LLENOS DEL ESPÍRITU SEAMOS AUDACES TESTIGOS DE JESÚS

Arzobispo celebra fiesta de Pentecostés

20 de mayo de 2018 (Oficina de Prensa).- Con profundo recogimiento una gran cantidad de fieles se congregaron hoy domingo en la Basílica Catedral de nuestra ciudad para participar de la Santa Misa con ocasión de la Solemnidad de Pentecostés, fiesta mediante la cual se conmemora el descendimiento del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, a los cincuenta días después de la Resurrección de Cristo. La Eucaristía fue presidida por nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V.

El mundo de hoy necesita de discípulos llenos del Espíritu Santo 

Al iniciar su homilía, nuestro Pastor destacó la importancia de esta fiesta que nos recuerda el mandamiento del amor, y nos llama a vivirlo: “Han transcurrido 50 días desde la Pascua de Resurrección. Hoy Jesús después de haber ascendido al Cielo, cumple con su promesa y envía desde el seno del Padre al Espíritu de la Verdad, al Paráclito, al Defensor, sobre María Santísima y los Apóstoles. Así como ayer, hoy también el Señor derrama con abundancia el Espíritu Santo sobre nosotros que somos su Iglesia, para que llenos de Él seamos audaces y convincentes testigos suyos. El Espíritu es la Verdad y el Amor. ¡Cuánta necesidad hay de Verdad y Amor en el mundo de hoy! Los frutos del Espíritu son la alegría, la paz, la paciencia, la afabilidad, la bondad, la lealtad, la modestia, la comunión, y el dominio de sí. ¡Cuánta urgencia hay hoy día que en nuestra vida familiar y social florezcan estos frutos! Para ello se hace necesario que los discípulos de Cristo, llenos del Espíritu Santo, con valor, perseverancia y caridad, difundamos estas semillas de vida por doquier. El mundo tiene necesidad de hombres y de mujeres no cerrados en su egoísmo, sino que abiertos y llenos de Espíritu Santo sean artesanos de la Civilización del Amor”. 

El Espíritu Santo: un Don de gran valor 

“El Espíritu Santo -continuó Monseñor Eguren- es un don de tal valor que Jesús llega a decirle a los apóstoles: «Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Defensor, pero si me voy se los enviaré» (Jn 16, 7). ¿Por qué es un don de gran valor? Porque su función es dar testimonio de Jesús en nuestro corazón; es ayudarnos a conocerlo, a amarlo, y a confesarlo como «Señor»: «Nadie puede decir Jesús es Señor, sino en el Espíritu Santo» (1 Cor 12, 3).

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles

En otro momento de su homilía, nuestro Arzobispo nos exhortó a ser siempre dóciles a la acción del Espíritu: “La función del Espíritu Santo es ayudarnos a penetrar en la enseñanza de Jesús, en las verdades del Evangelio que hay veces nos resultan duras y nos parecen exageradas. Por eso Jesús les dice a los apóstoles sobre el Espíritu Santo: «Él los guiará a la verdad completa», es decir Él les ayudará a comprender que mis palabras son espíritu y vida, que mis enseñanzas son camino de auténtica libertad, que ser cristiano, es exigente pero es el ideal más bello que hay en la vida. Sólo el que se abre a la acción del Espíritu de la Verdad puede comprender la enseñanza de Cristo y entregar su vida por ella. El que se cierra a su acción no será capaz de comprender las verdades reveladas por Jesús e incluso aquellas que están inscritas en nuestra misma naturaleza, como la unidad e indisolubilidad del matrimonio, el valor de la castidad y la pureza, la inviolabilidad de la vida humana desde la concepción hasta su fin natural, y que la contracepción artificial es un acto de puro egoísmo. Sin el don del Espíritu de la Verdad, no podemos comprender estas cosas. Por eso hoy más que nunca debemos con la Iglesia suplicar insistentemente: «Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles»”.

María, ayúdanos a abrirnos y acoger al Espíritu Santo 

“Que María de Pentecostés, la esposa y gran cooperadora del Espíritu Santo, nos ayude en la tarea de abrirnos y de acoger al Espíritu Santo, para que así seamos capaces de luchar sin concesión alguna contra el pecado, aspiremos genuinamente a la santidad, y vivamos de manera operante la caridad, que es el gran don de la Pascua. María ayúdanos a ser personas que con fe dejemos que el Espíritu de Dios irrumpa en nosotros para que así florezcan los dones divinos de la paz, la comunión, la justicia, la solidaridad, y el amor”, concluyó Monseñor Eguren.

domingo 20 mayo, 2018