Arzobispo celebra el 189º Aniversario del Grito Libertario de Piura

 4 de enero (Oficina de prensa).- El Arzobispo Metropolitano de Piura, Mons. José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., presidió la Santa Misa Solemne por el 189° Aniversario del Grito Libertario de Piura, a las 8:30 a.m., en la iglesia del Convento San Francisco. En la presente nota de prensa, les ofrecemos el texto completo de la Homilía que pronunció nuestro Pastor para esta ocasión.

Como todos los años, participaron en esta celebración eucarística las principales autoridades civiles, políticas y militares de nuestra Región, así como los fieles católicos de nuestra ciudad.

 El 4 de enero de cada año, Piura recuerda una de sus fechas más gloriosas, el Grito Libertario dado un día como hoy hace 189 años. La Iglesia del Convento San Francisco, fue escenario del acontecimiento histórico que perenniza el heroico gesto patrio de los piuranos. En este venerado recinto, el 4 de enero de 1821, hombres y mujeres de todas clases sociales de la ciudad de Piura, pronunciaron el grito libertario a favor de la causa emancipadora.

 

HOMILÍA CON OCASIÓN DEL 189º ANIVERSARIO DEL GRITO LIBERTARIO DE PIURA

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús:

Fieles a la tradición de nuestros antepasados, nos hemos reunimos hoy en esta venerable iglesia de San Francisco, para celebrar el 189° aniversario del Grito Libertario de Piura y ofrecer la Eucaristía por nuestra querida Región, por sus autoridades y habitantes, para que cada día con nuestro esfuerzo conjunto hagamos de Piura la “casa y la escuela de la comunión”.

Espiritualidad de la comunión
Al comenzar un nuevo año que nuestro compromiso sea promover en Piura una espiritualidad de la comunión. Ello nos exigirá ver en el otro a un hermano en Cristo, con quien debo compartir alegrías y sufrimientos, y a quien debo ayudar a sobrellevar sus cargas (ver Gal 6, 2), así como intuir sus deseos y atender sus necesidades. Espiritualidad de la comunión que es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo. Espiritualidad de la comunión que supone también rechazar las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran desconfianzas y envidias, rivalidades y disputas.

No nos hagamos ilusiones; sin este camino espiritual, de poco servirá programar grandes iniciativas, planes y proyectos para el año que comienza, ya que éstos se convertirán en medios sin vida, en máscaras de comunión, más que en sus modos de expresión y crecimiento(1) . Queridos hermanos lo que necesitamos urgentemente antes que nada, es mucha unidad, aquella que sólo puede darnos la vivencia de nuestra común fe cristiana y católica.

No por algo nuestros mayores cuando tuvieron que decidir algo de tanta trascendencia como la proclamación de la Independencia, decidieron reunirse nada menos que una iglesia, precisamente en este templo de San Francisco que hoy nos acoge. Y es que los peruanos sabemos muy bien donde podemos encontrarnos como hermanos y alcanzar la unidad: al pie del altar. Es decir en la confesión de nuestra fe cristiana y católica, a cuyo calor se ha forjado lo que llamamos “peruanidad”.

Es bueno también recordar, que la proclamación de la Independencia de Piura no se realizó sino hasta que estuvieron presentes en este recinto sagrado los peruanos que visten el uniforme de la Patria. Ese fue el clamor de las autoridades y personas que se dieron cita aquí un día como hoy hace 189 años. Ellos nos enseñan a que nuestros soldados, marinos, aviadores y policías, son tan peruanos como nosotros, y que sólo existe una sola sociedad conformada por todos los peruanos sin distinción, con y sin uniforme. Nuestros homenaje a los peruanos que visten el uniforme patrio, que con sus sacrificios y diaria entrega, muchas veces incomprendida y en algunos casos sufriendo injusto maltrato, se esfuerzan por contribuir a la seguridad y el desarrollo de la Nación.

Búsqueda del Bien Común
¡Unidad! Esta es la gran necesidad que percibo en nuestra querida Piura. Unidad que sólo será posible cuando todos sin excepción, nos esforcemos por la realización del bien común, en cuanto bien de todos los hombres y de todo el hombre. El bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad según las propias capacidades y posibilidades, pero principalmente es un deber de la clase política.

