DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

“Encontraron la piedra corrida”

 30 de marzo (Oficina de Prensa).- Ante una Basílica Catedral colmada de fieles, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.V.C, Arzobispo de Piura y Tumbes, realizó la Solemne Vigilia Pascual, la cual representa y celebra la victoria de Jesús ante el pecado y la muerte.

En esta celebración Nuestro Pastor bendice el fuego en el atrio de la Catedral en donde es encendido el cirio pascual, cuya luz nos habla de Cristo que ha vencido a las tinieblas. Tras el ingreso procesional y el canto del pregón pascual, nuestro Arzobispo presidió la Liturgia de la Palabra en la que se recuerdan las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la Historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombres.

En otro momento Monseñor Eguren brindó a un grupo de hermanos y hermanas nuestras el santo Bautismo y los demás sacramentos de la iniciación cristiana: la Confirmación y la Eucaristía. Son nuestros catecúmenos.

A continuación presentamos la homilía completa de Nuestro Pastor:

HOMILÍA

 Es sorprendente que el largo camino de la historia y del ser humano que se inicia con la creación y cuya esperanza de salvación después del pecado original guarda viva el pueblo Israel, el pueblo de la elección y de las promesas, conduzca hoy, día de Pascua, a una tumba vacía.

Asombra que los grandes protagonistas y personajes de la Antigua Alianza como Adán y Eva, Abraham, Isaac y Jacob, Moisés y Aarón, David y los grandes profetas como Elías, Ezequiel, e Isaías, nos lleven a contemplar hoy a unas santas mujeres que llenas de amor por su maestro, se dirigen hoy presurosas, muy de madrugada a su sepulcro llevando los aromas que habían preparado para ungir su cuerpo, según la costumbre judía (ver Lc 24, 1-2).

¿Qué de significativo puede tener una tumba vacía? Unas mujeres, por más piadosas y santas que sean, ¿son más importantes que los grandes patriarcas y profetas del Antiguo Testamento? Y con todo, por más absurdo que parezca, debemos decir que sí, porque la tumba vacía es la de Cristo y el caminar presuroso de María la Magdalena, María la de Santiago, Juana y Salomé nos lleva a todos al encuentro con Jesús Resucitado, el único que transforma la vida, libera del miedo y da firme esperanza (ver Mt 28, 1-10 y Mc 16, 1-8).

En esta Noche Santa durante la larga y hermosa proclamación de las lecturas de la Palabra de Dios hemos hecho memoria del camino grande de Abrahán y de Israel y del camino chico de las santas mujeres. Surge entonces la pregunta: ¿Y como está mi camino? ¿Cómo está el camino de mi vida? ¿Marcha como el de las mujeres del Evangelio en directa dirección al encuentro con Jesús resucitado? ¿O de repente como los discípulos de Emaus, va en dirección contraria y se aleja del Señor? ¿O quién sabe ni camino hacia Jesús o me alejo de Él sino que he optado por el encierro, es decir por la inmovilidad y la parálisis de los Apóstoles, que por miedo a los judíos se encerraron en una casa (ver Jn 20, 19)?

 En una palabra: el camino de mi vida, el camino de mi corazón, ¿apuesta por la esperanza que alentó a las santas mujeres a caminar sin saber bien por dónde y sin saber si quiera si podrían lograr su cometido, pero que dio como fruto el encuentro con el Señor resucitado, un encuentro que llenó sus vidas de luz y de alegría? O mi corazón camina en sentido contrario por donde está Jesús o está encerrado en sí mismo sin moverse y por ello está sumido en desesperanza y tristeza. ¿Por qué camino anda hoy mi corazón?

Aquí delante de nosotros tenemos a un grupo de hermanos y hermanas nuestras que está noche recibirán el santo Bautismo y los demás sacramentos de la iniciación cristiana: la Confirmación y la Eucaristía. Son nuestros catecúmenos.

Ellos han tenido el valor y el coraje de recorrer con ilusión y esperanza el camino de la fe que los ha conducido esta noche al encuentro con el Señor resucitado y en Él a encontrar la vida que no pasa, la que colma y se proyecta como un surtidor a la eternidad. Por eso hoy queridos catecúmenos estamos alegres porque al recibir el santo Bautismo se harán cristianos e hijos de la Iglesia y nosotros seremos sus hermanos en la fe. Nunca olviden esta noche. Nunca olviden que sólo hay una tristeza en la vida: no ser santo, es decir no llegar a ser como Jesús. En cambio no hay mayor felicidad que ser como Él, ya que Jesús es el hombre nuevo y perfecto. El Bautismo que ahora recibirán los lanzará a la aventura más apasionante de todas: la de ser amigo de Jesús. Los lanzará a la misión más bella de todas: la de ser cristiano. ¿Puede haber algo más grande en la vida? Ciertamente no lo hay.

