“QUE EN OCTUBRE MORADO SE RENUEVE NUESTRA FE, ESPERANZA Y AMOR”

Santa Misa en honor al Señor de los Milagros

 

18 de octubre (Oficina de Prensa).- Con fe, recogimiento y fervor una gran cantidad de fieles devotos llegó muy temprano en la mañana de hoy al Atrio de la Basílica Catedral de Piura, para participar en la Santa Misa celebrada en honor al Señor de los Milagros, la cual fue presidida por Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura y concelebrada por numerosos sacerdotes de nuestra Arquidiócesis. Terminada la celebración eucarística la venerada imagen de nuestro Cristo de Pachacamilla inició en hombros de los miembros de la Hermandad del Señor de los Milagros de Piura su tradicional primer recorrido por las principales calles de nuestra Ciudad.

A continuación publicamos la homilía completa que Monseñor Eguren pronunció en la Misa de hoy:

Muy queridos hermanos en el Señor Jesús, que es para nosotros el Señor de los Milagros:

Seguir a Cristo todos los días

Es hermosa la experiencia de estar aquí todos juntos esta mañana participando en esta Santa Misa. Es bella e intensa la experiencia de acompañar la procesión, de seguir al Señor por nuestras calles y plazas implorando su bendición. Pero seguir al Señor de los Milagros en procesión, nos exige seguirlo todos los días del año como auténticos discípulos y devotos suyos, porque no se trata de seguir al Señor Jesús, sólo en el mes de octubre sino cada día del año, haciendo de nuestra vida cristiana una “procesión espiritual” permanente, constante y perseverante hasta el final.

¿Qué significa seguir al Señor? Seguir al Señor de los Milagros significa esforzarnos cada día por acoger la gracia que Él nos da para así crecer en su amistad y llegar de este modo a ser en todo semejantes a Él, que es el camino, la verdad y la vida, el hombre nuevo y perfecto. Seguir a Cristo significa abrirle cada día un poco más las puertas de nuestro corazón para dejarnos guiar por Él, confiando siempre en su amor, que es el único amor verdadero que sana y llena la vida de sentido. Seguir al Cristo Moreno es ser capaces de reconocer en el hermano, particularmente en el débil, el pobre, el que sufre, el enfermo y el marginado, a Jesús con los rasgos de su pasión para prodigarle nuestro amor, solicitud y asistencia.

Todos los que estamos aquí hoy esta mañana alrededor del altar y de la sagrada imagen del Señor de los Milagros creemos en Él, pero preguntémonos con sinceridad: ¿Acaso no es verdad que puedo abrirle un poco más mi corazón? ¿Acaso no es cierto que aún me falta mucho para ser en todo semejante a Él y para vivir cada momento de mi vida como Él lo haría si estuviese en mi lugar? Y es que todos podemos ser mejores cristianos de lo que ya somos. Todos podemos ser mejores padres de familia, mejores hijos, mejores sacerdotes y diáconos, mejores consagrados y consagradas, mejores seminaristas, mejores cristianos que llevemos la luz de la fe a la vida pública allí donde el Señor nos ha puesto, sea como autoridades, políticos, profesionales, estudiantes, militares, policías, deportistas, artistas, etc.

Ardamos en deseos de santidad

Y ser mejores cristianos en nuestra propia vocación y estado de vida, significa ser santos, porque nuestra vocación desde el día en que recibimos el bautismo es la santidad. La santidad es la vocación de todo hijo de la Iglesia. La santidad no es prerrogativa o privilegio exclusivo de unos cuantos, ni de una galería selecta de personas como el obispo, el sacerdote o la religiosa. La santidad es la vocación de todo cristiano. Hoy el Señor de los Milagros desde su trono de amor que es la Cruz nos dice: “No te contentes con menos. No te contentes con la mediocridad, menos aún con vivir en el pecado. No vivas un horizonte achatado, rebajado de vida, aspira a la santidad, deséala intensamente y esfuérzate por cooperar con la gracia que te doy diariamente para ser santo; porque no hay mayor tristeza que la de no ser santo, y no hay mayor irresponsabilidad para estos tiempos difíciles que nos han tocado vivir que no aspirar responsablemente a ella”.

¿Y qué es ser santo? Ser santo es ser como el Señor de los Milagros. Es tener los mismos sentimientos de Cristo como nos decía San Pablo en la segunda lectura (ver Flp 2, 1-11). Porque santo es aquel que se une de tal manera con Jesús que puede llegar a proclamar lo que San Pablo dijo una vez de sí mismo: “Vivo yo, más no yo, sino es Cristo que vive en mi” (Gal 2, 20).

Si la imagen del Señor de los Milagros nos cautiva, nos conmueve, y podemos pasar muchas horas contemplándola sin cansancio alguno, imagínate lo que será reproducir esta imagen en tu vida y en tu corazón. Más aún, si este Cristo vivo, el Señor de los Milagros, habitase en ti de manera plena y total, piensa en todo el bien que podrías hacer ya que el poder de su amor estaría en ti.

