“Monseñor Álvaro del Portillo fue un pastor ejemplar en el servicio de la Iglesia”

Mons. Álvaro del Portillo24 de marzo (Oficina de Prensa).- Al celebrarse el día de ayer viernes 23 de marzo el décimo tercer aniversario del tránsito a la Casa del Padre, de Mons. Álvaro del Portillo, quien fuera el primer sucesor de San Josemaría Escrivá de Balaguer, el Arzobispo Metropolitano de Piura, Mons. José Antonio Eguren Anselmi SCV., presidió una solemne celebración Eucarística en el Santuario de la Virgen del Perpetuo Socorro de Piura. La Santa Misa fue organizada por la Universidad de Piura de la cual, Mons. del Portillo, fuera su Gran Canciller. Concelebraron la Eucaristía, don Vicente Pazos Gonzáles, Capellán Mayor Emérito de la Universidad y don Emilio Arizmendi Echecopar, actual Capellán Mayor.

Mons. Álvaro del Portillo con Juan Pablo IIAnte una gran concurrencia de personas, Mons. Eguren resaltó la obra colosal que Mons. Álvaro del Portillo llevó adelante por cerca de veinte años como Obispo Prelado del Opus Dei: “Hombre de gran fortaleza y de total confianza en la Providencia Divina, bondadoso, generoso, sereno, y de buen humor, le tocó llevar adelante grandes tareas y misiones como son entre otras, el haber impulsado el proceso de beatificación de San Josemaría, proceso que sentó las bases de su posterior canonización; haber obtenido de la Santa Sede la configuración jurídica del Opus Dei como Prelatura personal, preparada e intensamente deseada por el Padre Fundador; haber desplegado las actividades apostólicas del Opus Dei en 21 nuevos países; haber incrementado el número de vocaciones a casi 800 sacerdotes; haber fundado el Ateneo Romano de la Santa Cruz en Roma, hoy ya Pontificia Universidad. A todo ello se suma su fecundo y dedicado trabajo como colaborador en el Concilio Vaticano II y en muchos dicasterios de la Santa Sede; sus innumerables y certeras disposiciones de gobierno; sus numerosos escritos pastorales, la publicación de varios libros y centeneras de artículos, discursos y entrevistas; su instrucción con su palabra, mediante meditaciones, conferencias, tertulias y encuentros a millares de personas por todo el mundo”.

“¿De dónde brota que un hombre de Dios cómo él, haya podido llevar adelante una obra tan formidable?”, se preguntó Mons. Eguren. A lo cual respondió: “Estudiando y meditando en su vida podemos encontrar tres claves de respuesta: su profunda vida de oración; su apasionado amor a la Iglesia y al Romano Pontífice; y su fidelidad a su Fundador y al carisma fundacional que le tocó a él consolidar y desplegar aún más como primer sucesor de San Josemaría”.

Mons. Álvaro del PortilloDesarrollando cada una de estas tres claves de respuesta, el Arzobispo Metropolitano de Piura señaló que “antes que nada Mons. Álvaro de Portillo fue un hombre de intensa vida oración, que comprendió muy bien que sólo aquél que se une interiormente a Jesús configurándose con Él, es capaz de transformarlo todo en Cristo. Él vivió intensamente aquella máxima espiritual que dice: «oración para la vida y el apostolado; vida y apostolado hechos oración»…Asimismo se gastó y desgastó por la Iglesia amándola y esforzándose por hacerla amar…Su fidelidad inquebrantable al Papa lo llevaba a sufrir y a alegrarse con él, ha hacerse eco de todas las disposiciones del Santo Padre, a poner al Papa en el primer lugar en su celebración diaria de la Santa Misa. Con frecuencia repetía: «No basta que el Romano Pontífice quiera gobernar, se necesita, es una obligación nuestra, que le dejemos y que le ayudemos a gobernar»…Finalmente su fidelidad a San Josemaría, del cual fue fiel colaborador. Él comprendía muy bien su misión al frente del Opus Dei la cual sintetizaba en esta hermosa frase: «Hijos e hijas de mi alma, yo no vivo sino pensando en nuestro Padre, en cómo serle fiel, y en vosotros, en cómo ayudaros a ser santos». Queridos hermanos, de la vida santa de Don Álvaro del Portillo, saquemos inspiración para nuestra vida cristiana. Que su testimonio de vida inflame nuestros corazones en deseos profundos de santidad. Que comprendamos que ser cristianos nos exige ser santos. No nos contentemos con nada menos. La belleza de ser cristianos es la belleza de la santidad”, concluyó diciendo Mons. Eguren.

Al final de la Santa Misa y después de las palabras de agradecimiento que le dirigiera el Padre Emilio Arizmendi Echecopar, por haber presidido la Eucaristía, Mons. Eguren agradeció el largo y fecundo trabajo del Opus Dei en Piura y ofreció apoyar en todo momento sus diversas iniciativas apostólicas.

sábado 24 marzo, 2007