Misa Crismal. “Tú eres sacerdote para siempre”

Misa Crismal3 de Abril (Oficina de Prensa).- El día de hoy, en la Basílica Catedral de Piura, se celebró la Santa Misa Crismal presidida por el Arzobispo Metropolitano, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V. En ella se bendijeron los Óleos de los Enfermos, de los Catecúmenos y el Santo Crisma. Asimismo los sacerdotes del Presbiterio de Piura y Tumbes renovaron sus promesas sacerdotales y su fidelidad al Señor Jesús y a la Iglesia. Esta celebración contó con la presencia de alrededor de 80 sacerdotes y con una numerosa concurrencia de fieles laicos quienes al final de la celebración no se cansaron de aplaudir a los presbíteros como señal de agradecimiento por el don de su ministerio.

A continuación les ofrecemos la homilía que pronunció Monseñor Eguren en esta ocasión.

MISA CRISMAL

HOMILÍA

Queridos sacerdotes y hermanos todos en el Señor Jesús. En plena Semana Santa, nos reunimos para celebrar la Misa Crismal, en la cual bendeciremos los Óleos y los Sacerdotes del Presbiterio de Piura y Tumbes renovarán sus promesas sacerdotales.

De entre los ricos significados y resonancias teológicas y eclesiológicas que tiene la Eucaristía de hoy, quisiera resaltar tres.

1. Los Sacramentos emanan de la Pascua del Señor.

Misa CrismalEl primer significado de esta Santa Misa es que los Sacramentos de la vida cristiana emanan, brotan de la Pascua del Señor Jesús. Es Cristo Resucitado quien nos comunica su vida nueva e inmortal por medio de los Sacramentos. Por ello podemos decir con propiedad que los Sacramentos tienen su origen en la Pascua.

Es por esta razón que cercana la noche santa de la resurrección del Señor Jesús, de su victoria sobre el pecado y la muerte, bendecimos el Santo Crisma y los Óleos de los Enfermos y de los Catecúmenos, que forman la materia de los sacramentos del Bautismo, la Confirmación, la Unción de los Enfermos y del Orden Sagrado, ya que a través de ellos se nos comunica la fuerza y la gracia del Espíritu del Resucitado. De manera particular, ustedes queridos sacerdotes, serán testigos y colaboradores en la consagración del Santo Crisma.

Conocemos muy bien el rico significado y los diversos usos del aceite: suaviza, embellece, fortalece, cura. Lo que el aceite hace visiblemente, lo hace de manera invisible la gracia del Espíritu en la vida sobrenatural del cristiano. Así lo expresan de manera clara y bella las oraciones de bendición de los Óleos, que constituyen la mejor catequesis sobre cada uno de ellos.

Misa CrismalQuiero recordarles, a los sacerdotes y especialmente a los párrocos hoy presentes, que al ser la Pascua el origen de los sacramentos, las materias que conforman sus signos centrales deben renovarse radicalmente en la víspera de la Pascua. Así como el pan y el vino tienen que ser nuevos en la Eucaristía del Jueves y sobre todo en la de la Vigilia, y nueva el agua que se bendecirá en la Vigilia Pascual, así los óleos, "ya que el nuevo Crisma y el Óleo de los Catecúmenos se han de utilizar en la celebración de los sacramentos en la noche pascual"(1).

De otro lado, y cumpliendo con lo solicitado por el Código de Derecho Canónico, los exhorto a "guardarlos con diligencia en lugar decoroso"(2), es decir a conservarlos con reverencia tanto en envases adecuados a su dignidad como en un lugar apropiado. No hay que olvidar que los Óleos nos comunican la vida de la gracia, y que ellos manifiestan al Señor Jesús, el Ungido de Dios, el Mesías y Cristo, de cuya unción participamos todos: los que reciben el sacerdocio bautismal y los que además son ordenados para el sacerdocio ministerial.

Qué bueno sería que siguiendo la recomendación de la Carta Circular sobre la Preparación y Celebración de las Fiestas Pascuales de la Congregación par el Culto Divino, hubiese en cada Parroquia de manera significativa una acogida de los santos óleos, ya sea antes de la Misa vespertina del Jueves Santo, o en otro momento más oportuno, por ejemplo el Sábado Santo por la mañana(3).

b. Obispo centro de la vida espiritual de la Diócesis.

