ARQUIDIÓCESIS DE PIURA Y TUMBES ES BENDECIDA CON 3 NUEVOS SACERDOTES Y 3 NUEVOS DIÁCONOS

 21 de abril (Oficina de Prensa).- Con alegría una gran cantidad de fieles y familiares se dieron cita en la Basílica Catedral de Piura para celebrar la Santa Misa del IV Domingo de Pascua, Domingo de Buen Pastor, en la cual recibieron de manos de Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura y Tumbes, la ordenación del Misterio Diaconal y Presbiteral 3 seminaristas y 3 diáconos de nuestra Arquidiócesis.

Monseñor Eguren durante su homilía exhortó a los nuevos a los nuevos sacerdotes, Franz Joseph Alfaro Lokuan, Javier William Dedios Chunga y Percy Aldo Pardo Ramírez: “Nunca tengan miedo de ser sacerdotes a fondo, sacerdotes ciento por ciento. Sumérjanse en su amor y denle al Señor todo vuestro amor”. Luego agregó: “Queridos hijos: El sacerdote está llamado a ser el hombre del Amor, aquel que hace presente entre los hombres al Amor hecho hombre, Jesucristo nuestro Señor, y esto sólo se puede alcanzar cuando se vive por el Señor Jesús, para el Señor Jesús, con el Señor Jesús y en el Señor Jesús”.

Antes de finalizar su homilía Nuestro Pastor se dirigió a los nuevos diáconos Dergi Facundo Facundo, Alfredo Dany More Quesada y Edgar Sebastián Vite Chunga: “Serán ministros de la Palabra de vida, por ello profundicen, y ahonde en ella en un clima de orante estudio. Sólo quien escucha y acoge la Palabra puede convertirse después en su anunciador. No se trata de enseñar al Pueblo de Dios la propia sabiduría sino la sabiduría de Dios en comunión con la Iglesia”.

A continuación publicamos la homilía completa de nuestro Arzobispo:

HOMILÍA

ORDENACIONES SACERDOTALES Y DIACONALES

Domingo del Buen Pastor

 En este IV Domingo de Pascua, la Iglesia que peregrina por Piura y Tumbes se ve bendecida con el don de tres nuevos sacerdotes y tres nuevos diáconos. Demos gracias a Dios Padre por medio de Jesucristo nuestro Señor, en el gozo del Espíritu, por este don de su amor, y a la vez que le agradecemos su generosidad para con nosotros, “roguemos al dueño de la mies que envíe más obreros a su mies” (Lc 10, 2), conforme a la enseñanza que hemos recibido del Señor Jesús en el Santo Evangelio.

Os daré Pastores según mi corazón

Quiero esta mañana en primer lugar, reflexionar con ustedes sobre el sacerdocio ministerial. En cada ordenación sacerdotal el Señor cumple la promesa que nos hiciera a través del profeta Jeremías: “Os daré pastores según mi corazón, que os alimenten con ciencia y doctrina” (Jer 3, 15). Dios-Amor es tan bueno, fiel y misericordioso con su Iglesia, que nunca la abandona y siempre le concede hombres, que consagrados con el sacerdocio ministerial, hagan presente al Señor Jesús, el Buen Pastor, en medio de su Iglesia y del mundo.

Como nos enseña el Magisterio: “Los sacerdotes son, en la Iglesia y para la Iglesia, una representación sacramental de Jesucristo, Cabeza y Pastor, proclaman con autoridad su palabra; renuevan sus gestos de perdón y de ofrecimiento de la salvación, principalmente con el Bautismo, la Penitencia y la Eucaristía; ejercen, hasta el don total de sí mismos, el cuidado amoroso del rebaño, al que congregan en la unidad y conducen al Padre por medio de Cristo en el Espíritu. En una palabra, los presbíteros existen y actúan para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia, en el nombre y en la persona de Cristo, Cabeza y Pastor”.

