¡LLAMADOS A SER CREYENTES CREÍBLES!

Reflexión Dominical de nuestro Arzobispo Metropolitano

08 de julio de 2018 (Oficina de Prensa).- El día de hoy en que la Iglesia celebra el Domingo XIV del Tiempo Ordinario, tenemos a bien ofrecerles la reflexión sobre el evangelio de hoy (ver Mc 6, 1-6) que nuestro Pastor ha preparado:

Hoy encontramos a Jesús en Galilea, más precisamente en su pueblo de Nazaret (ver Mc 6, 1-6 y Lc 4, 14-15). No olvidemos que Nazaret es el mismo pueblo donde tuvo lugar la Anunciación y el misterio de la Encarnación (ver Lc 1, 26). Nazaret es el pueblo de la Virgen María y el lugar donde se estableció la Sagrada Familia a su regreso de Egipto. Es en Nazaret donde Jesús es criado (no nacido porque el Señor nació en Belén) y por eso se le llamará el Nazareno y el acento de su voz será la de un galileo. Esto último podemos entenderlo perfectamente porque nuestra forma de hablar piurana tiene una particularidad que la hace diferente a la de un limeño o de un habitante de la selva o sierra del Perú. Como era su costumbre los sábados, el Señor Jesús entró a la Sinagoga y se puso a enseñar, pero las gentes en vez de abrirse a la fe en Él, lo miraban con recelo, es más «todo esto les resultaba escandaloso». A diferencia del Evangelio del domingo pasado que nos narraba la fe de Jairo y de la hemorroísa en Jesús, aquí su propio pueblo le cierra su corazón, por eso el Señor se extraña de su falta de fe y «no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos».

¿Que nos quiere transmitir como enseñanza fundamental el Evangelio de hoy? Quiere transmitirnos la verdad de la Encarnación. Que Dios verdaderamente se hizo hombre, y por eso sufrió también las envidias, los recelos, los rechazos y las calumnias de los demás. Sin embargo es importante recordar que la fe en Jesucristo es fundamental para salvarse. Jesús es el único camino de salvación, por eso hoy debe resonar en nosotros sus discípulos aquella bienaventuranza de Jesús en el Evangelio de San Lucas: « ¡Dichoso el que no se escandaliza de mí!» (Lc 7, 23). Si bien el Evangelio de hoy no nos cuenta qué enseñó Jesús en la sinagoga podemos deducir que muy probablemente habló de su origen divino. De esta manera podemos entender las preguntas que la gente de Nazaret se hacía: « ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Ya en el Evangelio de San Juan (ver Jn 6, 42) los judíos si bien se maravillan de las enseñanzas y milagros de Jesús cuestionaban su origen divino: «¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?». Por eso el Señor se extrañaba de la falta de fe de sus paisanos y con certeza afirmó: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». 

Queridos hermanos: El Evangelio de este domingo es toda una invitación a jamás escandalizarnos de Jesús, a confesarlo como Dios y hombre verdadero, como lo hacemos al rezar el Credo precisamente después de la homilía. A tener presente que Jesús no es un sabio más, o un líder más o una voz más dentro de otras. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Es el único camino de salvación, porque nadie va al Padre sino es a través de Él (ver Jn 14, 6). Los que se cierran a Él y encuentran obstáculo en Él (escándalo) tristemente se excluyen de la salvación y de la vida verdadera y eterna. Más bien seamos como Santa María, la creyente por excelencia, y como los santos, esos hombres y mujeres de todos los tiempos que con valor han dicho: ¡Sí, Señor, yo creo en Ti! Que por nuestro testimonio de vida y por nuestro apostolado hagamos que muchos se abran al don de de la fe en Jesús. Porque hoy también como al Señor debe dolernos la falta de fe de muchos. Descubramos que estamos llamados a ser creyentes creíbles para que así muchos vengan al conocimiento, al amor y al seguimiento del Señor Jesús.

domingo 8 julio, 2018