II Domingo de Cuaresma: “A la luz por la Cruz”

La Transfiguración del SeñorEl Domingo II de Cuaresma está reservado a la meditación del episodio evangélico de la Transfiguración del Señor Jesús (Lc 9, 28-36). De este hecho real e histórico, fueron testigos oculares los apóstoles Pedro, Juan y Santiago.

El texto es de una riqueza inmensa; es imposible agotarlo en un breve comentario así que nos limitaremos a resaltar sólo algunos de sus aspectos.

La palabra “transfiguración” significa “transformación”. San Lucas nos explica en qué consistió esta “transformación”: “el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos se volvieron de un blanco refulgurante”. El relato se abre diciéndonos que “Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que mientras oraba, el aspecto de su rostro cambio”. San Lucas quiere subrayar que el hecho de la Transfiguración ocurrió dentro de la oración de Jesús. Él subió al monte para orar, y en medio de la oración fue rodeado de una luz fulgurante. Aquí encontramos una primera enseñanza del pasaje evangélico de hoy domingo: Si queremos ser como Cristo, y transformarnos a semejanza suya, el hombre nuevo y perfecto, debemos ser personas de oración. Sin oración es imposible alcanzar la plena configuración con el Señor Jesús.

Asimismo se nos dice que el acontecimiento de la Transfiguración del Señor Jesús, sucedió unos ocho días después de la profesión de fe de Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 13-17). Y que de repente “dos hombres conversaban con Él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria”. Más aún “llegó una nube que los cubrió…y una voz desde la nube decía: Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”. Una segunda enseñanza que podemos sacar del evangelio de hoy domingo es conocer la identidad de Cristo, saber quién es Jesús. No hay duda: el Señor Jesús es el Mesías esperado, el Salvador; el Hijo de Dios hecho hijo de Santa María para ser nuestro Reconciliador. La Ley (Moisés) y los Profetas (Elías) dan unánime testimonio que Cristo es el Mesías esperado, y que la pasión es el camino a la resurrección (“hablaban de su muerte”). Más aún Dios Padre, desde la nube da solemne testimonio que su Verbo habita entre nosotros, y nos exhorta a la obediencia de la fe: “Escúchenlo”. Palabras similares utiliza María en las bodas de Caná: “hagan lo que Él diga” (Jn 2, 5). Para los tiempos que nos han tocado vivir de dictadura del relativismo, la verdad sobre la identidad de Jesús es fundamental: Cristo, es Dios hecho hombre, por tanto el único Salvador ayer, hoy y siempre. No es una verdad, ni un sabio, ni una opción más entre otras, como el mundo de hoy se esfuerza por hacernos creer. El Señor Jesús es LA VERDAD, y por tanto el ÚNICO camino de felicidad y salvación, y la ÚNICA fuente de vida verdadera.

Finalmente como bien dice San León Magno: “Sin duda esta transfiguración tenía sobre todo la finalidad de quitar del corazón de los discípulos el escándalo de la cruz, a fin de que la humillación de la pasión voluntariamente aceptada no perturbara la fe de aquellos a quienes había sido revelada la excelencia de la dignidad oculta”.

Que en nuestro camino cuaresmal nos llenemos de la convicción que nos da la fe, que el Señor Jesús es el único salvador del mundo; y que comprendamos la importancia insustituible de la Oración y de la Cruz para alcanzar la santidad: “A la luz por la Cruz”.

José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V.
Arzobispo Metropolitano de Piura

sábado 3 marzo, 2007