 Queridos Franz, Javier y Percy. El día de hoy Domingo del Buen Pastor, gracias a la imposición de manos por parte del Obispo y la oración consecratoria, ustedes quedarán configurados para siempre, en el tiempo y la eternidad, con Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote. A partir de hoy cada vez que hablen y obren celebrando los sagrados misterios, será el Señor Jesús quien hable y obre en ustedes y a través de ustedes. El sacerdote cuando celebra la Misa no dice: “Este es el Cuerpo de Jesús”, sino “Esto es mi Cuerpo”. No dice: “Jesús te absuelve de tus pecados”, sino “Yo te absuelvo de tus pecados”. No obrarán en nombre propio sino en nombre de Cristo. Jesús quiere valerse de sus labios y de sus manos, de su espíritu de sacrificio y de todo su ser, para apacentar y pastorear a su rebaño. Esto les va a exigir dárselo todo al Señor y no reservarse nada para sí.

Gracias a la entrega que ustedes hacen de sí mismos al Señor, el pueblo cristiano podrá cantar confiado en cada Eucaristía, en cada celebración sacramental y en cada liturgia: “El Señor es mi Pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Me guía por el sendero justo…Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término” (Sal 22, 1-6).

Queridos hijos: En el momento de vuestra ordenación sacerdotal, mediante el signo litúrgico de la imposición de las manos, Cristo los podrá bajo su especial protección. Estarán a partir de hoy y para siempre escondidos en las llagas de sus manos y en su Sagrado Corazón. Por ello nunca tengan miedo de ser sacerdotes a fondo, sacerdotes ciento por ciento. Sumérjanse en su amor y denle al Señor todo vuestro amor. Dentro de poco sus manos serán ungidas con el santo crisma, signo del Espíritu Santo. Ellas quedarán consagradas para servir a Jesús como sus manos en el mundo. A partir de hoy, ustedes ya no servirán al egoísmo sino que deberán dar en el mundo el testimonio del Amor de Dios, sirviendo a la obra de la Reconciliación como fieles administradores de los bienes que Cristo nos ha conquistado con su Sangre.

Como bien saben el sacramento del Orden imprimirá es sus corazones un signo espiritual indeleble, imborrable. El carácter sacramental producirá entre Cristo Sacerdote y ustedes una identificación ontológica profunda y total. Será tarea de ustedes, en activa cooperación con la gracia sacramental recibida el día de hoy, que esa identificación con Cristo Sacerdote, Cabeza y Pastor, se refleje cada día más y mejor en sus vidas de tal manera que ustedes sean para los fieles cristianos una imagen viva de Jesús, el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas (ver Jn 10, 11).

La caridad pastoral

 El medio para lograrlo será la vivencia de la caridad pastoral, que es “don gratuito del Espíritu Santo y, al mismo tiempo, tarea y llamada a la respuesta libre y responsable del sacerdote”. La caridad pastoral, principio interior y dinámico capaz de unificar las múltiples y diversas actividades del sacerdote, “es aquella virtud con la que nosotros imitamos a Cristo en la entrega de sí mismo y en su servicio. No es sólo aquello que hacemos, sino la donación de nosotros mismos, lo que muestra el amor de Cristo por su grey. La caridad pastoral determina nuestro modo de pensar y de actuar, nuestro modo de comportarnos con la gente”.

Queridos hijos: El sacerdote está llamado a ser el hombre del Amor, aquel que hace presente entre los hombres al Amor hecho hombre, Jesucristo nuestro Señor, y esto sólo se puede alcanzar cuando se vive por el Señor Jesús, para el Señor Jesús, con el Señor Jesús y en el Señor Jesús. Qué importante entonces será para ustedes vivir diariamente una vida de profunda comunión con Cristo. Para ello amen la Santa Misa. La caridad pastoral fluye sobre todo, del sacrificio eucarístico, que es por ello centro y raíz de toda la vida del presbítero. Igualmente cuiden cada día, los tiempos dedicados a la oración, tanto mental como vocal, especialmente la Liturgia de las Horas. Sean generosos en las mortificaciones. No abandonen la formación permanente. Prevean en su plan diario algún tiempo para el estudio, tanto del Magisterio de la Iglesia como de la Teología. Que los libros no duerman en sus estantes.

