ARZOBISPO CELEBRA MISA POR FIESTA DE SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER

 24 de junio (Oficina de prensa).- En la Ermita de la Universidad de Piura fue celebrada hoy por Monseñor José Antonio Eguren, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, la Santa Misa con ocasión de la Fiesta de San Josemaría Escrivá de Balaguer que tendrá lugar el próximo 26 de junio.

La Eucaristía por el Fundador del Opus Dei y Primer Gran Canciller de la Universidad de Piura fue concelebrada por el Pbro. Rafael Sevilla Valdivia y el Pbro. Luis Andrés Carpio, Capellanes de la Facultad de Comunicación y de la Facultad de Derecho de esta Universidad, respectivamente.

En la celebración eucarística estuvieron presentes el Doctor Antonio Abruña Pujol, Rector de la Universidad de Piura, el Consejo Superior de la Universidad; don Vicente Pazos Gonzáles, Capellán Emérito; Capellanes y Sacerdotes de la Obra, así como profesores, alumnos y trabajadores de la Universidad, y miembros del Opus Dei.

Antes de comenzar la Santa Misa se anunció la venida a Piura de Monseñor Javier Echevarría Rodríguez, Obispo Prelado del Opus Dei, quien visitará nuestra ciudad el próximo 15 de julio.

Al finalizar la celebración fueron expuestas dos reliquias de San Josemaría Escrivá las que fueron veneradas con gran recogimiento por los presentes.

A continuación presentamos la Homilía de Monseñor Eguren para esta Santa Misa.

Fiesta de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador
Homilía
 

Con gratitud a Dios-Amor y a la Universidad de Piura, presido esta Santa Misa con ocasión de celebrarse el próximo 26 de junio la Fiesta de San Josemaría, Fundador del Opus Dei y Fundador y Primer Gran Canciller de esta querida casa de estudios.

Saludo con afecto al Rector de la Universidad de Piura, Doctor Antonio Abruña Pujol, al Consejo Superior de la Universidad, a su Capellán Emérito, el queridísimo don Vicente Pazos Gonzáles, al Capellán Mayor Encargado, don Rafael Sevilla Valdivia, a los Capellanes y Sacerdotes de la Obra presentes, al claustro de profesores, alumnos y trabajadores de la Universidad, así como a los numerarios, supernumerarios, amigos y bienhechores del Opus Dei.

Al comenzar esta homilía, quisiera aprovechar la oportunidad para expresar mi más sentido pésame a la familia y a la Universidad de Piura por el reciente tránsito a la Casa del Padre de la doctora Jesús María Chiyón de Mares, Vicerrectora de esta casa de estudios. Nuestra fe y esperanzas cristianas nos aseguran que ella ya ha sido conducida al encuentro pleno con Dios Uno y Trino, comunión de Amor. Estoy seguro que el Señor Jesús sabrá recompensar con creces, a quien fue buena esposa, madre, colega y amiga.

Así como lo hice en Roma, cuando apenas tuve conocimiento de su partida de entre nosotros, tengan la seguridad de mis oraciones por todos ustedes, en las que pido al Señor Jesús les otorgue en estos momentos una fe sólidamente cimentada en la confianza y una esperanza centrada en el amor.

La fiesta de San Josemaría, es una hermosa invitación para que todos nosotros reflexionemos esta tarde en esa maravillosa fundación que el Espíritu Santo le inspiró para el bien de su Iglesia y que es el Opus Dei. San Josemaría quería vivamente que el Opus Dei sea un medio que ayudara a las personas a encontrar a Cristo en el trabajo, la vida familiar y en toda actividad ordinaria.

Consciente que todo bautizado está llamado a ser santo, es decir a configurarse con el Señor Jesús, y a vivir y dar conocer el Evangelio, San Josemaría señaló claramente que la finalidad de la Obra es la de contribuir a la misión evangelizadora de la Iglesia, promoviendo entre los fieles cristianos de toda condición una vida coherente con la fe en las circunstancias ordinarias de la vida y especialmente a través de la santificación del trabajo.

Fieles a vuestro Padre Fundador ayuden a todos los que puedan a que descubran la alegría de la fe, la alegría de ser amados personalmente por Dios, que entregó a su Único Hijo para nuestra salvación y proclamen que la santidad es el grado ordinario de la vida cristiana y que sólo ella ayuda a edificar la Iglesia.