No hay que olvidar que el bien común es la razón de ser de la autoridad política y que ella tiene el deber de armonizar con justicia los diversos intereses sectoriales, no sólo según las orientaciones de la mayoría, sino en la perspectiva del bien efectivo de todos los miembros de la sociedad, incluidas las minorías. La búsqueda conjunta del bien común es lo que dará cohesión a nuestro cuerpo social, tan veces dividido y enfrentado.

Como bien enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “Una sociedad, que en todos sus niveles, quiere positivamente estar al servicio del ser humano es aquella que se propone como meta prioritaria el bien común…La persona no puede encontrar realización sólo en sí misma, es decir, prescindir de su ser «con» y «para» los demás”(2) .

El bien común exige ser servido plenamente, no según visiones reductivas subordinadas a las ventajas que una persona o grupo pueda obtener. Si queremos el desarrollo integral de Piura y del Perú, dejemos de lado egoísmos, rivalidades, ansias de poder y envidias. Pongámonos al servicio de los demás, especialmente de los más pobres y débiles, de nuestros niños, jóvenes y ancianos.

Hombres nuevos para una Piura nueva
Para la Piura nueva que todos anhelamos, se requieren hombres nuevos según el modelo de Cristo. Si queremos una Piura donde reinen plenamente la verdad, la justicia, la paz y la solidaridad entre nosotros, se requieren hombres virtuosos, hombres que aspiren a la santidad, es decir personas decididas a ser en todo semejantes al Señor Jesús, “quien en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”(3) .

Este esfuerzo de configurarnos con el Señor Jesús para ser hombres nuevos, nos exige luchar contra nuestros defectos de carácter y con las taras que desgraciadamente forman parte de nuestra idiosincrasia, como son entre otras: la adulación, el pesimismo, la envidia, la falta de compromiso, la improvisación, la queja y el pedido fácil, el socavar las buenas iniciativas de los otros, etc.; y potenciar lo mucho de bueno y positivo que hay en nuestra forma de ser: nuestra profunda religiosidad cristiana, nuestra gran capacidad de acogida y de ser solidarios, nuestro hondo sentido de comunidad, el genio artístico que brota de la conmoción o asombro ante lo verdadero, bueno y bello de la realidad, y tantas cosas más que distinguen nuestra “peruanidad” y específicamente nuestra “piuranidad”.

¡Qué mejor que este tiempo de Navidad y este comienzo de año para emprender esta tarea de seguir a Cristo y de cooperar activamente con la gracia que Él nos da para llegar a ser en todo semejantes a Él, ya que con su Encarnación, Él se ha unido en cierto modo, con todo hombre para ser nuestro modelo de humanidad, como nos lo recuerda el Concilio Vaticano II: “El Hijo de Dios…trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado”(4) .

Superar la violencia
En el año que hemos terminado, hemos sido testigos de hechos dolorosos de violencia que nunca más deben repetirse en nuestro querido Perú. Incluso nuestra misma Región la ha sufrido con la trágica consecuencia de pérdidas de vidas humanas que han dejado sumida en el dolor a varias familias.

La violencia es siempre una falta de respeto a la imagen y semejanza de Dios (ver Gn 1, 26-27), en nuestro prójimo, en toda persona humana sin excepción alguna. La violencia, en cualquiera de sus formas, es una negación de la dignidad humana.

Quisiera hacer un llamado para que en el año 2010 busquemos la solución pacífica, y en base a la vía maestra del diálogo, de las controversias que pudieran surgir entre nosotros. La posibilidad de cualquier enfrentamiento o protesta violenta debe ser desechada con firme decisión. La búsqueda de la justicia jamás se alcanzará por senderos de odios y de muerte, ya que la violencia además de ser indigna del hombre, sólo engendra más violencia y retroalimenta los odios. Una vez más les digo que la fuerza que puede vencer la violencia brota de la fe, coherentemente vida y testimoniada en todos los ámbitos de nuestra vida. Que cada uno de nosotros cumpla con sus responsabilidades como lo haría el mismo Cristo si estuviera en nuestro lugar.