Sólo viviendo unidos a Cristo en la Cruz, podrán vivir su ministerio como amoris officium, como oficio de amor, y así hacer de la Iglesia y de las almas su único interés, “gastándose y desgastándose” por ellas según la conocida expresión paulina (ver 2 Cor 12, 15).

Aunque parezca duro afirmarlo, los sacerdotes no tenemos derechos, sólo deberes: El deber de predicar la Palabra de Dios a todos; el deber de enseñar la fe de la Iglesia a los niños, jóvenes y adultos por medio de la catequesis; el deber de administrar los sacramentos y de visitar a los enfermos y a los sanos; el deber de conducir a Cristo a todos con un amor que no excluya a nadie, aunque tenga a los pobres y a los jóvenes como a sus predilectos; el deber de no dejar abandonado a Jesús en el Sagrario; el deber de ser buen pastor que busca a las ovejas extraviadas y cura a las enfermas, aunque pase muchas horas en el confesionario; el deber de defender la dignidad de la persona humana desde la concepción hasta su fin natural con la muerte. En una palabra, el deber de darles a las ovejas en nombre de Cristo “la vida eterna”, para que las ovejas no perezcan y jamás sean arrebatadas de las manos de Jesús el Buen Pastor (ver Jn 10, 28). Deberes que se hacen llevaderos y que son fuente de alegría y de paz para el sacerdote, cuando se es Pastor según el Corazón de Jesús. Cuando el Señor lo es todo en nuestro corazón, el “yugo es suave y la carga ligera” (Mt 11, 30).

No caer en la tentación de ser “asalariado”

 Sí quiero prevenirlos de la acción del demonio que buscará convertirlos en “asalariados” haciendo que traicionen su ser de sacerdotes según el Corazón de Cristo. Estén prevenidos y no se confíen. El demonio es muy astuto y buscará seducirlos, desorientarlos, ofrecerles “alternativas viables”, buscará que abandonen su ser de pastores para convertirlos en sus mercenarios. Sean siempre concientes que “nuestra lucha no es contra los poderes humanos sino contra el poder de las tinieblas” (ver Ef 6, 12). Sean siempre concientes que por nuestra vocación los sacerdotes ocupamos la primera línea de batalla en las nuevas luchas que ha elegido el Señor. Por ello el demonio nos ataca con preferencia y cuando él deforma a un sacerdote-pastor y lo convierte en un asalariado-mercenario, en el infierno hay gran fiesta. Jesús advierte en la parábola, que “el asalariado no es pastor ni dueño de las ovejas” (Jn 10, 12). ¿De quien es figura el asalariado? El asalariado es el que busca sus propios intereses y beneficios y no los de Cristo y de las ovejas. Es el que no está dispuesto a sacrificarse, a dar la vida, a servir. Es el que a través de las sagradas órdenes quiere llegar a ser alguien importante, es el que busca su propia exaltación en vez de vivir el humilde servicio del Señor Jesús. Es el que vive el ministerio como burócrata y no como amigo del Señor (ver Jn 15, 14). La vida del asalariado termina en una tragedia. Hundido y revolcado en su propio egoísmo, preso en las garras de Satanás, se vuelve en un intrigante y en una agente de división, antes que en el ministro santo de la comunión y de la unidad. Termina creyéndose la medida de todas las cosas y así abandona el camino liberador de la obediencia volviéndose individualista y contestatario; traiciona su celibato que mantiene vivo su amor íntimo y total por Jesús y los hermanos y cae en la impureza de la carne y en la ambición del dinero. Ya no camina más a la cabeza del rebaño abriendo el camino y afrontando los peligros, sino que se queda detrás de las ovejas, las trata de mala manera con prepotencia y las deja expuesta a que los lobos de la cultura pagana y secularizada de hoy en día hagan estragos en ellas.

