MENSAJE DEL ARZOBISPO DE PIURA POR EL DÍA DE LA MADRE

En el Día de la Madre, hago llegar a todas las madres de Piura y Tumbes mi cariñoso saludo así como mis oraciones por su bienestar e intenciones. Gracias queridas mamás por todo lo bueno y bello que ustedes encarnan y significan para sus hijos, para nuestra sociedad y para la Iglesia. De manera especial en este mes de mayo, Mes de María, las confiamos al amor y cuidado de la Madre de Dios y nuestra, modelo excelso y acabado de la maternidad.

Nadie mejor que una madre sabe que la vida humana es sagrada e inviolable desde la concepción hasta el nacimiento y durante todas las etapas de la existencia hasta su fin natural. La mujer-madre comprende durante el embarazo que Dios la ha hecho partícipe del misterio de la creación, el cual se renueva en la generación humana. Por eso la vocación de una madre es siempre la de dar vida. Y esto es grande, esto es hermoso.

Durante los nueve meses de la gestación una madre está llena de sueños y se pregunta: ¿Cómo será mi hijo? ¿Cómo será su vida? Por ello querida mamá durante ese tiempo nunca pierdas la capacidad de asombro, la alegría y la esperanza. Si en algún momento aparecen temores, preocupaciones o problemas, espera a tu bebé con la confianza puesta en Dios; espéralo con mucha ternura; acéptalo sin condiciones, y acógelo gratuitamente, porque ¡se ama a un hijo porque es hijo!  

Ustedes madres, saben mejor que nadie que los hijos nunca son un error sino un don de Dios, incluso cuando la maternidad se presenta de manera inesperada. Si el hijo no ha llegado en el mejor momento, pídele al Señor la fuerza para aceptar plenamente a tu bebé, porque toda madre sabe que ningún sacrificio será suficiente cuando se trata del propio hijo.

A lo largo de la vida nuestra madre nos cuida, alimenta y educa, misión que no tiene horarios, que no conoce de vacaciones o descansos. Incluso desde el Cielo, ella sigue velando e intercediendo por nosotros. Por eso no sólo hoy, sino todos los días del año debemos dar gracias a Dios por el don de nuestras madres, por todos sus sacrificios y su amor incondicional, y rezar por aquellas a quienes el Señor ya ha llamado a gozar de su presencia.   

Junto con la vida natural, una madre nos da también la fe. Ellas transmiten el sentido profundo de la vida cristiana en las primeras oraciones, en los primeros gestos de devoción, en las primeras nociones de la fe que comunican a sus hijos. “Sin las madres no sólo no habrían nuevos fieles, sino que la fe perdería buena parte de su calor sencillo y profundo. Una sociedad sin madres sería una sociedad deshumanizada, porque las madres siempre saben testimoniar incluso en los peores momentos, la ternura, la dedicación, la fuerza moral”.[1]  

De otro lado aprovecho esta hermosa festividad, para recordar que los niños necesitan del amor estable de su padre y de su madre. Sólo así ellos podrán crecer y madurar de manera íntegra y armoniosa. Los hijos necesitan del amor de cada uno de ellos, pero también del amor constante entre ellos. De ahí la necesidad que aquellos padres que lo necesiten, santifiquen su unión con el matrimonio sacramento. Como nos enseña el Papa Francisco, papá y mamá, muestran el rostro materno y el rostro paterno del Señor.  

Que el Día de la Madre sea ocasión propicia para comprender y valorar más el rol central que las mamás desempeñan en la sociedad, así como para comprometernos a escucharlas y ayudarlas más en la vida cotidiana. Ayudarlas sobre todo para que si son madres trabajadoras puedan tener el tiempo suficiente para acompañar a sus hijos de manera especial en sus primeros años de vida. El mundo laboral no puede volverse insensible e imponerse con su lógica de la producción sobre la maternidad. Grandes son los riesgos para el hogar y para la misma sociedad, cuando una madre no puede brindarles a sus hijos todo su amor y calor cuando éstos son pequeños.

Asimismo hago llegar mi saludo en este día a las abuelas. Con el Papa Francisco quiero también decirles: “Ustedes son la verdadera fuerza motora de la vida y de las familias del Perú. ¡Qué sería Perú sin las madres y las abuelas, qué sería nuestra vida sin ellas! El amor a María nos tiene que ayudar a generar actitudes de reconocimiento y gratitud frente a la mujer, frente a nuestras madres y abuelas que son un bastión en la vida de nuestras ciudades. Casi siempre silenciosas llevan la vida adelante. Es el silencio y la fuerza de la esperanza. Gracias por su testimonio”.[2] Por ello, rechacemos siempre toda forma de violencia y discriminación contra la mujer.

Hoy junto con la Ascensión del Señor, recordamos a la Santísima Virgen de Fátima. Un día como hoy hace 101 años se apareció a tres sencillos pastorcitos, a tres niños. Encomendamos a Ella a todas nuestras madres y abuelas, a todos los niños por nacer y a todos los niños que han nacido, así como a nuestras familias para que sean cenáculos de amor y santuarios de la vida. Que siguiendo su pedido recemos todos los días el Santo Rosario en familia. ¡Porque la familia que reza unida permanece siempre unida en el amor del Señor Jesús!

Los bendice con afecto y pide sus oraciones para el Papa Francisco.   

San Miguel de Piura, 13 de mayo de 2018
Domingo VII de Pascua de la Ascención del Señor

[1] S.S. Francisco, Audiencia General de los Miércoles, 07-I-2015.

[2] S.S. Francisco, Celebración Mariana en la Plaza de Armas de Trujillo, 20-I-2018.

sábado 12 mayo, 2018