“Como San Pedro y San Pablo amemos a Cristo y sirvamos a su Santa Iglesia”

Solemne inicio del Año Paulino en nuestra Arquidiócesis

San Pedro Apóstol29 de junio (Oficina de Prensa).- Hoy por la mañana la comunidad piurana de fieles cristianos se reunieron en torno al altar del Señor Jesús para participar de la hermosa celebración eucarística de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, el “Día del Papa” y el solemne inicio en nuestra Iglesia particular de Piura y de Tumbes del “Año Paulino”, año jubilar convocado por el Santo Padre Benedicto XVI con ocasión de los 2000 años del nacimiento del Apóstol de Gentes.

La Santa Misa se realizó en la Basílica Catedral de Piura y estuvo presidida por Mons. José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura y concelebrada por el Pbro. Miguel Medina Pacherre, párroco de la Parroquia San Miguel Arcángel.

San Pablo ApóstolEstuvieron presentes, Señor Presidente Regional, Señor Doctor César Trelles Lara; Señor Don, Ricardo Wacheng Morales, Alcalde del Distrito de Castilla; Señor General de Brigada Ejército Peruano, Carlos Miranda Velásquez, Comandante General de la Región Militar del Norte; Señor Coronel de la Fuerza Aérea Peruana, Mirko Skrinjaric, Jefe de Estado Mayor del Ala Aérea Nº 1; Señor Capitán de Fragata, Pedro Cueva, representante de la Primera Zona Naval; Señor Coronel Jorge Eaerles, representante de la Primera Dirección Territorial Policial. Así como también, comunidades de religiosas y los seminaristas del “Seminario San Juan María Vianney” de Piura.

Al finalizar la Eucaristía, todos los asistentes, manifestaron su filial adhesión a la Iglesia y a quién es hoy sucesor de Pedro, el Papa Benedicto XVI cantando con fuerte voz el Himno Pontificio y posteriormente el Himno Nacional, acompañado por la Banda de Músicos de la Región Militar del Norte.

Durante esta emotiva celebración, Mons. Eguren, anunció que se han recuperado y restaurado dos reliquias del hoy Siervo de Dios Juan Pablo II, el Cáliz y la Sede que utilizó en su visita de febrero de 1985 y lo dejó como regalo a nuestra Arquidiócesis. Ambas reliquias se encuentran en la Basílica Catedral de Piura.

A continuación les ofrecemos el texto completo de la Homilía pronunciada por nuestro Pastor en esta ocasión.

Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Apóstoles
– HOMILIA –

Solemnidad de San Pedro y San PabloNos reunimos hoy en torno al altar del Señor Jesús para celebrar la hermosa solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y con ocasión de esta fiesta, celebrar el “Día del Papa” y dar solemne inicio en nuestra Iglesia particular de Piura y de Tumbes, al “Año Paulino”, año jubilar convocado por el Santo Padre Benedicto XVI.

Cada 29 de junio, la Iglesia celebra la fiesta de los apóstoles San Pedro y San Pablo. Pedro, el pescador de Galilea, que fue el primero en confesar la fe en Cristo. Pablo, el insigne maestro y doctor, que anunció la salvación a los gentiles. Dentro del Plan de Dios, ambos llegaron a la ciudad de Roma, donde sufrieron el martirio. Pedro murió crucificado como su Maestro, y Pablo fue decapitado a filo de espada. “Podemos decir que su martirio, en lo profundo, es la realización de un abrazo fraterno. Ellos mueren por el único Cristo y, en el testimonio por el cual dan la vida, son una sola cosa”1.

Solemnidad de San Pedro y San PabloDetengámonos a reflexionar en la figura de cada uno de los dos apóstoles, columnas de la Iglesia. Hacerlo nos permitirá comprender la riqueza de la fiesta que hoy celebramos para bien de nuestra vida cristiana.

