“QUE BRILLE EL ESPÍRITU DE UNIÓN Y DE RECONCILIACIÓN EN EL PERÚ”

Oración patriótica en el Día de la Bandera

 07 de junio (Oficina de prensa).-Al conmemorarse el 131 Aniversario de la Batalla de Arica tuvo lugar hoy en el Óvalo Bolognesi de Piura la Renovación del Juramento de Fidelidad a la Bandera, con la presencia de las más altas autoridades civiles y militares de nuestra Región.

Presidió el Acto Litúrgico Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, quien refiriéndose a la presente hora que vive nuestra Nación una vez concluidas las recientes elecciones, “donde con preocupación vemos un país polarizado”, afirmó que “la gesta de Arica debe servirnos de inspiración para vernos como una sola Nación bajo una sola bandera: la Roja y Blanca. No vivamos entregados a los mismos pecados de siempre: la desunión, la mentira, el revanchismo, el “mesianismo”, la intolerancia, el insulto y la violencia. Que el espíritu de partido o de grupo ideológico no sustituya el amor a la Patria. Pidamos a Dios que aceptando el sacrificio de Bolognesi y de los soldados recientemente abatidos en el VRAE, empiece de una vez por todas a brillar el espíritu de unión y de reconciliación entre los hijos del Perú. Ellos desde la Gloria nos miran y nos lo reclaman”.

 Nuestro Arzobispo indicó que la Iglesia quiere seguir favoreciendo hoy en día desde el Evangelio y su Doctrina Social a que el Perú alcance su unidad y el bien común: “Por ello defenderá siempre la verdad de la persona humana, de su dignidad y vocación, desde su concepción hasta su término natural; promoverá a la familia, célula primera y vital de la sociedad, ya que la cuestión del hombre es inseparable de la familia; y recordará que el desarrollo para que sea auténtico debe ser integral y no sólo económico”, enfatizó.

A continuación les ofrecemos el texto completo de su intervención:

ORACIÓN PATRIÓTICA EN EL DÍA DE LA BANDERA

¿Por qué es importante que las autoridades civiles, militares y eclesiásticas en unión con todo el pueblo nos reunamos todos los años el 7 de junio, para recordar la dramática y aleccionadora gesta de la Batalla de Arica? La memoria histórica reafirma la vida de una Nación, le da permanencia y despliegue a su existencia, enlazando a las generaciones de peruanos en los eslabones de su historia.

Si nuestros próceres forjaron la Patria, son nuestros héroes los más altos defensores de esa heredad. Los hombres de Arica comandados por el Coronel Francisco Bolognesi Cervantes, insigne patrono de nuestro Ejército, junto con los de Angamos, Tarapacá, Pisagua, Miraflores y La Breña, pertenecen a la estirpe de los defensores. Su heroicidad es para nosotros motivación permanente de amor desinteresado al Perú y con su inmolación nos enseñan que la Patria no es pedestal para lucimientos personales o apetitos de poder, sino que es altar para servir y sacrificarse por Ella.

 Este es el sentido más profundo de la valiente respuesta de Bolognesi y de los Héroes de Arica hace 131 años: “Tengo deberes sagrados que cumplir, y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”. Jorge Basadre, nuestro gran historiador, dirá que a través de su sacrificio los Defensores del Morro, “nos han dado ese aliento misterioso que debe acerar nuestra alma colectiva para enfrentar las dificultades”.

A la estirpe de Bolognesi, Alfonso Ugarte, Juan Guillermo Moore, José Joaquín Inclán, Justo Arias Aragüez, Mariano Bustamante, Ricardo O’Donovan, Ramón Zavala, Armando Blondel, Felipe Zela, Fermín Nacarino, y los cerca de 1,000 soldados peruanos que murieron defendiendo a la Patria, héroes de Arica, se unen hoy en día los sub oficiales de tercer Whilber Ángeles Casio, Rusber Albán Torres, Julio Huamán Tósimo, Charles Tananta Yumbato y Eugenio Casimiro Áreas Ureta, héroes de la democracia, caídos recientemente en Choquepira, La Convención Cusco, por la acción criminal y cobarde del narco terrorismo, cuando en el cumplimiento del deber se dirigían a brindar seguridad durante las recientes elecciones presidenciales. Desde aquí nuestras oraciones por su eterno descanso y nuestra solidaridad con sus familias y con el Ejército Peruano. Su muerte enluta a toda la familia peruana. Ante el sacrificio de estos cinco soldados de la Patria, ¿alguien puede ser tan mezquino cómo para no reconocer la importancia del rol de nuestras Fuerzas Armadas y Policiales tanto ayer como hoy?

