LA CONVERSIÓN ES PENSAR COMO JESÚS PARA ASÍ SENTIR Y ACTUAR COMO ÉL

Domingo de la Palabra de Dios

27 de enero de 2020 (Oficina de Prensa).- En el día en que la Iglesia celebró el Domingo de la Palabra de Dios, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa en la Basílica Catedral de Piura, ante una gran cantidad de fieles presentes.

Durante su homilía y reflexionando en el Mensaje del Evangelio, nuestro Pastor dijo: “El Señor Jesús usó constantemente la imagen de la luz para definir su identidad: «Yo soy la luz del mundo» (Jn 8, 12). Y ciertamente lo es, porque Cristo es la Verdad. En Él, conocemos plenamente el misterio de Dios y el misterio de la persona humana, es decir, de quiénes somos. Pero Jesús no sólo viene a iluminar a Israel, sino también a todas las naciones de la tierra, por eso vemos en el Evangelio de hoy que durante su viaje de Nazaret a Cafarnaúm, el Señor se interna en tierra de gentiles, en los territorios de las tribus de Zabulón y Neftalí, y de esa manera cumple la antigua profecía: «El pueblo que habitaba en las tinieblas ha visto una gran luz, a los que habitaban en parajes de sombras de muerte una luz les ha amanecido» (Isaías 8, 23). Donde llega la luz, las tinieblas corren, huyen, y las cosas adquieren contorno y color. Todo se ve como realmente es sin distorsiones o deformaciones. Por eso es importante dejarse iluminar por Jesús, para así poder vivir en la verdad de quiénes somos y del mundo en el que vivimos. Preguntémonos: ¿Me dejo iluminar por Jesús o me resisto a ello? Recordemos lo que dice el Señor: «Todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprochadas. En cambio, el que practica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios» (Jn 3, 20-21)”.     

En otro momento, Monseñor Eguren destacó además que: “En el Evangelio de hoy (ver Mt 4, 12-23), también se nos cuenta que Jesús comenzó a predicar y además se nos dice qué es lo que predicaba: «¡Conviértanse! Porque el Reino de Dios ha llegado». La conversión es el núcleo de la predicación de Jesús. La conversión consiste en dejarse encontrar por el Señor y dejarse iluminar por Él. Literalmente “conversión” significa, cambio de mente, cambio de nuestros valores. Lo que antes yo consideraba importante, verdadero y firme a tal punto que guiaba mi existencia, ya no lo es más, porque ahora otros valores y criterios han entrado en mi vida: los de Jesús, quien es la Verdad. Todos tenemos la experiencia de cuán difícil es hacer cambiar de idea a alguien, incluso en temas secundarios, aunque le presentemos argumentos sólidos y convincentes. Incluso nos pasa a nosotros mismos. Nos resistimos a cambiar de idea, a reconocer nuestros errores, a abrirnos a la verdad, porque en el fondo creemos saber más y mejor que los demás. Sólo el encuentro auténtico con el Señor Jesús es capaz de provocar un cambio radical en nuestra vida. La conversión consiste entonces en acoger por la fe a Cristo para pensar, sentir y actuar como Él. Esa es la historia de la vocación de Pedro y su hermano Andrés, de Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, que de pescadores se convirtieron en discípulos y apóstoles del Señor. Antes eran pescadores y su mente estaba puesta en la barca, las redes, los peces, las mareas, etc. Ahora que lo dejan todo y siguen a Jesús, su mente y corazón estarán puestos en el Reino de Dios y en ser pescadores de hombres. Preguntémonos: ¿Creo saber más y mejor que Cristo y los demás? ¿O más bien, pienso que todo es pérdida ante la sublimidad de conocer a Jesús y que todo es basura con tal de ganar a Cristo y existir en Él? Conversión es pensar como Jesús para así sentir y actuar como Él”.

Domingo de la Palabra de Dios

Finalmente nuestro Arzobispo resaltó la importancia de esta jornada impulsada por el Papa Francisco: “El día de hoy celebramos el Primer Domingo de la Palabra de Dios, Jornada instituida por el Papa Francisco. El Domingo de la Palabra de Dios tiene que ser una ocasión preciosa para que todos comprendamos el valor de la Sagrada Escritura, que no es sólo un libro, sino una Palabra viva, la de Dios, que busca tocar nuestras vidas para convertirnos. Hay que leer con frecuencia la Sagrada Escritura, pero siempre en comunión con la Iglesia y su santa tradición, tanto en la liturgia como en nuestra vida cotidiana. Reavivemos nuestra responsabilidad de conocer más y mejor la Sagrada Escritura, de comprenderla y de transmitirla fielmente, porque ella es capaz de dar sentido a la vida de la Iglesia en las más diversas condiciones en las que se encuentre. Que María, Virgen y Madre, la Mujer oyente y orante de la Palabra de Dios, nos enseñe a acogerla para así poder vivir conforme a ella, única fuente de vida verdadera”.

lunes 27 enero, 2020