San Pedro, apóstol

San Pedro, de nombre Simón, hijo de Juan (ver Jn 1, 42), era natural de Betsaida (ver Jn 1, 44), ciudad situada al este del mar de Galilea. Judío creyente y observante, era pescador de profesión. Los evangelios nos refieren que Pedro es uno de los primeros cuatro discípulos de Cristo, que fue llamado por el Maestro de Nazaret, a las orillas del lago de Galilea, a ser pescador de hombres (ver Lc 5, 1-11). De carácter decidido e impulsivo, es generoso y sabe reconocer sus limitaciones y errores. Cree en el llamado del Señor Jesús en su vida y, a pesar de ser saberse indigno, le da un sí valiente y decidido, convirtiéndose en Apóstol de Cristo.

Solemnidad de San Pedro y San PabloMomento significativo en su camino espiritual, será cuando cerca de Cesarea de Filipo, responda lleno de decisión a la pregunta de Jesús: “Y vosotros, ¿quien decís que soy yo? (Mc 8, 29). “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 15-16). Su profesión de fe encierra en germen la futura confesión de fe de toda la Iglesia.

El evangelista San Juan, al relatar el primer encuentro de Jesús con Simón, nos refiere un hecho singular: Jesús, “fijando su mirada en él, le dijo: Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas, que quiere decir «Piedra»” (Jn 1, 42). Sabemos bien por la Sagrada Escritura que el cambio de nombre por lo general implicaba el encargo de una misión, y en el caso de Pedro, esa misión será fundamental para la Iglesia que funda el Señor Jesús: “Y yo a mi vez te digo tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16, 18-19).

Solemnidad de San Pedro y San PabloLas tres alegorías que Jesús utiliza son muy claras: Pedro será el cimiento de roca sobre el que se apoyará el edificio de la Iglesia; tendrá las llaves del reino de los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca oportuno; y por último, podrá atar y desatar, es decir, podrá decidir o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia. Con estas imágenes Jesús da a Pedro la plena autoridad sobre toda su Iglesia, que vale la pena decirlo será siempre la Iglesia de Cristo y no de Pedro. Es lo que se conoce como el “Primado de jurisdicción”. Asimismo será en el contexto de la Última Cena, que Cristo le dará a Pedro el ministerio de confirmar a los hermanos en la fe (ver Lc 22, 31ss.). El que Jesús le haya confiado este ministerio en el momento de la institución de la Eucaristía nos ayuda a comprender el sentido último de esta autoridad de Pedro sobre toda la Iglesia. Al respecto dirá el Santo Padre Benedicto XVI: “Pedro, para todos los tiempos, debe ser el custodio de la comunión con Cristo; debe guiar a la comunión con Cristo; debe cuidar de que la red no se rompa, a fin de que así perdure la comunión universal. Sólo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos. La responsabilidad de Pedro consiste en garantizar así la comunión con Cristo, con la caridad de Cristo, guiando a la realización de esta caridad en la vida diaria”2.

Solemnidad de San Pedro y San PabloAlguno podría preguntarse, y porque en la fiesta de San Pedro apóstol, ¿celebramos también el “Día del Papa”? Y la respuesta es esta: Si Jesús confía a Pedro el papel de ser “fundamento” y “roca” de la Iglesia, dado que la Iglesia sigue existiendo, entonces debe seguir existiendo el fundamento. Sería absurdo que prerrogativas y funciones tan importantes (“te daré las llaves del Reino de los cielos”. “Lo que ates y desates en la tierra quedará atado y desatado en el cielo”) se refieran sólo a los primeros años de la vida de la Iglesia y que hayan terminado con la muerte del apóstol. La misión de Pedro se prolonga por tanto en sus sucesores, en los Papas. Por ello hoy rendimos sentido homenaje y filial adhesión al Pedro de hoy, a Su Santidad Benedicto XVI.

Nuestra total y explícita adhesión a su persona y a su Magisterio, ya que como Obispo de Roma y sucesor de San Pedro, “es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles”3.