El pintor peruano Juan Lepiani (1864-1932), dedicó su vida a pintar escenas históricas. Una de sus obras más representativas ha sido el hermoso lienzo llamado el “Último Cartucho”, el cual se exhibe en el Museo de los Combatientes del Morro de Arica, en la ciudad de Lima. Para pintarlo el mismo Lepiani visitó varias veces el Morro, se entrevistó con sobrevivientes de la batalla, e hizo una minuciosa investigación histórica.

 Quien contemple con atención ese cuadro podrá descubrir que una de las intenciones de Lepiani fue plasmar en su pintura el rostro humano de los patriotas peruanos que pelearon el 7 de junio de 1880 hasta quemar el último cartucho. El cuadro recoge sobretodo los rostros de los peruanos que defienden el suelo que les vio nacer, tanto de oficiales como soldados. Ahí se puede apreciar que eran blancos, eran cholos, eran indios, eran negros: ERAN PERUANOS. Eran ricos, eran pobres, eran militares, eran comerciantes, eran abogados, eran agricultores: ERAN PERUANOS. Eran de Tumbes, de Piura, de Trujillo, de Lima, del Callao, del Cuzco, de Arequipa, de Iquique, de Tarapacá, de Arica, de Tacna: ERAN PERUANOS. El cuadro trasmite un mensaje de unidad y de amor común por el Perú.

En la presente hora que vive nuestra Nación, una vez concluidas las recientes elecciones, donde con preocupación vemos un país polarizado, la gesta de Arica debe servirnos de inspiración para vernos como una sola Nación bajo una sola bandera: la Roja y Blanca. No vivamos entregados a los mismos pecados de siempre: la desunión, la mentira, el revanchismo, el “mesianismo”, la intolerancia, el insulto y la violencia. Que el espíritu de partido o de grupo ideológico no sustituya el amor a la Patria. Pidamos a Dios que aceptando el sacrificio de Bolognesi y de los soldados recientemente abatidos en el VRAE, empiece de una vez por todas a brillar el espíritu de unión y de reconciliación entre los hijos del Perú. Ellos desde la Gloria nos miran y nos lo reclaman.

La Iglesia, presente desde los orígenes de nuestra Patria, a cuya formación histórica, cultural y moral ha contribuido decisivamente, como recuerda nuestra Constitución, quiere seguir favoreciendo hoy en día desde el Evangelio y su Doctrina Social a que el Perú alcance su unidad y el bien común, a través de la formación de las conciencias, ayudando a abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias de la verdad y del bien; contribuyendo a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella; despertando las fuerzas espirituales y morales, sin las cuales la justicia no puede afirmarse ni prosperar (ver S.S. Benedicto XVI, Deus est caritas est, n. 28). Por ello defenderá siempre la verdad de la persona humana, de su dignidad y vocación, desde su concepción hasta su término natural; promoverá a la familia, célula primera y vital de la sociedad, ya que la cuestión del hombre es inseparable de la familia; y recordará que el desarrollo para que sea auténtico debe ser integral y no sólo económico.

Queridos Hermanos: como los Héroes de Arica también nosotros civiles y militares, peruanos con o sin uniforme, renovemos hoy desde nuestra fe cristiana nuestro compromiso con el Perú y a que sólo sea la bandera del Perú, y no otra, la única que siempre flamee digna y hermosa en nuestro suelo. Para ello digamos hoy con fuerte voz: ¡SÍ, JURO!

San Miguel de Piura, 07 de junio de 2011

martes 7 junio, 2011