«LA CRUZ ES FUENTE DE VIDA PORQUE EN ELLA EL AMOR HA VENCIDO AL PECADO»

Arzobispo celebra Viernes Santo

18 de abril del 2019 (Oficina de Prensa).- Hoy, Viernes Santo, celebramos los misterios de la pasión y muerte del Señor Jesús en los que contemplamos el infinito amor del Padre por nosotros, que entrega al Hijo amado por nuestra salvación. La Basílica Catedral de Piura se vio colmada de fieles que participaron de los oficios de este día, los cuales se iniciaron desde las tres de la tarde con el “Sermón de las 7 palabras de Cristo en la Cruz”. Las meditaciones estuvieron a cargo de diferentes sacerdotes de nuestra Arquidiócesis y de nuestro Arzobispo quien meditó en torno a la última palabra del Señor: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46). Posteriormente, Monseñor Eguren presidió la “Celebración de la Pasión del Señor” en la que se llevó a cabo la adoración de la santa Cruz.

Es importante resaltar que, como cada Viernes Santo, hoy se realizó la Colecta “Pro Terra Sancta”, esta jornada pretende no solo recaudar fondos sino también concienciar a los cristianos del mundo, porque está en juego conservar los lugares donde vivió Cristo, y sobre todo asegurar la presencia cristiana en esas tierras. Finalmente concluida la Celebración de la Pasión del Señor, se dio inicio a la procesión de las veneradas imágenes del Señor del Santo Sepulcro y la Virgen de los Dolores quienes recorrieron los alrededores de la Plaza de Armas de nuestra ciudad acompañadas de una gran cantidad de fieles que se volcó a las calles para manifestar su amor y gratitud al Señor Jesús que dio su vida por nosotros.

A continuación, publicamos la homilía completa pronunciada la noche de hoy por nuestro Pastor:

HOMILÍA

VIERNES SANTO

Hoy es el día de la Cruz. Toda la celebración de hoy está centrada en la Cruz: Proclamamos el misterio de la Cruz en las lecturas; invocamos la salvación del mundo por la fuerza de esa Cruz en la oración universal; adoramos la Cruz de Cristo como única fuente de vida; y finalmente comulgamos del misterio de la Cruz, en el momento de la sagrada comunión. Hoy la Cruz de Cristo es proclamada, invocada, adorada y comulgada.

Hoy es el día de la muerte del Señor. Pero curiosamente no es un día de desolación. Ciertamente es un día de dolor, pero de un dolor cargado de esperanza, porque nosotros sabemos que la Cruz que vamos a adorar termina en vida. Por eso el color litúrgico de hoy no es el negro sino el rojo. El rojo es color de sangre, color de entrega, color de amor. No estamos de luto. Celebramos la muerte salvadora del Señor Jesús. Celebramos el amor de Jesús que por nosotros llega hasta el extremo y que vence. La Cruz es la prueba más palpable de cuánto nos ama el Señor y de cuánto vale nuestra vida.

Hoy el Señor Jesús se entrega por todos y cada uno de nosotros. Él es el Varón de dolores, el Siervo Sufriente de Yahvé descrito por Isaías con rasgos dramáticos en el Cuarto cántico del Siervo del Señor (ver Is 52, 13-53-,12). Pero si bien Isaías nos dice que Jesús crucificado no tenía siquiera aspecto humano, nos dice con esperanza que el Señor tendrá éxito, que Él prosperará. La Cruz no es frustración, no es derrota, no es fracaso, sino victoria, triunfo y laurel. La Cruz es fuente de vida porque en ella el Amor ha vencido al pecado, a toda la iniquidad y la maldad.  

Jesucristo crucificado, muerto y sepultado es la mayor prueba que su amor nunca nos deja, que Él nunca se olvida de nosotros, que Él jamás nos abandona. Jesús, nunca deja de amarnos, de perdonarnos, de querernos. La muerte de Jesús en la Cruz nos permite hoy hacer nuestras las palabras del Salmista: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿de quién podré tener miedo? El Señor defiende mi vida, ¿a quién habré de temer?… ¡Ten confianza en el Señor! ¡Ten valor, no te desanimes! ¡Sí, ten confianza en el Señor!” (Sal 27, 1.27). Por ello, por más tristeza, por más angustia, por más dolor que tengamos en la vida, el Señor es nuestra fortaleza y alegría. Su Cruz es la mejor prueba de ello. Toda vida por más quebrada o probada que esté siempre tiene futuro, siempre tiene esperanza.

Hoy adoraremos y besaremos la Cruz. Por favor que no sea el beso de Judas Iscariote, sino el beso del amor sincero, el beso de la gratitud, el beso del compromiso y de la fidelidad, el beso de la lealtad a tu Señor y Salvador. Al adorar y besar hoy la Cruz de Jesús debemos ser muy conscientes de lo que esto significa: ¡Mis pecados matan y me matan! Por ello en este día santo, y siempre, debemos tener un profundo aborrecimiento de nuestros pecados y el deseo sincero de llevar una vida santa.  

Al besar hoy la Cruz de Jesús mírala bien porque en ella esta clavado el Amor de tus amores. Considera por tanto todo lo que el Señor ha hecho por ti y después piensa en lo que tú debes hacer por Él. San Pablo te lo dice con las siguientes palabras: “Jesús, murió por todos para que ya no vivamos para nosotros mismos sino para Él que por nosotros murió y resucitó” (2 Cor 5, 14-15). Adorar y besar hoy la Cruz debe llevarnos a morir con Cristo a nuestros pecados y a vivir su amor que todo lo hace nuevo. Sólo así tendremos vida; sólo así el mundo tendrá vida.

Nunca olvidemos que no hay cristianismo sin Cruz. Cuando caminamos sin la Cruz, cuando edificamos sin la Cruz, y cuando confesamos a un Cristo sin la Cruz, no somos discípulos del Señor. Somos mundanos, podremos ser obispos, sacerdotes, consagrados, consagradas y fieles, pero no somos discípulos del Señor. Pidamos al Señor tener el coraje de caminar en presencia de Él, con la Cruz; de edificar la Iglesia sobre la Sangre del Señor, que se ha derramado sobre la Cruz; y de confesar la única gloria: Cristo Crucificado. Y así la Iglesia irá adelante (ver Papa Francisco, Homilía en la Capilla Sixtina, 14-III-2013). Que María, la Madre Dolorosa, fiel al pie de la Cruz, nos alcance con su ejemplo e intercesión esta gracia. Amén.

San Miguel de Piura, 19 de abril de 2019
Viernes Santo de la Pasión del Señor

viernes 19 abril, 2019