“CUANDO MENOS SEA NUESTRA FUERZA, MÁS ANIMOSO DEBE SER NUESTRO CORAZÓN”

Oración patriótica en el Día de la Bandera 

07 de junio (Oficina de Prensa).- Hoy en el Óvalo Bolognesi se realizó la ceremonia en conmemoración del 134 Aniversario de la Batalla de Arica y la Renovación del Juramento de Fidelidad a la Bandera, con la presencia de autoridades civiles y militares de nuestra Región. 

Presidió el Acto Litúrgico Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, quien remarcó que: “Hoy a 134 años de la gesta de Arica aquí estamos a los pies del Coronel Francisco Bolognesi Cervantes, ínclito patrono de nuestro Ejército, y de los oficiales y soldados que defendieron nuestro suelo patrio, para decirles que Arica nunca será olvidada. Nunca será olvidado su ejemplo de pundonor, coraje, amor y sacrificio por el Perú. Hay derrotas que duelen, pero la de Arica, fue más que una victoria, fue un ejemplo de sublime entrega a la Patria y eso lo recordaremos siempre para sacar inspiración para nuestra vida de peruanos de hoy y de mañana.”

A continuación publicamos el mensaje completo de nuestro Arzobispo:

ORACIÓN PATRIÓTICA

EN EL DÍA DE LA BANDERA

7 DE JUNIO

Para el poderoso ejército chileno compuesto por cerca de 16,000 soldados, tres mil bestias de carga y perfectamente equipado con el mejor material bélico de la época, Arica era la roca que se interponía entre Tacna y Tarapacá. Además, mientras los peruanos dominaran sobre el Morro, la escuadra chilena fondeada en la rada del puerto no podría desembarcar los víveres e insumos que desesperadamente necesitaba el ejército invasor. Por tanto Arica tenía que ser tomada a cualquier precio.

El general Manuel Baquedano González, comandante en Jefe del ejército chileno en campaña, sabía que en Arica no habían más de 1,800 soldados peruanos para defender la plaza, pero al Jefe chileno le preocupaba profundamente el valor, la determinación y el aguante de los peruanos en batalla, ya demostrados en Pisagua, San Francisco, Tarapacá y el Alto de la Alianza.

Por su parte el Coronel Francisco Bolognesi Cervantes, Jefe de la Plaza de Arica, conocedor del amargo resultado de la Batalla del Alto de la Alianza, es consciente que el destino lo ha elegido a él y a sus hombres para salvar la dignidad nacional y con su sacrificio devolverles a los peruanos de todos los tiempos la satisfacción de serlo.

La cima del Morro será el altar donde sacrificarán sus vidas por amor al Perú, conscientes que la Patria necesita sacrificios y que a ella se la sirve y jamás se la toma o manosea para servirse de ella. Hoy a 134 años de la gloriosa epopeya de Arica, gesta del sacrificio ante la adversidad, la inmolación de nuestros héroes en el Morro, nos sigue llenando del orgullo de ser peruanos.

Los chilenos no entendían cómo a pesar de su inmensa superioridad los peruanos permanecían esperando el ataque y no se rendían. Temerosos de un victoria pírrica y que la gloria de la batalla fuera peruana y no chilena, decidieron intimidar a los defensores del Morro mediante un bombardeo desde tierra y mar el día 5 de junio. El intento resulta fatal para ellos. Los cañones chilenos no aciertan en los blancos escogidos y más bien los pocos y vetustos cañones peruanos de los que disponía nuestro Ejército sí lo hacen con precisión en las posiciones chilenas.

Entonces llevado por el miedo de entrar en una batalla que podría producir muchas bajas entre sus hombres, el general Baquedano decide jugar una última carta. Envía al cuartel general peruano al Sargento Mayor Juan de la Cruz Salvo, el mismo que dirigiera el fracasado bombardeo, con una misión: “Consígase una bandera de parlamento, pida una reunión con el coronel Bolognesi y solicite su rendición bajo palabra de que se respetará la vida de los soldados a su mando. Ofrézcale cualquier cosa pero sáquele una rendición”.

Los principales oficiales peruanos, hombres valerosos profundamente amantes del Perú, en cuyo vocabulario no existe el sustantivo “rendición”, observan impasibles el diálogo entre su valiente Jefe y el mayor de la Cruz Salvo. Ahí están junto a Bolognesi, el capitán de navío Guillermo More, los coroneles José Joaquín Inclán, Justo Arias y Aragüez, Marcelino Varela, Alfonso Ugarte, y Mariano Bustamante; los tenientes coroneles Manuel de la Torre, Ricardo O’Dónovan, Francisco Cornejo, el argentino Roque Sáenz Peña, Ramón Zavala, Juan Ayllón, Medardo Cornejo Vargas, Benigno Cornejo, Francisco Chocano y el Capitán de Fragata José Sánchez Lagomarsino. Las palabras de Bolognesi suenan en ese momento sublimes: “Señor parlamentario, quiero dar a usted mi respuesta en presencia de todos los jefes superiores de la defensa de Arica. El Perú no ha tenido victorias en esta infausta guerra, pese al valor decidido de sus soldados. No ha contado con alguna acción de brillo de esas que retemplan el entusiasmo de un pueblo y nosotros, queremos dar ese ejemplo a nuestro país. Por amor al Perú, nosotros los defensores de Arica, desde el soldado menos importante hasta el más alto jefe, defenderemos esta plaza hasta agotar el último cartucho. Vaya usted y llévele esta respuesta a su general: Tengo deberes sagrados que cumplir. Arica no se rinde y resistirá hasta quemar el último cartucho”.