Sabernos y descubrirnos hijos de Dios

Para San Josemaría la filiación divina es el fundamento del espíritu del Opus Dei. Qué importante es por tanto que redescubramos la belleza de nuestro bautismo y fortalezcamos en nuestras vidas un vivo sentido de nuestra condición de hijos de Dios en el Hijo por excelencia que es el Señor Jesús, viviendo conforme con esa condición, rechazando todo lo que es indigno de ella y cumpliendo todo cuanto en ella se significa.

Para vivir la belleza de nuestra filiación divina, como era el deseo de San Josemaría, vivamos la fe como abandono a Dios que nos conoce y ama personalmente, aceptando la Verdad que Él ha revelado en Jesucristo, con la actitud que nos lleva a tener la certeza en Cristo Jesús como revelador del Padre.

Tengamos igualmente confianza en la Providencia Divina; seamos sencillos y amorosos en el trato con el Señor; poseamos un profundo respeto por la dignidad de toda persona humana creada a imagen y semejanza de Dios; hagamos una decidida y apasionada opción por el mundo que Dios quiere dentro de su designio divino; y en todo momento, sobre todo en las pruebas y dificultades, guardemos serenidad y tengamos esperanza.

La santificación en el trabajo y en el cumplimiento de los deberes ordinarios

Grande fue la intuición de vuestro Padre Fundador de señalar el trabajo y la vida ordinaria como el medio donde santificarse. No se trata de convertir el trabajo o la vida familiar en un mundo pseudo eclesiástico, fuera de lo normal, sino de descubrir a Dios en lo ordinario: “Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir… Es en medio de las cosas más materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos las personas…Allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo…” , enseñaba San Josemaría.

En profunda sintonía con la enseñanza conciliar del Vaticano II sobre la vocación universal a la santidad, San Josemaría solía usar esta triple expresión: “Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar a los demás con el trabajo propio”.

Asimismo subrayaba que “no hay tarea humana que no sea santificable, motivo para la propia santificación y ocasión para colaborar con Dios en la santificación de los que nos rodean”. Por ello no se cansará de señalar: “La santidad grande está en cumplir los deberes pequeños de cada instante…Hacedlo todo por Amor. Así no hay cosas pequeñas, todo es grande. La perseverancia en las cosas pequeñas por Amor, es heroísmo… ¿No has visto en qué pequeñeces esta el amor humano? Pues también en pequeñeces esta el Amor divino”.

Así pues, para vuestro santo Padre Fundador el trabajo se presenta como el eje en torno al cual gira la vida de la persona humana, la trama de toda su jornada. Para el fiel cristiano, el trabajo constituye el ámbito diario dónde encontrar, amar, servir y responder a la misión recibida de Dios. San Josemaría entiende el trabajo en su sentido más amplio, es decir como actividad, como obra del hombre. La vida cotidiana, cuando se vive con el Señor Jesús, se transforma en ofrenda de amor a Dios, es decir en alabanza y acción de gracias, en petición e intercesión por todas las personas.

Por ello busquen la santidad en el trabajo, esforzándose por realizarlo bien, no sólo con competencia sino además con sentido cristiano, es decir por amor a Dios y para servir a los hermanos humanos. Así el trabajo cotidiano se convierte en lugar de encuentro con Cristo.

Medios para vivir la santidad

Para poder vivir la santificación en el trabajo y en el cumplimiento de los deberes ordinarios se hace necesario un incesante crecimiento interior. Para ello el Fundador del Opus Dei señala algunos medios. En primer lugar la oración intensa y la vida sacramental constante. La fecundidad del apostolado reside fundamentalmente en ellas para que así la acción se convierta en oración, en gesto litúrgico, en ofrenda de suave olor que suba hasta la presencia del Señor, como el incienso se eleva al cielo (ver Sal 140, 2).

San Josemaría no se cansará en enseñar que la santidad en medio del mundo es posible gracia a la Eucaristía. Para él, comulgar el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús es la acción más sagrada y trascendente que podemos realizar en esta vida. Por ello los fieles de la Prelatura asisten diariamente a la Santa Misa y acuden con frecuencia al sacramento de la confesión. Igualmente para merecer la santificación en el trabajo destacan otros medios espirituales como la meditación asidua del Santo Evangelio, la piedad filial a la Santísima Virgen María y el ofrecimiento de algunas pequeñas mortificaciones, especialmente aquellas que facilitan el cumplimiento del deber y hacen la vida más agradable a los demás, así como el ayuno y la limosna. Finalmente mucha devoción a la Santa Cruz, que es el símbolo de la Obra, la cual inscrita dentro de un círculo representa la voluntad de Dios de difundir el Opus Dei por todo el mundo y a que llevemos la cruz de cada día con amor y de manera oculta.

Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam

Por todos nosotros es conocido que recientemente el Santo Padre ha sido objeto de injustos ataques que han tenido como intención denigrar su persona y con él a la Iglesia.

Nuestro deber como miembros del Pueblo de Dios es rezar en todo momento por el Vicario de Cristo en la tierra, ya que según la sabia y bella expresión de San Ambrosio, “donde está Pedro, allí está la Iglesia, y donde está la Iglesia, no hay muerte, sino vida eterna” ; y en el caso del Pedro de hoy que es Benedicto XVI, agradecer el don de su vida y de su ministerio petrino, su infatigable labor por proclamar a tiempo y a destiempo la verdad de Cristo, de la Iglesia y del Hombre, que constituyen fuente de renovada esperanza para la Iglesia y para el mundo de hoy.

Entre los rasgos que más destacan de la santidad de San Josemaría está su absoluta fidelidad e intenso amor por el Vicario de Cristo en la tierra. En estos tiempos en que soplan vientos erosivos de infidelidad y desobediencia que bien nos viene el testimonio de su vida así como de sus enseñanzas cuando nos exhorta a crecer en nuestra adhesión y afecto filial por el Papa. San Josemaría nos dirá: “Ama, venera, reza, mortifícate, cada día con más cariño, por el Romano Pontífice, piedra basilar de la Iglesia, que prolonga entre todos los hombres, a lo largo de los siglos y hasta el fin de los tiempos, aquella labor de santificación y gobierno que Jesús confío a Pedro”. Ojala que como él todos nosotros también podamos decir: “Gracias Dios mío, por el amor al Papa que has puesto en mi corazón”.

Que por su intercesión hoy y siempre renovemos nuestra adhesión incondicional al Santo Padre, quien nos muestra el camino seguro y cierto que debemos seguir en medio de la imperante desorientación, inquietud y relativismo. Como San Josemaría, creamos firmemente que por medio del Papa, Jesús mismo nos gobierna, enseña y santifica, y que bajo su cayado formamos la verdadera Iglesia: una, santa, católica, apostólica, y romana como él solía decir.

Cuánto no era lo que le gustaba repetir: ¡Romana! “La Iglesia Católica es Romana. Yo saboreo esta palabra: ¡Romana! Me siento romano, porque romano quiere decir universal, católico; porque me lleva a querer tiernamente al Papa, el dulce Cristo en la tierra, como gustaba repetir Santa Catalina de Siena, a quien tengo por amiga amadísima”.

Finalmente siguiendo su ejemplo de hijo amantísimo de Santa María, encomendamos el Opus Dei a la Virgen Santísima, Aquella, quien según San Josemaría, “edifica continuamente la Iglesia, la aúna, la mantiene compacta. Es difícil tener una auténtica devoción a la Virgen, y no sentirse más vinculados a los demás miembros del Cuerpo Místico, más unidos también a su cabeza visible, el Papa. Por eso…Omnes cum Petro, ad Iesum per Mariam. ¡Todos con Pedro, a Jesús por María! Y al reconocernos parte de la Iglesia e invitados a sentirnos hermanos en la fe, descubrimos con mayor hondura la fraternidad que nos une a la humanidad entera, porque la Iglesia ha sido enviada por Cristo a todas las gentes y a todos los pueblos”.

Al concluir estas sencillas reflexiones, doy las gracias nuevamente a todos ustedes por esta invitación a presidir esta solemne Santa Misa y los invito a dar por doquier un testimonio luminoso de fe, según el ejemplo y el testimonio de vida de San Josemaría, vuestro Fundador. Yo les aseguro mi afecto y compañía con mis oraciones y los bendigo de todo corazón, a ustedes, a sus familias y a la Universidad de Piura. Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 26 de junio de 2010

Fiesta de San Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador.

 

 

 

(1) San José María, Homilía en el Campus de la Universidad de Navarra, 8-X-1967.

(2) San Josemaría, Es Cristo que pasa, n. 122.

(3) Ibid. n. 10.

(4) San Josemaría, Camino, nn. 817; 813; 824.

(5) San Ambrosio de Milán, Explicación sobre el salmo 40, n. 30.

(6) San Josemaría, Forja, n. 134.

(7) San Josemaría, Homilía Amar a la Iglesia, n. 28.

(8) San José María, Es Cristo que pasa, n. 139.

jueves 24 junio, 2010