¡NUNCA EL ASESINATO DE UN NIÑO INOCENTE EN EL VIENTRE DE SU MADRE PUEDE SER UN DERECHO HUMANO!

 28 de diciembre (Oficina de prensa).- Madres gestantes, jóvenes, familias, grupos parroquiales, estudiantes y cientos de fieles participaron hoy en la Santa Misa celebrada por los niños y niñas víctimas del aborto que fallecieron en Piura y Tumbes durante el año 2010, en el marco de la fiesta de los Santos Inocentes.

La celebración eucarística, realizada en la Basílica Catedral de Piura, fue presidida por Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, quien también rezó por la conversión de aquellos que han participado directa o indirectamente en estos abortos, así como por quienes difunden el aborto como un derecho, y aseguró con fuerte voz que “¡nunca el asesinato de un niño inocente en el vientre de su madre puede ser considerado un derecho humano!”

 La Santa Misa finalizó con la Exposición del Santísimo Sacramento, ocasión en la que todos los presentes rezaron la “Oración por la Vida” que el mismo Santo Padre Benedicto XVI escribiera y rezara en la Vigilia por la Vida realizada en todo el mundo el 27 de noviembre pasado.

Para esta ocasión el Arzobispado de Piura ha publicado una estampa con dicha oración, la cual fue distribuida a los fieles católicos presentes durante la Santa Misa. Asimismo, hizo extensiva la invitación a esta celebración eucarística a través de la publicación de un Aviso en los principales periódicos de nuestra Ciudad.

A continuación les ofrecemos la homilía de Monseñor José Antonio Eguren para esta ocasión:

Homilía del Arzobispo Metropolitano de Piura en la Santa Misa

por los Niños y Niñas víctimas del Aborto que

fallecieron en Piura y Tumbes durante el Año 2010

Queridos hermanos y hermanas:

 Hoy, la Iglesia Católica en su liturgia de la Octava de Navidad, recuerda a los niños que murieron en lugar de Cristo, conocidos como los Santos Inocentes, a causa del rey Herodes que mandó a ejecutar a todos los menores de dos años de Belén y sus alrededores por el miedo absurdo de perder el poder de su reino a causa de un nuevo “rey de los judíos”.

En el marco de esta fiesta, nos hemos congregado esta noche para ofrecer la Santa Misa, por los niños y niñas víctimas del aborto que fallecieron en Piura y Tumbes durante el año 2010.

En esta Eucaristía también pedimos por la conversión, tanto de los que han participado directa o indirectamente en estos abortos, como de aquellos que promueven la despenalización y legalización de este crimen.

Hermanos: ¡Nunca el asesinato de un niño inocente en el vientre de su madre puede ser considerado un derecho humano!

En estos días estamos celebrando la Navidad, es decir el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, nacido de Santa María, la Virgen. Dios que se hace niño pequeño e indefenso. Dios que ha querido recorrer la vida del hombre desde sus inicios para salvarla totalmente en plenitud. Por ello podemos decir que el Verbo de Dios se hizo embrión.

 De esta manera la Encarnación nos revela con intensa luz y sin duda alguna que toda vida humana desde la concepción, en cualquier estado y condición, tiene una dignidad altísima, “porque el Hijo de Dios con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre”(1).

La persona humana es digna de ser amada en sí misma, independientemente de cualquier otra consideración (inteligencia, belleza, salud, juventud, integridad, etc.). En definitiva la vida humana es siempre un bien. Por eso la Iglesia no se cansará de proclamar constantemente el carácter sagrado e inviolable de cada vida humana, desde su concepción hasta su fin natural. Y este juicio moral vale ya en el inicio de un embrión, antes de que se implante en el seno materno. “Siempre se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción”(2) .

Recientemente el Santo Padre Benedicto XVI nos ha dicho que “la experiencia misma y la recta razón muestran que el ser humano es un sujeto capaz de inteligencia y voluntad, auto consciente y libre, irrepetible e insustituible, vértice de todas las

realidades terrenas, que exige que se le reconozca como valor en sí mismo y que merece ser escuchado siempre con respeto y amor. Tiene derecho a que no se le trate como a un objeto que poseer o como a algo que se puede manipular a placer, que no se le reduzca a puro instrumento en favor de otros o de sus intereses. La persona es un bien en sí misma y es preciso buscar siempre su desarrollo integral”(3) .

 Por eso en esta Misa que ofrecemos por los niños y niñas abortados en nuestra Arquidiócesis, digo con firmeza: ¡No al aborto! ¡No más abortos! Sepamos abrir las puertas del corazón al niño concebido, al niño por nacer, el más pequeño y frágil integrante de la familia humana. El más pobre entre los pobres. Seamos su voz y su defensa, él que ni siquiera tiene voz para defenderse.

