases ante la observación de uno de sus maestros quien señalaba que la Fuerza Aérea del Perú carecía de un héroe nacional, el entonces cadete Quiñones se levantó raudo de su asiento y con voz enérgica dijo: “Presente”.

Todo en Quiñones apuntaba a que no sólo iba a ser un caballero y un gran oficial sino sobre todo un héroe, ya que su vida, desde su niñez hasta su sacrificio, está llena de actos de virtud y valor, como  por ejemplo, sus sueños de volar cuando jugaba con su cometa roja y blanca en su Pimentel natal, sus vuelos en planeador en su colegio San José de Chiclayo alentado por su director Karl Weiss, su admiración y entusiasmo por las hazañas de destacadas figuras de la aviación civil peruana como Jorge Chávez y Juan Bielovucic, su determinación por ingresar el año 1935 como cadete a la Escuela Central de Aviación “Jorge Chávez” integrando la promoción “Comandante José Lucas Raguz Verán” venciendo con determinación la inicial oposición de sus padres, su graduación como alférez cuatro años después de su ingreso el 21 de enero de 1939 con el primer puesto de su promoción en la especialidad de piloto de caza recibiendo en mérito a ello el “Ala de Oro”, el temerario vuelo invertido a casi un metro del suelo el día de su graduación, su maestría en el arte del paracaidismo cuando apenas se había creado esta unidad efectuando después de intensos entrenamientos una serie de saltos desde los cielos de Chiclayo. A todo ello se añadía que fue un alumno aplicado e inteligente, un gran atleta y deportista que destacó en las disciplinas de pelota vasca y básquetbol.  

Sí, todo apuntaba a que Quiñones sería un héroe, y que así llenaría de lauros de gloria a su querida Fuerza Aérea y a su Patria, el Perú. Pero el valor por sí solo no alcanza para ser héroe. La heroicidad requiere además de la amistad, del compañerismo, de la camaradería, porque cuando uno lucha en un conflicto armado, si bien lo hace por la Patria y por el honor, lo hace también por sus compañeros de armas, por formar parte de una familia hermanada con uno de los lazos más fuertes que existen: Los lazos de la sangre sellados bajo el fragor del combate, y Quiñones fue un extraordinario y leal amigo, un gran compañero de armas.

Uno de los que mejor describió esta virtud de nuestro Héroe fue el Técnico de Segunda CAP Carlos Raffo García, quien fuera el encargado del mantenimiento del avión de nuestro Héroe cuando nos dice: “La confianza que tenía hacia mi persona era tanta que me sentía en todo momento comprometido hasta con lo mínimo de mi trabajo, para que en ningún momento él se sintiera defraudado. «Cuando estoy allá arriba en las alturas, tengo dos motivos para sentirme firme y seguro de lo que hago…la mano de Dios y tus manos amigo», me decía…José Quiñones fue un magnífico aviador, una estupenda persona pero sobre todo un gran amigo…Mucha gente entrará y saldrá de tu vida, pero sólo los amigos verdaderos dejarán huellas en tu corazón. Porque es muy difícil encontrar un buen amigo…Más difícil todavía dejarlo, e imposible olvidarlo”.

Sí, para llegar a ser un héroe, el valor y el coraje requieren además de la amistad y de la hermandad.

Ciertamente José Abelardo Quiñones quería hacer de su vida algo grande, ansiaba realizar hazañas, soñaba y anhelaba intensamente con ser héroe, para así demostrar con sus actos su amor por el Perú y por sus hermanos, los peruanos. La vida de nuestro joven aviador militar es toda una motivación para nuestra juventud de hoy, tan amenazada por el individualismo y el consumismo imperantes, la mediocridad y el conformismo, las modas y los falsos ídolos del placer impuro, el tener y el poder, que de momento hinchan pero que jamás serán capaces de saciar el corazón humano hambriento de plenitud, una plenitud que sólo el amor a Dios Uno y Trino y a la Patria son capaces de colmar.     

