LA FAMILIA: RAÍZ DE AMOR Y SERVICIO

Arzobispo Clausura II Semana Teológica de Talara

01 de octubre de 2018 (Oficina de Prensa).- El Arzobispado Metropolitano de Piura y la Oficina Diocesana de Educación Católica de Talara (ODEC- Talara) en coordinación con la Unidad de Gestión Educativa Local, organizaron la II Semana Teológica denominada: “Familia, raíz de amor y de servicio”, que se realizó del 24 al 28 de septiembre en el Auditorio de la Parroquia Santa Rosa de Lima en Talara. La actividad congregó a gran cantidad de profesores que forman parte de la ODEC – Talara, así como a los miembros de diferentes instituciones ligadas a la labor familiar como son las asociaciones de padres de familia, agentes pastorales, docentes de educación religiosa en diferentes niveles educativos, grupos parroquiales juveniles y de adultos, jóvenes universitarios y profesionales de la salud mental.

Nuestro Arzobispo, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., clausuró este importante evento. A su llegada felicitó a los participantes por haber formado parte de esta semana donde se han tocado importantes temas que preocupan a las familias peruanas, tratando de dar una respuesta cristiana y social a los mismos. También invocó a que se continúe con el trabajo pastoral con las familias, con los educadores del curso de religión y en las escuelas donde ellos laboran. Nuestro Pastor tuvo a su cargo también el tema: “La vida al interior de la Familia y el rescate de los Abuelos”, en el que desarrolló dos de los hermosos títulos que el Magisterio de la Iglesia da a la Familia: “Escuela del más profundo humanismo” e “Iglesia doméstica”. 

Escuela del más profundo humanismo

Al inicio de su participación Monseñor Eguren destacó que: “A su interior, la familia es la escuela del más profundo humanismo, según la célebre expresión de la Constitución Pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II (ver n.52). Esto significa que en su seno la persona humana «recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien, aprende qué quiere decir amar y ser amado y por consiguiente qué quiere decir ser una persona» (Centesimus annus, n. 39).  Es en ella donde el ser humano aprende a vivir la dimensión de encuentro y comunión según el Plan de Dios. La familia fundada en el matrimonio, constituye el ámbito de formación integral de los futuros ciudadanos de un país. Es al interior de la familia donde se inculcan, desde los primeros años de vida, las virtudes humanas como la veracidad, la honradez, la responsabilidad, la generosidad y la fraternidad. Es también en el seno de la familia donde el patrimonio de la Patria llega a nosotros, despertándose en nuestro interior el respeto, la veneración y el amor por nuestra Nación. Es en la familia donde la fe cristiana se transmite de padres a hijos para que éstos últimos les descubran la belleza de lo que significa ser cristiano. No hay nada que pueda sustituir el valor formativo de crecer en un ambiente familiar bien constituido, aprendiendo a respetar y favoreciendo la dignidad de los demás, alcanzando la capacidad de «acogida cordial, encuentro y diálogo, disponibilidad desinteresada, servicio generoso y solidaridad profunda» (Familiaris consortio, n. 43). Dios no sólo ha hecho a los padres partícipes de su poder creador sino también partícipes de su potestad de educador. Los padres no deben olvidar que es parte esencial de su misión al interior del hogar, educar y formar, a sus hijos. Ellos son los primeros responsables de esta tarea”. 

Iglesia doméstica 

En otro momento, nuestro Arzobispo acotó que: “A su interior la familia es también «Iglesia doméstica», es decir comunidad de fe, esperanza y caridad, de gracia y de oración, de amor y de acción evangelizadora, así como escuela de catequesis. La familia, «Iglesia doméstica», es la primera escuela de vida cristiana, ámbito donde los padres comparten con sus hijos el don de la fe y les descubren la belleza de lo que significa ser cristiano. Es en esta «Iglesia doméstica» donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras. Decir que la familia es «Iglesia doméstica», es también afirmar que ella es reflejo del amor íntimo de Dios, que es comunión trinitaria de personas y que en sus vidas los miembros de la familia están llamados a reflejar la comunión perfecta de amor que existe en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.En la familia, en cuanto «Iglesia doméstica», ha de vivirse de manera privilegiada el misterio eucarístico, sobre todo con la participación en la Misa dominical. Así como la Iglesia vive de la Eucaristía podemos decir que la familia en cuanto «Iglesia doméstica» también vive de la Eucaristía. Es en la Eucaristía donde la familia encuentra la protección y la ayuda del Señor para cumplir con su vocación y misión. Es por medio de la Eucaristía donde la familia, «Iglesia doméstica», se inserta en la gran familia de Jesús que es la Iglesia, para alcanzar permanencia y solidez y poder cumplir con su misión de preservar en el mundo lo genuinamente humano. Sin la Eucaristía dominical es imposible que la familia pueda vivir el amor que es la esencia de su vida, porque sin el amor la familia no es nada. En la Eucaristía, Cristo-Amor, nutre y mantiene vivo el amor de los esposos entre sí y de los padres con sus hijos y de los hijos con sus padres”. 

La importancia de los Abuelos

“Muchas familias tienen en su seno la presencia activa de los abuelos y esto es bueno. Hoy hay que hacer todos los esfuerzos que podamos por unir a los jóvenes con sus abuelos, como nos pide el Papa Francisco. Los abuelos dan a los jóvenes raíces, historia y tradición, para que así éstos puedan vivir con pasión su presente y proyectarse proféticamente y con confianza al futuro. Sin los abuelos, los jóvenes corren en riesgo de vivir desarraigados, en el desconcierto, sin entender el valor y sentido de su vida. Sin saber de dónde vienen no sabrán a dónde ir. Y no hay nada peor que sentirse extranjero en casa, sin un principio de identidad que compartir con otros seres humanos, como nos advierte el Papa Francisco. Los abuelos además les pasan a los jóvenes sus sueños para que éstos puedan realizarlos. Por ello urge alentar el diálogo de los jóvenes con los abuelos, alentar una interacción generacional entre ellos. Y deben ser tanto los viejos como los jóvenes quienes tomen la iniciativa”, concluyó nuestro Pastor.

martes 2 octubre, 2018