En estos tiempos de secularismo, de pérdida del sentido de lo real y por ende de una crisis de la verdad y de la racionalidad, con la consiguiente dictadura del relativismo. En estos tiempos en que asistimos a una dolorosa dimisión de lo humano, que se expresa en la violencia a todos los niveles, en el irrespeto a la existencia humana, manifiesta en los crímenes del aborto y de la eutanasia, en la explotación de personas, que son consideradas como mercancía y objetos de ganancia, y de un hedonismo y permisivismo muy extendidos, donde pareciera que el hombre no quiere comprometerse con nada, que prefiere lo liviano y fácil del momento, debemos dar gracias a Dios que nos ha suscitado a Su Santidad Benedicto XVI. Su Magisterio claro y valiente es guía segura para toda persona humana que anhela ser feliz y salvarse, y para toda nación y sociedad que quiere construir su convivencia social en justicia y reconciliación. Por ello, “si alguna vez vives momentos de confusión, mira fijamente a la sede apostólica; escucha atento lo que viene de Roma; confía de manera particular en aquél que es el Vicario del Señor”4, o al hermoso decir de Santa Catalina de Siena, “el dulce Jesús en la tierra”.

Porque, “donde está Pedro, allí está la Iglesia, y donde está la Iglesia, no hay muerte, sino vida eterna”5.

San Pablo, apóstol.

Solemnidad de San Pedro y San PabloPero la fiesta de hoy también es la fiesta de San Pablo. Si San Pedro fue el primero en confesar la fe y aquél que fundó la primitiva Iglesia con el resto de Israel, San Pablo fue el maestro insigne que la interpretó y extendió la Iglesia a todas las gentes6.

Por el mismo San Pablo sabemos que nació en Tarso, Cilicia, de un padre que era ciudadano romano, en el seno de una familia judía de observancias fariseas. Dado que pertenecía a la tribu de Benjamín, se le dio el nombre de Saúl o Saulo, que era común en esa tribu de Israel. En tanto que ciudadano romano como su padre, llevaba el nombre latino de Pablo o Paulo. Aprendió el oficio de hacer tiendas de lona o más bien a hacer la lona para las tiendas. De joven fue enviado a Jerusalén para ser educado por Gamaliel, un reputado fariseo y maestro de la ley. En los inicios de la Iglesia, fue un activo perseguidor de cristianos (ver Gal 1, 13; Flp 2, 6), pero en el año 36 se convierte a la fe cristiana cuando Jesús se le aparece en el camino de Damasco y es derribado de su caballo: “Se hallaba en ruta hacia Damasco, a punto ya de llegar, cuando de pronto un resplandor celestial le deslumbró. Cayó a tierra y oyó una voz que decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¿Quién eres, Señor, preguntó Saulo. Soy Jesús a quién tú persigues, respondió la voz. Anda levántate y entra en la ciudad. Allí se te dirá lo que te es preciso hacer…A pesar de que había abierto los ojos, no veía nada” (Hch 9, 3-6.8).

San Pablo apóstol resplandece por ser Maestro de Fe y Verdad, por ser Apóstol y Heraldo de Jesucristo a las gentes de todos los tiempos, de ayer y de hoy.

En base a un obra evangelizadora colosal que sólo puede entenderse por su apertura a la acción del Espíritu Santo en su vida y por su profundo amor al Señor Jesús y a la Iglesia, San Pablo extiende el Evangelio por todo el mundo conocido de su tiempo, haciendo que la Buena Nueva de Jesús se encarne en toda cultura, y sea acogida por las gentes de toda raza, lengua y nación.

Sobre sus esfuerzos apostólicos San Pablo dirá: “Cinco veces he recibido de los judíos cuarenta azotes menos uno; tres veces he sido flagelado con varas; una vez he sido apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado en lo profundo del mar. Muchas veces he estado en viajes a pie, en peligros de río, en peligros de asaltantes, en peligros de los de mi nación, en peligros de los gentiles, en peligros en la ciudad, en peligros en el desierto, en peligros en el mar, en peligros entre falsos hermanos. Y luego, fatigas y dificultades y no sé cuántas noches sin dormir, ni cuántos días pasando hambre y sed, y los fríos que soporté sin ropa con qué cubrirme” (2 Cor 11, 24-27).