Pero volvamos al Evangelio de esta noche santa, ya que nos trae finalmente dos testimonios más sobre las cuáles es bueno que reflexionemos.

El primero. Mientras las mujeres iban de camino al sepulcro de Jesús, cayeron en cuenta de que tendrían que enfrentar un problema. El sepulcro de Jesús estaba cubierto por una piedra de gran tamaño y peso. Por eso mientras caminaban se decían unas a otras: “¿Quién nos correrá la piedra?” (Mc 16, 3). Pero cuando llegan la preocupación por la piedra se desvanece al ver que ésta ya había sido corrida. Qué hermosa señal del amor de Jesús para nosotros.

 Las piedras que encontramos en el camino de nuestra vida, desde la más grande y pesada que es la muerte y que parece inamovible, hasta las cotidianas como pueden ser el dolor, la injusticia, la violencia, la pobreza, la soledad, el abandono y el mal que podamos padecer, Jesús puede correrlas, puede removerlas de nuestra vida.

Jesús resucitado tiene el poder de levantar el peso del pecado que oprime tu corazón y que no te deja ser feliz. Jesús resucitado puede correr la piedra que te impide salir de las tinieblas del mal y trasladarte a la luz admirable y apacible de la verdad y el amor que nos hace libre y felices. El encuentro con Jesús vivo y resucitado en su Iglesia, “da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. No hay problema, no hay pecado, no hay dificultad que con Él no podamos vencer. No hay vida por más mala que parezca que no pueda su amor redimir, transformar, cambiar. Ahí están como testigos elocuentes los santos y las santas de todos los tiempos, que son los mejores frutos de la Pascua. Muchos de ellos han sido más pecadores que nosotros pero creyeron, esperaron y amaron a Jesús y en Él renovaron radicalmente sus vidas. En Jesús resucitado encontramos la fuerza y el valor para avanzar en el camino de nuestra vida, superando así todas las dificultades y aflicciones, todas las piedras del camino. No hay dificultad que con Él no podamos vencer. No hay piedra que con Él no podamos mover.

“Puede ser que tu vida sea ahora un desastre, un caos, una ruina, pero en Él siempre podrás tener la oportunidad de un nuevo comienzo. Piénsalo ahora, sobre todo en el momento en que con toda la comunidad renovarás tus promesas bautismales.

 La segunda y última enseñanza del Evangelio de hoy. Nos narra San Lucas que después de recibir de los dos ángeles vestidos con trajes refulgentes la buena noticia que Jesús había resucitado, las santas mujeres “recordaron sus palabras, volvieron del sepulcro y anunciaron todo esto a los Once y a los demás…Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro sin embargo se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose vio sólo las vendas por el suelo. Y se volvió admirándose de lo sucedido” (Lc 24, 8-12). Es interesante la narración: las mujeres se ponen nuevamente de camino pero ahora para contar la buena noticia a los Apóstoles. Ellas se dejaron tocar por la noticia. Pedro es el único, según San Lucas, que ante el anuncio de las santas mujeres se pone en camino al sepulcro. Él también se dejó tocar por la noticia.

Hoy Domingo de Pascua de Resurrección, ¿nos dejaremos tocar por la noticia de la Resurrección? ¿Te dejarás tocar por esta buena noticia que es la más importante de toda la historia de la humanidad y la más importante de toda tu historia personal? Dejarse tocar por esta noticia exige salir corriendo de todo lo que es sepulcro, muerte y pecado y más bien correr hacia el encuentro con el Señor Resucitado para abrirle el corazón.

Dejarse tocar por la noticia de la Resurrección supone finalmente tener el valor de anunciar a los demás, con las señales de tu propia vida cristiana y con tu palabra valiente, que Jesús ha resucitado, a pesar que algunos puedan creer que estás delirando o que estás loco. Basta que uno solo se quede en su corazón con la inquietud, como Pedro en el Evangelio de hoy, para que haya valido la pena todo el esfuerzo.

 ¡Feliz Pascua a todos!, que la alegría de este día sostenga nuestra fidelidad y luchas de todos los días del año.

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 30 de marzo de 2013

Vigilia Pascual

 

 

domingo 31 marzo, 2013