“HE AQUÍ YO HAGO NUEVAS TODAS LAS COSAS”

Arzobispo celebra Misa de Navidad

24 de diciembre de 2018 (Oficina de Prensa). – Una multitud de fieles se reunieron hoy para participar con alegría y fervor de la Solemne Santa Misa de Nochebuena que se celebró en la Basílica Catedral de Piura y que fue presidida por nuestro Arzobispo Metropolitano Monseñor José Antonio Eguren Anselmi, S.C.V.

En su homilía nuestro Pastor reflexionó sobre el verdadero sentido de la Navidad: “«He aquí Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5). Con estas palabras tomadas del libro del Apocalipsis quiero iniciar mi homilía de Navidad, porque el Niño que hoy ha nacido de María, la Virgen Madre, ante la atenta y amorosa mirada de San José, viene a renovarlo todo y a darnos la salvación. Jesús, el Niño Dios, viene a crear un mundo nuevo y a darnos la posibilidad de una vida nueva en la verdad y en el amor, que en Él se identifican y adquieren un rostro. Por eso la Navidad es una fiesta donde predomina la alegría, y donde se renueva nuestra esperanza, donde el caído y el abatido encuentran el ánimo y la fuerza para levantarse, porque gracias a este Niño de Belén mi vida, por más quebrada y avejentada que esté, tiene un futuro y la posibilidad de renacer. Y nuestro mundo por más herido que esté por odios y enemistades, egoísmos y ambiciones tiene un porvenir de fraternidad y de justicia. Hermanos y hermanas: El Niño que yace en el pesebre es Dios-Amor hecho hombre, en quien todas las cosas, pero sobre todo la vida del ser humano, encuentra su salvación”.

“De otro lado -continuó Monseñor Eguren- la Navidad no busca hacernos olvidar los males que hay en nuestra vida y en el mundo, pero la belleza del día de Navidad radica que en Jesús, el Niño Dios, está palpitante y real la posibilidad de unos cielos nuevos y de una tierra nueva (ver Is 65, 17). Por eso dejemos que la gloria de Dios que cantan los ángeles en este día santo nos envuelva y llene nuestros corazones de gozo y de confianza porque: «El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz…Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado» (Is 9, 1-6). De nuestra parte sólo hace falta una cosa para que nuestras vidas y el mundo se transformen: Acoger con fe y amor al Niño que duerme esta noche en el regazo de su Madre, Santa María.”

El pesebre es la mesa de Dios

En otro momento de su homilía y reflexionando en el mensaje del Evangelio, nuestro Arzobispo dijo: “El Evangelio de Nochebuena (ver Lc 2, 1-14), nos dice que María envolvió a su Hijo en pañales. Es una referencia anticipada a la hora de la pasión y de la muerte del Señor (ver Mt 27, 59). Pero también nos dice que puso al Niño recién nacido en un pesebre. El pesebre es el lugar donde los animales encuentran su alimento. En esta noche santa yace en el pesebre Aquel que es el verdadero pan que ha bajado del cielo (ver Jn 6, 44-51); yace el verdadero alimento que cada uno de nosotros necesita comer para tener vida verdadera y eterna. Y lo hermoso queridos hermanos, es que en cada Misa el altar se convierte en una mesa, en un pesebre, a la que somos invitados para recibir el Pan de Vida que es Jesús, «porque el que come de este pan vivirá para siempre» (Jn 6, 51-58).

Los Pastores de Belén

“Asimismo el relato del Evangelio de hoy nos habla de unos pastores que estaban velando a su rebaño. A ellos el Ángel de Navidad les anuncia el nacimiento del Salvador. ¿Por qué a ellos? Porque mientras la gente de la ciudad de Belén dormía, los pastores estaban en el campo despiertos, en vela. Velar es estar en vigilancia, y esta es la actitud de los que está abiertos a la llamada de Dios, es la actitud de los que son sensibles a los signos de su presencia; es la actitud de los que están en permanente búsqueda de los designios de Dios en su propia vida. Cómo los pastores, ¿estamos abiertos al amor de Dios, a su presencia y a sus señales? ¿Somos personas que vivimos orientadas al Señor y desde nuestra libertad estamos dispuestos a acoger su amor? ¿Cómo los pastores de Belén tenemos prisa y entusiasmo por las cosas de Dios? Para ser hoy en día como los pastores de Belén necesitamos ser sencillos y humildes de corazón (ver Lc 10, 21). Sólo así seremos capaces de reconocer a Dios en la pobreza de la gruta de Belén: «Esto les servirá de señal: Hallarán al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre» (Lc 2, 12)”., acotó Monseñor Eguren.   

“No hubo sitio para ellos en la posada”

“Estas palabras del relato del Evangelio de Navidad, hacen relación a aquellas del Prólogo del Evangelio de San Juan: «Vino a su casa y los suyos no le recibieron» (Jn 1, 11). Más todavía, hace relación a la hora de la pasión, porque así como Jesús nace fuera de las murallas de Belén, el Señor será crucificado fuera de las puertas de la ciudad santa de Jerusalén. Dentro de las muchas explicaciones que podemos dar a este hecho hay una en la que quisiera detenerme: Para verdaderamente acoger el misterio de la Navidad y la Luz de vida que porta el Niño Jesús, debemos salir fuera del ámbito de la mundanidad, es decir de aquello que hoy todos piensan y quieren, como son el ansia de tener, de poder y el placer impuro, así como dejar afuera aquellas ideologías que no corresponden a la visión cristiana del hombre y de la sociedad. Sólo así la Luz, que es Cristo, brillará sobre nosotros permitiéndonos conocer la verdad de quienes somos realmente. Con esta Luz seremos capaces de construir un mundo nuevo donde la verdad y el amor reinen en nuestras vidas. ¡Feliz Navidad a todos en Piura y Tumbes! ¡Que Jesús, María y José bendigan a nuestras familias! ¡Qué el Niño Dios que hoy nace por nosotros y para nosotros, nos renueve en la esperanza y en la alegría de vivir y nos conceda los dones de la unidad, la paz, la justicia y la solidaridad!”, concluyó nuestro Pastor.

lunes 24 diciembre, 2018