¿Cómo entender esta capacidad y disponibilidad para padecer todo esto por el Señor Jesús? Todo el esfuerzo apostólico de San Pablo, todo lo que hace y todo lo que sufre, brota de su fe, que es experiencia de descubrirse amado por Jesucristo de un modo personal. Como hermosamente ha dicho ayer Su Santidad Benedicto XVI, “su fe es el impacto del amor de Dios en su corazón…Es la conciencia del hecho que Cristo ha afrontado la muerte por amor a él y que como Resucitado lo ama siempre, por lo que se ha donado por él7. Qué hermosa experiencia de encuentro con Cristo. Roguemos que esa experiencia de vida sea también la de cada uno de nosotros también, para que así con el apóstol podamos decir: “Para mí la vida es Cristo” (Flp.1, 21).

Hoy damos solemne inicio en nuestra Iglesia particular de Piura y Tumbes al “Año Paulino”, un año que nos regala el Papa Benedicto XVI con ocasión de celebrarse el bimilenario del nacimiento del apóstol de gentes, que los historiadores sitúan entre los años 7 y 10 d.C. Este año jubilar tiene por finalidad profundizar en la rica enseñanza contenida en las cartas de San Pablo, verdadero patrimonio de la humanidad redimida en Cristo y de edificarnos con su testimonio de vida para que así surjan discípulos y misioneros del Señor dispuestos a vivir, trabajar, sufrir y morir por Cristo y Su Iglesia. El Año Paulino viene entonces a ser una ocasión maravillosa para nosotros que estamos por comenzar a vivir el próximo 24 de septiembre, fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes, la Gran Misión Arquidiocesana Quédate con Nosotros, Señor.

Estoy seguro que el “Año Paulino” será un momento de gracia para nuestra Arquidiócesis, para el Perú y para el mundo entero. Agradezcamos al Santo Padre la generosidad que ha tenido de concedernos que en siete iglesias parroquiales de Piura y Tumbes, podamos ganar a lo largo de este año la gracia de la indulgencia plenaria, porque si el apostolado es sobre abundancia de amor, entonces la propia conversión al amor de Cristo es el camino para la auténtica fecundidad apostólica. Así nos lo testimonian tanto Pedro como Pablo.

No quiero concluir estas palabras sin hacer llegar mi saludo en este día a los pescadores de nuestra Región, que celebran también hoy a su santo patrono, San Pedro. Nuestra gratitud por la noble misión que realizan y que redunda en la alimentación de los hogares peruanos y en la forja de la grandeza de nuestra Patria, ya que nuestro mar, el “Mar de Grau”, está indesligablemente unido a la historia y al destino del Perú. La misma geografía de nuestra Región así nos lo recuerda cuando vemos que nuestra Piura se reclina confiada en nuestro mar.

Mi oración para que por la intercesión de San Pedro, el Señor Jesús y la Virgen María, siempre los protejan y los hagan retornar sanos y salvos al seno de sus hogares. No se olviden que Jesús escogió como primeros apóstoles a unos humildes pescadores, ello es señal del amor de predilección que tiene por quiénes se dedican a esta noble profesión. Que en su fe cristiana y en la Doctrina Social de la Iglesia, encuentren siempre la inspiración y la fortaleza para estar unidos, sean pescadores artesanales o industriales, marinos o de agua dulce, y logren en sus actividades el beneficio para unos y otros que es al mismo tiempo el beneficio para toda nuestra Región. No se olviden que cuando Jesús realizó el milagro de la pesca milagrosa las dos embarcaciones que estaban ahí en ese momento se beneficiaron de la redada de peces tan grande (ver Lc 5, 7), es decir todos y no sólo algunos. A ustedes de manera especial, así como a Pedro, pescador, el Señor les dice, “remen mar adentro” (Lc 5, 4).

San Miguel de Piura, 29 de junio de 2008
Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Apóstoles.

+ JOSÉ ANTONIO EGUREN ANSELMI, S.C.V.
Arzobispo Metropolitano de Piura

domingo 29 junio, 2008