A las palabras de su Jefe, ni una voz discrepante se alzó. Más bien uno por uno los demás oficiales por orden de graduación añadieron en señal de confirmación a la decisión de Bolognesi: “Cuando menos sea nuestra fuerza, más animoso debe ser nuestro corazón”.

Solos, completamente solos, sin respuesta a ninguno de los diez telegramas enviados solicitando refuerzos para defender la plaza del invasor; con el Almirante Lizardo Montero en retirada hacia Puno y el Coronel Segundo Leyva que nunca quiso apurar sino más bien jamás llegar en apoyo de los defensores del Morro, los héroes de Arica van a su encuentro con la gloria y la eternidad el 7 de junio de 1880. Al amanecer de ese día, bajo la conducción del coronel chileno Pedro Lagos, 4,000 chilenos se lanzaron al asalto del Morro. Abrumadora superioridad numérica superada únicamente por el valor y el sacrificio de los peruanos que ahí se inmolaron derramando su sangre por el Perú haciendo así más roja y blanca que nunca nuestra bandera: Roja por su arrojo y valor de soldados peruanos. Blanca por la pureza de una entrega desinteresada donde el Perú y sus sagrados intereses se pusieron por encima de los propios.

Casi todos nuestros oficiales cayeron en el campo de batalla. El joven Alfonso Ugarte y Vernal de tan solo 33 años, en un brioso corcel blanco gritando con toda su alma ¡Viva el Perú!, se lanzó al mar con la bandera peruana impidiendo que ésta cayera en manos enemigas. En un pasaje de su testamento podemos encontrar la razón de su heroicidad y la de sus compañeros de armas: “Yo el abajo suscrito Alfonso Ugarte hago mi primero y quizá último testamento con motivo de encontrarme de Coronel del batallón Iquique de la Guardia Nacional y tener que afrontar el peligro contra los ejércitos chilenos que hoy invaden el santo suelo de mi Patria y a cuya defensa voy dispuesto a perder mi vida con la fuerza de mi mando. Declaro que soy cristiano, que profeso y creo en la Religión Católica y que vivo y muero en tal creencia (Iquique, 4 de noviembre de 1879)”.

 De los 1,800 viriles defensores, cerca del 90% murió, sea en combate o fusilados después de la batalla. La mujer peruana también escribió ese 7 de junio una página gloriosa de bravura y decisión, buscando impedir en más de un caso y a costa de su propia vida, la bárbara y salvaje práctica del repase. Son las “Rabonas”, perennizadas en el óleo de Ramón Muñiz que ilustra la Guerra del Salitre. Así, el hombre y la mujer peruanos aparecen unidos en la excelsa proeza de Arica. Con sus innegables diferencias naturales se complementan en su amor conyugal y en su amor por el Perú como Dios lo ha querido al crearlos varón y mujer.

Hoy a 134 años de la gesta de Arica aquí estamos a los pies del Coronel Francisco Bolognesi Cervantes, ínclito patrono de nuestro Ejército, y de los oficiales y soldados que defendieron nuestro suelo patrio, para decirles que Arica nunca será olvidada. Nunca será olvidado su ejemplo de pundonor, coraje, amor y sacrificio por el Perú. Hay derrotas que duelen, pero la de Arica, fue más que una victoria, fue un ejemplo de sublime entrega a la Patria y eso lo recordaremos siempre para sacar inspiración para nuestra vida de peruanos de hoy y de mañana.

Compatriotas y hermanos: El Coronel Francisco Bolognesi Cervantes y sus soldados hoy nos miran desde la gloria. A ellos no les preocupaba sufrir o morir. Sólo les preocupaba una sola cosa: No defraudar al Perú. Y no lo hicieron, dejándonos una de las más hermosas páginas de amor a nuestro país.

Hoy sus voces nos gritan desde lo más alto del Morro: “Peruanos, hermanos, no defrauden al Perú. Vean vertida nuestra sangre y entregada nuestras vidas. No defrauden a nuestra Patria. No lo defrauden con sus desuniones y odios, con sus peleas y rivalidades. No la defrauden con sus egoísmos y codicias, con la búsqueda del propio beneficio antes que con la búsqueda del bien de la Patria. No la defrauden con la corrupción y la mentira, con la indiferencia y la inmoralidad. Peruanos, hermanos: Que así como hace 134 años, hoy y siempre digamos ¡Viva el Perú!“.

San Miguel de Piura, 07 de junio de 2014 

 

 

sábado 7 junio, 2014