LA CUARESMA: TIEMPO DE CAMBIAR EL CORAZÓN

Arzobispo celebra el Miércoles de Ceniza

26 de febrero de 2020 (Oficina de Prensa).- En un ambiente de oración, profunda meditación y recogimiento, una multitud de fieles se reunieron en la Basílica Catedral de Piura para participar de la Santa Misa del Miércoles de Ceniza con la que se da inicio al tiempo de Cuaresma durante el cual nos preparamos para celebrar el Misterio Pascual de Cristo en la Semana Santa. La celebración eucarística fue presidida por nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V., y concelebrada por el R.P. José Sandoval Purizaca, Párroco de la Basílica Catedral de Piura, el R.P. Carlos Vargas, Rector Encargado del Seminario Arquidiocesano «San Juan María Vianney», y el R.P. Marcio Ferreira, Director Espiritual del Seminario, quienes impusieron la ceniza en la frente de los fieles en señal de penitencia y deseo sincero de conversión. 

Al iniciar su homilía, nuestro Pastor resaltó la importancia de este tiempo de Cuaresma que hemos iniciado: “En su infinita misericordia, el Señor nos concede nuevamente un tiempo de gracia y de renovación para prepararnos a celebrar con un corazón nuevo el gran misterio de la Pascua, es decir el misterio de su amor por nosotros: su pasión, muerte y gloriosa resurrección. Algo que nos asombra cada año de la Cuaresma es esa apasionada constancia de Dios por buscarnos, y acercarse a nosotros con su misericordia y perdón, porque el Señor no se resigna a perdernos, es decir, a que nos condenemos. El Señor sale a nuestro encuentro, en este tiempo de gracia en el misterio de la Cruz para ofrecernos el perdón y la vida. Por eso el Papa Francisco nos exhorta en esta Cuaresma con estas hermosas palabras, que dirige de manera especial a los jóvenes: «Mira los brazos abiertos de Cristo crucificado, déjate salvar una y otra vez. Y cuando te acerques a confesar tus pecados, cree firmemente en su misericordia que te libera de la culpa. Contempla su sangre derramada con tanto cariño y déjate purificar por ella. Así podrás renacer, una y otra vez» (Exhort. Apost., Christus vivit, n. 123). La Pascua de Jesús no es un acontecimiento del pasado: por el poder del Espíritu Santo es siempre actual y nos permite mirar y tocar con fe la carne de Cristo en tantas personas que sufren»”.

Conversión: Cambiar radicalmente el corazón y la vida 

En otro momento, Monseñor Eguren destacó que la Cuaresma es tiempo de cambiar el corazón: “¿Cuál debe ser nuestra actitud en la Cuaresma, en estos cuarenta días de retiro espiritual, en este tiempo largo y generoso de gracia y misericordia, donde Dios nos invita a volver a Él?  Pues no es otra sino la conversión. Conversión entendida, como nos dice el profeta Joel, como un cambio radical del corazón y de la vida, como un sincero arrepentimiento de nuestros pecados, dejando atrás todo aquello que no agrada a Dios, que le ofende y que nos hace daño, porque el pecado es un camino auto destructivo. Joel nos indica también cuál es el fundamento de la conversión: el Señor, es un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del castigo. La Cuaresma, por tanto, es tiempo de cambiar el corazón. Este debe ser nuestro compromiso interior cuando nos acerquemos dentro de unos instantes a recibir la ceniza en nuestra frente: reconocimiento de nuestro pecado y deseo profundo de conversión, reconocimiento de nuestra necesidad de la misericordia de Dios que todo lo hace nuevo. El gesto de cubrirnos con ceniza, tiene el sentido de reconocer nuestra propia fragilidad y mortalidad que necesita ser salvada por la misericordia de Dios. La ceniza en nuestra cabeza es símbolo de que queremos volver al Señor de todo corazón, porque sin Él nada somos”.

Oración, ayuno y la limosna-caridad: los medios de la Cuaresma 

Nuestro Arzobispo destacó también la necesidad de seguir un camino de oración, ayuno y limosna para convertirnos: “¿Cuáles serán los medios para vivir la conversión en la Cuaresma? Son fundamentalmente tres: la oración, el ayuno y la limosna-caridad. La oración que es saber renunciar a la autosuficiencia de nuestro yo; que es corresponder al amor de Dios que siempre nos precede y nos sostiene. La oración que es dejarnos fascinar por su Palabra, única palabra de vida verdadera. La oración que es un diálogo con Cristo de corazón a corazón, de amigo a amigo. El ayuno, que es pasar de la tentación de devorarlo todo para saciar nuestra avidez y ambición, a la capacidad de renunciar y de sufrir por amor por los hermanos. Finalmente la limosna-caridad, que es pasar de ese frenético deseo de acumularlo todo para sí, a la alegría del dar, del compartir, del amar a los hermanos. El Señor nos previene que cuando hagamos limosna nuestra mano izquierda no sepa lo que hace nuestra mano derecha, es decir que la limosna-caridad que sale de nuestras manos no sea motivada por la vanidad, o por otras intenciones menos buenas, porque si no sería una falsa limosna que no nos purifica, ni nos convierte”.

Construyamos juntos un mundo más justo 

Finalmente Monseñor Eguren hizo un pedido muy especial: “En su mensaje por la Cuaresma de este año, el Papa Francisco nos pide compartir nuestros bienes con los más necesitados por medio de la limosna-caridad como una forma de construir juntos un mundo más justo. De manera especial nos anima a sentir compasión afectiva y efectiva por los pobres, y por aquellos por hoy llevan las llagas de Cristo crucificado: Las víctimas inocentes de las guerras y de la violencia; los que sufren los abusos contra la vida tanto del no nacido como del anciano; los que padecen por las múltiples formas de los desastres medioambientales; los que soportan la injusta distribución de los bienes de la tierra; las víctimas de la trata de personas, y de la sed desenfrenada de ganancias, que es una forma de idolatría; y los enfermos. Pidamos de manera especial en nuestra oración de este tiempo a Dios rico en misericordia que detenga las pandemias del dengue y del coronavirus que están avanzando peligrosamente en el mundo. Que Santa María, la Madre de Dios y la perfecta discípula de su Divino Hijo Jesús, la perfecta oyente, orante y actuante de la Palabra, nos ayude a escuchar y hacer vida el llamado de Dios en esta Cuaresma: «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliés con Dios» (2 Cor 5, 20).

miércoles 26 febrero, 2020