No sea así con ustedes. Que vuestra conciencia de ser elegidos por el Señor para el ministerio santo de sacerdotes los aleje siempre de toda indiferencia, de cualquier comodidad o interés personal en la lucha en favor de la Iglesia y de sus hermanos los hombres, a los cuales han sido enviados a servir, a amar, hasta dar la vida por ellos si fuera necesario.

Servidores de la Palabra, de la Eucaristía y de los Hermanos

 Finalmente quisiera dirigirme a Dergi, Alfredo y Edgar, quienes esta mañana serán ordenados diáconos en camino hacia el sacerdocio ministerial. Como claramente lo expresa el ritual de la ordenación diaconal, hoy se les imponen las manos no en orden al sacerdocio sino para realizar un servicio, quedarán configurados con Cristo servidor. Recibirán el Espíritu Santo para servir de ayuda a su Obispo y a su presbiterio en el ministerio de la Palabra, del Altar y de la Caridad. Desde ahora los exhortó a que durante este tiempo de camino al presbiterado se esfuercen por cultivar en sus corazones los anhelos por el sacerdocio, haciendo de sus vidas con Cristo, un sacrificio de alabanza a Dios y de reconciliación.

Serán ministros de la Palabra de vida, por ello profundicen, y ahonde en ella en un clima de orante estudio. Sólo quien escucha y acoge la Palabra puede convertirse después en su anunciador. No se trata de enseñar al Pueblo de Dios la propia sabiduría sino la sabiduría de Dios en comunión con la Iglesia. Como bien enseña el Concilio: “Es necesario, pues, que todos los clérigos, sobre todo los sacerdotes de Cristo y los demás que como los diáconos y catequistas se dedican legítimamente al ministerio de la Palabra, se sumerjan en las Escrituras con asidua lectura y con estudio diligente, para que ninguno de ellos resulte predicador vacío y superfluo de la Palabra de Dios, que no la escucha en su interior, puesto que debe comunicar a los fieles que se le han confiado, sobre todo en la Sagrada Liturgia, las inmensas riquezas de la Palabra divina”. Sólo así podrán proclamar dignamente la Palabra de Dios, preparar adecuadamente sus homilías e instruir a los fieles cristianos.

Como nos ha dicho recientemente el Papa Francisco: “Nuestra gente agradece el Evangelio predicado con unción, agradece cuando el Evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas”.

Como servidores del Altar les pido que durante el tiempo de su diaconado crezcan en su amor por la Eucaristía. Acompañen diariamente a Jesús escondido en el Sagrario, adórenle en la exposición solemne del Santísimo Sacramento, llévenle con amor a los hermanos en la Sagrada Comunión, sobre todo a los enfermos y moribundos. Trátenle con mucha reverencia en el servicio del Altar y más aún cuando llegue el momento en que sean ordenados sacerdotes, pues Él mismo, obediente a sus palabras, descenderá del Cielo a sus manos en el Santo Sacrificio de la Misa.

 Finalmente, dedíquense con esmero al servicio de la caridad. Desde ya en el ejercicio ahora de su diaconado y más delante de su sacerdocio, tengan verdadero celo por la salvación de los hombres en cuerpo y alma. Dando un testimonio creíble del Evangelio preocúpense por el hombre entero, ciertamente por sus necesidades materiales y físicas: de los hambrientos, los enfermos, los sin techo. Pero preocúpense no sólo de su cuerpo, “sino también precisamente de las necesidades del alma del hombre: de las personas que sufren por la violación de un derecho o por un amor destruido; de las personas que se encuentran en la oscuridad respecto a la verdad; que sufren por la ausencia de verdad y de amor”. Como nos reclamaba el Jueves Santo el Papa Francisco, sean desde ya “pastores con olor a oveja”.