Alimentemos la firme esperanza que si cada cual cumple debidamente con sus responsabilidades, por pequeñas que éstas puedan ser, surgirá entre nosotros una sociedad caracterizada por el compartir, la solidaridad y el amor fraternal, que es la única forma de vida digna del ser humano.

Las únicas bases para esta sociedad las constituyen el respeto por la vida humana desde el instante mismo de la concepción hasta su fin natural, el respeto por los derechos de la persona humana que brotan de la ley natural inscrita en su corazón, y la verdadera justicia e igualdad como fundamentos del bien común.

Año electoral
El año 2010 será un año en que elegiremos a nuestras autoridades regionales y locales. Quisiera desde ya invocar a todos a que las campañas políticas se realicen con altura y al nivel del respetuoso debate de las ideas y con programas realistas y viables, donde la defensa y promoción de la familia, célula primaria y vital de la sociedad, fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, sea una prioridad.

Hermanos: pensemos en Piura antes que en nosotros mismos. Desterremos los insultos, la manipulación y la mentira en las propuestas como instrumento para atraer votos. Exhorto a los que serán candidatos y a los líderes políticos a que con su conducta ejemplar contribuyan a fortalecer la confianza en la democracia y el respeto al estado de derecho, y al mismo tiempo ayuden a los ciudadanos a participar adecuada y correctamente en el proceso electoral.

A los que vayan a ser candidatos les recuerdo que “el ejercicio de la autoridad debe asumir el carácter de servicio y se ha de desarrollar siempre en el ámbito de la ley moral para lograr el bien común: quien ejerce la autoridad política debe hacer converger las energías de todos los ciudadanos hacia este objetivo, no de forma autoritaria, sino valiéndose de la fuerza moral alimentada por la libertad”(5) .

La Arquidiócesis Metropolitana de Piura 2010
Finalmente, el año 2010 que hemos inaugurado, significa para la Iglesia que peregrina en Piura y Tumbes, el tercer año de la Gran Misión Arquidiocesana “Quédate con nosotros, Señor”.

Este será un año eminentemente festivo, lleno de celebraciones y encuentros que tendrá en el Congreso Arquidiocesano Eucarístico y Mariano a realizarse del 11 al 15 de agosto en Piura, su punto más eminente.

Con su realización conmemoraremos además los cincuenta años del VI Congreso Eucarístico Nacional que tuvo por sede a la Arquidiócesis Metropolitana de Piura, así como de la Coronación Pontificia de la imagen preciosa de Nuestra Señora de las Mercedes, “Estrella de la Evangelización”, Madre y Señora de nuestra Iglesia particular.

Asimismo en este año celebraremos los veinticinco años de la venida a Piura del venerable siervo de Dios, Juan Pablo II, con la presencia del Señor Nuncio de Su Santidad en el Perú, su Excelencia Reverendísima, Monseñor Bruno Musaró del 5 al 8 de febrero próximo. Desde ya los invito a todos a participar.

Exhortación final
Queridos hermanos, ingresemos al Nuevo Año sin miedos y con mucha confianza. Veamos en cada uno de sus días las hermosas oportunidades que la Providencia Divina nos pone por delante para servir y amar. No nos dejemos vencer por el mal; antes bien, venzamos al mal con el bien (ver Rom 12, 21).

La presencia maternal de Santa María nos asegura que el Señor Jesús, su Hijo, no nos abandona nunca si confiamos en Él y seguimos sus enseñanzas.

Como nuestros antepasados, seamos conscientes que todas las grandes empresas y obras, como lo fue la gesta de la independencia, se tienen que realizar siempre con el Señor, quien debe estar en el comienzo, durante el desarrollo y en el fin de todas nuestras acciones. Seamos cada vez más amigos de Cristo y por tanto, amigos de Dios y que de este modo podamos “ser sal de la tierra y luz del mundo” (ver Mt 5, 13-14).

Que así sea. Amén.

San Miguel de Piura, 04 de enero de 2010

(1) Ver S.S. Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, n. 43.

(2) Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1912.

(3) Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 22.

(4) Lug. Cit.

(5) Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n. 567

lunes 4 enero, 2010