“LEVANTARSE, DESPOJARSE E INCLINARSE”

Arzobispo lava los pies a doce hermanos damnificados

18 de abril del 2019 (Oficina de Prensa).- La noche de hoy la Basílica Catedral de Piura se vio totalmente llena de fieles que se reunieron para participar, en medio de un clima de gran recogimiento y devoción, de la Santa Misa Vespertina de la Cena del Señor que presidió nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., en la que la Iglesia conmemora la institución de los sacramentos de la Eucaristía y del Sacerdocio, así como el mandamiento del amor fraterno que nos dejó Jesús.

Horas antes de iniciar la Santa Misa, nuestro Pastor estuvo en el confesionario brindando el sacramento de la reconciliación a un gran número de fieles. Cabe resaltar que durante la celebración se realizó el rito del lavatorio de los pies que expresa plenamente el significado del gesto efectuado por Jesús en el Cenáculo. Monseñor Eguren lavó los pies a un grupo de 12 hermanos nuestros, varones y mujeres damnificados de Pedregal Chico (Bajo Piura) que perdieron todo a causa del desborde del río, por las lluvias e inundaciones que afectaron fuertemente nuestra Región el 2017. De esta manera nuestro Arzobispo expresó en un gesto concreto la solidaridad y cercanía de la Iglesia y de todos los piuranos para con estos hermanos nuestros. El rito del lavatorio de los pies es un símbolo, es una señal de que como cristianos siempre debemos estar dispuestos a servir a los hermanos. El cristiano debe estar siempre dispuesto a ayudar a los demás, sea éste un conocido o un desconocido. Antes de finalizar la Santa Misa nuestro Arzobispo llevo en procesión el Santísimo Sacramento para reservarlo en el monumento especialmente preparado, dónde quedaría expuesto para la adoración de los fieles durante toda la noche.

A continuación les ofrecemos la homilía completa que pronunció nuestro Pastor hoy: 

HOMILÍA DE JUEVES SANTO

Dejarse lavar los pies por Jesús 

Queridos hermanos: en esta noche de Jueves Santo nuestra mirada se dirige al Cenáculo de Jerusalén donde Jesús después de ordenar sacerdotes a sus apóstoles, instituye de manera anticipada el memorial de su pasión, muerte y resurrección al instituir el sacramento de la Eucaristía. Pero ciertamente lo que más atrae nuestra atención esta noche es la conmovedora escena del lavatorio de los pies que Jesús hace a sus discípulos. Lavar los pies era una tarea reservada a los sirvientes y a los esclavos, por eso ante el asombro de todos, pero especialmente el de Pedro, el Maestro, el Señor, el Mesías, el Hijo de Dios vivo, se pone a lavarles los pies uno a uno. San Juan, que es el evangelista que recoge esta escena en su Evangelio (ver Jn 13, 1-15) la describe con tres verbos: se levantó, se despojó de su manto y se inclinó para lavarles los pies. El lavatorio de los pies manifiesta todo el sentido de la vida de Jesús: Él, Dios y Hombre verdadero, ha venido a servir y a entregar su vida por nosotros en la Cruz en un acto de amor infinito que será el verdadero lavatorio a través del cual el Señor nos lavará de nuestros pecados y nos alcanzará la salvación, es decir la purificación, el perdón, la libertad, la vida, y la perfecta reconciliación con su Padre Dios, con nosotros mismos, con nuestros hermanos y con la creación toda.

Esta noche santa tendríamos que preguntarnos: ¿Estoy dispuesto a dejarme lavar los pies por Jesús? Es decir: ¿Estoy dispuesto a dejarme amar por Él? La pregunta es lícita porque Judas abandona el Cenáculo y Pedro en un primer momento se resiste. ¿Soy consciente que yo también tengo necesidad de su perdón, que mis pies están sucios, que soy un pecador necesitado de su misericordia? La tentación que muchas veces nos asecha es pensar que no tengo necesidad de la bondad de Dios, que no necesito de su gracia y de su perdón, que no necesito de su amor, sea porque me bastan mis bienes materiales o porque creo que ya estoy convertido del todo. Ciertamente en el Bautismo ya hemos sido lavados, limpiados completamente, pero mientras vivimos en este mundo, mientras pisamos este mundo, corremos el riesgo de volver a ensuciarnos “los pies”, el corazón, con la mundanidad. Por eso Jesús nos ha dejado en el sacramento de la confesión el medio para lavarnos, para purificarnos, tantas veces como nos sea necesario, porque Él no se cansa de perdonar. Cada vez que nos acercamos a la confesión sacramental, Jesús mismo se inclina hacia nosotros, toma una toalla y nos lava los pies, nos lava el corazón, nos limpia con su amor.

Estar dispuestos a servir y a amar como Jesús 

Ahora bien, no sólo debemos estar dispuestos a dejarnos lavar los pies por Jesús, sino que además como el mismo Señor nos lo pide, debemos estar dispuestos a lavarnos los pies los unos a los otros. Y es que, si el amor no se hace realidad en gestos concretos de fraternidad y servicio, comenzando en nuestras familias y comunidades cristianas, la Civilización del Amor nunca será una realidad en nuestra sociedad y país. Como Jesús: ¿Estoy dispuesto hoy a levantarme, a despojarme de mí mismo y a inclinarme ante los demás? Es decir, ¿estoy dispuesto a ponerme al servicio amoroso de los otros con humildad y sencillez?

Rezar por la unidad del Perú 

En esta hora dramática que vive el Perú, Jesús en esta Semana Santa nos pide más amor, más unidad y más servicio entre los peruanos. Hay que dejar de lado las divisiones, los odios, las envidias y las venganzas. Más bien busquemos con pasión el bien común con honestidad pensando en los más pobres y necesitados. Ciertamente hay que buscar la justicia, pero hay que buscarla con la verdad, con prudencia, protegiendo la honra y dignidad de las personas. Ya San Martín de Porres, nuestro Santo de la Escoba, constataba con dolor en el siglo XVI, el problema de la división entre los peruanos como el gran problema del Perú, por eso le rezaba así a Jesús: “¡Oh Señor mío, cuándo comprenderán que son hermanos y que deben amarse los unos a los otros!”.

Lavatorio de pies a los damnificados 

Esta noche, lavaré los pies a doce hermanos y hermanas nuestros damnificados del Bajo Piura, particularmente de Pedregal Chico. Con esto quiero expresar el compromiso de la Iglesia y de todos nosotros para que la ansiada reconstrucción de nuestra Región sea pronto una realidad, porque después de dos años de la desgracia del Fenómeno del Niño Costero, aun son muchísimos los hermanos y las familias que se ven afectados en su dignidad humana y en sus derechos fundamentales a la vida, la salud, la educación y la vivienda. ¡Ya no podemos esperar más!

San Miguel de Piura, 18 de abril de 2019
Jueves Santo – Misa Vespertina de la Cena del Señor

    

jueves 18 abril, 2019