JESÚS ES EL BUEN SAMARITANO QUE NOS LLAMA A SER COMO ÉL

Arzobispo celebra Misa dominical

14 de julio de 2019 (Oficina de Prensa).- La mañana de hoy, ante una gran cantidad de fieles reunidos, nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi S.C.V., presidió la Santa Misa correspondiente al XV Domingo del Tiempo Ordinario.

Al iniciar su homilía, nuestro Pastor dijo: “El día de hoy el Evangelio nos propone para nuestra reflexión la parábola del Buen Samaritano (ver Lc 10, 25-37). Ella constituye una lección magistral de Jesús y una invitación del Señor a descubrir a nuestro prójimo y a practicar la misericordia con él. Al igual que el sacerdote y el levita, el samaritano tenía sus compromisos y sus cosas por hacer, pero mientras que los dos primeros hicieron un rodeo y se desentendieron del pobre hombre asaltado y dejado medio muerto en el camino, el samaritano fue el único que tuvo compasión de este hombre y práctico la misericordia con él, a pesar de que era judío, ya que bajaba de Jerusalén a Jericó. Como bien sabemos los samaritanos no se llevaban bien con los judíos. Tuvo compasión, es decir el corazón y las entrañas de este samaritano se conmovieron, mientras que los corazones de los otros dos quedaron fríos e indiferentes frente a la desgracia del pobre hombre abandonado a su suerte en el camino. Preguntémonos: frente al sufrimiento y a la necesidad de los demás, sea de propios o extraños, ¿nuestro corazón se mueve a la compasión, se mueve a la misericordia?”.

“Como nos dice el Papa Francisco, «el samaritano actúa con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a una posada, se hace cargo personalmente y provee para su asistencia. Todo esto nos enseña que la compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino que significa cuidar del otro hasta pagar en persona. Significa comprometerse realizando todos los pasos necesarios para «acercarse» al otro hasta identificarse con él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor»”.

“Podemos decir -continuó Monseñor Eguren- que el corazón del samaritano estaba en sintonía con Dios y por eso fue misericordioso y compasivo. La Sagrada Escritura nos presenta al Señor como compasivo, y misericordioso, como Aquel que se apiada de nosotros, se conmueve de nuestras miserias, y actúa en nuestro favor con amor. Así lo canta el Salmo: «Mas tú, Señor, eres un Dios compasivo y lleno de piedad, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad» (Sal 86, 15). El mismo Jesús varias veces en el Evangelio se movió a compasión (ver Mt 9, 36; 20, 34; Jn 11, 33-36). Jesús, como Dios verdadero, refleja a la perfección el amor de su Padre por nosotros. Él es la misericordia encarnada. Por tanto la clave para ser misericordiosos pasa por llevar una vida de unión con el Señor por la fe, la oración y los sacramentos. El que está en comunión de vida con Él, ama a su prójimo”.

“El Señor Jesús termina la parábola devolviéndole la pregunta al Maestro de la Ley «¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» La respuesta es evidente: el que practicó la misericordia. A lo que Jesús sentencia: «Vete y haz tú lo mismo». Queridos hermanos: Jesús nos llama a nosotros, sus discípulos, a convertirnos en prójimo de cualquier persona en necesidad, sea conocida o desconocida, creyente o no creyente, compatriota o forastero, etc. La caridad no hace distinción, preferencia o clasificación de personas para ver quién es prójimo y quien no. Todos estamos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano que es la figura del mismo Jesús, quien siendo Dios se ha inclinado sobre nosotros para amarnos, servirnos, y salvarnos (ver Flp 2, 5-11), para que así nosotros sus discípulos, podamos amarnos como Él nos ha amado”, concluyó nuestro Arzobispo.       

domingo 14 julio, 2019