“LA FAMILIA ES LO MÁS GRANDE QUE POSEE TODA PERSONA”

Arzobispo celebra la Fiesta de la Sagrada Familia y ora por los niños y niñas abortados en el año 2019

29 de diciembre de 2019 (Oficina de prensa).- La mañana de hoy, en el marco de la Octava de Navidad, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió en la Basílica Catedral de nuestra ciudad, la Santa Misa con ocasión de la Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret y que fue especialmente ofrecida por los niños y niñas víctimas del aborto que fallecieron en Piura y Tumbes durante el año 2019.

La Sagrada Familia de Nazaret: modelo de toda familia

Al iniciar su homilía nuestro Pastor se refirió a la Sagrada Familia de Nazaret y dijo: “Dios quiso nacer en una familia humana, es decir quiso tener una madre y un padre como nosotros: Santa María, su Divina Madre, y San José, fiel custodio del Salvador, que hacía las veces de su padre. De esta manera Jesús nos enseña a estimar y a comprender el valor de la familia, y por ello la Iglesia celebra el día de hoy, dentro de la Octava de Navidad, a la Sagrada Familia de Nazaret, modelo de toda familia. Pidámosle a Jesús, María y José, que iluminen, conforten y guíen a nuestras familias, para que puedan realizar con dignidad y serenidad la vocación y misión que Dios les ha confiado”.

La familia: comunidad de personas llamadas a amarse y amar

“Siempre me he esforzado -continuó Monseñor Eguren- en enseñarles que la familia no es la suma de los miembros que la conforman, sino una «comunidad de personas» que tiene una consistencia autónoma propia. La familia es esa comunidad donde se aprende a amar y se experimenta lo que significa ser amado; es el ámbito donde se acoge y defiende la vida desde la concepción hasta su fin natural; es el lugar donde se aprende a vivir el encuentro, la comunicación, y la caridad. Es en el hogar donde se educan los futuros ciudadanos y donde el patrimonio espiritual e incluso físico de la Patria, pasa a nosotros. Es en la familia donde somos formados en nuestra fe cristiana y católica y así aprendemos a conocer, amar y seguir a Jesús, y en el Señor aprendemos a reconocer y defender la dignidad de cada persona creada a imagen y semejanza de Dios, de modo particular de la más frágil, de la más débil, como la concebida no nacida, la enferma, la anciana, la marginada, la que vive en pobreza, la migrante. No hay nada que pueda sustituir el valor formativo de crecer en un ambiente familiar bien constituido. La familia, fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer, es lo más grande que posee toda persona humana y la sociedad. Ella es «patrimonio principal de la humanidad» y «motor del mundo y de la historia»”. 

Todo hijo tiene derecho al amor estable de su padre y de su madre

En otro momento y reflexionando en el mensaje del Evangelio, nuestro Arzobispo dijo: “El Evangelio de hoy (ver Mt 2, 13-15.19-23), nos muestra cómo el Verbo eterno del Padre, se hizo hombre y nació de una mujer en el seno de una familia estable, donde San José, el casto esposo de Santa María Virgen, cumple la misión de ser el custodio del Niño Dios. Si bien nos conmueve ver que el Hijo de Dios y de Santa María, nace en la más absoluta pobreza material, en un lugar reservado a los animales, «porque no había lugar para ellos en la posada» (Lc 2, 7), nos consuela constatar que nació en una riqueza mayor: rodeado del amor incondicional de su madre María y de aquel que hace las veces de su padre, San José. Y es que ninguna pobreza y problema es capaz de doblegar a una familia cuando en ella reina la unidad en el amor entre sus miembros: papá, mamá e hijos. Con finas y precisas descripciones, San Mateo nos presenta en el Evangelio de hoy a una familia en la que San José, tiene la responsabilidad de velar por su esposa y por el niño, y por ello toma las decisiones para cumplir cabalmente con su misión. Hasta en cuatro ocasiones se nos dice que es San José «quien toma al niño y a su madre» (ver Mt 2,13-14.20-21). A su vez la madre Santa María, vela por la vida de su Divino Hijo recién nacido prodigándole su ternura y amor, su dedicación y cuidado. Sin lugar a dudas el amor fiel bendecido por el matrimonio – sacramento, constituye el ambiente adecuado para que un hijo nazca, crezca y se desarrolle adecuadamente. El matrimonio hace más sólida la unión y el compromiso de los esposos, así como su solicitud y cuidado por sus hijos”.

Oremos por los niños y niñas abortados

Monseñor Eguren se refirió además a la necesidad de defender toda vida humana desde la concepción hasta su fin natural y pidió también que oremos por los niños y niñas abortados: “El Evangelio de hoy, nos presenta también la triste figura del rey Herodes quien quiere matar al Niño Jesús. Por ello ante la amenaza de la vida del niño, el Ángel le ordena a San José: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te diga, porque Herodes está buscando al niño para matarlo» (Mt 2, 13). Mi pensamiento se dirige hoy a los niños y niñas abortados en Piura y Tumbes, y en el mundo entero. El mayor genocidio del siglo XX, genocidio que dolorosamente continúa en el siglo XXI, ha tenido y tiene lugar en el asesinato sistemático de millones de víctimas inocentes de las que nadie habla: el aborto. En nuestros tiempos hay una gran preocupación por el cuidado de la creación, del medio ambiente, de los animales, de la ecología, y ello es correcto y necesario. Ciertamente hay que cuidar nuestra casa común. Pero, ¿cómo entender que haya una legítima preocupación por el medio ambiente y los animales, y no haya al mismo tiempo una defensa absoluta del Niño por Nacer en ese primer ámbito de la ecología humana que es el vientre materno? Desde la concepción ya existe un ser humano y éste tiene el derecho inalienable a vivir. El aborto no es y no puede ser un derecho humano, es un crimen y una profundísima herida social. Los invito hoy a que oremos por los niños y niñas abortados, es decir asesinados. Encomendémoslos a la misericordia de Dios Padre, para que los tenga junto a Él”.

Al culminar su homilía, nuestro Arzobispo dirigió un pedido muy especial a las madres que se encuentran en estado de dulce espera: “Finalmente me dirijo a ti que llevas un hijo en tus entrañas y que estás angustiada y confundida. Te ruego que no le quites la vida a tu hijo. Te aconsejo que busques en el sacerdote, la religiosa o en el laico cristiano comprometido, consejo, consuelo, orientación. ¡Apuesta por un futuro feliz! ¡Apuesta por ti y por tu niño! Y a ti que de repente has abortado, no te olvides que la misericordia de Dios es siempre más grande, y que en la confesión sacramental puedes encontrar el perdón y la paz de conciencia y corazón que andas buscando”.

domingo 29 diciembre, 2019