LA TRANSFIGURACIÓN NOS PERMITE AFRONTAR LA CRUZ

Arzobispo hace llamado a transfigurar la sociedad por el amor

17 de marzo de 2019 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, ante la presencia de gran cantidad de fieles congregados, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, presidió la Santa Misa en la Basílica Catedral de nuestra ciudad, correspondiente al II Domingo de Cuaresma.

La Transfiguración: una aparición pascual anticipada

Al iniciar su homilía y reflexionando en el mensaje del evangelio, nuestro Pastor dijo: “Para comprender el pasaje de la Transfiguración que nos ha sido proclamado el día de hoy (ver Lc 9, 28-36), es importante hacer memoria de lo que había ocurrido seis días antes, cuando Jesús les había manifestado a sus discípulos que en Jerusalén le aguardaba el rechazo, la pasión y la cruz. Imaginémonos como estaría el ánimo de los apóstoles y en particular el de Pedro. Estarían sumidos en un abatimiento total: ¿Jesús, su Maestro y Señor, rechazado y crucificado? ¡Increíble! ¡Imposible! De hecho, su idea del Mesías no era esta, y Jesús se les había mostrado no como poderoso y dominador al estilo del mundo sino como siervo manso y sufriente dispuesto a dar su vida por todos. Como bien se pregunta y responde el Papa Francisco: «¿Cómo se puede seguir a un Maestro y Mesías así? La respuesta llega en la Transfiguración: una aparición pascual anticipada»”.

La Transfiguración nos permite comprender la cruz como misterio del amor divino

Continuando con su homilía, Monseñor Eguren resaltó el gran significado que encierra el episodio de la Transfiguración del Señor: “Tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan, sus tres discípulos predilectos, Jesús se transfiguró delante de ellos en lo alto de un monte. Es decir, les hizo ver por un instante su divinidad a través de su humanidad, les hizo experimentar la gloria del Hijo de Dios. A todo ello se suma la voz del Padre que desde el Cielo se hace sentir con claridad: «Este es mi Hijo amado». Esta teofanía les permitirá entonces a los discípulos comprender que la cruz es el camino a la luz, que la cruz es un misterio de amor: Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su único Hijo…Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo (ver Jn 3, 16 y 13, 1). La Transfiguración les ayudará a los apóstoles a comprender que la Pasión es el misterio del amor de Dios que nos salva y reconcilia, y que todo no terminará el Viernes Santo, sino que después de este día de dolor y sufrimiento vendrá la alegría de la Pascua. Así como la Transfiguración les permitió a los discípulos afrontar la pasión de Jesús sin quedar totalmente abrumados, este misterio nos permite a nosotros afrontar nuestras penas y dolores con esperanza, aquella que brota de la certeza de sabernos amados por el Señor, y que la última palabra no la tiene el pecado, la muerte y el dolor, sino la gracia, la vida y el gozo eterno”.

Aquel que padecerá es el Hijo de Dios

“Asimismo, la Transfiguración tiene otra enseñanza importante: nos ayuda a comprender el misterio pascual, ya que gracias a la Transfiguración sabemos que Aquel que sufrirá muerte de cruz no es un hombre cualquiera, sino el Hijo único del Padre, que con su amor fiel hasta la muerte nos ha salvado, que con su obediencia total al Plan de su Padre nos ha reconciliado. Que el Señor nos conceda en esta Cuaresma por medio de la oración y de los sacramentos tener una experiencia profunda de Jesús transfigurado como la tuvieron los apóstoles: «¡Maestro, qué bien se está aquí!», porque sólo Jesús llena de sentido la vida. Sólo Él es capaz de colmar el hambre de Dios y de felicidad que tenemos. Por eso hay que hacer caso a la voz del Padre y de la Madre que nos exhortan a la obediencia de la fe: «Escúchenlo» «Hagan lo que Él les diga»”, acotó nuestro Arzobispo.

En Cuaresma transfiguremos nuestra sociedad por medio del amor

Finalmente, Monseñor Eguren exhortó a los presentes a recordar que: “La Cuaresma debe llevarnos a una experiencia de oración no para evadirnos de lo cotidiano, sino para que, gozando de la familiaridad con Dios en Cristo, podamos vivir con renovado vigor el camino trabajoso de la cruz de cada día que nos lleva a la resurrección. Asimismo, el camino cuaresmal nos debe llevar a vivir el amor fraterno, la solidaridad y la justicia, para que transfiguremos la vida de muchos llenándola de luz, de esperanza, de alegría, de ilusión y de amor. ¡Hay tanto sufrimiento y necesidad a nuestro alrededor, muy cerca de nosotros! Que con nuestras obras de misericordia pongamos un poco de calor y de luz en este mundo hay veces tan frío y oscuro por culpa de nuestro egoísmo e individualismo. Transfiguremos nuestra sociedad por medio del amor, de la misericordia, y del perdón”.        

domingo 17 marzo, 2019