Misa CrismalUn segundo significado de esta celebración Eucarística es que ella pone de manifiesto que el Obispo es el centro de la vida espiritual de la Diócesis.

La Misa Crismal es una de las ocasiones en que mejor se cumple lo que expresa el Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Sagrada Liturgia: "todos concedan gran importancia a la vida litúrgica de la diócesis en torno al obispo, sobre todo en la iglesia catedral, persuadidos de que la principal manifestación de la Iglesia tiene lugar en la participación plena y activa de todo el pueblo santo de Dios en las mismas celebraciones litúrgicas, especialmente en la misma Eucaristía, en una misma oración, junto a un único altar, que el obispo preside rodeado por su presbiterio y sus ministros"(4).

En esta solemne concelebración eucarística, hacemos realidad esta hermosa enseñanza del Concilio. Ruego al Señor que en nuestra Iglesia particular de Piura y Tumbes, la comunión siempre sea patente en las relaciones entre el Obispo, los presbíteros y diáconos; entre los Pastores y todo el Pueblo de Dios; entre el clero y los consagrados; entre las asociaciones y los movimientos eclesiales.

Mis queridos sacerdotes, no se olviden nunca que en virtud de la pertenencia a este presbiterio, ustedes están dedicados al servicio de la Iglesia particular de Piura y Tumbes, cuyo principio y fundamento de unidad es el Obispo. De ahí la importancia de que cuente en todo momento con su colaboración, consejo y filial adhesión. Adhesión afectiva y efectiva, ya que, como escribe San Ignacio de Antioquia en su Carta a los Magnesios, "obedecer al obispo es obedecer al Padre de Jesucristo". De mi parte cuenten ustedes siempre con mi oración y afecto de Padre y Pastor, así como con mi esfuerzo por ayudarlos en todo lo que deba y pueda.

c. El Don del Sacerdocio Ministerial.

Misa CrismalFinalmente, en la Misa Crismal hacemos memoria agradecida del don inmerecido de nuestro sacerdocio ministerial.

Como bien decía el hoy siervo de Dios Juan Pablo II, "Misericordia es la absoluta gratuidad con la que Dios no ha elegido. «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros» (Jn 15, 16). Misericordia es la condescendencia con la que nos llama a actuar como representantes suyos, aún sabiendo que somos pecadores…Así, pues, redescubramos nuestra vocación como «ministerio de misericordia»"(5).

El día de nuestra ordenación sacerdotal el Obispo, o mejor dicho el mismo Señor Jesús a través de él, nos impuso las manos. Como bien lo explica el Santo Padre Benedicto XVI, con ese gesto de origen muy antiguo, Jesucristo tomó posesión de mí, diciéndome "Tú me perteneces. Pero con ese gesto también me dijo: Tú estás bajo la protección de mis manos. Tú estás bajo la protección de mi corazón. Tú quedas custodiado en el hueco de mis manos y precisamente así te encuentras dentro de la inmensidad de mi amor. Permanece en el hueco de mis manos y dame las tuyas"(6).

Y desde nuestra libertad le dimos al Señor nuestras manos, de ahí el sentido de que éstas fueran ungidas el día de nuestra ordenación con el Santo Crisma, signo del Espíritu Santo y de su fuerza. Le dimos nuestras manos para que a través de ellas y de todo nuestro ser, Jesús pudiese moldear la vida de los demás y el mismo mundo creado con la fuerza de su Amor que todo lo reconcilia, eleva y embellece.

Misa CrismalPero nos decía el Santo Padre que el Señor nos pide permanecer en el hueco de sus manos, para que seamos custodiados en la inmensidad de su amor, para así no caer y morir.

¿Cómo permanecer custodiados en la inmensidad de su amor bajo la protección de sus manos y de su corazón? La clave está a través de una profunda vida de oración. Sólo así permanecemos en el Señor y Él nos protege con la fuerza de su amor.

Nuestro sacerdocio debe estar profundamente vinculado a la oración, radicado en la oración. La oración hace al sacerdote y el sacerdote se hace a través de la oración. El sacerdote necesita tener una sintonía particular y profunda con Cristo el Buen Pastor, el único protagonista principal de cada una de nuestras acciones pastorales.

El hombre de hoy tiene una profunda sed de Cristo, y al sacerdote se le pide que dé a Cristo y sólo podrá darlo en la medida en que el Señor Jesús viva en él por una vida de oración intensa, seria y responsable que lo lleve a la amistad con Él, a vivir arraigado inquebrantablemente en Él. No hay que olvidar que nadie da lo que no tiene y que el primer campo de apostolado somos nosotros mismos.