Queridos Dergi, Alfredo y Edgar, hoy asumirán desde vuestra libertad el celibato perpetuo por el Reino de los Cielos. No se olviden que el celibato es un signo luminoso de la caridad pastoral y de un corazón indiviso que les permitirá tener un amor vivo, íntimo y total por Jesús y así poder vivir la entrega total de sí mismos en favor del rebaño, de modo que el Pueblo de Dios crezca en la comunión con su Señor y sea manifestación de la comunión de amor de la Santísima Trinidad. Amen su celibato y junto con él, la obediencia a su Obispo, sea el de hoy o el de mañana. Una obediencia que debe ser respetuosa, educada, considerada y estar transida de amor. El celibato y la obediencia son las columnas fundamentales sobre las cuales se asienta el ministerio sagrado.

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

 Queridos hermanos: Ante el don de estas ordenaciones sacerdotales y diaconales, fortalezcamos nuestra confianza de que nunca faltarán en la Iglesia los ministros de Cristo. El Señor nunca abandona a su amada Esposa, la Iglesia. Pero es indudable que Piura y Tumbes, el Perú y la Iglesia Universal necesitan muchos más sacerdotes. Como el mismo Señor nos advirtió “la mies es mucha y los obreros pocos” (Mt 9, 37). ¿Qué mejor ocasión que estas ordenaciones en el día en que celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones para intensificar esta plegaria? La Iglesia no puede nunca dejar de impetrar al dueño de la mies que envíe obreros a su mies (Mt 9, 38) y de dirigir a los jóvenes de hoy una propuesta vocacional límpida y valiente que les ayude a descubrir el Plan de Dios en sus vidas para que lo asuman con valor y con la conciencia que sólo ahí, en el designio divino, está el camino del despliegue personal, y que la salvación se compromete seriamente cuando uno no busca y no se abre con generosidad a acoger la voluntad de Dios en la propia vida.

Quiero expresar mi felicitación más cariñosa a los padres, familiares y amigos de los nuevos sacerdotes y diáconos, al tiempo que les pido que sigan rezando por ellos. Mi gratitud a todos los que a lo largo de estos años han colaborado activamente en su formación.

Los encomendamos a los cuidados maternales de Santa María, para que con su poderosa intercesión y guía maternal los sostenga en la fidelidad y los ayude en su tarea de ser santos ministros de su Hijo. Sean dóciles a su acción maternal en sus vidas. No hay guía más segura que Ella en nuestra conformación con el Señor Jesús. Ámenla con lo afectos nobles y puros del Sagrado Corazón de Jesús. A Ella confiamos a Franz, Javier, Percy, Dergi, Alfredo y Edgar con la oración del Beato Papa Juan Pablo II:

Madre de Jesucristo,

que estuviste con Él al comienzo de su vida y de su misión,

lo buscaste como Maestro entre la muchedumbre,

lo acompañaste en la Cruz, exhausto por el sacrificio único y eterno;

y tuviste a tu lado a Juan, como hijo tuyo:

Acoge desde el principio

a los llamados al sacerdocio,

protégelos en su formación

y acompaña a tus hijos

en su vida y en su ministerio,

oh Madre de los sacerdotes.

Amén.

San Miguel de Piura, 21 de abril de 2013

IV Domingo de Pascua – Domingo del Buen Pastor

 

 

Nuevos Sacerdotes Franz Joseph Alfaro Lokuan, Javier William Dedios Chunga, Percy Aldo Pardo Ramírez junto a Monseñor José Antonio Eguren

 
Nuevos diáconos Dergi Facundo Facundo, Alfredo Dany More Quesada y Edgar Sebastián Vite Chunga junto a Monseñor José Antonio Eguren
domingo 21 abril, 2013