Y así llegó en la vida de nuestro joven aviador militar el día de su ingreso a la Gloria. Con la misión de silenciar las baterías ecuatorianas para de esta manera abrir paso a las tropas peruanas en la que sería conocida como la Batalla de Zarumilla, el 23 de julio de 1941, la 41ª Escuadrilla perteneciente al XXI Escuadrón de Caza despegó de Tumbes al mando del teniente comandante CAP Antonio Alberti e integrada por los tenientes CAP Fernando Paraud y José Quiñones y el alférez CAP Manuel Rivera, a bordo de sus aviones de caza North American NA-50, que eran en aquel entonces las aeronaves militares más modernas con que contaba nuestra Fuerza Aérea. Quiñones había denominado a su apreciado avión con el indicativo de “Pantera”, animal que se caracteriza por su elegancia, su capacidad de rugir, su sigilo, su facilidad para escalar y sobre todo por ser buen cazador.

Pocos minutos después de la partida ya estaban sobre el objetivo e iniciaron el bombardeo del puesto ecuatoriano de Quebrada Seca. Cuando el aparato piloteado por el teniente Quiñones efectuó por segunda vez el descenso para lanzar sus bombas, fue alcanzado por el nutrido fuego antiaéreo ecuatoriano. En vez de saltar del avión y utilizar su paracaídas, en cuyo uso era muy hábil, Quiñones enrumbó su avión hacia el blanco ecuatoriano estrellándose, destruyendo las baterías enemigas y muriendo en el acto. Así hizo vida lo que el mismo había escrito en su artículo “Caza en Alerta”, publicado el año 1939 en el N° 45 de la revista “Aviación”: “El piloto de caza tiene el deber de llegar hasta el sacrificio”. Quiñones fue también fiel a la consigna de todo aviador militar: “Derribado, pero sobre el objetivo”.

Su heroísmo se ve engrandecido aún más por el hecho de que apenas diez días antes de la ofrenda de su vida por el Perú, Quiñones, en un gesto audaz, remitió una urgente carta al Jefe de Estado Mayor del Frente de Guerra, el entonces Teniente Coronel Manuel Odría, quien llegaría a ser posteriormente Presidente del Perú, en la que solicitaba con fundamentos por qué no debía ser transferido a Chiclayo como se le había ordenado, sino que debía quedarse como piloto de combate en la frontera con su moderna aeronave.

Su solicitud fue aceptaba y el apasionado joven chiclayano tuvo su oportunidad de realizar su ardiente aspiración de servir a su Patria hasta el extremo, como él mismo lo escribió al final de su carta al Teniente Coronel Odría.

El aviador peruano que de niño jugaba y soñaba con su cometa y volaba planeadores, llegó a la gloria y se convirtió para siempre en el modelo acabado de todo lo que un aviador militar peruano puede ser y debe llegar a ser.

Si bien en la victoria de 1941, el Ejército, la Marina y la Policía jugaron un rol fundamental, fue el arma de la aviación militar la que jugó un rol decisivo para la victoria. Por eso no nos cansaremos de pedirle a los gobiernos de turno que no descuiden a nuestra Fuerza Aérea dotándola de aquellos aviones y equipos que ella necesita para poder cumplir cabalmente con su misión de defender al Perú de sus amenazas, proteger sus legítimos intereses, contribuir a garantizar su independencia, soberanía e integridad territorial, así como contribuir al bienestar general de la Nación en acciones de control del orden interno y de apoyo a su desarrollo integral. No hay que olvidar que Quiñones era piloto de caza y esta unidad está hoy en día muy descuidada por nuestros gobernantes.  

Frente al absurdo enfrentamiento entre peruanos que vemos con frecuencia en estos tiempos, me pregunto: ¿Cuándo por fin honraremos la memoria de Quiñones y la de nuestros santos, próceres y héroes trabajando unidos por construir un Perú justo, próspero y reconciliado? ¿Es que la sangre derramada con tanto amor por peruanos como Quiñones no significa nada y es sólo ocasión para homenajes llenos de palabras vacías y de promesas que se incumplen? ¿Cuándo comprenderemos, como exclamaba San Martín de Porres, que somos hermanos y que debemos amarnos los unos a los otros según el modelo de vida que nos dejó Jesús?

