“LA CUARESMA, TIEMPO PARA ESCUCHAR A JESÚS”

II Domingo de Cuaresma

25 de febrero de 2018 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, ante la presencia de gran cantidad de fieles congregados, Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., Arzobispo Metropolitano de Piura, presidió la Santa Misa correspondiente al II Domingo de Cuaresma en la Basílica Catedral de nuestra ciudad.

Al iniciar su homilía y reflexionando en el mensaje del evangelio del día, nuestro Pastor resaltó el gran significado que encierra el episodio de la Transfiguración del Señor: “El domingo pasado, nos presentó a Jesús tentado por satanás en el desierto, pero victorioso, vencedor del tentador y de la tentación. Una escena evangélica que nos llena de esperanza en nuestro camino de conversión, porque con el Señor también nosotros podemos vencer al maligno y al mal. En el Evangelio de hoy (Mc 9, 2-10) nos presenta el episodio de la Transfiguración, el cual ocurre casi al final del ministerio público del Señor, quien se encuentra en camino hacia Jerusalén donde consumará su sacrificio redentor. Las multitudes lo han abandonado porque no es el Mesías terrenal que ellos esperaban, e incluso los apóstoles no comprendían bien aquello de que, «el Hijo del Hombre debe padecer mucho, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer día» (Lc 9, 22). Pedro ya había lo increpado diciéndole: «¿Sucederte eso a ti? ¡Jamás!» (Mt 16, 22). Y Tomás llegará a decirles a sus compañeros cercana la hora de la Pasión: «Vamos también nosotros a morir con Él» (Jn 11, 16). Como a las gentes que acompañaban a Jesús, y como a los Apóstoles, a nosotros también nos puede suceder que en algún momento de nuestra vida cristiana, Jesús contraste con nuestras expectativas. Que aquello de dejarlo todo para seguirlo, de estar dispuestos a morir a nosotros mismos, y de tomar nuestra cruz, lo veamos como demasiado exagerado y carente de sentido. Es por ello que Jesús se transfigura ante sus tres apóstoles preferidos: Pedro, Santiago y Juan, para mostrarles un anticipo de su gloria, irradiando su rostro y su persona una luz resplandeciente. De esta manera los confirma en la fe de seguirlo y les anuncia que vale la pena la penitencia, la conversión, la cruz, el morir a uno mismo, el seguirlo, porque la meta de todo ello es la gloria y la felicidad eterna: «Maestro: ¡Qué bien se está aquí!». Algo semejante hace el Señor con nosotros cada domingo en la Eucaristía: transforma sustancialmente el pan y el vino en su Cuerpo y en su Sangre para que desde la fe veamos su gloria y participemos de ella en la comunión sacramental, y así tengamos la seguridad que a la luz, a la resurrección, se va por la cruz”.    

“Como si esto no nos bastara -continuó Monseñor Eguren- el mismo Padre desde el Cielo hace resonar su voz potente para decirnos: «Este es mi Hijo amado. Escúchenlo». Con esta contundente palabra del Padre, no hay más dudas: Jesús es el Hijo de Dios, es la Palabra definitiva de salvación, es el camino, la verdad y la vida, el único que da sentido pleno a la existencia, la única fuente de salvación. La voz del Padre da testimonio que su Verbo, su Hijo queridísimo, habita entre nosotros, y que lo ha enviado al mundo para realizar la obra de nuestra salvación a través del misterio de la cruz. El Padre nos da un mandamiento: ¡Escúchenlo!, es decir, ¡Síganlo! Estén dispuestos a perder, a donar la propia vida para ganarla. La Cuaresma es tiempo propicio para esta escucha de Cristo, para crecer en el discipulado con Él, a semejanza de María, la oyente y la discípula por excelencia de su Divino Hijo. Es tiempo adecuado para subir a la montaña, y por la conversión ser capaces de dejarnos envolver y transfigurar por la gloria del Señor, es decir por su amor. Que en este camino siempre nos sostenga la Virgen María”.

“Hermanos: la palabra del Padre que resuena en la montaña santa, nos ayuda a comprender que la pasión de Cristo es una pasión gloriosa, porque es el misterio extraordinario del amor de Dios que se entrega hasta el extremo de la cruz por nosotros. Por la voz del Padre sabemos que Aquel que resucita es el Hijo de Dios, que en la resurrección obtiene la gloria que poseía antes de la fundación del mundo (ver Jn 17, 5)”, concluyó nuestro Arzobispo.          

domingo 25 febrero, 2018