"A causa de las numerosas obligaciones muchas veces procedentes de la actividad pastoral, hoy más que nunca, la vida de los presbíteros está expuesta a una serie de solicitudes, que lo podrían llevar a un creciente activismo exterior, sometiéndolo a un ritmo a veces frenético y desolador. Contra tal tentación no se debe olvidar que la primera intención de Jesús fue convocar en torno a sí a los Apóstoles, sobre todo para que «estuviesen con él» (Mc 3, 14)(7).

Misa CrismalNo nos engañemos. Nuestra fidelidad y fecundidad sacerdotal dependerá de mantener vivos y frecuentes ratos de silencio y de oración, para cultivar en ellos el trato existencial con la Persona viva de Aquel que sin mérito de nuestra parte nos llamó. No nos olvidemos que "la vida interior…es esencial para nuestro servicio sacerdotal. El tiempo que dedicamos a la oración no es un tiempo sustraído a nuestra responsabilidad pastoral, sino que es precisamente «trabajo» pastoral"(8). Por ello los exhorto vivamente a no descuidar ese trato íntimo con el Señor.

Queridos hijos, nos aprestamos ahora a renovar nuestras promesas sacerdotales, aquellas que le hiciéramos al Señor Jesús por todos los días de nuestra vida el día en que fuimos ordenados sacerdotes suyos.

Sólo seremos fieles a ellas si hoy y siempre cultivamos una vida de profunda amistad con el Señor Jesús.

Dentro de unos instantes te preguntaré si renuevas tú propósito de configurarte totalmente con el Señor Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote; si quieres seguir siendo fiel dispensador de los misterios divinos en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas.

Si renuevas tu compromiso de desempeñar fielmente el ministerio de la predicación según el Evangelio, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia; si estás dispuesto a seguir viviendo tu sacerdocio movido únicamente por el celo por la salvación de los hermanos. Si quieres permanecer casto, pobre y obediente como Cristo lo fue, no dejándote tentar por la lógica de la carrera y del poder.

Tómale el peso a aquello que desde tu libertad te comprometiste a vivir en el tiempo y para la eternidad como tu camino de despliegue, libertad y felicidad, porque esa es tu vocación, el llamado del Señor en tu vida: ser su sacerdote para siempre. Para ser fiel, dale a la vida espiritual su primacía. No olvides nunca de esta verdad básica de tu ser sacerdotal, y lo que es más importante vívela intensamente. De ello depende tu fidelidad hasta la muerte y de que ardas de amor para que así muchos no mueran de frío. En el fondo queridos hijos, se trata de amor. La vocación al sacerdocio es cuestión de amor, de corresponder con toda la generosidad de nuestro corazón a Aquel que nos ha amado primero.

Con gratitud por la entrega y el trabajo que ustedes realizan en Piura y Tumbes, ofrezco esta Santa Misa por la santidad y fidelidad de todos y cada uno de ustedes, y por el aumento de las vocaciones al sacerdocio en nuestra querida Arquidiócesis.

Que María Santísima, Madre del Sumo y Eterno Sacerdote, mantenga siempre vivo en ustedes el don que recibieron por la imposición de las manos hasta el día en que su Divino Hijo los llame a su presencia para darles el premio que tiene reservado a sus mejores servidores. Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 03 de abril de 2007.
Martes Santo – Misa Crismal.

Mons. JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, SCV.
Arzobispo Metropolitano de Piura

Notas

(1) Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Circular sobre la Preparación y Celebración de las Fiestas Pascuales, n. 35.

(2) CIC can. 847, 2.

(3) Ver Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Circular sobre la Preparación y Celebración de las Fiestas Pascuales, n. 36.

(4) Concilio Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Conciliium, n. 41.

(5) S.S. Juan Pablo II, Carta a los Sacerdotes con motivo del Jueves Santo 2001, nn. 6-7.

(6) S.S. Benedicto XVI, Homilía de la Santa Misa Crismal, 13-IV-06.

(7) Congregación para el Clero, Directorio para el Ministerio y la Vida de los Presbíteros, n. 40.

(8) S.S. Benedicto XVI, Encuentro con los Sacerdotes de la Diócesis de Albano, 31-VIII-06.

martes 3 abril, 2007