No cedamos a las tendencias pseudo culturales modernas y a los minoritarios grupos de presión en nuestro País que respondiendo a intereses foráneos ajenos a nuestra idiosincrasia, buscan con agresiva insistencia legalizar la eliminación en el seno materno de los niños por nacer por medio del aborto. Son los nuevos “Herodes”, que por intereses de dinero y de poder y llenos de egoísmo, no vacilan en promover la muerte de criaturas inocentes en ese santuario sagrado que es el seno materno o en laboratorios clínicos donde juegan a ser como Dios.

Con dolor hoy en día vemos que la muerte procurada a los niños por nacer por medio del aborto, se ha trasladado silenciosa y ocultamente del seno materno a los tubos de ensayo de los laboratorios donde se realiza la fecundación in vitro y otras técnicas de reproducción asistida, convirtiéndose allí un crimen más despótico, selectivo y discriminatorio en contra de esos pequeños hermanos nuestros.

Hermanos: “No puede tener bases sólidas, una sociedad que –mientras afirma valores como la dignidad de la persona humana, la justicia y la paz- se contradice radicalmente aceptando y tolerando las más variadas formas de menosprecio y violación de la vida humana, sobre todo si es débil y marginada”(4) .

Los convoco a todos ustedes a responder hoy y siempre al apremiante llamado de ¡respetar, defender, amar y servir a la vida, a toda vida humana! Sólo siguiendo este camino encontraremos justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad.

 Mi exhortación en primer lugar a los jóvenes, a que no caigan en una banalización de la sexualidad que busca interpretarla y promoverla de manera reductiva y empobrecida relacionándola únicamente con el cuerpo y con el placer egoísta. Esta banalización de la sexualidad “es precisamente el origen peligroso de que tantas personas no encuentren ya en la sexualidad la expresión del amor, sino una especie de droga que se administran a sí mismas” (5). Jóvenes: comprendan que el ámbito para el pleno ejercicio de la sexualidad lo constituye el matrimonio para el cual deben prepararse con responsabilidad y madurez, aquellos de ustedes que tengan el llamado. Valoren y practiquen las virtudes del pudor y la castidad. Vivan el amor hermoso y no se dejen arrastrar por la tentación de la impureza que destruye el corazón y la capacidad de amar auténticamente.

A los que ya son padres les digo: la concepción y el posterior nacimiento de cada niño trae siempre algo del misterio de Belén. Toda criatura humana que se asoma a la tierra es signo por excelencia del Creador y Padre que está en el cielo, y por tanto una buena noticia. Que cada niño que viene a este mundo, sea pues acogido en el calor de una familia. No importan las comodidades exteriores. Jesús nació en un establo y su primera cuna fue un pesebre pero contó con el amor total de su Madre Santa María y de San José que le hicieron sentir la belleza de lo que significa ser amado. Los niños desde la concepción y después de nacidos necesitan del amor estable del padre y de la madre. Eso es lo que les da seguridad, lo que asegura su crecimiento sano en lo físico, lo mental y lo espiritual. Como Jesús que encontró en el amor estable de María Santísima y de San José, la seguridad cuando Herodes trató de matarlo.

 Que no le falte a cada niño que es concebido y que viene a este mundo el amor estable de sus padres. Queridos papás: si aún no han recibido el matrimonio sacramento no posterguen más su recepción y pídanlo. Con la bendición del Señor, su matrimonio contará con la gracia necesaria para hacer de su hogar un cenáculo de unión fiel y duradera en el amor.

A ti que de repente estas esperando un hijo y a la vez atravesando por una situación difícil o de confusión te digo con cariño: no caigas en la tentación de abortarlo. Nada justifica matar a tu hijo. No cometas un error mayor al ya cometido que marcará tu vida para siempre. Ten el valor de tener a tu hijo. Dios no te dejará sola y sabrá recompensar tu gesto de honestidad, valor y coraje. La Iglesia siempre estará a tu lado para ayudarte a través de tu parroquia, comunidades religiosas y movimientos eclesiales.

Finalmente exhorto a los protagonistas de la política, de la economía, de la salud, de los medios de comunicación social, a hacer cuanto esté dentro de sus posibilidades para promover una cultura siempre respetuosa de la vida humana, donde ella sea promovida, acogida y defendida.

A la Virgen María, que acogió con grande fe, atenta solicitud, e indecible amor al Hijo de Dios en su seno materno, encomendamos a los niños y niñas abortados en nuestra Iglesia particular durante el año que ahora termina, así como toda vida naciente en Piura y Tumbes, y a sus madres gestantes. A Ella que es la Madre de Aquel que es la Vida, le pedimos que nos ayude a desterrar el aborto de nuestras tierras.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 28 de diciembre de 2010
Fiesta de los Santos Mártires Inocentes
Octava de Navidad

 

 

(1) Gaudium et, spes, n. 22.

(2) Gaudium et spes, n. 51.

(3) S.S. Benedicto XVI, Homilía en la Primeras Vísperas I Domingo de Adviento, 27-XI-10.

(4) Evangelium Vitae, n. 101.

(5) S.S. Benedicto XVI, Luz del Mundo, p. 131.

martes 28 diciembre, 2010