Ya es hora, y la hora apremia a dos años del Bicentenario de nuestra Independencia, de cultivar un amor más intenso y puro por el Perú, y como Quiñones, poner al Perú primero y trabajar por el engrandecimiento de nuestra Patria, poniendo especial énfasis en atender con solicitud a los todos los peruanos especialmente a los más pobres, vulnerables y necesitados que deben ser el objeto de nuestro amor preferencial.

Pero si la desunión es uno de los grandes males que nos aqueja a los peruanos, el pesimismo es el otro gran enemigo a vencer. Por eso con el apoyo de las enseñanzas de la historia derrotémoslo haciendo memoria de la gente que creyó en el Perú, trabajaron por él, y como Quiñones, también murieron por él, y de esta manera nos dejaron con sus vidas la convicción de que el Perú, a pesar de sus limitaciones, es fruto de una historia digna y respetable y que nuestra Patria tiene toda las capacidades y potencialidades de llegar a ser una Nación aún más grande dentro del actual contexto mundial.

Para que ello suceda se necesita también rechazar aquellas visiones ideológicas que amenazan con destruir la verdad de lo nuestro, es decir nuestra identidad cultural. Hoy en día hay que trabajar fuertemente por defendernos de estas agresiones ideológicas y por consolidar aquello que llamamos “Peruanidad”, la cual posee profundas raíces cristianas, porque el cristianismo ha sido y es el gran factor de nuestra unidad nacional.

No quiero concluir estas palabras sin rendir homenaje a nuestra Fuerza Aérea por haber cumplido este año cien años de existencia. Fue el Presidente de la República, Don José Pardo y Barreda, quien creó mediante Decreto Supremo del 28 de enero de 1919, el Servicio de Aviación, como soporte indispensable en las actividades emergentes de la aviación regional. Posteriormente en 1929 la institución cambió de nombre a Cuerpo de Aviación del Perú y en 1936 a Cuerpo Aeronáutico del Perú. Finalmente el 18 de julio de 1950 se constituye la Fuerza Aérea del Perú, nombre que mantiene hasta nuestros días. Desde hace cien años la participación de la aviación en la vida nacional ha tenido un papel protagónico en la defensa nacional y en actividades de responsabilidad social y desarrollo integral. Nuestro homenaje a los aviadores de ayer y de hoy.

Asimismo no puedo dejar de mencionar con emoción que no hace mucho el actual Comandante General de la Fuerza Aérea del Perú ha entregado a la Escuela de Oficiales de la FAP, a la Casa Museo “Quiñones” de Puerto Pimentel en Chiclayo, y al Museo Aeronáutico del Perú ubicado en el Castillo Rospigliosi de la ciudad de Lima, el legajo que contiene los documentos históricos probatorios de los brillantes hitos en la carrera militar de Quiñones, así como de su carácter valiente y sacrificado, para que de esta manera las nuevas generaciones de aviadores no olviden nunca quienes son, de qué estirpe vienen, y puedan vivir con pasión su vocación aeronáutica y proyectarse con confianza al futuro.

El ejemplo de Quiñones no ha sido en vano. Su estela indeleble ha sido seguida por muchos aviadores de nuestra Fuerza Aérea en estos 78 años. Por citar algunos nombres ahí están los héroes del Cenepa, el Coronel Schenone, el Coronel Maldonado, el Comandante Caballero, el Mayor Phillips, el Mayor Alegre, el Capitán Vera y el Técnico Díaz, y con ellos los aviadores de la paz caídos en el VRAEM, los comandantes Vejarano y Sánchez, y el Técnico de Segunda Caicedo entre otros. Así como los hacemos con Quiñones debemos honrarlos permanentemente porque con su heroísmo nos han dado la paz. Que Nuestra Señora de Loreto, Madre y Reina de los aviadores, los tenga muy cerca de su Divino Hijo Jesús en la gloria del Cielo, y que Ella derrame abundantes bendiciones sobre nuestra Fuerza Aérea, sus miembros y sus familias.

¡Honor y gloria al Capitán FAP José Abelardo Quiñones!

¡Honor y gloria a la Fuerza Aérea del Perú!

¡Honor y gloria a nuestra Patria: el Perú!

 

San Miguel de Piura, 23 de julio de 2019
Día de la Aviación del Perú

domingo 21 julio, 2019