Acojamos la misericordia que el Señor nos da en octubre

El milagro de octubre, es poder experimentar el amor misericordioso del Señor que es capaz de sacarnos de la esclavitud del pecado para llevarnos a la libertad gloriosa de los hijos de Dios (ver Rom 8, 21). Por eso queridos hermanos, al ver hoy las calles de nuestra Piura teñidas de morado, al ver a tanta gente con sus hábitos, detentes y escapularios, les pido en nombre del Señor: Cambiemos nuestros corazones y no sólo nuestros vestidos, porque el llevar esos hábitos morados nos exige un cambio de vida, nos exige conversión, para que podamos ser como Cristo, el Señor de los Milagros, y siendo como Él, ser santos para así poder finalmente transformar a Piura y al Perú.

No nos engañemos, no serán los simples programas políticos, económicos o sociales los que harán posible una Piura y un Perú más justos y reconciliados. Lo que hará posible la Civilización del Amor en nuestra Región y en nuestra Patria será nuestra santidad. Y es que solamente el santo es el que aporta realmente la fuerza transformadora necesaria para hacer que las realidades de nuestra vida estén vivificadas por la verdad, el amor, la justicia y el bien. Sólo de los santos, sólo de Dios, proviene la verdadera revolución, el verdadero y decisivo cambio del mundo.

Mantengamos la esperanza

Queridos hermanos, el mes de octubre realiza otro milagro que es el de llenar nuestras vidas de esperanza. Por ello, quisiera hoy decirles: No cedamos a la desesperación, a la desesperanza, porque no es propio del cristiano vivir en el pesimismo.

Sé que son muchos los problemas que nos agobian, pero tenemos al Señor a nuestro lado. Recuerden sus palabras: “Separados de mí nada podéis hacer” (Jn 15, 15), por eso, “Vengan a mi todos los que están cansados y agobiados, que yo los aliviaré” (Mt 11, 28).

No nos rindamos ante las dificultades que tengamos que enfrentar personal y socialmente. El Señor es nuestra esperanza, en Él todo obstáculo se allana, toda dificultad se supera, todo problema se sobrelleva, todo peso se puede cargar. Se trata simplemente que tengamos fe, porque al que cree todo le es posible (ver Mc 9, 23-24). Por eso siempre hay que rezarle al Señor con humildad: “Señor, auméntanos la fe” (Lc 17, 5).

Oremos y actuemos en favor de la familia y la vida naciente

Quisiera concluir estas palabras pidiéndole al Señor de los Milagros por la familia y por la vida humana naciente en el Perú, ahora que concluyen los trabajos del Sínodo Extraordinario de la Familia en Roma y nos encontramos celebrando en nuestra Arquidiócesis el Año Jubilar por los 75° años de la creación de nuestra Iglesia en Piura y Tumbes:

Señor de los Milagros defiende a la familia fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer, porque no podemos esperar una sociedad renovada en sus valores sin una profunda renovación de la familia, verdadera generadora y transmisora de vida y de cultura.

Señor de los Milagros, tú quisiste nacer en una familia humana, quisiste tener una madre y un padre como nosotros. Ayúdanos a amar a la familia, a saber estimar sus valores y posibilidades, promoviéndolos siempre.

Ayúdanos a amar a la familia reconociendo los peligros y males que la amenazan para poder enfrentarlos y vencerlos.

Señor de los Milagros, ayúdanos a amar a la familia esforzándonos por crear un ambiente que favorezca su desarrollo, con políticas públicas que la fortalezcan en su unidad en el amor y la ayuden en su misión de engendrar, acoger, educar y acompañar la vida de sus miembros”.

Ayúdanos a amar a la familia cristiana de hoy, con frecuencia tentada por el desánimo y angustiada por las dificultades crecientes, dándole razones de confianza en sí misma, en las propias riquezas de naturaleza y gracia, en la misión que Tú le has confiado.

De la misma manera, Señor de los Milagros, que sea en la familia donde la vida humana sea siempre percibida como don, como realidad sagrada confiada a la responsabilidad, veneración y custodia amorosa de los padres.

Que la familia junto con la Iglesia proclame constantemente el carácter sagrado e inviolable de cada vida humana, desde su concepción hasta su fin natural.

Señor de los Milagros, que todos nosotros aquí presentes seamos ardorosos defensores de la vida humana desde su concepción con la fecundación hasta su término natural, porque “lo peor que nos pasa –en la dura expresión del Papa Pío XI- no son los factores negativos de la civilización (como el aborto), sino la somnolencia de los buenos”.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 18 de octubre de 2014

Primer Recorrido Procesional de la Sagrada Imagen del Señor de los Milagros

 

 

 

sábado 18 octubre, 2014